• Banner textos

  • ALOCUCIÓN SOBRE EL CUMPLIMIENTO DE SU DÉCIMA PROPUESTA PARA EL CAMBIO REFERENTE A LA BÚSQUEDA DE LA PAZ

    Alocución sobre el cumplimiento de su décima propuesta para el cambio referente a la búsqueda de la paz.

    Colombianas y colombianos:

    Cuando llegué a la Presidencia, lo hice con el firme propósito de liderar personalmente la búsqueda de la paz en nuestro país, y esa fue, justamente, la décima y última propuesta de mi campaña, sobre la cual hoy les rindo cuentas.

    Buscar la paz por la vía del diálogo no fue un capricho del Presidente Pastrana: la paz no la hacen los Presidentes; la paz la hacen los Gobiernos en representación de los millones de colombianos que la queremos y necesitamos.

    Así me lo ordenaron más de 10 millones de ciudadanos que en 1997 votaron el Mandato por la Paz, el cual fue una instrucción expresa del pueblo a sus gobernantes para que buscáramos la paz con los grupos armados a través de la negociación política.

    El país creía en 1997, cuando se votó el mandato, y en 1998, cuando fui elegido por la votación más amplia en nuestra historia, que una paz negociada era posible, y ustedes fueron testigos de los inmensos esfuerzos que hicimos para alcanzarla.

    Aún sigo convencido de que esa salida negociada sigue siendo la única posible para el progreso y desarrollo con justicia social de nuestra nación.

    Sabíamos que no era una tarea fácil, y efectivamente no lo fue. Mientras levantábamos, ladrillo a ladrillo, los cimientos de la paz, los grupos guerrilleros insistían en sus actos violentos. En medio de situaciones complejas, que algunos criticaron con una visión limitada y una óptica simplista, tuve muchas veces que tomar decisiones contrarias al sentimiento volátil de la opinión pública.

    Al fin y al cabo, para eso fui elegido: no para tener la aprobación permanente de las encuestas, sino para liderar con coraje una etapa difícil en la historia de nuestra nación, en un tema al que nadie, por miedo a perder su capital político, le había puesto el pecho y enfrentado con total decisión, como lo hice yo.

    En este gigantesco empeño de paz me acompañaron muchos colombianos y tuve la suerte de contar con el respaldo amigo de la comunidad internacional. Para todos, mi gratitud por su confianza.

    Era indispensable reunir este respaldo porque el conflicto interno colombiano, con casi medio siglo de vida, se ha convertido en los últimos años en un conflicto diferente, contaminado por el negocio del narcotráfico, cuyos dineros financian hoy la actividad de las guerrillas y de las autodefensas ilegales.

    Por este motivo, concebí la búsqueda de la paz como algo más que un proceso de negociaciones con la guerrilla. ¡La paz en nuestro país siempre fue mucho más que las conversaciones en el Caguán!

    Yo les he hablado en varias ocasiones sobre mi visión de la paz como un todo, como una estrategia integral. La búsqueda de la paz dentro de mi Gobierno incluyó, por eso, una decidida acción internacional para convocar al mundo en torno a la lucha contra el problema de las drogas ilícitas y hacerlo aceptar su responsabilidad compartida frente a este tema.

    La búsqueda de la paz implica, también, trabajar para devolver la presencia efectiva del Estado al amplio territorio nacional, con acción social y seguridad, es decir, con acción y presencia de las instituciones democráticas. La labor de paz pasa, además, por el fortalecimiento de nuestras Fuerzas Armadas.

    Y debo ser claro: Los diálogos no detuvieron nunca el avance en esos otros temas que también constituyen parte de la paz. Por eso, simultáneamente con el proceso de negociación, adelantamos una exitosa gestión internacional, combatimos el narcotráfico, modernizamos y prácticamente duplicamos la capacidad operacional de nuestras Fuerzas Militares, y realizamos el más grande programa de inversión social en la historia de nuestro país. ¡Todos ellos fueron avances para la construcción de la paz!

    Tengo la certeza de que los colombianos terminarán por reconocer el valor que se requirió para intentar y perseverar en la búsqueda de la paz mediante la negociación, mientras ello fue posible.

    Mi Gobierno adelantó un proceso de negociación generoso, pero no ingenuo. ¡Tenía que ser generoso, porque la paz no se puede construir con mezquindad! Por esta razón hicimos todo lo posible para mantener los diálogos aún en medio de las situaciones más difíciles, que muchas veces invitaban a seguir el camino más sencillo, y quizás más popular, del rompimiento. Infortunadamente, durante este proceso, muchos en el país confundieron la generosidad con ingenuidad y la persistencia con debilidad.

    Lo cierto es que para negociar se necesitan dos, y el proceso terminó por demostrarnos que no bastan la generosidad y el coraje que demostró el pueblo colombiano. A la guerrilla le faltó coherencia y compromiso, le faltó espíritu humanitario, le faltó espíritu de patria, ¡y le sobraron violencia y arrogancia!

    Al final, dentro de las organizaciones guerrilleras primaron los guerreristas, los que están más interesados en mantener sus actividades criminales y sus negocios de narcotráfico que en convertirse en una opción política dentro de la democracia.

    Les ofrecí una alternativa para abandonar el camino de las armas, pero escogieron transitar los oscuros caminos del terrorismo y el narcotráfico, en contra del deseo de millones de colombianos que sólo queremos y necesitamos vivir y progresar en paz, y en contra de sus supuestos ideales que dicen buscar los mismos fines.

