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  • PALABRAS DE LA VICEMINISTRA DE RELACIONES EXTERIORES PARA AMÉRICA, DRA. CLEMENCIA FORERO UCRÓS

    Palabras de la Viceministra de Relaciones Exteriores para América, Dra. Clemencia Forero Ucrós, con ocasión de la instalación del grupo de trabajo sobre el tema de la Unión Patriótica.

    Hace ya más de un año en este mismo Ministerio firmamos el Acuerdo que renovó el compromiso de los partidos políticos, de los peticionarios y de la Administración del Presidente Pastrana de continuar avanzando en la búsqueda de una solución amistosa del caso de la Unión Patriótica, un proceso que habíamos iniciado formalmente desde marzo de 1999, cuando se constituyó de una Comisión Mixta de Trabajo, en el marco del trámite que se desarrolla ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

    Después de la firma de dicho Acuerdo, el Gobierno Nacional creó, en desarrollo de su compromiso, un Programa Especial de Protección Integral para dirigentes, miembros y sobrevivientes de la Unión Patriótica y del Partido Comunista Colombiano.

    Hoy, por fortuna, tenemos la satisfacción de ver cumplido un nuevo avance en este camino hacia la reivindicación de unos hechos que enlutaron y avergonzaron a la nación entera, como lo es la instalación del Grupo de Trabajo que desde esos primeros acercamientos decidimos conformar.

    Hemos tenido obstáculos en este proceso, muchos de ellos puramente formales –duele decirlo cuando se trata de un caso que toca nuestra más profunda sensibilidad como Estado democrático-, y por ello quiero, aprovechando la presencia de tantos y tan distinguidos representantes de los diferentes sectores de la vida nacional, no sólo reiterar en esta oportunidad nuestra convicción sobre la necesidad de avanzar en la consolidación de este proceso, sino hacer también un llamado a cada uno de los integrantes de este Grupo de Trabajo que hoy inicia sus tareas para que reflexionemos muy profundamente sobre el compromiso que estamos asumiendo, compromiso que le debemos a la Nación colombiana, a cada una de las víctimas de la Unión Patriótica y a sus familiares. Es un compromiso de todos quienes creemos en la participación política pluralista como la esencia de un verdadero sistema democrático.

    Estamos trabajando por un objetivo común que nos une, en un proceso que necesariamente habrá de implicar concesiones entre las partes, para que podamos avanzar realmente. Dialogar es algo más que turnarse en el uso de la palabra; dialogar y, más allá de eso, concertar, es tener en cuenta los argumentos del otro y llegar a soluciones de consenso. La concertación no se puede entender como la imposición de la voz o el sentir de una de las partes sobre la otra. Si se tratara tan sólo de imponer una tesis sobre otra, una visión sobre otra, no estaríamos sentados en la misma mesa; no habríamos optado por buscar una solución amistosa; no seríamos, en fin, partes en un proceso común. Por esto mismo, los invito con todo el entusiasmo a que aprovechemos esta oportunidad histórica, esta oportunidad única de demostrar, aquí y ahora, la efectiva voluntad de cada uno de nosotros para continuar con este proceso.

    No hacerlo significaría defraudar a todos aquellos que han depositado su confianza y su esperanza en la verdad, en la justicia y en la posibilidad de una reparación. No hacerlo significaría desalentar tantos esfuerzos institucionales y personales en ésta y en futuras Administraciones y darle la razón a quienes no creen en este tipo de mecanismos como una opción real para el Estado. No hacerlo sería defraudar el interés y el permanente y valioso apoyo que la comunidad internacional, a través de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha dado a este proceso, que hoy es tan suyo como nuestro.

    Hasta ahora este proceso ha venido siendo coordinado logísticamente por el Ministerio de Relaciones Exteriores y debemos decir que hemos logrado algunos resultados concretos y tangibles. Pero debemos ser francos: aún no estamos satisfechos. No es suficiente lo alcanzado y por eso creemos que en esta segunda etapa debemos buscar un esquema que permita un nuevo aire y una nueva dinámica de trabajo.

    Proponemos, en este sentido, que esa tarea de coordinación, convocatoria y seguimiento de las tareas del Grupo de Trabajo esté a cargo de los delegados de la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano, o bien de sus representantes ante la CIDH. Y a ello los invitamos a partir del día de hoy.

    Las instituciones del Gobierno y del Estado que integramos, junto con los partidos políticos y los peticionarios, el Grupo de Trabajo -vale decir, la Vicepresidencia de la República, la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y este Ministerio- continuaremos trabajando, en el marco de nuestras propias competencias, en aras de lograr los objetivos que conjuntamente nos hemos propuesto de “propender por la prevención de violaciones de los derechos humanos de los miembros y sobrevivientes de la Unión Patriótica, por la realización de los derechos a la verdad y a la justicia, por el reconocimiento de una reparación integral y por la protección oportuna y eficaz a los miembros de ese grupo político”.

    Lo que tenemos en nuestras manos es una oportunidad de oro que no podemos dejar escapar. Ningún gobierno, como el actual, ha puesto tanto de su parte para avanzar en la dirección correcta y es justo que todos, -superando lo formal o lo emocional-, enfilemos nuestra atención hacia lo sustancial y trabajemos juntos en la búsqueda de respuestas y soluciones. Los asesinados y desaparecidos de la Unión Patriótica merecen este homenaje de quienes estamos vivos y comprometidos con el futuro de esa Colombia que ellos se atrevieron a imaginar.

    Quisiera terminar, por ello, citando las palabras de ese gran escritor que un día se atrevió también a buscar la verdad en medio de los escombros: Ernesto Sábato:

    “La mayor nobleza de los hombres es la de levantar su obra en medio de la devastación, sosteniéndola infatigablemente, a medio camino entre el desgarro y la belleza”

    A esa nobleza los invito, amigas y amigos, para que nunca más un colombiano sea silenciado por sus ideas, para que nunca más un ser humano sea víctima de la intolerancia, para que el futuro tenga la medida de nuestros sueños y no la de nuestros miedos.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    5 de septiembre de 2001

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