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  • OFICIALES EN RETIRO, LA VOZ DE SU EXPERIENCIA SERÁ LA VOZ DE NUESTRA CONCIENCIA

    Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión del XXXIX aniversario de la fundación de la Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro, Acore.

    Hoy celebramos el trigésimo noveno aniversario de la fundación de la Asociación de Oficiales en Retiro de nuestras Fuerzas Militares.

    Por eso he venido en nombre de todos los colombianos, para rendir un tributo de especial gratitud y admiración hacia esta institución de la que hacen parte quienes han participado en la historia del país, defendiendo las virtudes de la patria.

    Cuando hablamos del trabajo de los hombres que han llevado con orgullo el uniforme militar y han empuñado las armas para defender nuestra soberanía, hay un refrán que resulta apropiado y es aquel que dice: los hombres pasan, pero sus obras permanecen. Esta sentencia reconoce el invaluable servicio que ustedes le han prestado a las fuerzas militares y el tesón con el que construyeron una institución sólida y respetable, ejemplo entre los colombianos.

    Hace casi cuatro décadas, por la misma época en que los militares profesionales en retiro conformaron esta asociación que ha sabido promover y prolongar el espíritu de servicio de los oficiales de nuestra institución militar, el presidente Alberto Lleras Camargo señaló de manera excepcional, las características y la vocación que deben caracterizar al soldado colombiano más allá de los tiempos, pues quienes se unen a nuestras fuerzas militares, hacen un juramento ineludible que trasciende su individualidad.

    Decía el presidente Lleras al respecto: “la gravedad de la decisión que han tomado de servir a la patria en esta forma, es decir, militarmente, reside en que cada minuto de su carrera, hasta el término por el retiro o la muerte, pueden ustedes causarle daño irreparable a la nación, con lo que hagan o con lo que omitan. No ocurre así a los demás colombianos, cuya conducta en la mayor parte de las ocasiones es indiferente para la historia. La de ustedes no. La dureza e inflexibilidad de una vida así dedicada a Colombia se compensa con el honor, la cercanía de la gloria y la certidumbre de estar sirviendo”.

    Los colombianos vemos con admiración que cada uno de ustedes, ha llenado de significado estas palabras en el transcurso de sus brillantes carreras y durante los años que han estado vinculados a Acore pensando y trabajando para Colombia.
    Estoy convencido que un pasado cargado de sacrificio, dedicación y esfuerzo es la mejor herramienta que tienen hoy, quienes de cara al futuro continúan aportando su experiencia, su visión y su inigualable capital humano.

    En esta gran familia, nuestro país ha encontrado un organismo que trabaja para el logro de sus más anheladas metas, pues saben los oficiales que hicieron parte de nuestras fuerzas, que en estos tiempos en los que estamos construyendo la paz, no hay retiro posible.

    Tras treinta y nueve años de labor, los miembros de esta asociación, han confirmado una posición de liderazgo, respeto e influencia de la cual hoy el país toma gran provecho. Es por este motivo que me corresponde agradecer el inmenso aporte que han hecho y que continuarán haciendo en aras del progreso.

    La huella que ustedes han dejado, primero desde el servicio activo y más tarde agremiado s en esta entidad, ha sobresalido en los más diversos aspectos y momentos de la historia reciente del país.

    Quiero resaltar que en la integración y en la consolidación de la fuerza pública, en la colaboración del ejercicio del mando, de sus principios reguladores, en la consolidación institucional de la carrra y del fuero militar, y en toda labor que se refiera a los temas fundamentales de la patria, ahí ha estado presente esta asociación.

    Hoy por ejemplo, es trascendental la labor que realizan los oficiales en retiro dentro de la Comisión Externa que trabaja en el proyecto de reestructuración de las fuerzas militares.

    Su contribución ha sido un factor clave, que ya se traduce en la eficacia de las operaciones que cumplen nuestras fuerzas y es el resultado de muchos años de entrega y de servicio, que actualmente permite a los oficiales en servicio y a los que están en retiro, cosechar los frutos de honor y de gloria que les anticipó el juramento a nuestra bandera.

    Igualmente valioso es el aporte que hacen los militares en retiro a la paz, mediante la participación del general Forero Delgadillo en la mesa de negociación entre el Gobierno Nacional y las Farc.

    Es obligación de todos nosotros, entregarle a los jóvenes colombianos un país reconciliado y encaminado por la ruta del progreso. Precisamente hoy he recordado una frase que hace poco salió de la pluma de alguno de ustedes porque expresa el sentimiento que el país entero comparte y que nos impulsa a transitar por esa senda: “todo minuto perdido en la conquista de la paz, sólo dejará para Colombia más muertes”.

    Sé que el país conoce la generosidad y el esfuerzo de mi gobierno para lograr la paz de Colombia. He sido perseverante y he ofrecido permanentemente a las Farc todas las condiciones, sin excepción, para sacar adelante este proceso de paz.

