ALOCUCIÓN PARA SALUDAR EL AÑO NUEVO2017-12-18T11:51:27+00:00

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Colombianas y Colombianos:

Un nuevo año es como un nuevo amanecer: poco a poco va apareciendo la luz. Comienza el año y nos hacemos propósitos de cambiar, de mejorar, de concretar las ideas y proyectos aplazados. Así como los invité en la pasadas Navidades, hoy les propongo un nuevo momento de reflexión acerca de la pregunta: …y yo ¿qué voy a hacer este año por mi país?

El 2002 será vital para Colombia. El diálogo es el mecanismo más eficaz y sólido para la solución de conflictos. A través del diálogo se han roto en la historia de la humanidad barreras que parecían inmodificables para solucionar problemas internos y externos de las naciones.

A través del diálogo y la negociación política, países con problemas más serios que los nuestros han logrado mantener la armonía y el bienestar social. La pobreza no es disculpa para promover una guerra. La guerra agota las oportunidades de progreso, el optimismo y atrae más pobreza, desesperanza y resentimiento social.

Mi propósito inicial al postularme como Presidente de Colombia, no ha cambiado: me comprometí con el tema de la paz que está metido en mi corazón y hasta el próximo 7 de agosto, cuando entregue la Presidencia a mi sucesor, no cesaré en mi propósito por alcanzarla.

Es posible que no hayamos reflexionado ampliamente sobre el significado real de la paz. Algunas personas todavía consideran que la solución mediante el enfrentamiento armado es más sencilla y rápida, pero imagino que no han analizado el costo ni las consecuencias económicas, sociales y emocionales de una confrontación que no tenga abierta la posibilidad del diálogo.

Cuando logremos la reconciliación interna de nuestra Empresa Colombia todos los sectores de la economía se reactivarán y tendremos el progreso y la justicia social que todos los colombianos demandamos y merecemos.

Al iniciar el último año de mi gobierno siento la satisfacción de muchas metas y propósitos cumplidos y, aunque no hemos logrado consolidar el proceso de paz con la rapidez esperada, estoy seguro de que el camino ya está trazado y continúo con la certeza de que Colombia puede alcanzar la reconciliación interna, esencial para su progreso.

La paz debe ser el primer propósito para el 2002. Todos tenemos mucho para aportar. Conservemos el entusiasmo que viene acompañado del año nuevo y comprometamonos en salir adelante todos unidos.

El viejo discurso que justifica la violencia para luchar contra las injusticias sociales ya no funciona. Al contrario, hoy más que nunca sabemos que: La pobreza no trae la guerra, es la guerra la que trae pobreza. Sólo en paz podemos trabajar todos para hacer un país más justo y más humano. Infortunadamente, el conflicto colombiano se corrompió, enfocándose en la población civil más pobre, desprotegida y deprimida económicamente.

Además el ciudadano común ya no cree en el mensaje político de la mal llamada lucha revolucionaria, confundido por el delito, el narcotráfico, el secuestro, la extorsión y el terrorismo que representan la violación permanente de los derechos más elementales de los colombianos, como lo son el respeto por su vida y su libertad.

Hoy por hoy, en nuestro recorrido por el camino de la paz negociada, contamos con la comunidad internacional como aliada poderosa que tiene, al igual que nosotros, su fe y su esperanza fijada en la posibilidad cierta de que sí podemos alcanzar la paz.

Los países del mundo, y organismos internacionales como las Naciones Unidas, están atentos al desarrollo de nuestro proceso y han prestado una ayuda invaluable a nuestro recorrido en busca de la paz. Sin duda, el panorama mundial es diferente para Colombia: somos observados y acompañados como un país de importancia vital para el mundo por su ubicación, su gran riqueza natural, su enorme potencial de inversión en industria, agricultura y tecnología, y su sólida democracia.

Para consolidar el proceso, tenemos actualmente las Fuerzas Armadas más fuertes, preparadas, profesionales y modernas en toda la historia del país, unas Fuerzas Armadas listas para confrontar a los violentos pero listas también, más que nada, para allanar el camino de la paz.

Tristemente, un puñado de violentos se dedica a impedir que todos progresemos, pero con la participación y el compromiso de todos esto cambiará, ¡tendrá que cambiar y muy pronto!

Como lo hablaba en mi anterior alocución de Navidad, a pesar de la situación internacional y del conflicto interno, estamos ya generando ese cambio en el aspecto económico.

Ustedes lo han visto en las pasadas Navidades. La industria nacional ha puesto en venta sus mejores productos y los colombianos, todos, hemos salido a comprarlos, generando con nuestra compras más reactivación económica, más empresas y más empleo para todos. Por otro lado, cada día se aprueban más licencias de construcción e inician nuevas obras por todo el país, incluidas aquellas que estamos haciendo en desarrollo del Plan Colombia, con lo cual el importante sector de la construcción de vivienda y de obras pública está, por fin, volviendo a crecer a ritmo sostenido.

Terminamos el año con un costo de vida controlado, por debajo del 8%, con unas tasas de interés bajas y con una moneda fuerte y estable. Y crecimos en el año 2001, -óigase bien– ¡el doble que el promedio de las economías del resto de América Latina!

El desempleo también está cediendo. En lo corrido de este año ha bajado cerca de cuatro puntos y esperamos que continúe descendiendo, gracias a las políticas responsables que hemos aplicado.

En suma: comenzamos el nuevo año con una economía que salió definitivamente de la recesión que nos agobió en 1999, consolidando un ritmo de crecimiento continuo que dejaremos como legado al próximo Gobierno y, sobre todo, a todos los habitantes de esta nación que tiene derecho a un futuro de prosperidad.

Colombianas y colombianos:

Uno de los propósitos principales que todos debemos hacer para el 2002 es ejercer el derecho y el deber de VOTAR que la democracia nos brinda. Si usted verdaderamente quiere la paz para Colombia: Vote.

Su voto es muy importante y cada voto tiene igual valor para todos. No votar es callar y si usted no vota, no tiene derecho a criticar después.

Si todos los colombianos nos detenemos un momento para reflexionar sobre las personas a las cuales queremos encomendarles la misión de gobernar, de legislar y decidir sobre el futuro de nuestra nación, recuperaremos la confianza y el optimismo que necesitan el próximo Presidente y el nuevo Congreso de La República.

Por mi parte, puedo asegurarles que desde el Gobierno daremos todas las garantías necesarias para que el proceso electoral se realice en una forma abierta, equitativa y libre, de forma que la voluntad popular se exprese sin limitaciones, fortaleciendo una vez más nuestra democracia.

Es una obligación moral de todos votar, apoyar, exigir y fiscalizar los actos de nuestros gobernantes. Y usted, ¿ya decidió qué va a hacer por Colombia en el 2002?

Reciban un cálido y afectuoso saludo de año nuevo en el que espero me acompañen y compartamos este empeño y deseo infinito de paz.

Que Dios los bendiga. Y que Dios me bendiga.

Buenas noches.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
10 de enero del 2002