• Banner textos

  • ESFUERZO PARA MEJORAR EL CLIMA DE INVERSIÓN EN NUESTRO PAÍS

    Discurso del presidente Andrés Pastrana Arango, durante su encuentro de trabajo con el Comité Económico Japón- Colombia, de la Federación de Industrias Japonesas (Keidanren)

    Es para mí un honor dirigirme hoy a ustedes, señores miembros del Comité Económico Japón-Colombia.

    Esta institución, que desde hace más de 50 años busca resolver los problemas más importantes que enfrenta la comunidad empresarial japonesa, es un ejemplo claro del aporte que los empresarios pueden y deben hacer para promover un desarrollo económico sólido y sostenible. Los diferentes estudios e investigaciones que el Keidanren ha hecho han servido de soporte a gobiernos y partidos políticos, lo mismo que la cooperación que les dan a gobiernos y organizaciones internacionales.

    Cuando Japón enfrenta grandes retos económicos, ustedes han sido muy enfáticos en señalar que las políticas macroeconómicas, por sí solas, no serán suficientes y que es indispensable complementarlas con reformas estructurales, especialmente en el sector bancario.

    Estas son reflexiones que todos debemos oír y que son ejemplo de la importante tarea que puede realizar el Instituto.

    Espero que esta labor siga siendo fructífera y que contribuya a una mayor y mejor integración de las comunidades empresariales de nuestros países.

    Como todos ustedes bien lo saben, estoy comprometido con la construcción de una Colombia próspera: un país con una economía que crezca con solidez y en forma sostenida, basada en un sector productivo fuerte, dinámico y capaz de competir en los mercados internacionales; un país con una economía moderna y flexible que sea capaz de generar empleo estable y bien remunerado para sus ciudadanos; un país en paz con un sector productivo que genere riqueza y mejor calidad de vida para todos; un país con un sector público transparente y eficiente, libre de corrupción y dedicado a apoyar a sus gobernados; un país integrado al resto del mundo, con una infraestructura moderna y una mano de obra competitiva; un país seguro, con unas instituciones sólidas y una normatividad estable; en fin, un país en que la prosperidad económica respalde la democracia y ahuyente para siempre los fantasmas de la violencia y el desempleo.

    Este país lo construimos día a día, cada minuto, con decisión y liderazgo. Es una tarea compleja en la que se requiere persistencia y trabajo duro y en la que no vamos a vacilar a la hora de tomar las grandes decisiones. Nos hemos trazado una ruta muy clara para construir la Colombia del siglo XXI.Y es exactamente la misma que vamos a recorrer a lo largo de estos cuatro años: no vamos a ceder a tentaciones irresponsables de corto plazo que nos hagan perder el rumbo.

    Es un gusto estar acompañado por personas con las que nos identifican criterios comunes sobre la globalización de la economía, el desarrollo sostenible y el poder de la competitividad y la tecnología como herramientas para el desarrollo económico y social de nuestros pueblos, propósito en el que el papel de los empresarios es fundamental.

    Muchas de las empresas que hoy nos acompañan tienen operaciones en Colombia.

    Ustedes, como empresarios, han creído en nuestra economía, en el mercado colombiano, en la estabilidad política del país y, sobre todo, en nuestro recurso humano desde el punto de vista de su calidad y su capacitación. Y yo también creo en ello, como creo que Colombia tiene una de las mayores potencialidades para convertirse en uno de los grandes generadores de industria, de negocios y de bienestar para los ciudadanos de América Latina.

    Ustedes más que nadie tienen claro que la capacidad de trabajo que distingue a los colombianos internacionalmente no ha sido ganada en forma gratuita.

    Por ello entiendo que hay gran curiosidad en saber cuál es el camino que vamos a seguir de aquí en adelante, cuáles las medidas a adaptarse, y cómo percibe mi Gobierno el corto, mediano y largo plazo de Colombia desde diversos ángulos de la realidad nacional.

    Trataré de decirles en forma breve pero completa cómo vemos nuestro futuro.

