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  • LA PAZ QUE ANHELAMOS REQUIERE LA RECONSTRUCCIÓN DE NUESTROS VALORES Y EL FORTALECIMIENTO DE NUESTRA CULTURA

    LANZAMIENTO DEL LIBRO “LENGUAS INDÍGENAS DE COLOMBIA, UNA VISIÓN DESCRIPTIVA” EN EL INSTITUTO CARO Y CUERVO

    José Ortega y Gasset decía que la vida es, antes que nada, una constelación de preguntas a las que contestamos con una constelación de respuestas que llamamos “cultura”: La Cultura. Y añadía que, puesto que muchas respuestas son posibles, ello significa que existen y han existido muchas culturas. Y que lo que nunca ha existido es una cultura absoluta, vale decir, una cultura que responda con éxito a todas las preguntas

    Esta noche me siento realmente orgulloso y feliz de estar en el Instituto Caro y Cuervo, porque ésta es una institución colombiana de prestigio internacional que se ha dado a la tarea de investigar, conocer y divulgar esas múltiples respuestas que forman la cultura del idioma español, nuestra propia cultura nacional y las diversas culturas que coexisten en el territorio de ese sueño que hoy llamamos Colombia.

    Como siempre, he apreciado profundamente la invitación de Don Ignacio Chaves Cuevas, no sólo por el gran honor de concederme este espacio para presentar el libro “Lenguas Indígenas de Colombia” sino también por la oportunidad que me brinda para reafirmar en este templo de la cultura colombiana mi profundo convencimiento de que la promesa de la paz sólo tiene sentido si somos capaces de forjar y defender nuestra propia identidad, o, como diría Ortega y Gasset, nuestras propias respuestas.

    Tal y como lo afirmé en abril del año pasado en esta casa tan cercana a los afectos de mi padre -quien siempre se sintió muy orgulloso de ser miembro honorario de este Instituto-, la paz es ante todo un estado del espíritu: Es ella la expresión de nuestra armonía interior y, al serlo, es cultura.

    Siento tranquilidad al saber que para la formación de cultura en nuestro país,  los colombianos contamos con la infatigable labor del Instituto Caro y Cuervo. Gracias al Reverendo Padre Félix Restrepo y a los profesores José Manuel Rivas Sacconi, Rafael Torres Quintero e Ignacio Chaves Cuevas, así como a todos sus miembros, que se han entregado en cuerpo y alma al trabajo intelectual y científico, el Instituto no ha perdido su orientación y ha logrado realizar con éxito innumerables trabajos en favor de las costumbres, tradiciones y creencias de las diferentes regiones de Colombia, exaltando nuestra identidad y nuestra razón de ser.

    Siguiendo el sendero magistral que trazaron Miguel Antonio Caro y Rufino José Cuervo, el Instituto ha penetrado los misterios y la magia del idioma español que hablamos cerca de 400 millones de personas en el planeta, pero nunca ha dejado de ser, ante todo, una institución colombiana, orgullosa de sus raíces, estudiosa de nuestras peculiaridades y promotora y defensora de tantas otras lenguas y dialectos que forman parte de nuestra herencia cultural.

    Baste como ejemplo que citemos uno de los muchos trabajos de investigación del Instituto, como lo es “El Atlas Lingüístico Etnográfico de Colombia (ALEC)”, producto de casi veinticinco años de recolección de materiales en 225 localidades a lo largo y ancho del país. Único en Latinoamérica, el ALEC no sólo documenta la manera como se habla el español en las diferentes regiones que conforman el territorio nacional, sino que reúne una extensa descripción de las costumbres, tradiciones, e, inclusive, intereses y problemas de los habitantes de estas  zonas.

    Por trabajos como éste, que profundizan la cohesión social y cultural, el Instituto Caro y Cuervo se hizo acreedor el año pasado del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Y hoy quiero decirles, con absoluta sinceridad, que uno de los momentos que siempre guardaré como un tesoro en la memoria, porque me hicieron sentir el orgullo de ser gobernante de un país lleno de sueños y de cultura como Colombia, fue cuando en octubre del año pasado, en Oviedo, desde el palco en el que acompañaba a su majestad la Reina Sofía de España, presencié la entrega solemne de esta distinción al director del Instituto, Ignacio Chaves Cuevas. ¡Allí en España, en la cuna del idioma que hoy hablamos y en el cual pensamos la mayoría de los colombianos, sentí la profunda alegría de pertenecer a un pueblo que ha enriquecido como ninguno el legado lingüístico de Cervantes!

    Queridos amigos:

    En mi última visita al Instituto afirmé que estábamos pasando por una de las mayores crisis culturales de nuestra época. En efecto, vivimos una era de transición, donde las culturas se encuentran e interrelacionan en el marco de la globalización y la informática, perdiendo muchas veces su sentido de pertenencia y sus valores tradicionales. Pero algo todavía más grave es que no hayamos aprendido aún a tolerar nuestras diferencias y a enriquecernos con ellas. Yo estoy convencido de que la paz que anhelamos y que estamos buscando con tanto esfuerzo requiere de la reconstrucción de nuestros valores y del fortalecimiento de nuestra cultura, como el espacio ideal de encuentro con los demás.

    Indiscutiblemente, el trabajo realizado por María Stella González de Pérez y María Luisa Rodríguez de Montes durante estos últimos quince años es un inmenso aporte para el enriquecimiento cultural al cual me refiero. El haber logrado recopilar en este increíble libro el estudio científico de las 65 lenguas aborígenes mediante las cuales miles de colombianos se expresan y tejen su identidad, es reconocer finalmente su importancia para la creación de una verdadera cultura nacional.

