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  • ALOCUCIÓN A LOS COLOMBIANOS

    COMPATRIOTAS:

    Hoy el cielo de nuestra patria se ha vestido de luto y de dolor. Han muerto seis niños de Colombia y cuatro más están heridos. ¡Han muerto seis inocentes más en esta guerra cruel y sin sentido! Y no nos quedan palabras suficientes para llorarlos. Sólo indignación, una profunda indignación, que nos pregunta: ¡Hasta Cuándo! ¡Hasta cuándo!

    Ellos tendrían que estar jugando y aprendiendo, junto con sus compañeritos de escuela en la Vereda La Pica de Pueblo Rico. Pero ya no estarán. Por culpa de esta absurda insistencia en la violencia. Por culpa de todos aquellos que prefieren disparar a dialogar. Por culpa de los intolerantes que no quieren entender que el camino, el único camino es la paz.

    Colombia está triste y de luto. Yo mismo, Nohra, mis hijos, sentimos el dolor de los padres, parientes y amigos de los niños, y los acompañamos con el corazón estrujado. Y como Presidente, les aseguro que haremos todo lo posible para mitigar este dolor innecesario que hoy sufren y que realizaremos las investigaciones que sean necesarias hasta que se esclarezca de forma absoluta la responsabilidad que exista en la ocurrencia de estos terribles hechos.

    ¡El país no aguanta más niños y niñas, más mujeres y ancianos, sacrificados en aras de una lucha ideológica que sólo se sustenta en la violencia!

    Con el alma dolorida, con el sentimiento de un padre cualquiera de familia, con la representación de 40 millones de colombianos ansiosos de paz, hoy le digo a la guerrilla, a las autodefensas y a todos aquellos que persisten en la lucha armada, que hagamos un alto en el camino y que pensemos en lo que la sangre de estos niños y de tantos otros caídos en el conflicto significa sobre nuestro destino.

    A todos los que insisten en la violencia les transmito el clamor de un pueblo indignado: ¡Necesitamos un cese del fuego y de hostilidades YA! ¡No más esperas! ¿Cuántos muertos, cuantos pequeños colombianos más deben morir para que lo entiendan?

    No tengo palabras, más que mi sentimiento dolorido, y mi firme voluntad de gobernante. Seguiré luchando por la paz a toda costa, para que hechos como estos no vuelvan a suceder. Y seguiremos combatiendo a quienes persistan en sembrar violencia, más aún si lo hacen colocando como escudo y  carne de cañón a los más débiles e indefensos.

    ¡No más, Colombia! Oremos hoy por esos pequeños niños y por sus familias, y que Dios ilumine de una vez por todas los corazones de quienes insisten en el camino de la muerte, en un país que está destinado a la vida.

    Hoy más que nunca: ¡Que Dios los bendiga! ¡Y que Dios me bendiga!


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    15 de mayo del 2000

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