    Nadie puede decir que este gobierno ha pecado por defecto, o que no le ha dado a las Farc todas las muestras de confianza. He sido leal, transparente, franco y amplio a la negociación. Sé que al hacerla me respalda la totalidad del pueblo colombiano.

    Pero no puede decirse lo mismo de la insurgencia, que se obstina en sembrar la muerte y la destrucción en nuestros municipios, especialmente en aquellos más indefensos y más pobres. Con sus ataques demenciales, las Farc traicionan la confianza que no sólo el gobierno sino todos los colombianos han depositado en su declarada voluntad de paz.

    Propuse una Navidad para la vida y las Farc se encargan de responder con una Navidad para la muerte.

    Desde aquí quiero decirles a sus comandantes: abran los ojos y vean por fin, un país que no clama, sino que exige que pongan fin a la barbarie; que abran sus oídos y entiendan que el ¡No Más! Es ante todo frente al arrogante, y a la vez cobarde ataque contra hogares, escuelas, niños, mujeres, tiendas y tenderos, o contra policías indefensos. Porque no se entiende que se diga que se está librando un conflicto a nombre del pueblo, cuando a quien se ataca es a ese pueblo.

    Mi obligación y mi compromiso es con Colombia y los colombianos. Por ella y por ellos estoy buscando la paz. Pero mi tarea fundamental es proteger a cada compatriota, y lo haré con los recursos y de la manera que resulten necesarios.

    Deseo ser claro. La zona de distensión fue creada de conformidad con la ley como un escenario para la paz y no para la guerra, y exclusivamente para permitir la realización del diálogo y posteriormente de la negociación con las Farc. No voy a permitirle que se convierta en un escenario para organizar y planear acciones violentas contra el pueblo colombiano, contra las Fuerzas Armadas y contra la Policía Nacional porque, ante todo, mi obligación constitucional, como Presidente de Colombia, es mantener la integridad del territorio nacional y preservar la vida, honra y bienes de todos los colombianos.

    Mi gobierno está y permanecerá en el más dispuesto compromiso de negociación, pero quiero advertir que también confronta las emboscadas que se le tienden al proceso de paz. Lo hace con el profesionalismo creciente, la disciplina, el honor y la dignidad de unas fuerzas militares que actúan con la convicción de ser representantes de la legitimidad del Estado.

    Los ataques subversivos de los últimos días han sido repelidos exitosamente. gracias a las eficientes operaciones conjuntas del Ejército, la Infantería de Marina, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional. En todas estas acciones la fuerza pública demostró su capacidad de reacción y superioridad.

    A los familiares de los policías y civiles que desafortunadamente perdieron sus vidas en estos ataques, quiero hacerles llegar mis más profundas condolencias. Sin embargo nos dejaron esos valientes miembros de la Policía Nacional, un legado de valentía y orgullo patrio que defendió hasta el último instante la dignidad de toda la nación.

    Hoy también es mi deber exaltar la meritoria labor de quienes han recibido la Medalla Rafael Reyes como reconocimiento a los servicios prestados a Acore. Esta distinción es un homenaje a los oficiales afiliados que cumplen 50 años de haber egresado de las escuelas de formación de oficiales como profesionales militares, ya las diversas entidades civiles que contribuyen al progreso de Colombia.

    En el marco de esta celebración Acore rinde un sentido homenaje a las unidades tácticas del Ejercito, de la Armada y de la Fuerza Aérea, que se han destacado por su empeño en la construcción de la paz y en el mantenimiento del orden público. De esta forma la asociación pone de manifiesto la importancia del papel histórico que cumplen cada día nuestras fuerzas, cuyo éxito pleno reconocerán las generaciones del siglo XXI.

    Para mí también ha sido un gran honor recibir esta condecoración que lleva el nombre de uno de los más sobresalientes presidentes de Colombia, insignia que reafirma mi compromiso con el cambio.

    Para terminar, quiero contarles una anécdota que nos recuerda el valor humano del general Rafael Reyes y que se refleja en todos los mandos militares. Dicen que siendo ya presidente, el general Reyes reconoció y recordó el nombre de un soldado al que había visto una sola vez a la simple luz de una vela durante la campaña de 1885. Esta maravillosa facultad también le permitió al presidente Reyes conocer, por sus nombres de pila, a la mayoría de los soldados que le acompañaron en sus campañas. Todo lo cual le mereció siempre, una gran popularidad y un sincero cariño por parte de sus subalternos.

    Sé, que este es el mismo caso de los oficiales en retiro, a quienes el país admira y recuerda con profunda gratitud. Estoy seguro que todos ellos guardan en la memoria el recuerdo de esos excelentes seres humanos, que son los soldados colombianos, dispuestos todos los días a defender la soberanía y arriesgar su vida para devolvemos la paz y la tranquilidad.

    Señores oficiales en retiro: los invito para que continuemos trabajando por el futuro de Colombia. En ese camino largo que aún nos falta por recorrer, la voz de su experiencia, será la voz de nuestra conciencia.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    19 de noviembre de 1999

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