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  • MENSAJE DE FIN DE AÑO A LA NACIÓN DEL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, ANDRÉS PASTRANA ARANGO

    Mensaje de fin de año a la nación del señor Presidente de la República, Andrés Pastrana Arango.

    Colombianos:

    Iniciaremos pronto un nuevo año, un nuevo siglo y un nuevo milenio, en los que Colombia tendrá que ser, por voluntad de los mismos colombianos, el país que soñamos: Un país reconciliado, un país con una economía sólida y un país con justicia social. ¡El país que queremos legar a nuestros niños, a nuestros jóvenes y a las generaciones de colombianos que habitarán el Siglo XXI!

    El año que hoy dejamos atrás ha sido un año fundamental en el camino del cambio en el que nos encontramos empeñados. Sin duda, ha sido un año difícil que nos ha puesto a prueba a todos, pero ha sido igualmente un periodo durante el cual la voluntad y el tesón propio de nuestros compatriotas permitió la realización del ajuste necesario para enfrentar, no sólo los próximos años, sino el nuevo siglo, con optimismo y esperanza en el futuro.

    La paz sigue siendo el anhelo de todos los colombianos. Tal como me comprometí, he liderado personalmente el proceso para su construcción, un proceso que requiere paciencia pero también firmeza.

    Cuando pensamos en el camino de la paz, con frecuencia pensamos únicamente en lo que la paz nos representa, pero olvidamos que recorrer ese camino implica la superación de muchos obstáculos, la construcción de confianza y la concertación de reglas claras. Después de casi medio siglo de conflicto, los colombianos tenemos que aprender a volver a vivir en paz. Este cambio de milenio es una verdadera oportunidad para generar un cambio de mentalidad que nazca desde nuestros hogares, desde las escuelas y desde las calles, donde el grito de NO MÁS VIOLENCIA aún resuena en el alma de la patria. Nuestro objetivo es consolidar una nueva cultura nacional: ¡La cultura de la paz¡

    Iniciaremos el nuevo año y el nuevo siglo en medio de una tregua parcial en el conflicto armado. Ojalá este tiempo sea una oportunidad de reflexión que abra la posibilidad de negociar, ya no en medio de la guerra, sino en medio de la paz. Todos sabemos que la paz se construye más fácilmente en un escenario sin muertes ni secuestros.

    Confío en que durante el próximo año continuemos avanzando en ese camino hacia la reconciliación. Seguiremos buscando la paz, no a cualquier precio, pero siempre haciendo los esfuerzos que sean necesarios para alcanzar la solución del conflicto por la vía del diálogo. ¡Qué grandes son las posibilidades de una Colombia en paz!

    Pero así como la paz es una preocupación diaria de todos los colombianos, lo es también la recuperación del empleo y la reactivación de la economía, que tocan directamente los bolsillos y la calidad de vida de nuestras familias. Estas son las grandes tareas que ha asumido mi gobierno, aunque tenemos la claridad de que estas metas no se pueden lograr de un día para otro, sino que requieren de un proceso ordenado que nos garantice una economía estable en el futuro. Sé que frente a las dificultades económicas es difícil pedir paciencia, pero la experiencia de otros países cercanos a nosotros, como México, Venezuela o Brasil, nos ha demostrado que las grandes crisis económicas no se resuelven de un día para otro, sino que se requiere primero poner la casa en orden.

    Y en este primer año de gobierno hemos dedicado nuestros esfuerzos precisamente a eso: a poner la casa en orden. Hoy tenemos tasas de interés en un nivel mínimo histórico, 50% menores que las de hace un año; hemos logrado mantener una tasa de cambio libre y competitiva para nuestras exportaciones y para defender lo que Colombia produce de la invasión de productos importados, y, además, tenemos una tasa de inflación de un dígito, lo que quiere decir que estamos derrotando el impuesto inflacionario, que es el que más golpea a los pobres.

    La economía que estamos construyendo debe ser una economía sólida, capaz de ofrecer empleo a una población creciente de jóvenes. Y eso sólo es posible con cambios profundos. Primero, debemos derrotar la cultura de la ilegalidad que nos ha arrinconado. Y en esto quiero ser enfático: La lucha contra el contrabando la hemos emprendido con toda la energía porque sabemos que luchar contra el contrabando es luchar por el empleo de los colombianos. ¡No desmayaremos hasta vencerlo!

    Pero somos todos, cambiando de actitud y negándonos a comprar contrabando, quienes podemos ayudar a que más colombianos consigan empleo, como ya está sucediendo en los sectores textil y de confecciones.

