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  • ALMUERZO EN HONOR AL PRESIDENTE DE BRASIL FERNANDO HENRIQUE CARDOSO

    ¡Qué bueno es tener la oportunidad de recibir al Presidente del Brasil en este espacio privilegiado de mi país, el Departamento del Amazonas, que abarca una maravillosa dimensión de la nacionalidad colombiana que nos enorgullece! Recibimos su grata visita no sólo como la del presidente de un país vecino con el que compartimos la segunda frontera terrestre más extensa con que cuenta Colombia, sino como la del representante de un pueblo cercano a nuestras vivencias, que en todo momento, como los verdaderos amigos, nos ha dado muestras de solidaridad, respeto y grandeza.

    No es extraña a los colombianos esta condición del pueblo brasileño, Señor Presidente. Estamos acostumbrados, como lo está el continente y el mundo entero, a reconocer exactamente eso en cada una de sus actuaciones: grandeza, calidad que enmarcada dentro de un tradicional apego a la “buena diplomacia”, ha hecho de la vecindad con su país un enriquecedor encuentro de percepciones, de valores compartidos, de intereses y de apoyos mutuos.

    Contrario a lo que muchos analistas sostienen en cuanto a que en el mundo de las relaciones internacionales no existen principios sino sólo intereses, debemos dar fe de que Brasil practica una filosofía que hoy en día se ha dado en llamar “ética mundial”, con la que se identifica la solvencia moral y política que muestra un país frente a las más complejas situaciones en materia internacional.

    Y es que no cabe duda de que el mundo de hoy los desafíos que afrontamos las naciones son esencialmente éticos y que para enfrentarlos es preciso esa grandeza, acompañada de una actitud decidida de respeto a los principios fundamentales de convivencia entre los Estados, y de una firme voluntad de liderazgo en la defensa de intereses colectivos.

    Ese liderazgo que Colombia procura y apoya es el que hemos visto ejercer a su país, Señor Presidente, cuando Juscelino Kubitschek propuso en 1.958 la Operación Panamericana, que se concretó en el Comité de los 21, -presidido por el colombiano Alfonso López Pumarejo-, y que derivó finalmente en resultados benéficos como la creación del Banco Interamericano de Desarrollo o la “Alianza para el Progreso” del presidente Kennedy.

    Es el liderazgo ambiental que mostró Brasil en la trascendental Conferencia de la Tierra que se reunió en Río en 1.992. O, más recientemente, la capacidad de convocatoria en procesos tan importantes como el que significó la realización de la Cumbre entre América Latina y el Caribe con la Unión Europea, celebrada con particular brillo hace unos meses también en Río de Janeiro.

    Con ese mismo talante, Brasil ha sabido sortear una de las más delicadas crisis financieras de los últimos tiempos, de cuyos efectos aún se recupera, liderada por su experta mano, señor Presidente, la misma que en 1.994, como Ministro de Hacienda, diseñó y puso en práctica el llamado “Plan Real” que redujo con inusitada efectividad la inflación en su país.

    Hoy Brasil –al igual que Colombia- está comprometida con medidas de ajuste enfocadas a la reducción de los gastos y el incremento de los ingresos fiscales, con el propósito fundamental de reducir el déficit fiscal, de forma que se restituyan las condiciones para reactivar la economía, generar empleo y combatir la pobreza.

    Pero tenemos que aprender de la historia para no repetirla. Por eso, Señor Presidente, todo el apoyo que brindemos al Grupo Birregional de Trabajo, constituido después de la Cumbre de la Unión Europea con América Latina y el Caribe, en lo tocante a una “agenda para la estabilidad financiera internacional” será un aporte que las futuras generaciones habrán de agradecer.

    Tenemos que colaborar en la construcción de una nueva “arquitectura financiera internacional” que contrarreste la volatilidad de los mercados financieros y el contagio inter e intraregional de las crisis a que estamos expuestos en virtud de las exigencias que hoy impone la globalización.

    Como bien señaló la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre del pasado año, es necesario “analizar las tendencias actuales de las corrientes financieras mundiales y las modalidades para mejorar la capacidad de alerta temprana, prevención y respuesta para afrontar la aparición y propagación de las crisis financieras a tiempo, con una misión alta y con una perspectiva a largo plazo”.

    Con la misma fortaleza con que superó su crisis financiera, Brasil ha sabido hacer presencia solidaria y respetuosa frente a los retos que enfrentan sus amigos, tales como el proceso de paz en el que estamos empeñados los colombianos.

    Hoy estoy seguro de que si en esta encrucijada histórica a que se enfrenta la nación colombiana, todos los actores del conflicto cumplimos nuestros compromisos y asumimos con responsabilidad histórica, gallardía y valor las consecuencias de la palabra empeñada, el mundo entero puede tener la certeza de que hemos encontrado el camino de la paz.

    En esta compleja coyuntura valoramos inmensamente el apoyo y la disponibilidad de los países amigos que, como Brasil, entienden la importancia vital de este proceso. Permítame, Señor Presidente Cardoso, resaltar hoy la actitud solidaria, respetuosa y fraterna que ha tenido su Gobierno frente a este desafío crucial para Colombia, y reciba nuestro reconocimiento sincero a su gesto de amistad.

    Pero así como nuestros destinos nos han reunido en torno a situaciones complejas, también las realidades comunes nos convocan frente a horizontes más amables que nos dejan visualizar escenarios de prosperidad.

