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  • ALEMANIA Y COLOMBIA: UNA HISTORIA DE AMISTAD

    Hace unos meses afirmé, en un artículo publicado en un importante diario de Alemania, que Colombia no puede sola frente a los grandes retos que enfrenta en este momento crítico de su historia. Entonces dije, utilizando una frase de Gabriel García Márquez, que todo lo que queremos los colombianos es una segunda oportunidad sobre la tierra, y que, con el apoyo de Alemania, de Europa y de la comunidad mundial, estaba seguro de que la conseguiríamos.

    ¡Qué bueno constatar hoy el interés y la disposición de Alemania y de sus socios europeos en contribuir a consolidar un clima de paz, de desarrollo social y de progreso en nuestro país, cuya suerte es determinante en el ámbito de toda América Latina!

    Pero no es un interés nuevo, ni surgido de un capricho momentáneo. Los lazos entre nuestras dos naciones, como tuve oportunidad de resaltar y de constatar en mi reciente visita a la nación germana el 26 y 27 de abril de este año, se remontan muchos siglos atrás en una historia de compromiso y de cooperación recíproca.

    La presencia alemana en Colombia, a través de personajes tan influyentes en nuestra historia como Nicolás de Federmann, Alexander von Humboldt, Geo von Lengerke y Leoppold Kopp, entre otros, ha estado ligada a todos los sectores económicos de nuestro país: la banca, la agricultura, el comercio, la industria, las obras públicas, la aviación, el transporte naval, la formación militar y deportiva, la ciencia, la educación y la cultura e, inclusive, la salud, temas a los cuales la Cámara de Industria y Comercio Colombo-Alemana ha añadido el manejo empresarial y tecnológico del medio ambiente.

    Los alemanes han realizado aportes invaluables para el desarrollo de Colombia por medio de grandes obras de infraestructura; fueron socios fundadores de Scadta, la primera aerolínea comercial de América, que hoy, bajo el nombre de Avianca,  sigue siendo nuestra aerolínea bandera, y fueron los pioneros fundadores de la industria cervecera nacional. De igual manera, desempeñaron un papel importante en el impulso al cultivo comercial del tabaco, del café y del cacao, así como de la manufactura comercial, y han incidido positivamente en el mejoramiento de la educación técnica de las clases populares y, más recientemente, de la educación superior.

    Sin lugar a dudas, la herencia del gran científico y humanista Alexander von Humboldt, quien le apostó con generosidad al futuro de Colombia, -y cuyos 200 años desde su expedición a Colombia estamos celebrando con múltiples actos en este primer año del siglo XXI-, no se ha perdido. Por el contrario, continúa y crece como los mejores frutos de la tierra.

    Para nadie es desconocida la importancia de la República Federal de Alemania, no sólo como destacado amigo y socio comercial de Colombia, sino como la tercera potencia económica mundial. Alemania es hoy en día nuestro principal comprador y proveedor en el seno de la Unión Europea, con una participación que oscila entre un tercio y una cuarta parte de nuestro intercambio con los países de la Unión en su conjunto, y constituye, además, una puerta de entrada natural tanto hacia otros Estados miembros como hacia los Estados candidatos de Europa Central y Oriental.

    En 1998 nuestro comercio bilateral superó los 1.500 millones de dólares, si bien el año pasado tuvo un declive que lo llevó a la cifra de 941 millones de dólares, situación explicable por la coyuntura económica particularmente difícil por la cual atravesaron paralelamente América Latina y nuestro país en los últimos tiempos, una disminución que nos alerta y que nos impone el reto conjunto de recuperar y superar los registros de hace tan solo tres años.

    Tenemos la firme intención de recobrar el terreno perdido, así como de diversificar nuestras exportaciones a Alemania -para lo cual serán muy útiles la labor e iniciativas del Consejo Empresarial Colombo-Alemán (CECA) que instalamos en Berlín el pasado 27 de abril, así como el valioso aporte de la Cámara de Industria y Comercio Colombo-Alemana-. Valga resaltar, por otro lado, que Alemania sigue siendo el principal importador de café colombiano en la Unión Europea, así como lo es también de nuestras esmeraldas, textiles y confecciones y, directa o indirectamente, de nuestro banano.

    Con todos estos elementos jugando a favor de nuestras relaciones y nuestros vínculos comerciales y económicos; con una inversión acumulada de Alemania en Colombia del orden de 516 millones de dólares; con su generoso respaldo a nuestro proceso de paz y su participación decidida en el Grupo de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia, cuya última reunión se surtió en Bruselas el pasado 30 de abril, no tengo duda de que la República Federal Alemana, que ya es nuestro principal socio comercial del continente europeo, seguirá siendo, además, nuestra aliada solidaria en la construcción de un futuro justo y pacífico para nuestro país.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    2001

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