    En este mismo sentido, debemos rescatar la importancia de jugarle limpio a Colombia, derrotando la evasión de impuestos. Ya hemos reducido el IVA del 16 al 15% y podríamos reducirlo aún más, en la medida en que aseguremos que no haya contrabando ni evasión. Así como los colombianos tienen el derecho de exigirle al gobierno, también debe ser claro que todos tenemos deberes para con la sociedad. Es con los impuestos como podemos pagar la educación y la salud de los más necesitados, y fortalecer la seguridad y la justicia. A veces quienes más critican son también los que más evaden impuestos. ¡Rescatar el respeto por la legalidad debe ser un compromiso de todos en este nuevo milenio que comienza!

    En segundo lugar, estamos volcando el país hacia las exportaciones. Necesitamos mejores empleos y ellos se consiguen en un país que sabe exportar. La meta de mi gobierno de duplicar las exportaciones sí es posible. Un país que exporta produce con calidad y, por lo tanto, es competitivo. Colombia, con su enorme potencial humano, está llamada a conquistar los mercados mundiales, si nos comprometemos a hacerlo.

    También estamos empeñados en rescatar nuestra agricultura. Colombia, más que cualquier otro país latinoamericano, tiene una historia ligada al campo e inmensas posibilidades económicas en su desarrollo. Resulta absurdo que en 1998 hayamos llegado a importar 5 millones de toneladas de productos agrícolas, la mayoría de los cuales podemos producir en Colombia. Ya hemos garantizado el precio para que el próximo año se vuelva a sembrar algodón y se puedan recuperar otros cultivos que, como el maíz, la soya y el sorgo, se estaban dejando de sembrar. Además, fortaleciendo los fondos de estabilización y apoyando las cadenas productivas, como ya lo estamos haciendo, vamos a convertirnos pronto en exportadores de productos agropecuarios.

    Para que muchas empresas en dificultades puedan recuperarse y volver a generar empleo, promovimos también la ley de intervención económica, que facilita la realización de acuerdos entre deudores y acreedores. Así generaremos un entorno de confianza que permita la salvación de las empresas viables.

    Yo sé del drama que significa para un jefe de familia el perder un ingreso estable que garantice el sustento de su hogar. ¡No les quepa duda de que el empleo es la mayor preocupación de este gobierno!

    Para lograr más y mejores empleos, impulsamos el sector de la construcción, apoyamos a los empresarios, generamos programas para la microempresa, le apostamos a la utilización de la mano de obra en los proyectos de infraestructura, rebajamos los impuestos a las empresas que generan puestos de trabajo, luchamos contra el contrabando, y promovimos el crédito agropecuario.

    ¡Cambio con justicia social! Esa es nuestra meta y hacia ella nos dirigimos sin vacilación. Mi compromiso es social: Es con los pobres, es con los desempleados, es con los colombianos que ven peligrar su futuro y que demandan la protección del Estado.

    Ningún otro gobierno en la historia nacional le ha metido tanto el hombro a dar apoyo efectivo a los deudores de vivienda, con medidas excepcionales destinadas a aliviar su situación, como lo hicimos con las medidas de la emergencia económica. Adicionalmente, con la ley de vivienda que promovimos, dimos vida a un nuevo sistema de financiación que facilita la adquisición de viviendas, gracias a que las cuotas mensuales estarán atadas únicamente a la inflación y, por lo tanto, no subirán en ningún caso más que los salarios.

    Con esta ley, un millón de deudores del sistema UPAC tienen alivios por unos 2.5 billones de pesos, para poder asegurar el pago de su cuota y la defensa de su vivienda. Además, durante los próximos 5 años se destinará el equivalente a 150.000 millones de pesos anuales exclusivamente al otorgamiento de subsidios para vivienda de interés social a los colombianos de menores recursos.

    En el año 2000 seguiremos trabajando por los más necesitados. Dentro del paquete de financiamiento internacional que ha asegurado el país, destinamos una partida de por lo menos 900 millones de dólares al desarrollo de programas de salud, educación y apoyo a la población vulnerable. ¡Así estamos cumpliendo con los colombianos que más requieren de nuestro compromiso!

    En el campo de la salud, hemos aumentado la cobertura del régimen subsidiado en medio millón de nuevos beneficiarios. Asimismo, depuramos el Sisbén para evitar que personas que cuentan con recursos, engañen al Estado, beneficiándose de subsidios e incentivos destinados a las personas que realmente los necesitan.

    Con Nohra, estamos convencidos de que la paz empieza por casa. Por eso promovimos la ley que nos da modernos instrumentos para combatir la violencia en el seno de las familias.

    Desde el inicio de mi gobierno trabajamos en dos metas esenciales, que son la base de una Colombia competitiva y con progreso: la protección de nuestra infancia y la garantía de educación para todos los colombianos.

