ALOCUCIÓN DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, ANDRÉS PASTRANA ARANGO2017-12-18T11:45:51+00:00

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Alocución del Presidente de la República, Andrés Pastrana Arango.

Colombianas y colombianos:

¡Esta noche sigo rindiéndoles cuentas y compartiendo con ustedes el balance de mi Gobierno!

La semana pasada hablamos sobre empleo y estabilización de la economía. Hoy trataremos de una segunda propuesta, también en el tema económico: Yo propuse bajar el IVA del 16 al 12 por ciento y sanear la economía de forma que no siguiéramos gastando más de lo que recibimos.

Pues bien: en mi segundo año de Gobierno bajamos el IVA del 16 al 15%, pero la verdad es que la situación de las finanzas del país no permitió continuar con estas disminuciones graduales y, con toda responsabilidad, nos tocó regresar al IVA del 16%.

Les soy sincero: Habíamos previsto una situación fiscal difícil, pero la realidad que encontramos al llegar al Gobierno fue mucho más grave que nuestras expectativas.

Por eso no pudimos bajar el IVA y, por el contrario, tuvimos que realizar reformas tributarias para mejorar los ingresos del Estado, es decir, los ingresos para la inversión social en beneficio de los más pobres y para el bienestar de todos los colombianos.

A esto se sumaron el terremoto del Eje Cafetero que demandó una gran cantidad de recursos -¡más de 1.6 billones de pesos!-, los problemas de violencia que requirieron mayor inversión en seguridad y en fortalecimiento de las Fuerzas Militares y de Policía, y la difícil situación del sector financiero que nos obligó a destinar inmensos recursos a evitar una crisis financiera, es decir, a salvar los ahorros y la vivienda de todos los colombianos.

Por eso fuimos conscientes desde el primer momento: Así resultara impopular, teníamos que poner la casa en orden mediante dos mecanismos: mejorar los ingresos, por un lado, y ajustarnos el cinturón en los gastos, por el otro.

Lo he dicho varios veces: tal vez a mi Gobierno no lo recordarán por la popularidad, ¡pero sí por la responsabilidad!

¿Qué hicimos para mejorar los ingresos?

Realizamos unas reformas de modernización tributaria, encaminadas a evitar la evasión de impuestos y a hacer más equitativo su cobro. Gracias a éstas, hoy hemos mejorado los ingresos por vía tributaria de la nación que han pasado de 16.1 billones de pesos en 1999 a 24.8 billones el año pasado.

Es decir, en sólo dos años, crecieron ¡más del 50 por ciento! Esto significa: más recursos para poder destinar a la inversión social en la mejoría de la calidad de vida de los sectores más pobres y más necesitados de la población.

La lucha frontal contra el contrabando ha sido otro elemento para mejorar los ingresos del Estado que dejaban de llegar por causa del comercio ilegal.

Con el esfuerzo desarrollado, el contrabando ha disminuido en cerca de 1.200 millones de dólares y, no más el año pasado, se hicieron aprehensiones de mercancías ilegales por valor de 140 mil millones de pesos.

Gracias a esto, hemos reducido sustancialmente la compra de cigarrillos, autopartes o electrodomésticos de contrabando. Veamos: Entre 1998 y el 2001 la compra de cigarrillos ilegales bajó del 87 al 8%, la compra de licores ilegales bajó del 90 al 50% y la compra de electrodomésticos de contrabando bajó del 60 al 12%. Con estos resultados sin precedentes, hemos salvado cerca de 137 mil empleos anuales, que se hubieran perdido por el contrabando.

Yo propuse también, en este segundo punto de mi programa como candidato, reformar el sistema de tributación territorial, en los departamentos y los municipios, para hacerlo más moderno, efectivo y equitativo. Sobre este tema, precisamente, sometimos a consideración del Congreso un proyecto de reforma.

Además, convocamos a una comisión de expertos nacionales y extranjeros llamada “Misión del Ingreso”, la cual presentará en pocos meses sus conclusiones para mejorar, precisamente, la estructura de ingresos tanto de la nación como de los territorios. Espero, de verdad, que sus sugerencias sean estudiadas y puestas en práctica por el nuevo Gobierno.

¿Y qué hemos hecho para ajustarnos el cinturón y controlar los gastos?

En primer lugar, el ejemplo debe comenzar por casa. Por eso los gastos del Gobierno central se sometieron a un ajuste incluso más estricto que el que se realizó en los departamentos y municipios.

Desde el punto de vista del Gobierno central, con la puesta en práctica de presupuestos austeros, los llamados “presupuestos de la verdad”, pusimos en cintura las finanzas, sacrificando gastos de funcionamiento y de burocracia, como papelería, viajes, celulares, automóviles, etc.

