»MINUTO DE DIOS»: EJEMPLO DE AMOR, COMPRENSIÓN Y AYUDA HACIA NUESTRO PRÓJIMO2017-12-18T11:47:00+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión de la celebración del XXXIX Banquete del Millón

Es en esta cena cuando tiene lugar la más pura expresión de generosidad y donde se avanza en el camino que recorre Colombia hacia el logro de la justicia social. Esa ruta que lleva a la equidad y el progreso la señaló hace casi medio siglo un sacerdote eudista que poseía la virtud de los pastores que saben guiar con acierto su rebaño.

A comienzos de los años sesenta, en búsqueda de la solución a la crisis económica del barrio Minuto de Dios, nuestro querido padre y amigo Rafael García-Herreros contaba que una vez, mientras dormía, «sintió como si la voz de un economista celestial le inspirara la idea de hurgar en las conciencias y en los bolsillos de los ricos, invitándolos al banquete más caro y más pobre del mundo».

Han pasado ya treinta y nueve años desde cuando los primeros colombianos acudieron a este llamado de ayuda hacia los más pobres. Han sido miles las personas que se han sentado ante esta mesa para dar por un día, y con la generosidad de sus posibilidades, una mano a las obras sociales que inició el Padre García-Herreros. Han sido miles también los colombianos de escasos recursos económicos que se han abierto un horizonte con mejores oportunidades y que están saliendo adelante gracias al apoyo de esta corporación.

Hoy damos las gracias a quienes han hecho posible las obras del Minuto de Dios, dejando siempre su huella solidaria en los episodios más difíciles del país. Desde comienzos de este año, ya raíz del terremoto en el eje cafetero, viene realizando una importante labor en la construcción y reconstrucción de comunidades y de viviendas, principalmente en las ciudades de Armenia y Calarcá. Es así como los dineros recaudados en la noche de hoy se destinarán enteramente a la construcción de vivienda, continuando así con la gran tarea de recuperación del eje cafetero.

A lo largo de las últimas cuatro décadas, esta gran obra que resumimos en un solo nombre (Minuto de Dios) y que responde a todas las necesidades del ser humano, sobre todo de aquellos más desfavorecidos, ha demostrado que la unidad de Colombia puede mover montañas.

Ahora más que nunca, con esta cena de pan y vino, el Minuto de Dios nos muestra que la solidaridad y la fraternidad son la mejor herramienta cuando queremos construir. Con los ojos puestos en este gran ejemplo de amor, compresión y ayuda hacia nuestro prójimo, cada día edificamos un mejor país, que ofrezca verdaderas oportunidades de progreso para todos los colombianos.

Especialmente para los compatriotas más pobres, que no tienen un empleo, un techo digno, una escuela dónde educar a sus hijos o un hospital eficiente que les proporcione los servicios básicos de salud.

Lidero un equipo de gobierno que se encarga de materializar esas aspiraciones, que son la condición para la verdadera justicia social.

Mi gobierno ha llegado a esta mesa del Banquete del Millón, para compartir la cena, con la satisfacción que dejan importantes logros en materia de política social: la afiliación de cerca de 700.000 nuevas personas al régimen subsidiado de salud, es un esfuerzo por hacer que el gasto público social llegue realmente a los colombianos más pobres.

Mi gran prioridad en el área de la educación es alcanzar y sostener la cobertura plena en la educación básica bajo criterios que promuevan la calidad y la eficiencia, porque esa será la herramienta que permitirá a los niños de Colombia salir adelante.

También, a partir del año entrante, vamos a entregar cerca de dos millones de desayunos escolares y al final de mi gobierno tres millones y medio de niños colombianos tendrán garantizado su desayuno diario.

No nos hemos olvidado de los ancianos: entre 1998 y este año se ha aumentado de 80.000 a 130.000 el número de colombianos mayores atendidos a través de la Red de Solidaridad, duplicando el aporte de las entidades territoriales y ampliando la gama de servicios de alimentación, vivienda y recreación para los ancianos que más lo necesitan.

Hemos creado un seguro de desempleo que beneficiará a aquellos colombianos que tengan créditos por vivienda de interés social y que pierdan su trabajo. De esta forma garantizamos que ante una situación de desempleo no se sume la desilusión de la pérdida de la vivienda.

Todos esos cambios que benefician a los colombianos más pobres y que buscan el equilibrio social son fundamentales para la consecución de nuestra paz. Pero recordemos siempre que estamos construyendo un proceso de paz. Al hacerla no centremos nuestra aten- ción solamente en lo que la paz nos representa. Más bien valoremos el esfuerzo que connota la palabra proceso, que conlleva tiempo y que significa cambio. Al final, y después del empeño de todos y cada uno de los colombianos, hallaremos la paz solidaria, la paz verdadera, la paz justa y equitativa que hoy se vislumbra en esta gran obra que el Dios de Colombia ilumina.

Hoy quiero recordar las palabras del padre Rafael García-Herreros, que pronunció en una oportunidad al dar inicio a este mismo acto, porque ellas recobran hoy todo su valor: «se requiere que los colombianos se comprometan en la edificación de una sociedad justa, igualitaria, que las leyes busquen el mejor servicio de todos los habitantes, por el cambio de las estructuras políticas, sociales y económicas del país y que todos los colombianos puedan ser protagonistas y gestores de su propio desarrollo».

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
25 de noviembre de 1999