    Dimos prioridad en todas las políticas sociales, incluido el acceso a la vivienda, a las madres cabeza de familia y, además, fortalecimos la red de apoyo a las madres y a los niños a través del Instituto de Bienestar Familiar. Con la Ley de Seguridad Social de las Madres Comunitarias, que atienden diariamente a más de un millón de niños de escasos recursos, estas valiosas mujeres accedieron por fin a los derechos de la seguridad social. De otra parte, con el programa de desayunos escolares que ya iniciamos, hemos asegurado que el próximo año dos millones de niños reciban desayunos nutritivos y balanceados.

    Para lograr que todos nuestros niños puedan estudiar hemos tomados medidas difíciles. Todos ustedes saben que hemos enfrentado ya tres paros de educadores. Pero lo hemos hecho para reorganizar la educación y mejorar su calidad. Lo que buscamos son cosas tan sencillas como que los profesores puedan ser evaluados para garantizar una óptima calidad y, en segundo lugar, que los profesores enseñen en todos los pueblos de Colombia y no se concentren en las grandes ciudades. Es decir, repartir mejor y de manera más eficiente los recursos públicos para que los niños colombianos tengan el derecho a educarse, aún en los lugares más remotos de nuestra geografía. Por fortuna, la gran mayoría de los educadores ha entendido que ese y no otro es el verdadero objetivo del gobierno. De la mano de los alcaldes y gobernadores, hemos iniciado una gran cruzada para graduar a Colombia. Son varios los municipios que ya han logrado la cobertura total, es decir, se han graduado, y, por lo tanto, hoy son un ejemplo para todo el país.

    Pero para hacer eficaz la acción social del Estado, es indispensable que mantengamos un frente común contra los corruptos. ¡Sólo manos limpias deben tocar los dineros públicos! A través del Programa Presidencial de Lucha contra la Corrupción hemos logrado coordinar con los diversos entes de control del Estado una acción coherente y oportuna que ha producido resultados contundentes.

    En 16 audiencias públicas realizadas por el Grupo Élite en igual número de municipios, se han recibido 1.944 quejas, gracias a las cuales se han abierto 518 investigaciones, se ha formulado cargos en 260 casos, se ha suspendido a 18 funcionarios y se ha destituido a 9. Desde el inicio de mi gobierno, el DAS ha puesto a disposición de la Fiscalía a 465 personas por delitos contra 26 entidades públicas, abriendo investigaciones por una cuantía superior a los 46.400 millones de pesos. ¡Me comprometí a meter a los corruptos a la cárcel y hoy son muchos los que están tras las rejas!

    El año 99 nos sorprendió muy temprano con la tragedia del terremoto del Eje Cafetero. Justamente, en este proceso de reconstrucción se ha logrado una acción eficaz y transparente, que está produciendo hechos concretos. En el Eje, hemos asignado 50.390 subsidios de vivienda por un valor de 223.000 millones de pesos, hemos reconstruido 715 escuelas por un valor de 40.000 millones de pesos y se están construyendo 25 nuevas escuelas y ciudadelas educativas por un valor de 111.000 millones de pesos. Para reconstrucción de vías en la zona, estamos ejecutando 24 contratos por 52.000 millones de pesos, cuyas obras se entregarán a mediados del próximo año. Además, en febrero próximo iniciaremos los trabajos de la Autopista del Café y otras obras de la malla vial cafetera, por 200.000 millones de pesos. La solidaridad que demostraron los colombianos en medio de esta tragedia es, sin duda, un gran aliciente para iniciar el nuevo siglo con renovada esperanza.

    Compatriotas:

    A pocas horas de culminar este año de exigentes pruebas y de arduo trabajo, en el que todos los colombianos hemos tenido que aportar lo mejor de nosotros, nuestra paciencia y nuestro empeño, quiero que reiteremos juntos nuestro compromiso de asegurar para Colombia un porvenir de progreso y de paz.

    Dentro de las expectativas de todos aquellos que nacimos en este siglo estaba la posibilidad de presenciar el avance de la humanidad al siguiente milenio. Nosotros somos los elegidos: los testigos de un evento creado por nuestro deseo inmemorial de contabilizar el tiempo. El arribo de esta fecha simbólica dividirá inevitablemente nuestras vidas en dos, y con el transcurrir de los años las nuevas juventudes curiosas querrán saber qué estábamos haciendo, dónde nos encontrábamos cuando sucedió el evento, y qué futuro estábamos soñando y construyendo. ¡Digámosles con la frente en alto que estabamos trabajando por la nueva Colombia que ellos estarán disfrutando!

    Quiera el Dios de los colombianos que el siglo que inauguramos sea el comienzo de ese horizonte de prosperidad y justicia social para nuestra patria. ¡Ese es el horizonte que merece Colombia y por el que estamos trabajando!

    ¡Un feliz año para todos! ¡Y que Dios nos bendiga!


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    31 de diciembre de 2000

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