En varios Ministerios y establecimientos públicos suprimimos Viceministerios y otros cargos de dirección y redujimos la nómina para hacer más eficiente su funcionamiento.

Además, el incremento salarial de todo el sector oficial, en los cargos más altos, estuvo siempre por debajo del incremento en el sector privado, como una forma de ayudar a controlar el gasto. Eso sí, en el caso de los funcionarios oficiales con salarios más bajos los salarios sí subieron por encima de la inflación, es decir, los empleados de menores ingresos mejoraron su capacidad adquisitiva.

Es más, con satisfacción puedo decir que durante mi Gobierno el salario mínimo ganó poder adquisitivo, pues aumentó 13.6 puntos reales. ¿Qué quiere decir esto? Que el salario mínimo subió más durante mi Gobierno que lo que subió el costo de la vida, lo que hizo que la plata rindiera más.

Lo mejor de todo es que pudimos hacer este gran esfuerzo de ajuste en los gastos sin sacrificar la inversión social.

Es decir: disminuimos los gastos de funcionamiento del Estado pero no la inversión social. Todo lo contrario: la inversión social creció durante mi gobierno.

Veamos: mientras en 1998 la inversión social representaba un porcentaje del 7.4% del Producto Interno Bruto de la Nación, en el 2001 representó un porcentaje del 8.5%, lo que significa un fundamental incremento en recursos invertidos en salud, educación y otras áreas prioritarias, lo cual es particularmente resaltable, sobre todo si tenemos en cuenta la difícil situación fiscal que hemos tenido que enfrentar en los últimos años.

En cuanto a las entidades territoriales, hemos adelantado trascendentales reformas legislativas e incluso constitucionales, con la buena colaboración y entendimiento del Congreso de la República, que garantizan unas finanzas más sanas y responsables.

Reformamos los artículos de la Constitución Nacional que regulaban el tema de las transferencias de recursos de la nación a los departamentos y municipios, de forma que, por lo menos hasta el 2008, va a haber claridad sobre cuánto son estas transferencias, sin que puedan disminuir en ningún caso, facilitando la planeación de las inversiones, especialmente en salud y educación, para las regiones.

Promovimos, además, una ley de ajuste fiscal territorial en la que se obliga a los departamentos y municipios a mantener presupuestos austeros, donde sus gastos de funcionamiento no puedan, en ningún caso, superar sus ingresos.

Esta tarea de apretón del gasto en las regiones ya está teniendo buenas consecuencias:

En efecto, 600 municipios redujeron en forma significativa su deuda, de los cuales prácticamente la mitad quedaron en ceros y podrán adquirir créditos nuevos, que se traducirán en nuevas inversiones y más empleo.

Recibiendo más y gastando menos, conseguimos controlar y disminuir año tras año el déficit fiscal, que es un prerrequisito esencial para el crecimiento de la economía.

Es decir, cada día gastamos de forma más responsable y eficiente y, al mismo tiempo, mejoramos nuestros ingresos.

De esta manera, hemos disminuido el déficit del sector público consolidado de un 5.4% en 1999 a un 3.5% en el 2000 y a un 3.3% en el 2001, y confiamos en alcanzar una meta probable de un 2.6% en el 2002.

Y vuelvo a repetir: Logramos esta disminución del déficit fiscal ¡sin sacrificar a cambio la inversión social en los más pobres del país!

Éste es un logro de inmensas proporciones para una nación con las dificultades de la nuestra.

Con un déficit controlado como éste, Colombia ha recuperado su credibilidad frente a los mercados y los bancos internacionales, que vuelven a hacer negocios y vuelven a prestarnos en buenos términos, confiados en nuestra seriedad y en la estabilidad de nuestra economía.

Alguien podría decir, a modo de crítica, que los resultados económicos son buenos pero modestos.

Yo pienso que hay que verlos en su contexto. Colombia ha recuperado la senda del crecimiento, ha recuperado su estabilidad económica, ha mejorado su percepción e imagen internacional, ha vencido la inflación, mantiene una tasa de cambio estable, tasas de interés bajas, tiene un desempleo que va descendiendo y un déficit fiscal que disminuye, todo ello en medio de un difícil conflicto interno que desangra nuestra economía.

Como lo reconoció hace poco un economista del Banco Mundial: muchos países, con muchísimos menos problemas, no han sido capaces de asumir las reformas y ajustes económicas que ha hecho Colombia en estos cuatro años.

Colombianas y colombianos:

Como pueden ver, con gran responsabilidad, sacrificando nuestra popularidad si era necesario, pusimos todo nuestro empeño en sanear las finanzas del país, y sobre ese saneamiento les rindo cuentas.

Hoy son ustedes quienes pueden juzgar.

Que Dios los bendiga. Y que Dios me bendiga.

Buenas noches

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
16 de mayo de 2002