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  • LA SEGURIDAD ES TRANQUILIDAD Y LA TRANQUILIDAD SINÓNIMO DE PAZ

    Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión de la cumbre de comandantes de la Policía Nacional

    Una frase que encontré en el libro del General Serrano es la esencia de mi interés por el tema que hoy ha convocado a los más altos comandantes de nuestra Policía Nacional: “El futuro de la paz está en la seguridad ciudadana”.

    La convivencia pacífica de los colombianos durante y después de la construcción del proceso de paz, es por consecuencia una de las prioridades de mi gobierno. Por esa razón he buscado la manera de generar una dinámica que mejore sensiblemente la vida cotidiana de las ciudades y de los pueblos de Colombia.

    Hace poco más de seis meses presenté la Estrategia Nacional para la Convivencia y la Seguridad Ciudadana basada por un lado, en el importante proceso de transformación que lleva a cabo la Policía Nacional y por el otro, en el compromiso hacia esta política que deben tener las autoridades locales.

    Estoy convencido, al igual que el General Serrano, de que “la Policía del 2000 será la Policía Comunitaria, la que en Europa llaman la policía de la proximidad, de la cercanía, la que se sienta con el ciudadano a proyectar sus necesidades básicas de seguridad, la que va a imponer una nueva cultura de convivencia”.

    De ahí, que parte fundamental de la estrategia que hemos puesto en marcha sea promover la labor policial como un servicio que necesariamente requiere del apoyo de la ciudadanía. Por este motivo, se está impulsando la modalidad de Policía Comunitaria, cuyo propósito es que el policía, sin distraer su objetivo esencial de darle seguridad a la gente, sea un amigo, una especie de líder de la comunidad donde trabaja.

    En ese sentido la labor policial debe ser acompañada por el Estado, sus leyes y sus instituciones, tema al cual me vaya referir hoy especialmente.

    Quiero hacer énfasis en tres puntos específicos: la importancia de contar con una política criminal eficaz; la urgencia de tener un sistema carcelario que cumpla el papel que debe tener en toda sociedad moderna; y finalmente la necesidad de garantizar el acceso de todos los miembros de la institución policial a los avances tecnológicos.

    En primer lugar la política criminal es un instrumento clave para que la labor policial trascienda y pueda ser una fuente de seguridad y tranquilidad.

    Más allá de las patrullas, las armas de dotación, del propio bolillo y de los elementos de comunicación, los Códigos son la herramienta de trabajo más útil con que cuenta la Policía para reducir los niveles de criminalidad en un país.

    Hoy creo necesario que Colombia revise el impacto de los Códigos de Policía y del Menor e incluso de los Códigos Penal y de Procedimiento Penal, teniendo en cuenta la evolución que el delito ha tenido en los últimos años.

    Puesto que todos esos códigos definen las reglas de juego que sostienen la convivencia de nuestra sociedad, creo que vale la pena abrir una discusión sobre la vigencia actual de esta normatividad.

    Sobre la base del respeto de los derechos individuales, el ciudadano debe contar con unas reglas de convivencia cuyo cumplimiento le permitan al Estado protegerlo del delito. Es ahí donde podemos dar un gran aporte en la construcción de la paz.

    Recordemos que la seguridad es tranquilidad y que la tranquilidad en la vida cotidiana del colombiano es sinónimo de paz.

    Por eso hoy, al hacer un balance de la labor de la Policía Nacional durante el año pasado vemos que los resultados son positivos. Las aprehensiones en todos los delitos aumentaron en un 13%, el rescate de secuestrados por parte de la Policía en un 41 %, el número de automóviles recuperados en un 35% y la incautación de armas más de 5%.

    Esos resultados son un constante reto de superación para cada uno de los miembros de esta institución.

    Respecto al segundo gran tema a tratar en esta reunión, quiero ser enfático al reiterarle a los colombianos que la política carcelaria de mi gobierno ha iniciado un proceso de cambio fundamental.

    Como es bien sabido por todos, el sector penitenciario es el más vulnerable de nuestro sistema judicial. Soy consciente de que exis- ten dificultades para que las cárceles cumplan con el fin que persiguen las penas.

    Por eso debo ser claro: las cárceles son lugares para la rehabilitación de los delincuentes, no el espacio para venganzas, retaliaciones ni ninguna otra manifestación de violencia.

    El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Justicia ha diseñado un Plan Penitenciario Integral para recobrar el control de la autoridad y la plena vigencia de la ley en los centros de reclusión del país, al tiempo que resuelve de forma definitiva el problema del hacinamiento.