    Esfuerzos anteriores por descifrar la manera de comunicarse y expresarse de estos pueblos estaban motivados por un interés diferente al de conocerlos y entenderlos, como podía ser el afán de adoctrinamiento religioso o la necesidad de educar. Se hablaba entonces de conceptos como incorporación, integración o asimilación. Hoy, gracias al trabajo que nos entregan las dos autoras e investigadoras a través del Instituto Caro y Cuervo, podemos hablar de articulación y reconocimiento de unas culturas y unas lenguas tan colombianas y tan propias como la cultura caribe de nuestra costa atlántica o la cultura paisa del gran Antioquia o la cultura andina del altiplano cundiboyacense.

    Las tradiciones y creencias de los yakunas, koguis, uwas, nukaks, uitotos, guambianos y cofanes, por nombrar unos pocos, hacen parte del bagaje cultural de Colombia. Sus mitos y leyendas son la materia prima de nuestra historia y, por ende, son la esencia misma de nuestra forma de ser y pensar. Olvidarlos o tratar de transformarlos sería contribuir a la eliminación de una parte fundamental de nuestra raíz e identidad como nación.

    Por estas razones, el valor de estas lenguas para la recomposición de la cultura nacional es incalculable. Decía Miguel de Unamuno que “la lengua no es la envoltura del pensamiento, sino el pensamiento mismo”. Al entender la lengua de estas comunidades indígenas, estamos reconociendo su pensamiento, su forma de ver y entender la vida,  su forma de verse y de entenderse como colombianos.

    Y en aras de este entendimiento, déjenme traer a cuento las palabras de un arhuaco de Colombia, Bunkua Nabi, quien dijo una vez lo siguiente: “Nosotros no nos conocemos. Ustedes no conocen los problemas de nosotros los indígenas. Nosotros no nos conocemos, pero la tierra es una y vivimos sobre una tierra y esta tierra nos conoce a todos. Ustedes no conocen las luchas indígenas ni los problemas indígenas, pero si comenzamos a estudiar nuestros problemas, cada uno comenzará a conocer el problema de cada uno, ya que el mundo, la Tierra, es uno, y para ella nadie es extraño”.

    Hoy estamos dando un paso más para entender a estos colombianos y a su sabiduría milenaria. El contenido de este volumen no sólo brinda el conocimiento necesario sobre las diferentes lenguas aborígenes que se hablan a lo largo y ancho del territorio nacional, sino que también contribuye a conservarlas, evitando la desintegración cultural y física de estos grupos étnicos.

    Además, quiero resaltar la importancia de este trabajo en el campo educativo, ya que su contenido servirá de insumo para la elaboración de materiales didácticos para los niños y jóvenes de las diferentes comunidades.

    Y serán los mismos integrantes de los grupos indígenas, que se verán beneficiados por esta valiosa investigación, quienes deberán diseñar y poner en marcha sus propios procesos educativos, basados en sus tradiciones y costumbres, para que las futuras generaciones se encarguen de que este saber no se extinga y lo puedan transmitir a través del tiempo, enriqueciendo así el patrimonio histórico y cultural de Colombia.

    La paciencia, compromiso y lealtad con nuestra cultura demostradas por María Stella y María Luisa, su esfuerzo y constancia de quince años, son un comienzo para la reconstrucción de nuestros valores, para promover el reconocimiento y el valor de los otros, de esos colombianos tantas veces ignorados y malentendidos, pero de cuya sabiduría tenemos tanto que aprender.

    Quiero desde aquí invitarlos a todos ustedes no sólo a seguir trabajando con y por el Instituto para la conservación del patrimonio cultural de nuestro país, sino a continuar en la búsqueda de nuestra identidad para reconstruir nuestro imaginario colectivo, llenándolo de respeto, solidaridad, comprensión y amor por los demás. Para que todos los colombianos puedan contribuir con sus tradiciones y vivencias, y así poder transformar esa realidad en la que parecen lejanos el diálogo y la tolerancia por un entorno de entendimiento y convivencia pacífica: el único entorno en el que deberíamos vivir los colombianos.

    Espero y anhelo que una vez comencemos el largo camino de reconocimiento y aprendizaje de las costumbres, tradiciones y valores que durante tanto tiempo se han mantenido en silencio, logremos abonar el terreno para construir una verdadera cultura nacional basada en el reconocimiento y la aceptación de las ideas de otros, de todos los que creemos en un mejor futuro y que estamos trabajando, como lo hace el Instituto Caro y Cuervo, con paciencia y sin perder el norte, para resaltar lo mas importante y valioso con que puede contar pueblo alguno: su identidad nacional.

    En palabras de Carlos Fuentes, “una cultura es la pluralidad de nuestro quehacer social. Es la manera como caminamos, comemos, vestimos, amamos, recordamos y deseamos. Es nuestra manera de saludar, amueblar, movernos, luchar, morir. Es la manera de no olvidar que estamos en el mundo”.

    Este libro maravilloso sobre las lenguas indígenas en Colombia es también la manera, la forma más genial e innovadora, de no olvidar jamás que ellos, nuestros hermanos indígenas, nuestros compatriotas de lenguas diversas, los que guardan el tesoro de la América primigenia, también están en el mundo. Están en Colombia y son parte nuestra, parte de las múltiples respuestas que día a día formulamos a las preguntas de la vida.

    Muchas gracias

    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    1 de agosto del 2000

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