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  • ALTOS FUNCIONARIOS DEL GOBIERNO NORTEAMERICANO QUE HAN DEMOSTRADO CON PALABRAS Y CON HECHOS SU COMPROMISO

    IMPOSICIÓN DE LA ORDEN DE BOYACÁ AL EMBAJADOR THOMAS R. PICKERING, AL GENERAL BARRY McCAFFREY Y AL SUBSECRETARIO RAND BEERS

    Hace menos de una semana, cuando tuve la grata oportunidad de condecorar al Subsecretario Brian Sheridan, dije que era una ocasión feliz contar en el Palacio de Nariño con la presencia de un buen amigo del país.

    Pues bien: esta tarde, cuando recibimos complacidos la visita de tres altos funcionarios del gobierno norteamericano que han demostrado con palabras y con hechos su compromiso firme y fuerte en la lucha contra el flagelo mundial de las drogas, y, muy particularmente, con el futuro de Colombia, no puedo menos que repetir y ampliar mis palabras de bienvenida.

    Es un honor, apreciados amigos, recibirlos de nuevo en este suelo colombiano que ustedes han visitado con afortunada frecuencia y que siempre los acoge, no como forasteros, sino como aliados y compañeros en una causa común.

    Ustedes: Embajador Pickering, General McCaffrey y Subsecretario Beers, son lo más destacado de la alineación del equipo norteamericano que, bajo la dirección técnica de un hombre carismático y visionario, como lo es el Presidente Bill Clinton, nos está ayudando a triunfar, no sólo a Colombia, sino al mundo entero, en el partido decisivo que estamos jugando contra el nefasto influjo de las drogas ilícitas y a favor de las nuevas generaciones.

    Aprovechando que estamos en temporada de fútbol en el norte –fútbol “americano”, me refiero-, podríamos visualizar esta lucha frontal que estamos librando Estados Unidos y Colombia como un partido de fútbol donde nos corresponde alternativamente asumir la ofensiva o la defensiva, pero que jugamos siempre con la mira puesta en el resultado final: ganar la batalla contra las drogas y posibilitar un futuro digno a nuestras gentes.

    El Embajador Pickering, con su indiscutible liderazgo como Subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, bien podría ser nuestro quarterback, -¡y con la misma habilidad de un Johnny Unitas o un Joe Montana!-, listo para pasar la pelota, lanzársela a un compañero o correr con ella. Por supuesto, muy a menudo la lanza en una acción espectacular, y allí está el Subsecretario Beers, obrando como back o quizá como uno de los ends, listo para recibir la pelota y concretar la jugada.

    Pero en el fútbol no todo es atacar. La mitad de la tarea consiste en contener el avance del equipo contrario. Y ahí sí que se requieren hombres recios, de carácter y, sobre todo, con principios indeclinables, dispuestos al sacrificio para alcanzar la meta. Siguiendo con el símil, esa tarea podríamos adjudicarla al General Barry McCaffrey, quien, con su amplio manejo de la estrategia militar, ha estado al frente desde un principio, liderando la interferencia, como nuestro mejor pulling guard en el campo.

    ¡Con semejante equipo, complementado por otros jugadores de la mejor calidad, cómo no vamos a triunfar en este juego!

    Y ya lo estamos haciendo. La aprobación del aporte norteamericano al Plan Colombia, como la estrategia más ambiciosa e integral para derrotar al narcotráfico, pero, al tiempo, para generar desarrollo social y oportunidades legales a la población afectada por el mismo y por la violencia que éste genera, es un logro que el país entero reconoce y que, en gran medida, debemos a los tres hombres que hoy nos acompañan en la alineación de este equipo imaginario.

    Señor Embajador Thomas R. Pickering:

    Usted es un hombre de desafíos, una persona que asume grandes retos y los convierte en realidades positivas. Desde muy joven, cuando aprendió la difícil lengua swahili para cumplir mejor con sus funciones diplomáticas en la isla de Zanzíbar, en Tanzania, hasta el momento actual, cuando desempeña con responsabilidad y grandeza el cargo de Subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, su carrera pública ha sido un ejemplo de esfuerzo y de perseverancia.

    Son más de 40 años en el Departamento de Estado, asumiendo complejos encargos en su país, en Nigeria, en El Salvador, en Israel, en la India y en Rusia, y agregando al dominio del swahili otros idiomas, como el francés, el árabe, el hebreo, y, para nuestra fortuna, el español.

    Su conocimiento de Latinoamérica es enorme y sus logros, incluyendo su importante aporte al proceso de paz en El Salvador, no tienen paralelo entre los diplomáticos de Estados Unidos.

    Todo esto es una muestra de su interés genuino por comprender a las demás naciones, por entenderlas desde su propia óptica, por hacer del servicio exterior una vocación de vida y de solidaridad.

    Los que hemos tenido la oportunidad de conocerlo e intercambiar opiniones con usted, hemos ratificado esta impresión, al descubrir la inteligencia y lucidez con que ha entendido la situación de nuestro país y se ha comprometido con su solución. Intervenciones como la que usted realizó hace tres meses en Cartagena, en el marco de la Asamblea de la Asociación Nacional de Industriales –Andi-, son un claro ejemplo de su compromiso y el de los Estados Unidos.