    En materia de infraestructura carcelaria nos hemos propuesto la superación de un rezago de más de cuatro décadas durante las cuales no ha habido una inversión pública significativa, situación que ha dejado graves secuelas de sobrepoblación y de hacinamiento.

    Mi gobierno ha previsto para el primer semestre de este año, la con- tratación de cuatro establecimientos de reclusión para albergar en condiciones óptimas de seguridad y dignidad a cerca de 5.000 internos. Adicionalmente hemos generado 3.200 cupos en las penitenciarías de Valledupar y Acacías que entrarán en funcionamiento en los próximos meses, y otros 3.700 por obras de ampliación que sumados, arrojan un total de 12.000 nuevos cupos.

    En el segundo semestre del año empezaremos a trabajar en proyectos de infraestructura aún más ambiciosos, con ingresos presupuestales de vigencias futuras y con recursos de la cooperación internacional, que buscan cubrir el actual déficit de cárceles.

    En cuanto al control de la autoridad y la seguridad carcelaria, se está concluyendo la actualización y modernización de los reglamentos internos de las cárceles y penitenciarías; la profesionalización del servicio de vigilancia mediante la capacitación y reentrenamiento del personal de custodia y la imposición de sanciones por actos de corrupción.

    Sobre este punto tenemos que ser radicales. ¡Nuestras cárceles deben ser lugares completamente ajenos a la corrupción!

    Estoy convencido de que la ampliación del cupo carcelario y penitenciario permitirá ir avanzando hacia la solución del problema de hacinamiento en las estaciones de policía de todo el país, las cuales hoy alojan en difíciles condiciones a más de 2.700 internos que deberían estar recluidos en establecimientos del Sistema Nacional Penitenciario.

    De otra parte, para los miembros de la Policía Nacional que se encuentran judicializados por actos relacionados con el ejercicio de sus funciones, se ha iniciado la construcción de un pabellón especial, aledaño a la Penitenciaría Nacional “La Picota”. Este nuevo pabellón contará con celdas que cumplen con los requerimientos necesarios para que los recluso s se mantengan debidamente aislados de la delincuencia que ellos mismos han perseguido.

    Es mi propósito que las estaciones de policía vuelvan a ser un lugar digno de trabajo para agentes y oficiales, por eso hago un llamado a los alcaldes para que a esta iniciativa de gobierno, le sumen la posibilidad de implementar con sus recursos las Unidades Permanentes de Justicia definidas en la Estrategia Nacional para la Convivencia y Seguridad Ciudadana.

    De esta forma, hemos llegado a nuestro tercer gran tema del día de hoy: la innovación tecnológica. Mi gobierno viene estimulando la puesta en marcha de diferentes tipos de herramientas caracterizadas por la tecnología de punta.

    Por ejemplo, en el transcurso de este año en Bucaramanga se instalará un programa piloto de vigilancia mediante un circuito cerrado de televisión. Se ubicarán cerca de 100 cámaras que grabarán lo que suceda en las calles las 24 horas al día, durante todo el año. Esta herramienta le permitirá a la Policía y a las autoridades locales realizar un control más efectivo de la seguridad ciudadana en ese centro urbano.

    También este año se instalarán dos salas especiales computarizadas destinadas a observar la evolución y el comportamiento del delito en Bogotá. Estas salas conocidas como Centros Operativos de Seguimiento del Delito, COSED,serán uno de los instrumentos más útiles para enfrentar la delincuencia.

    Sé que la Policía está en capacidad profesional de asimilar este tipo de herramientas para sacarles el mayor provecho en beneficio de la comunidad. Precisamente quiero contarles una anécdota muy humana que simboliza el proceso de modernización tecnológica que ha iniciado esta Institución.

    Hacía tiempo que al General Serrano le habían regalado un computador que tenía archivado en parte porque no había tenido tiempo para “cacharriarle” como se dice, y en parte porque en sus años de servicio al país no había tenido mucho contacto con ese tipo de herramientas de trabajo. Consciente de la necesidad que tiene la Policía Nacional de hacerse a todos esos elementos que nos ofrece la tecnología, el propio General rescató del olvido su computador y se dedi- có a conocerlo al punto que hoy, él mismo contesta los correos electrónicos que le llegan de todas partes del mundo.

