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  • PALABRAS A LOS COLOMBIANOS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, ANDRÉS PASTRANA

    Palabras a los colombianos del Presidente de la República, Andrés Pastrana.

    Colombianas y colombianos:

    Sé que estamos viviendo tiempos difíciles. Han sido momentos de angustia y dolor para muchas poblaciones de Colombia que han visto afectada su vida cotidiana por la acción terrorista de las FARC.

    Sin embargo, nuestro país está hoy más unido que nunca antes en su historia. Sin distingos de partidos, de clase, de edades, de regiones; sin pensar en pequeñas divisiones o diferencias, todos los colombianos formamos un frente unido, fuerte e indeclinable, contra la violencia y el terrorismo.

    Desde cuando las FARC decidieron, con su conducta terrorista y violenta, la terminación del proceso de paz, he sentido la solidaridad, la fuerza y el coraje de todo nuestro pueblo, unido en torno a su Presidente, a sus autoridades y a sus Fuerzas Armadas. Es una solidaridad que hoy agradezco a todos y cada uno de los colombianos.

    Mediante el proceso de paz ofrecimos a las FARC, con generosidad, un espacio político que las apartara de la violencia. Les ofrecimos la oportunidad de definirse entre la opción política y el terrorismo, y ellos se definieron por el terrorismo. Sin duda, dentro de las FARC ganaron los guerreristas, ganaron los grandes negociantes que están amasando fortunas con el narcotráfico y el secuestro, ganaron aquellos a quienes no les importa en absoluto ser una alternativa política en Colombia.

    Las FARC, en total contravía con el mundo y la búsqueda del progreso con justicia social, tomó la decisión de seguir delinquiendo, haciendo terrorismo, secuestrando, traficando con drogas, violando los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, atacando la infraestructura y de paso el medio ambiente, todo en contra de la vía política, que es la de la democracia.

    De la misma forma como he sentido el respaldo de los colombianos, en estos días he recibido también el apoyo firme de la comunidad internacional, que ha entendido y compartido claramente la terminación del proceso con las FARC, generada por su decisión de convertirse en la cara del terrorismo y el narcotráfico.

    Las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, la Unión Europea, el Grupo de Río, la Comunidad Andina, el Mercosur, los Estados Unidos de América, los embajadores de los países amigos y presidentes de numerosas naciones han cerrado filas en torno a Colombia para ayudarnos a defender nuestra democracia y nuestra libertad.

    Ese respaldo lo recibimos complacidos, pero no es suficiente. A ellos les hemos solicitado que obren con coherencia frente a la actitud terrorista de las FARC y que asuman su responsabilidad en la lucha contra el narcotráfico, que es el gran financiador de la violencia en Colombia. Después del 11 de septiembre el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó perentorias medidas y criterios de forzoso cumplimiento que definen la obligación de los Estados en la lucha contra el terrorismo.

    Todos sabemos que vienen tiempos difíciles, en tanto los violentos insistan en atacar a su propio pueblo, pero serán menos difíciles en la medida en que estemos más unidos, preparados y listos para colaborar.

    No debemos olvidar que el terrorismo no son sólo bombas y secuestros. El terrorismo también consiste en confundir y atemorizar a la opinión pública, en alterar la vida cotidiana de la gente mediante amenazas y rumores, en desinformar al país, en hacer aparecer mentiras como verdades y en buscar desacreditar, por todos los medios, a las autoridades y a la Fuerza Pública, para dividir a la nación.

    Y aquí es necesario que todos entiendan por qué la operación de retoma militar e institucional del Caguán ha sido realizada con el máximo cuidado. El primer objetivo en esta tarea, la máxima prioridad, ha sido la de proteger a la población civil. Por eso tenemos que tener en cuenta que los miembros de las FARC se han quitado los uniformes y se están mezclando con los campesinos para entorpecer su persecución, colocando a ciudadanos indefensos como escudos humanos y buscando desprestigiar la legítima acción de las autoridades. Así pues, se está teniendo especial cuidado para evitar las bajas de inocentes y lograr, eso sí, la captura de los terroristas.

    Entre tanto, ya se han tenido bastantes éxitos en esta labor ofensiva contra el terrorismo. Parte de las instalaciones y pistas clandestinas que les mostré el miércoles de la semana pasada han sido destruidas en operaciones aéreas y estamos llevando a cabo una operación planificada y por etapas para retomar la zona, municipio por municipio.

