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  • INSTALACIÓN DE LA 6ª SESIÓN DE TRABAJO DEL CONSEJO NACIONAL DE PAZ

    Palabras del Presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, en la instalación de la sexta sesión de trabajo del Consejo Nacional de Paz

    Queridas amigas y amigos:

    Al iniciar esta sesión del Consejo Nacional de Paz, quiero expresarles mi más alto reconocimiento y el de mi gobierno, por su notorio compromiso y esfuerzo permanente por la reconciliación nacional.

    Nuestro país quiere y reclama la paz. Una paz definitiva, construida en medio de un clima de paz y no de violencia. Una paz que mejore la calidad y las expectativas de vida, desarrollo y progreso de los ciudadanos. Una paz construida entre todos, sin intimidaciones y pensando en los más altos intereses de la nación.

    Esa es una verdad frente a la cual nadie debe equivocarse. Los Colombianos quieren una paz real, de hechos ciertos y de cambios concretos.

    No queremos una paz de papel, una paz de formalismos. Queremos una paz de realidades en materia de convivencia y transformaciones políticas, sociales y económicas, construida con la participación de todos.

    Esa paz de realidades es la que nos hemos propuesto edificar en mi Gobierno, tiene como bases para su desarrollo unos principios claros que quiero reiterar el día de hoy.

    En primer lugar, he dicho que la política de paz es una política de Estado e incorpora la acción y el compromiso de todos en la consecución de sus fines primordiales. La búsqueda de la paz debe estar más allá de un solo gobierno y por encima de cualquier diferencia política. Así mismo todas las instancias del Estado, los partidos y movimientos políticos o sociales y en general toda la sociedad deben estar comprometidos en esta labor, cada uno de acuerdo con su responsabilidad como funcionario o ciudadano, bajo el liderazgo y la coordinación del Presidente de la República.

    El trabajo por la paz debe ser el símbolo de la unidad nacional, frente al cual debe existir comunidad de esfuerzos, unidad de propósitos y optimización de recursos.

    La búsqueda de la paz solo la concibo dentro del marco de la Constitución Política de Colombia y solo con apego a estos lineamientos constitucionales y sus desarrollos legales.

    Las Leyes y las Instituciones de la República que juré defender el día de mi posesión, han sido el soporte de nuestro tránsito hacia la reconciliación nacional. Y así seguirá siendo, porque estoy seguro que en el imperio de la Ley reposa la legitimidad necesaria para adoptar las grandes decisiones que se requieren para hacer la paz.

    Concebimos una política de paz basada en la solución del conflicto armado a partir de la vía del diálogo y la negociación política, Creo en la solución política del conflicto armado como el mejor camino para llegar a la paz definitiva. No estamos buscando una paz de vencidos y vencedores. Buscamos una paz en la que toda Colombia gane.

    A través del diálogo y la negociación podemos llegar a los acuerdos que permitan ponerle fin al conflicto y sentar las bases de una sociedad mejor. Con el diálogo, buscamos una paz de acuerdos y no de capitulaciones.

    Siempre he liderado personalmente este proceso pues me asiste un deber y una facultad Constitucional como Jefe del Estado y tengo también la obligación moral con los colombianos de conducirlos por el camino de la paz.

    Considero que recuperar el Monopolio de la Fuerza en manos del Estado es un elemento central de la paz que a su vez, será el soporte material de la consolidación de la convivencia pacífica. Sólo en una sociedad en la que impere el orden, y el poder de la fuerza repose en las manos legítimas del Estado, se puede edificar una nueva generación de ciudadanos que privilegien el respeto por los demás y la primacía del interés general sobre el particular.

    Quiero reiterarlo una vez más: ¡la paz es más que el silencio de los fusiles, es justicia social!. Unos acuerdos de paz eficaces, nos deberán conducir hacia la solución definitiva de la confrontación armada, y al mismo tiempo hacia el mejoramiento de las condiciones de vida y desarrollo de los ciudadanos.

    Para que logremos esto, el sector privado debe estar desde el principio en la construcción de la paz pues su activa participación en las distintas etapas del proceso, garantizará en una gran parte el éxito en la futura implementación de los acuerdos de paz.

    El capital privado es el motor del progreso y del empleo y lo deberá seguir siendo para que las reformas sociales y económicas se puedan concretar en el marco de la globalización de las economías.

    Pero muchos de nuestros esfuerzos pueden verse truncados sin la erradicación del flagelo del narcotráfico.

    Llegar a la paz, también implica superar los efectos perversos del narcotráfico sobre nuestra sociedad. Son muchos los daños que el narcotráfico le ha causado a nuestra sociedad y son muchos los recursos del narcotráfico que han financiado el escalamiento del conflicto armado y por ende, las consecuencias atroces de la violencia sobre los ciudadanos y sus bienes.

    Está demostrado que la participación internacional es fundamental para lograr la paz que queremos, Ella implica cambios en lo social, en lo político y en lo económico con sus costos y financiación. Implica liderazgo y credibilidad internacional, Significa apertura de mercados y llegada de nuevas tecnologías. Para todo esto, es fundamental el apoyo y la cooperación de los países amigos.

    Claro está que la participación de la comunidad internacional debe estar delimitada dentro del marco de la cooperación. Nunca aceptaré ni como Presidente ni como Colombiano ninguna forma de intervención y sé que ningún compatriota lo haría.

    Por último siempre ha sido claro que la paz se construye con la participación de todos. Es un esfuerzo de construcción conjunta para delinear la convivencia pacífica y el progreso democrático de nuestro pueblo. Solo con la participación de los ciudadanos lograremos la consolidación de esta paz que queremos.