    Colombia debe ser un país con una economía dinámica, liderada por el sector exportador. Por ello, cuando asumí el mandato que me entregaron los colombianos, lo hice con la convicción y la claridad que la mayor urgencia era darle un viraje a la política económica orientándola, con orden, hacia la estabilidad, la competitividad y la generación de empleo de buena calidad.

    La estrategia del desarrollo exportador la estamos adelantando con la participación del sector privado sobre la base de la diversificación en las exportaciones. Colombia debe darle un gran impulso a la innovación y al desarrollo tecnológico para lograr incorporar un mayor valor agregado a nuestra producción industrial y agrícola, así como a la producción de servicios orientados al mercado internacional.

    Bajo estos lineamientos diseñamos una estrategia encaminada, primero, a corregir el rumbo y luego a acelerar el paso. En otras palabras, necesitábamos ajustar la economía y poner la casa en orden para así sentar las bases de la reactivación y la modernización productiva.

    Por eso lo primero que hicimos, aun antes de comenzar formalmente a gobernar, fue adelantar un programa de ajuste fiscal estricto, pero realista. Esta era, y sigue siendo, la única opción que nos va a permitir ajustarnos, crecer y transformarnos.

    Recortamos y reorientamos el gasto improductivo demostrando, desde muy temprano, nuestra determinación de ajustar la economía y disminuir el déficit fiscal, que entonces ya bordeaba el 5,5 % del PIB. Esta primera ofensiva de política económica también incluyó medidas de ajuste cambiario y de apoyo al sistema financiero. Con cierta rapidez generó los resultados que esperábamos. La credibilidad y la seriedad de nuestra política generó tranquilidad cambiaria, evitó sobresaltos y abrió el espacio para que bajaran las tasas de interés en más de un 40 %, hasta llegar a tasas cercanas al 22%.

    Todos estos hechos muestran con claridad la percepción que hoy se tiene de la economía colombiana. Hoy somos nuevamente un país cuya economía se maneja con seriedad, en el que la política económica está depositada en buenas manos y en el que las medidas que se han tomado van en la dirección correcta.

    Así nos lo ha demostrado la comunidad internacional repetidamente: las firmas internacionales calificadoras de riesgo mantuvieron la buena calificación otorgada al país y le otorgaron, junto con Chile, los únicos “grados de inversión” en Latinoamérica; se redujeron los “spreads” de la deuda colombiana y tal como lo mencioné, el comportamiento del dólar en los últimos meses se ha mantenido estable luego de la crisis ocurrida en algunos países del área, la cual no tuvo mayor impacto ni generó las expectativas de devaluación que sí generó en algunos países vecinos.

    Muestra clara de esta confianza fue la colocación, el pasado 15 de abril, de bonos en el mercado norteamericano por 500 millones de dólares a una tasa inferior al 10%. Estos bonos tuvieron una de- manda 5 veces superior a la cantidad ofrecida y fueron comprados por más de 200 inversionistas institucionales de Europa y Estados Unidos, ratificando la confianza internacional en los mercados de crédito de alta calidad.

    Hemos puesto en marcha la segunda ofensiva de la política económica orientada a la reactivación de la economía y a la generación de empleo.

    Hemos orientado nuestros esfuerzos en cinco áreas prioritarias. En el sector de la construcción, nos hemos concentrado en rescatar la credibilidad del público en la compra de vivienda y en implementar una política de vivienda basada en subsidios transparentes, dirigido a las personas de más escasos recursos.

    En el sector de agua potable y alcantarillado hemos creado un es- quema financiero apuntalado en los aportes del presupuesto nacio- nal para acelerar la iniciación de grandes proyectos integrales en varias ciudades y municipios del país. Con el nuevo entorno de tasas de interés y el decidido apoyo del Gobierno Nacional se podrán iniciar inmediatamente las obras y desarrollar inversiones superiores a un billón de dólares en los próximos tres años.

    La construcción de vías y, en especial, las concesiones viales, son el tercer eje de la orientación de la inversión del gobierno. Hemos trabajado desde el Ministerio de Transporte para poner en ejecución un ambicioso plan de obras por concesión liderado por el sector privado. Los proyectos ya en ejecución superan los mil millones de dólares y los que se adjudicarán en el transcurso del año alcanzan una cifra similar adicional.