    Pero la lucha contra el terrorismo es mucho más compleja: Se está trabajando con los organismos de inteligencia y las Fuerzas de Seguridad para aislar a las FARC desde todo punto de vista: financiero, estratégico, político e internacional. Se le están quitando sus fuentes de recursos, derivadas en gran parte de los cultivos ilícitos. Se están abatiendo sus líderes, como ocurrió con el Jefe del Frente 54. Se están incomunicando y debilitando sus estructuras. En suma: estamos oponiendo a su cobardía toda la fuerza de un ejército renovado y de un pueblo unido.

    El sábado pasado estuve en San Vicente del Caguán y visité a nuestras tropas en el Batallón Cazadores, dándoles moral y apoyo para la lucha que libran por nosotros y por la democracia. A los habitantes de San Vicente fui a agradecerles personalmente por su colaboración para el desarrollo del proceso.

    Con ellos y con los habitantes de los otros cuatro municipios de la zona no tenemos más que motivos de gratitud. Tengan la seguridad de que el regreso de las Fuerzas Militares y de Policía será para protegerlos.

    Hoy tenemos unas Fuerzas Armadas mucho mejor preparadas que hace tres años. En la antigua zona de distensión y en todo el territorio nacional, a lo largo y ancho del país, la Fuerza Pública y los organismos de inteligencia están redoblando sus esfuerzos y utilizando toda su capacidad para proteger a los ciudadanos y a la infraestructura de los posibles ataques terroristas.

    Si a ello sumamos la acción de todos y cada uno de ustedes, tendremos más de 40 millones de vigilantes dispuestos a colaborar con las autoridades en defensa de nuestros valores, nuestra vida y nuestra libertad. ¡No hay duda de que ganaremos esta batalla, que no es contra el ejército, ni contra el Presidente, ni contra el Gobierno, sino contra el derecho que tenemos todos los colombianos de vivir en paz!

    Tenemos el apoyo total del pueblo colombiano. Tenemos la razón de la ley, la defensa de los derechos humanos, y el respaldo de la comunidad internacional.

    Hoy tengo la seguridad de que, si no nos dejamos dividir ni desalentar por el terrorismo, la victoria será del pueblo colombiano y, tarde o temprano, alcanzaremos la paz a la que nunca hemos renunciado.

    Y que quede claro: Nuestra lucha no es sólo contra las FARC. Es contra todo grupo violento, de autodefensas ilegales, narcotraficantes, que insista en atacar a los colombianos y en sembrar terror en nuestro país. Tenemos una democracia estable y abierta a todas las posiciones. Por eso no creemos en los discursos de los violentos que se camuflan como de izquierda o de derecha. En lo que creemos es en la obligación de defender a la Patria de la agresión de los violentos, vengan de donde vengan.

    Colombianas y colombianos:

    Las FARC –ellas mismas- se han propinado la más grande derrota de toda su historia: la derrota política, que los ha dejado sin el más mínimo respaldo popular y desenmascarados ante la opinión pública nacional y mundial.

    Los negociantes y los guerreristas dentro de las FARC llevaron a este grupo a abandonar sus ideales políticos y a seguir atentando contra el país. Nosotros, esa inmensa mayoría de colombianos demócratas, seguimos empeñados, en cambio, en hacer la verdadera revolución social, la que se hace con obras para los más pobres, con empleo, con vivienda, con salud, con educación y mejor calidad de vida para todos.

    Nosotros estamos librando la batalla contra el terrorismo, pero no hemos olvidado la batalla para mejorar las condiciones de vida de los colombianos más pobres. Por eso, mientras las FARC se ha dedicado a destruir el país y no hizo nada por los habitantes de la Zona de Distensión, mi Gobierno invirtió, durante todo el tiempo del proceso, 141 mil millones de pesos para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de los 5 municipios despejados. ¡Porque nunca hemos abandonando nuestras responsabilidades en esa región!

    La vida del país sigue y todos tenemos que seguir nuestras actividades diarias sin temores. Yo continuaré recorriendo toda Colombia llevando las buenas noticias del progreso y la justicia social, llevando al país los resultados de la revolución pacífica que estamos haciendo desde el Gobierno.

    ¡No podemos perder ni el impulso, ni la solidaridad, que nos han dado esta fuerza con la que los colombianos unidos venceremos las dificultades y mostraremos nuestra grandeza a quienes se atreven a atacar a Colombia y a los colombianos!