    Allí usted dijo: “Colombia no está sola. Desde el punto de vista de mi país, existe una asociación entre nuestras naciones y entre nuestros pueblos. (…) Les traigo el apoyo y los mejores deseos del pueblo estadounidense. Les aseguro que colaboraremos con su gobierno para construir una red más fuerte de apoyo internacional. Pero, en definitiva, el éxito o el fracaso del Plan Colombia depende de ustedes”.

    Son palabras sinceras y certeras que compartimos y avalamos. Su apoyo, embajador Pickering, a la causa de Colombia –que es la causa del mundo- nos honra y nos llena de gratitud.

    Señor General Barry McCaffrey:

    ¿Qué adjetivo podríamos agregar hoy a la hoja de vida de un hombre que tuvo el mayor número de condecoraciones del ejército de los Estados Unidos, que recibió dos veces la Cruz por Servicio Distinguido y en tres ocasiones el Corazón Púrpura, por heridas en combate?

    ¿Qué podríamos adicionar al curriculum de un militar y un funcionario de su categoría, que sirvió valientemente en Vietnam, que comandó una parte fundamental de la Operación Tormenta del Desierto y que desde hace casi cinco años dedica sus horas, sin descanso, a liberar a su país y el mundo del flagelo de las drogas?

    Podríamos decir, tal vez, que, como Director de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas, usted ha demostrado que, así como es un gran General, es también un gran político, cuyo apoyo indeclinable fue fundamental en la aprobación de la ayuda al Plan Colombia por el congreso estadounidense.

    Como nuestro mejor pulling guard, usted, General, supo refutar los ataques de las personas que no entendieron las bondades del Plan. Usted se interesó por conocer la problemática colombiana por dentro, desde sus raíces, y esa comprensión fue la clave para su apoyo.

    Como usted mismo dijo en una conferencia de prensa hace poco más de un mes, los Estados Unidos y la comunidad mundial han colocado juntos “los puntales” de un plan de ayuda unificado “para estar junto a 40 millones de colombianos que enfrentan un enorme problema interno”.

    Hoy, en nombre de esos 40 millones de compatriotas que sólo quieren un futuro de paz, trabajo y justicia social, le expreso, General McCaffrey, toda la amistad y la gratitud de Colombia. Usted ha sido una roca firme en la cual apoyarnos, y por eso vamos a extrañarlo sinceramente.

    Señor Subsecretario Randy Beers:

    Cuatro años en la Marina de los Estados Unidos y cerca de tres décadas vinculado al Servicio Exterior de su país son prenda de garantía sobre su conocimiento y experiencia, los cuales ha puesto al servicio de la lucha contra el problema mundial de las drogas.

    Como Subsecretario de Estado para Asuntos Internacionales de Narcóticos y Administración de Justicia, desde hace más de dos años, su labor en la cooperación con nuestras autoridades y en desarrollo de los lineamientos del Departamento de Estado, ha sido efectiva y generosa, porque ha sido guiada por la convicción de estar haciendo lo mejor por Colombia y por los Estados Unidos.

    Usted ha estado atento para recibir la pelota que le envía desde el centro del campo el Embajador Pickering, ha sido un verdadero hombre clave en el juego, y son muchas las anotaciones que le debemos a su esforzado trabajo.

    Por eso, señor Subsecretario Beers, la nación colombiana tiene también con usted una enorme deuda de gratitud.

    Apreciados amigos:

    En un homenaje de especial simbolismo, hoy quiero, en nombre de mis compatriotas, distinguirlos con la más alta condecoración de Colombia, la Orden de Boyacá, que instituyó el mismo Libertador Simón Bolívar en 1819, un día después de la decisiva Batalla de Boyacá, para exaltar a aquellos que mejor sirven a Colombia.

    Por todo lo que he dicho, no tengo ninguna duda de que todos ustedes merecen con creces esta distinción y este sincero gesto de agradecimiento. Reciban, pues, esta condecoración como el símbolo de nuestra profunda admiración, nuestro genuino afecto y nuestra duradera admiración.

    Ustedes han trabajado juntos y mirando hacia la misma dirección, que es la dirección del mejor futuro de la humanidad. Por eso hoy los siento cercanos a nuestro destino, como almas gemelas de Colombia, las mismas evocativas “Almas Gemelas” que pintara el creador de la Escuela del Río Hudson, Asher Brown Durand, nacido, como el Embajador Pickering, en la ciudad de Orange, en New Jersey.

    Ahora, cuando el General McCafrey ha declarado que se dedicará a la docencia, a escribir un libro y, antes que nada, a ser un “mejor abuelo”; cuando miramos hacia atrás y con satisfacción el trabajo realizado, pero vemos hacia delante y con esperanza el enorme desafío que queda por cumplir, es el momento para decir “gracias” y “hasta siempre”.

    El corazón de Colombia, queridos amigos, estará siempre con ustedes.

    Muchas gracias

    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    20 de noviembre del 2000

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