    La reactivación de la economía también se ha centrado en la reactivación del sector agrícola. Con una tasa de cambio adecuada, crédito suficiente y oportuno y apoyo tecnológico revitalizaremos muchos de nuestros cultivos permanentes y transitorios.

    Así mismo, la quinta acción concreta está basada en la reconstrucción del Eje Cafetero, afectado por el grave terremoto en el mes de enero. Invertiremos cerca de un billón de dólares en esta tarea, en la cual ha sido invaluable la colaboración de países amigos como el Japón, que nos han dado apoyo técnico y financiero para adelantar esta labor.

    Estas acciones las estamos complementando con dos programas que son indispensables para el buen desempeño de nuestra economía en el corto, mediano y largo plazo. Por un lado, hemos diseñado un programa de fortalecimiento y apoyo al sistema financiero, basado en amplios créditos de capitalización y liquidez a las diferentes entidades del sector. Estos créditos permitirán otorgar mayor liquidez al sector financiero y contar con nueva y mayor liquidez para financiar en excelentes condiciones a nuestro sector productivo. El otro programa está dirigido a acabar con el contrabando. No vamos a permitir que este flagelo siga maltratando nuestra producción ni robándoles el empleo a miles de colombianos.

    Hemos producido y continuaremos produciendo importantes resultados en este campo, ya que nuestra política de aduanas seguirá dedicada a combatir el ingreso ilegal de mercancías al país y a seguir utilizando los instrumentos legales con que hoy contamos para evitar el ingreso de cualquier clase de productos que intenten ingresar de forma ilegal.

    También he liderado la diplomacia por la economía. Con ella, en todas las visitas que hemos realizado a países amigos nos han permitido profundizar nuestras relaciones comerciales y atraer nuevas posibilidades de inversión extranjera. Desde la visita que hicimos a Estados Unidos hasta esta última a Japón y China, los inversionista s nos han confirmado que hay un renovado interés por realizar negocios en nuestro país, y los organismos internacionales de crédito han vuelto a abrir sus puertas a Colombia.

    Como pueden ver, sabemos hacia dónde nos dirigimos, sabemos cuál es el camino correcto y estamos transitándolo cada vez con mayor vigor y optimismo. Y sabemos también que todo este esfuerzo que mi Gobierno está adelantando en materia económica requiere la participación activa de los inversionistas extranjeros y de nuestros socios comerciales.

    Colombia siempre ha estado en la mira de los inversionistas inter- nacionales. Nuestra reconocida estabilidad económica, unida a la gran riqueza natural y humana y a nuestra ubicación estratégica, ha hecho de nuestro país un destino ideal de la inversión en América Latina. No en vano el año pasado fuimos el tercer destino de los capitales extranjeros en la región.

    Un factor de gran importancia radica en la seriedad y la tenacidad de los trabajadores y de la clase empresarial colombiana; ellos son la mejor garantía de la rentabilidad y el éxito de los proyectos de inversión.

    Somos conscientes de nuestras fortalezas y ventajas, y sabemos que pueden potenciarse para multiplicar las experiencias exitosas en nuestro país. Por eso estamos creando las mejores condiciones para atraer a los inversionistas de todas las latitudes y para que quienes ya han depositado su confianza en Colombia aumenten sus inversiones. Queremos que sus capitales nos ayuden a generar empleo y a incrementar la oferta exportable colombiana, aprovechando la experiencia, la tecnología y el conocimiento que tienen las empresas extranjeras.

    No voy a ahorrar ningún esfuerzo para mejorar el clima de inversión en nuestro país. Esto requiere actuar en varios frentes.

    En primer lugar, estamos adelantando todas las medidas necesarias para reducir los costos de producción mediante la adecuada capacitación de la mano de obra, el mejoramiento de la competitividad de los costos laborales, la simplificación de trámites para la creación y operación de empresas y la construcción y adecuación de la infraestructura de transporte.

    Este último aspecto es de gran importancia para el futuro económico de Colombia. Por ello, nuestra política de transporte se ha traza- do como objetivo fundamental el unir los centros productivos en el interior con los puertos marítimos y terrestres, para así reducir los costos de transporte y facilitar el comercio exterior.