    Con el esfuerzo concertado de sectores públicos y privados de los dos países, hemos tenido avances notables  en la definición de un proyecto siderúrgico binacional que busca establecer un complejo industrial en la costa norte de Colombia, el cual alcanzaría una producción de 2.4 millones de toneladas de acero planchón  en su primera etapa, con una inversión cercana a los 1.000 millones de dólares, sobre la que ya se tiene registrado el interés de importantes inversionistas internacionales vinculados a esta actividad.

    Gran impulso dimos a esta iniciativa con la firma el pasado 19 de abril de presente año en la localidad de Carajas –Brasil, de una Carta de Intención en la que ambos gobiernos plasmamos la voluntad de apoyo decidido a la misma.

    De parte del gobierno de Colombia existe el mayor interés de cristalizar este proyecto, por lo que he instruido a las entidades competentes para que, conjuntamente con los empresarios que han impulsado la iniciativa, trabajen de manera coordinada para avanzar en la respuesta a las diferentes variables criticas que se han podido identificar.

    De la misma forma, es destacable el esfuerzo en materia de integración bilateral que han hecho los gobiernos de los dos países a través de la Comisión Binacional de Vecindad, instrumento que durante sus seis años de existencia ha facilitado la cooperación, ha contribuido a profundizar el dialogo político y ha sido escenario propicio para facilitar la concertación y el entendimiento en temas de interés común. Antes de que termine este año Barranquilla servirá de sede a la quinta reunión de este importante mecanismo.

    Reiterando la relevancia que para el relacionamiento bilateral tiene el desarrollo fronterizo, es que nos hemos propuesto la creación en el marco de esta Comisión de Vecindad de una Subcomisión de Cooperación e Integración Fronteriza, que explore y perfeccione desde una perspectiva conjunta proyectos de cooperación en materias esenciales para el mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades asentadas en la zona, siempre en el propósito de convertir nuestra frontera común en modelo de desarrollo sostenible para la región y para el mundo.

    También dentro de ese panorama de buenas perspectivas, se vislumbran grandes posibilidades en otros proyectos que aportan a la profundización de la integración binacional.  Es el caso del positivo desarrollo de las reuniones de consulta de las autoridades aeronáuticas de ambos países que ha permitido identificar la potencial ampliación de frecuencias dentro de un esquema de vuelos fronterizos, que incluirían Manaos y Brasilia, proyecto que de cristalizarse aportaría gran funcionalidad al transporte aéreo entre los dos países.

    Igualmente, observamos con optimismo los trabajos sobre el transporte en materia fluvial, aspecto determinante en la calidad de vida de las poblaciones asentadas en la franja de frontera. Al respecto, Colombia profundiza su examen del proyecto de Integración Fluvial de Sudamérica –IFSA-, cuyas bondades seguimos descubriendo, encontrando en él un nuevo escenario de grandes posibilidades para la cooperación política y  económica  dentro de criterios de desarrollo sustentable.

    En el campo del comercio bilateral –ya lo señalé antes- hay que resaltar la trascendencia del Acuerdo de Complementación Económica que celebramos recientemente entre Brasil y cuatro países de la Comunidad Andina, dentro del marco de la ALADI, el cual permitirá incrementar aún más nuestros intercambios. Debemos entender este logro como un primer paso hacia un objetivo más amplio de negociación entre la Comunidad Andina de Naciones y el MERCOSUR, que busca en el mediano plazo un Acuerdo de Libre Comercio entre los dos principales bloques del subcontinente.

    Pero como bien lo sabemos, Señor Presidente, los desafíos del nuevo milenio no son sólo económicos: se acercan importantes definiciones políticas en instancias multilaterales  que marcarán para la humanidad los derroteros de la convivencia internacional en el siglo venidero.

    Así, será de singular importancia el que como tradicionalmente ha sucedido, Colombia y Brasil mantengan un trabajo concertado que ayude a definir y consolidar esa visión propia, esa percepción latinoamericana que debe existir sobre la agenda global.

    Corresponde a Colombia en un futuro inmediato la Secretaria Pro-Témpore del Grupo de Río y con ello la responsabilidad de concertar los criterios de la región frente a temas vitales como son la reforma a la Organización de las Naciones Unidas, incluyendo la  nueva conformación del Consejo de Seguridad, las reformas a sus procedimientos y trabajos, y la nueva dimensión que debe tener el papel de la Asamblea General.

     En esta tarea estamos seguros de que contaremos con el apoyo del Brasil, apoyo que tan positivos resultados nos ha dado en intensas jornadas de trabajo desarrolladas en el marco de foros regionales donde se han debatido temas de singular trascendencia para la coyuntura de la región.

    Señor Presidente: Esta renovación del entendimiento político entre nuestros países que hoy significa su presencia y la de su distinguida delegación en nuestra tierra, nos reconforta y nos reafirma en el convencimiento de que en Brasil tenemos un amigo, un vecino de voluntad generosa y dispuesta, que siente al igual que Colombia un compromiso con la región y con su destino en el siglo XXI.

    Para terminar, quiero recordar las palabras que usted, señor Presidente Cardoso, pronunció recientemente en Lima y que sintetizan los objetivos de nuestras relaciones.

    Dijo usted entonces que la convergencia de los procesos de integración Andina y el Mercosur, “apunta al camino de una América del Sur unida, próspera y democrática, crecientemente integrada, no sólo por el intercambio comercial, sino también por la infraestructura física y por la profundización de los vínculos culturales entre nuestros pueblos”.

    Con ese mismo espíritu de integración y amistad, retomemos ahora nuestro diálogo, señor Presidente, y sigamos avanzando unidos hacia el futuro.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Leticia, Colombia
    8 de octubre de 1999

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