    He dicho que al Proceso de Paz le debemos meter pueblo, pero que al mismo tiempo hay que sacar el pueblo de la confrontación armada. No podemos construir un proceso con la participación de todos, en medio de la intimidación y el miedo que produce la violencia.

    Y por fortuna hemos contado con la participación de muchos. El sector privado, muchos sectores sociales y el común de los Colombianos empiezan a participar.

    El día de hoy debo hacer un especial reconocimiento a Justapaz, a los miembros del Consejo y a las organizaciones sociales que durante este período se reunieron todos los lunes, en un trabajo coordinado con el Alto Comisionado para la Paz y la Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Paz, para ponerse de acuerdo en unos lineamientos de acción que orienten la definición de una estructura y una metodología de funcionamiento para este órgano asesor y consultor del gobierno en materia de paz.

    Igualmente, desde aquí quiero expresar el reconocimiento del Gobierno por el trabajo que han venido adelantando los integrantes de la Comisión Facilitadora de Paz en el Proceso de Paz con el ELN. Su labor ha sido altamente positiva y enriquecedora a la hora de construir alternativas y puntos de encuentro.

    Toda la labor realizada en materia de paz en estos dos primeros años de Gobierno, nos ha permitido, etapa por etapa, paso a paso, avanzar en la construcción del Proceso de Paz. El Alto Comisionado para la paz ha preparado un detallado informe sobre los avances obtenidos hasta hoy en el proceso y sus perspectivas, el cual les presentará más adelante.

    Buscar la paz en medio del conflicto no es fácil, pero hemos avanzado. Sin embargo, no será de un día para otro como resolveremos este conflicto armado que lleva casi cuarenta años de existencia.

    Sé que la situación actual no es fácil. La violencia aún no ha dado su brazo a torcer, pero no podemos desfallecer y permitir que el terror y el dolor se apoderen de nuestros sueños y destruyan la esperanza.

    No quiero ver una sociedad polarizada en torno a la violencia, sino un pueblo en marcha unido hacia la reconciliación nacional.

    Flaco servicio le prestan a la patria quienes creen que acudiendo a mecanismos por fuera de la ley, es como se alcanzará la convivencia pacífica. Es una contradicción decir que se quiere la paz mientras se apoya a la violencia.

    Los colombianos deben creer en nuestras verdaderas posibilidades de paz y solo deben apoyar decididamente a las instituciones legítimas del Estado, antes de caer en la nefasta tentación de querer tomar la justicia por cuenta propia. Es a través de las Fuerzas del orden como se controlarán las reprochables acciones de los violentos, mientras éstas persistan y lleguemos a la paz.

    Como Presidente de los Colombianos, no acepto, ni aceptaré ninguna excusa ni justificación, repito, para apoyar a los grupos de justicia privada y sus crímenes. No podemos perder la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal.

    El Gobierno ha combatido y seguirá combatiendo, sin tregua ni desmayo, a todos los grupos armados que persisten perversamente en atacar a la fuerza pública y a la población civil. En esto tampoco deben existir equívocos. Y los combate a todos por igual, con la misma energía y similar contundencia. El Gobierno no tolera ni tolerará ningún tipo de convivencia con grupos al margen de la ley.

    Somos una sociedad civilizada y democrática, y por eso, estamos trabajando en una salida política – negociada para el conflicto armado interno. En esta labor, ustedes, queridos amigos del Consejo Nacional de Paz, tienen mucho por hacer.

    Quiero un Consejo Nacional de Paz activo, actuante, movilizándose entorno al gran reto de la paz. Promoviendo, de la mano del gobierno, mecanismos de participación ciudadana en los procesos, fomentando la convivencia ciudadana en todos los rincones del país, aportando ideas y propuestas que enriquezcan la negociación política y movilizándose en torno al cese de la violencia y el avance de los acuerdos de paz.

    Quiero un Consejo Nacional de Paz cerca al Presidente y al Gobierno, trabajando en la misma dirección de la paz, uniendo esfuerzos y optimizando recursos y un Comité Nacional de Paz ejerciendo sus funciones de asesor del Alto Comisionado para la Paz. En resumen, quiero un consejo Nacional de Paz organizado y funcionando.

    Los invito a que trabajemos en la construcción de esta paz del ciudadano común. La paz de la gran mayoría de los Colombianos, cuyos intereses representa el gobierno y su voz, ustedes.

    En esto estamos en el Gobierno Nacional: fortaleciendo el proceso de paz, trabajando por la materialización de acuerdos concretos, impulsando la firma de un cese de fuegos y de hostilidades, y promoviendo el definitivo compromiso de todos con el camino de reconciliación nacional que hemos edificado.

    Queremos cerrar la puerta del no retorno en este Proceso de Paz de la mano de la sociedad Colombiana. No podemos esperar más. Esa es mi invitación, a que unamos nuestros esfuerzos para alcanzar el punto de no retorno en la búsqueda de la paz.

    Les invito a que desde hoy mismo se comience a trabajar en estos objetivos. Para esto, les propongo encargar al Comité Nacional de Paz para que con el Alto Comisionado, en un término de un mes, adopten el reglamento interno y definan los lineamientos de organización y funcionamiento del Consejo.

    Adelantada esta labor, convoco desde hoy a la próxima sesión del Consejo para el martes 3 de octubre, para que en ésta se estudie y apruebe la propuesta de organización y funcionamiento que nos presentará el Comité, y se designe nuevamente el Comité Nacional de Paz.

    Nuestro propósito deberá ser el de construir un destino común que tenga el rostro y la dimensión de nuestros anhelos, de nuestros sacrificios y de nuestra generosidad, para así edificar un país próspero, sin violencia y con justicia social.

    Con compromiso, decisión e insistencia, la paz sí es posible.

    Manos a la obra.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    21 de agosto del 2000

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