    Esto es especialmente importante en el caso de la Costa Pacífica que es nuestra puerta de entrada y salida al Asia.

    Queremos no solo abrir más esta puerta, sino también ensanchar su marco. Y la mejor manera de hacerlo es a través del proyecto que hemos llamado de “Acceso Integral al Pacífico” (AIP).

    Este proyecto tiene varios componentes: en primer lugar, la rehabilitación de la red férrea del Pacífico que ya entregamos en concesión en diciembre pasado; en segundo lugar, la carretera Buga-Buena- ventura, la cual se encuentra en la fase de diseños definitivos; final- mente, debe construirse el túnel de La Línea, una de las obras más importantes para la modernización de nuestra red vial, la cual se encuentra en la fase de diseños definitivos. Con estas obras no solo reduciremos sustancialmente los costos de transporte y multiplicaremos nuestras relaciones comerciales, sino que Colombia se convertirá de una vez por todas en la verdadera puerta de entrada de Asia a América.

    En segundo lugar, sabemos de la importancia que tiene la estabilidad para los inversionistas y para nuestros socios comerciales, y por eso estamos actuando en dos frentes. Por una parte, hemos fijado unas reglas de juego claras en materia económica.

    Vamos a continuar manteniendo una política fiscal sana que nos permita tener un entorno macroeconómico estable, con una tasa de cambio competitiva y en el que las tasas de interés y la inflación se mantengan bajas como hasta ahora.

    Pero así como requerimos estabilidad económica, también requerimos estabilidad legal. Vamos a celebrar convenios que garanticen a los inversionistas la estabilidad normativa y tributaria que dé certidumbre y simplifique las relaciones con el Estado. Queremos introducir en la legislación unos contratos de estabilidad tributaria que aclaren y mantengan las reglas del juego para los inversionistas extranjeros a lo largo de todo el contrato.

    Igualmente, queremos aliviar la tributación a la inversión extranjera reduciendo el impuesto a las remesas y el tiempo en que las utilidades deben permanecer en el país para acceder a los descuentos tributarios previstos por la ley.

    De la misma manera, vamos a realizar acuerdos sobre precios de transferencia y a impulsar convenios para la eliminación de la doble tributación, para evitar así que el tratamiento tributario colombia- no afecte la llegada de capitales extranjeros al país.

    Para brindar mayores garantías a la propiedad de los inversionistas, estamos impulsando el proyecto de reforma al artículo 58 de nuestra Constitución, mediante la cual se elimina la posibilidad de expropiación por vía administrativa, hoy consagrada en dicha norma. Este proyecto ya ha sido aprobado en primera vuelta por el Congreso de la República y pronto será una realidad.

    Una de las mayores molestias para los inversionistas está en el exceso de trámites. Creo que no es justo someter a los empresarios que quieren generar empleos en nuestro país a una gran cantidad de trámites innecesarios y, además, a realizarlos en gran cantidad de entidades diferentes. Eso no es lógico.

    Para que exista una adecuada relación entre el Estado y el sector privado en materia económica y de inversión, es fundamental establecer mecanismos claros, precisos y ágiles de comunicación y solución de conflictos y de inquietudes de los inversionistas.

    Con el fin de cumplir este propósito, mi Gobierno cuenta con las facultades legales que le permitirán adelantar un audaz proceso de reestructuración de todas las entidades de la Nación, suprimiendo algunas, fusionando otras y reestructurando algunas con el único propósito de acercar al Estado a los ciudadanos e inversionistas, haciendo más transparentes y ágiles las actuaciones de la administración en beneficio de los particulares.

    También contamos con facultades legales que nos permitirán eliminar muchos de los trámites innecesarios que hoy existen y que en ocasiones hacen que los costos de las inversiones aumenten.

    Mediante el diseño de un Estado moderno y eficiente, que concentre sus esfuerzos en el diseño de políticas y en la vigilancia necesaria, cuidándose de no ahogar a los empresarios en un mar de trámites, vamos a lograr con los inversionistas una verdadera alianza para el desarrollo y el empleo.