    La pregunta que sigue ahora es: ¿Sirvió de algo el proceso de paz que adelantamos con las FARC y el ELN? ¿Tiene una salida la paz de Colombia? Y mi respuesta a las dos preguntas es un contundente y definitivo SÍ.

    Estos años de esfuerzos indispensables por la paz no han sido en vano para nuestro país:

    En primer lugar, logramos -como nunca antes en la historia- tener sentados simultáneamente a los dos grupos guerrilleros del país en procesos diálogo o negociación. Hoy los líderes guerrilleros no son personajes míticos ni idealizados, como lo eran antes. Ahora todos los conocemos bien, sabemos qué piensan, qué quieren y cómo son. Éste es un logro indudable del esfuerzo de paz de este periodo.

    En segundo término, las FARC se propinaron, ellas mismas, la más grande derrota política de su historia. Este grupo despilfarró la opción política que con generosidad le ofreció el pueblo colombiano y ha perdido el poco respaldo popular que alguna vez creyó tener, gracias a que, por sus acciones, quedaron desenmascaradas ante la opinión pública nacional e internacional.

    Yo les pregunto: ¿Quiénes son hoy las FARC, políticamente hablando, frente a los colombianos y frente al mundo? No reúnen ni siquiera el uno por ciento del respaldo popular. Definitivamente, no son ya ninguna opción porque el proceso las obligó a mostrar su verdadero rostro. Esta derrota política de la guerrilla es, sin duda, uno de los grandes triunfos del proceso de paz.

    Tercero: logramos una total comprensión y despertamos el interés de la comunidad internacional sobre el conflicto interno colombiano. Ahora el mundo sabe, a conciencia, que nuestro conflicto no es una guerra civil sino que es una guerra de unos pocos violentos contra la sociedad civil.

    Ahora el mundo entero sabe que los que verdaderamente estamos luchando por el pueblo estamos del lado de las instituciones y no del lado del terrorismo, y, por ello, cada vez recibimos más apoyo y respaldo internacional para acompañarnos en nuestros esfuerzos por la paz y la democracia. Y éste, compatriotas, es otro de los éxitos del proceso de paz.

    Cuarto: algo muy importante sobre lo cual se ha reflexionado poco. El proceso de paz nos ha dejado una importante agenda de trabajo que estamos en la obligación de seguir adelantando, -con las FARC o sin las FARC-, porque ella contiene los grandes temas que necesita debatir el país.

    La Agenda Común por el Cambio hacia una Nueva Colombia, que se acordó en mayo de 1999, con la participación del sector privado, de los sindicatos, de la academia, de los partidos políticos y de otros representantes de la sociedad civil, debe seguir siendo trabajada por los colombianos que queremos alcanzar la justicia social desde la democracia y por medios pacíficos.

    En ella se encuentra un conjunto de reformas y de propósitos que el país está en la obligación de asumir y de buscar, y sobre el cual mi Gobierno comenzó a trabajar y a avanzar con paso firme. Vale la pena que no desperdiciemos este trabajo y continuemos desarrollando esta agenda. Y esto es algo que se logró también gracias al proceso de paz.

    Quinto: Logramos que la paz dejara de ser un tema exclusivo del Gobierno en el que la sociedad civil y el sector privado no se sentían involucrados. Los empresarios, la iglesia, los estudiantes, los trabajadores, las familias, participaron en diversas reuniones y grupos de trabajo; hicieron foros de debate sobre la paz; participaron en marchas y otras manifestaciones contra la violencia, e, incluso, las gentes en sus pueblos han comenzado a resistir con valor civil la intimidación de los terroristas.

    No más en el proceso de discusión de la agenda temática se celebraron 38 audiencias públicas con la participación de cerca de 30 mil colombianos. Éste es un avance fundamental: la sociedad colombiana está hoy más consciente que nunca de que el logro de la paz es un logro colectivo. Ésta nueva una actitud es, sin duda, otro de los grandes logros del proceso.

    Sexto: Ustedes pueden verlo y escucharlo en las noticias y declaraciones de cada día. Hoy son muchos los que plantean la necesidad de regresar, bajo ciertas condiciones, a la mesa de negociaciones. Es decir: dejamos sembrada la semilla de la paz en la conciencia de quienes, como yo, tienen la firme convicción de que sólo a través del diálogo puede conseguirse una paz que sea cierta y duradera.

    Sin renunciar a la defensa nacional contra el terrorismo, nunca debemos perder de vista que el diálogo es el único camino para la convivencia.

    Colombianas y colombianos:

    Ya para terminar quiero agregarles otro logro muy importante, tal vez el mayor de todos: si el nuevo Gobierno quiere reanudar los diálogos de paz encontrará un panorama radicalmente distinto, ¡muy distinto!, al que yo encontré, cuando hacía más de 10 años no existía un proceso de paz serio con la guerrilla y nos tocó partir prácticamente de cero.

    Alcanzar la paz es como armar un rompecabezas y quien continúe esta tarea encontrará que ya hay muchas piezas en su lugar, y que partirá desde una mejor posición que la que encontramos en 1998.

    Les prometí liderar personalmente la búsqueda de la paz, y así lo hice, con todo el corazón, con honestidad, con toda la energía y todos los deseos de alcanzarla.

    No logramos la paz por la falta de voluntad de la guerrilla, pero dejamos avanzado el camino y sembrada su semilla para que otros recojan la cosecha, ojalá más temprano que tarde. Como siempre, son ustedes quienes juzgan.

    Que Dios los bendiga. Y que Dios me bendiga.

    Buenas noches


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    1 de agosto de 2002

    Relacionados

    Deja un comentario

    Copyright2019 Biblioteca Presidencial Andrés Pastrana | All Rights Reserved