    Los recientes atentados terroristas de las FARC no son más que la ratificación de que no tenían verdadera voluntad de paz. Sus acciones terroristas no son más que muestra de la peor cobardía. Por eso están evitando el enfrentamiento con unas Fuerzas Armadas que están hoy más fuertes que nunca y a la ofensiva. En cambio, están atacando a los civiles indefensos, a los más pobres y los más marginados de Colombia.

    Cada torre de energía, cada pueblo atacado, cada puente volado, no son triunfos de las FARC sino sus propias derrotas. Como ya dije, ganaron los guerreristas en esta organización, pero, en su cobardía, no tienen más recursos que atacar a los inocentes, a los desarmados, a los débiles.

    Yo pregunto: Dejar a pueblos humildes sin energía, sin la posibilidad de almacenar alimentos o trabajar, ¿es un acto de reivindicación social? Volar un puente construido con grandes dificultades para unir dos pequeñas poblaciones colombianas, ¿es un símbolo de lucha popular? Privar a cientos de municipios de más de 500 millones de dólares de regalías petroleras para su inversión social, para su educación y su salud, a punto de atentados contra el oleoducto, ¿es revolución? No más por el desembolso de mil millones de pesos que nos cuesta volver a levantar un puente dinamitado, tenemos que dejar de entregar 130 subsidios para vivienda de interés social para los más pobres de Colombia. ¡Nadie entiende la lógica popular de las FARC!

    Ellos están demostrando, con bombas y destrucción, que ya no quieren conquistar la voluntad del pueblo: ¡Lo que quieren es arrodillar al pueblo! Y mientras persistan en esta actitud, seguirán siendo los principales generadores de desempleo, de miseria y de desplazamiento en el país.

    Pero si piensan que así nos van a derrotar, están muy equivocados. Nosotros ya hemos vivido esto y ya hemos triunfado. ¡Un ejército de más de 40 millones de colombianos que queremos la paz es invencible! ¡Así lo demostramos hace unos años los colombianos cuando el narcoterrorismo de los carteles trató de arrodillarnos! Entonces, todos los ciudadanos enfrentamos unidos los terribles atentados y hoy sus autores están muertos o en la cárcel. Si ya derrotamos una vez a los narcoterroristas, ¡podemos hacerlo otra vez!

    ¡Las FARC tampoco nos van a arrodillar! ¡Ni ellas, ni las autodefensas ilegales, ni ningún otro grupo violento! No los dejaremos avanzar en su intimidación terrorista. Cada atentando con el que pretendan dividirnos, nos debe unir más y más. Cada bomba debe retumbar en nuestros corazones para unirnos en torno a las instituciones, las autoridades y la democracia. No nos dejemos confundir: Cuando ocurre un atentado, los únicos responsables son aquellos que lo cometen, y todos los demás tenemos la obligación de unirnos para repelerlos y para vencerlos.

    Tenemos que seguir adelante con los actos y manifestaciones de valor civil, de rechazo pacífico a la violencia, que se han reproducido por toda la geografía nacional. Todos los colombianos tenemos que seguir el ejemplo de Caldono, de Coconuco, de Bolívar, de Belén de los Andaquíes, de Villavicencio, de tantos municipios valientes que se han parado de frente para decirle ¡BASTA! a los violentos.

    El Gobierno y la Fuerza Pública están cubriendo, con su máxima capacidad, los sitios de infraestructura, las vías y demás lugares que pueden sufrir atentados terroristas. Pero todos ustedes saben, todos somos conscientes, que es imposible tener un soldado cuidando cada torre, cada tramo de oleoducto, cada acueducto o edificio público. Por eso debemos estar preparados para la posibilidad de que suframos mayores golpes terroristas. Pero tenemos que tener la dignidad y el valor para afrontarlos unidos, hasta que venzamos, con las armas de la ley y del coraje, a esos pocos intolerantes que se empeñan en destruir al país.

    Compatriotas: El mayor triunfo del terrorista es producir miedo en la población. Eso es lo que quieren: que estemos amedrentados. Pero va a ser al revés: ¡Serán ahora los violentos los que teman al inmenso poderío de un país que exige unido su derecho a vivir en paz!

    Que Dios los bendiga. Y que Dios me bendiga.

    Buenas noches.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    28 de febrero de 2002

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