    Al asistir a esta cita anual que congrega a los altos mandos de la Policía Nacional, quiero repetir unas palabras que señalan la expectativa que sobre su labor tenemos los colombianos. Como dije el pasado mes de diciembre en la ceremonia de ascensos e imposición de insignias: “La Policía Nacional es cada día más un símbolo de valor para los colombianos. Una fuerza que nos congrega a todos a su alrededor y que representa las mejores virtudes de la patria, al servicio de la seguridad y la tranquilidad de los habitantes del país”.

    De esta forma, quiero dar paso al homenaje que Colombia rinde al más alto oficial de la policía en servicio activo, al responsable de lo que es hoy la Policía Nacional, a ese personaje que nos ha dado un gran ejemplo de temple, de sacrificio, pero sobre todo de optimismo.

    Han pasado cuarenta años desde el día que su tío lo montó junto con su baúl en el platón de una Ford 48 para traerlo desde Vélez hasta la Escuela de Policía. Y es por eso General Serrano, que el país entero quiere manifestarle su profundo agradecimiento por esas cuatro décadas de incansable labor y por el orgullo que nos representa tener al mando de esta Institución “al mejor policía del mundo”.

    Una vida entera dedicada al servicio de la Policía Nacional, han valido para dejar en alto el nombre de la Colombia honesta, de la Colombia comprometida con el problema mundial de las drogas, de la Colombia que trabaja por un país con progreso y con justicia social.

    Y eso sin duda se debe a que usted General, ha logrado hacer de la Policía Nacional una institución bien dirigida, y de sus hombres, los mejores colombianos.

    Su visión y liderazgo unida a su capacidad de diseñar estrategias y de realizar operativo s de forma exitosa, ha sido justamente su principal virtud.

    Durante los últimos dieciocho meses, la PolicíaNacional ha incautado más de 40.000 kilogramos de cocaína pura, 105.000 kilogramos de marihuana, 13.000 de base de coca y al mismo tiempo ha destruido 10.000 hectáreas de amapola y más de 58.000 hectáreas de coca. Estas cifras muestran claramente el compromiso de mi go- bierno por combatir este terrible flagelo.

    Es igualmente importante reconocer las implicaciones que tiene la operación Milenio, en la que la participación de 1.300 miembros de Policía Nacional, en estrecha cooperación con diversos organismos internacionales, permitió la realización de 79 allanamientos. En esos operativos se decomisaron casi un millón y medio de dólares en efectivo, 3.600 kilos de cocaína, 44 vehículos y 7 teléfonos satelitales. Gracias a ella, hoy hay 1.279 bienes inmueble s y 230 sociedades en proceso de extinción de derecho de dominio.

    Con la captura de 30 personas se puso fin a una compleja red de narcotraficantes cuya envergadura era similar a los llamados “carteles de Medellín y Cali”. Esa operación es una clara demostración de la importancia que tiene la coordinación internacional en la lucha contra el problema mundial de las drogas. También es una muestra de lo útil que resulta el trabajo de inteligencia cuando es asumido con profesionalismo, con los instrumentos técnicos adecuados y con paciencia, esta última, condición fundamental para no precipitarse y malograr el objetivo final.

    Sin duda la operación Milenio lleva la firma del General Serrano. Del policía que cuando llegó a Bogotá se asustaba con las avenidas repletas de carros, y se deslumbraba con las luces y los aviones, del policía que hoy con su sacrificada labor combate exitosamente a la delincuencia organizada.

    Creo que lo que más admiramos de usted General Serrano, es la sencillez que ha preservado a lo largo de estos cuarenta años de servicio. Tal vez por esa cualidad el mundo entero le reconoce haber “humanizado” las capturas. Hace poco la directora de una ONG internacional comentaba que estaba positivamente impresionada al verlo entrevistarse ante los medios de comunicación de una forma cordial y humana con sus capturados.

    Y sé que eso obedece a su admiración hacia esa fiel herencia del General Santander quien solía decir, “No transijamos nunca ni con el despotismo ni con la anarquía, pero seamos indulgentes con los errores de otros”.

    Ese ejemplo del Director General de nuestra Policía Nacional ha abierto el camino que nos exhorta a hacer de la tolerancia y del respeto por los Derechos Humanos el camino hacia la convivencia y la reconciliación.

    Hoy General Serrano, tengo el honor de decirle en nombre de todos los colombianos ¡Mil gracias! Siga adelante con esta misión que cada día nos acerca más al país que queremos, un país tranquilo, en paz, con progreso y justicia social.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    14 de febrero de 2000

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