    Sabemos que la paz y la seguridad son muy importantes para que nuevas inversiones lleguen a Colombia. Como ustedes bien lo saben, mi gobierno ha iniciado un proceso de paz con los grupos in- surgentes tendiente a encontrar una solución política al conflicto armado que por tanto tiempo y tan inútilmente ha desperdiciado la vida de miles de colombianos.

    Desde antes de asumir la presidencia, decidí liderar este proceso de manera personal para asegurarme de que avance con la mayor seriedad y rapidez posibles. Fue así como en las montañas de Colombia en el pasado mes de julio, me reuní con el principal líder de las Farc, para iniciar el proceso de diálogos directos tendientes a buscar una solución política al conflicto.

    Para adelantar este proceso, definimos un area en la zona selvática del país, en la cual, manteniendo siempre la autoridad civil pero suspendiendo la actividad militar, se crearon las condiciones apropiadas para que ambas partes pudiera emprender estos diálogos.

    Fue así como iniciamos una serie de conversaciones que nos permitieron acordar una agenda de temas comunes sobre los cuales debe adelantarse el proceso de negociación con este grupo armado.

    La semana pasada tuve una segunda reunión personal con los principales líderes de este grupo guerrillero, en la cual hicimos una evaluación de los avances de la etapa de diálogos y acordamos pasar a la etapa de la negociación. También ratificamos la voluntad de ambas partes para buscar la paz mediante una solución política negociada.

    Voy a seguir trabajando con el mismo empeño y dedicación con que lo he hecho hasta ahora, con el único objetivo de lograr que la paz en nuestra patria sea una realidad. Este proceso siempre lo adelantaré con la clara idea de mantener y respetar el Estado de Derecho y los principios democráticos de nuestra nación.

    Quiero ser claro. El proceso de diálogo y negociación con los grupos insurgentes no significa que durante su desarrollo, la protección a los ciudadanos quede desatendida. Tenemos unas fuerzas militares y de policía que están preparadas para proteger a todos los que se encuentren en Colombia y no van a descuidar su función constitucional de proteger la vida y honra de los ciudadanos.

    Precisamente en este momento estamos adelantando un proceso de reestructuración de nuestras fuerzas armadas, con el cual esperamos fortalecer su capacidad a la vez que impulsamos su profesionalización y modernización.

    Vamos por el camino correcto. No vamos a cerrar la economía ni a desbordar el gasto público. Nuestro compromiso es con la generación de empleo, con la globalización, con el comercio mundial, con el futuro; es con el cambio, no con el pasado.

    Esta es una labor que no va depender sólo del gobierno.

    Necesitamos del tesón y del espíritu emprendedor de empresarios como ustedes, que han demostrado que las dificultades deben asumirse como retos y que los retos se convierten en oportunidades.

    Colombia quiere ser la puerta de ustedes a América. Queremos invitarlos a que aprovechen las ventajas geográficas que ofrece nuestro país; las ventajas que ofrece una política económica seria como la que adelanta mi administración; las ventajas de la modernización de nuestra infraestructura; las ventajas de unas reglas de juego claras y estables; las ventajas del acceso privilegiado que nos dan nuestros acuerdos comerciales a más de 600 millones de consumidores en Estados Unidos, Europa y América Latina; las ventajas de un gobierno que quiere ser su socio en la conquista de los mercados internacionales; en fin, las ventajas que da un país lleno de ventajas.

    Quiero invitarlos a que aprovechemos estas oportunidades y a que, con el liderazgo de mi gobierno, Colombia se convierta en el primer destino de la inversión japonesa a Latinoamérica y en un multiplicador de nuestro comercio. Ustedes, como lo han hecho en el pasado, pueden convertirse una vez más en ejemplo de iniciativa, pujanza y optimismo para todos los colombianos.


    Lugar y fecha

    Tokio, Japón
    12 de mayo de 1999

    Destacados

    publicaciones recientes

    Relacionados

    Deja un comentario

    Copyright2019 Biblioteca Presidencial Andrés Pastrana | All Rights Reserved