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  • ACTO DE CONDECORACIÓN A LA CLÍNICA PALERMO CON LA CRUZ DE BOYACÁ

    Estamos aquí, para rendir, en nombre de la Nación, nuestro homenaje emocionado a una institución que durante medio siglo ha velado sin descanso por la salud de nuestras gentes.

    Debo decir que cumplo con patriótico orgullo él deber de imponer la más alta condecoración que concede el Gobierno Colombiano, la Cruz de Boyacá, creada por el Libertador para honrar a las personas y a las instituciones que han sobresalido en el servicio al país, a esa obra inmensa que es la Clínica Palerrno, un verdadero símbolo de Bogotá y de Colombia, y un ejemplo de lo que significa el ejercicio de la medicina con rostro humano y sentido social.

    Nace la Clínica Palermo en una de las épocas más duras y difíciles de la historia de Colombia, el 21 dejunio de 1948, precisamente cuando el país apenas empezaba a reponerse de los tremendos sucesos del 9 de abril y una ola de pesimismo, de desesperanza y de angustia por el futuro abatía los corazones de los ciudadanos.

    Es la circunstancia de haber creído en el futuro de una Nación en su hora de mayor postración, y de haber acudido con admirable espíritu cristiano a aliviar el dolor ajeno, el mayor mérito y el justo motivo de gratitud que Colombia tiene hoy con las Hermanas Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen. A ellas, a todo el personal científico, médico, paramédico y administrativo que a lo largo de estos cincuenta años le ha servido con abnegación y con fe a nuestro pueblo, gracias, muchas gracias, muchas gracias en nombre de la Colombia buena, trabajadora y honesta, que sabe recompensar con una sonrisa en los labios y una oración en el corazón a aquellos que dedican su vida al más noble de los objetivos, al objetivo supremo de servir a Dios sirviendo a sus semejantes.

    Ustedes, queridas Hermanas, señores médicos, bacteriólogos, enfermeras, instrumentadoras, personal auxiliar y administrativo, deben sentir hoy la más noble y gratificante de las emociones, que es la satisfacción del deber cumplido.

    En un país azotado por tantas violencias, en un país que con el alma lacerada sufre diariamente los embates del odio y de la muerte, ustedes han consagrado su vida al servicio de la vida, cada vez que el milagro de un nacimiento se repite en sus salas de cirugía; cada vez que un ser humano es rescatado por ustedes de las garras de la muerte; cada vez que el dolor y el sufrimiento dejan paso a una sonrisa de gratitud, e incluso cada vez que después de luchar dando todo de sí mismo se rinden impotentes ante los designios de la Providencia, ustedes le están sirviendo a su Patria, están poniendo su granito de arena para lograr que esta tierra buena y generosa recupere su derecho a vivir y a prosperar en paz.

    La Clínica Palermo es también un hermoso ejemplo de lo que la iniciativa privada puede hacer en un país libre y democrático, cuando se tiene conciencia social, fe y amor por una causa. La que fuera quizás en sus comienzos una modesta casa de atención médica, se convirtió con el paso de los años y el esfuerzo tesonero de todo su personal en una de las más modernas clínicas de nuestro país, siempre en ascenso constante, siempre atenta a incorporar con prontitud los últimos avances de la ciencia médica, siempre nueva y siempre renovada, orgullosa de su tradición pero anhelante de futuro.

    Hermana Carmenza Avellaneda, provincial de la orden; hermana Alicia Eslava Blanco, directora general; doctor Juan de Francisco Zambramo, director científico; reciban ustedes, en representación de todo el personal de esa emérita institución, el reconocimiento y la gratitud del Gobierno, y de todo el pueblo colombiano.

    Sé que todos tenemos la certeza de que dentro de cincuenta años, tal vez en otro escenario y desde luego con otros protagonistas, una Colombia en paz, segura de su destino, más próspera, más justa y más feliz, estará celebrando el primer centenario de la Clínica Palermo. Y quienes los sucedan a ustedes y quienes nos sucedan a nosotros, recordarán con gratitud la enorme labor que ustedes hacen por el bien de Colombia.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    13 de octubre de 1998

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