APOSTAR POR LA PAZ DE COLOMBIA, ES INVERTIR EN HUMANIDAD, EN PERSPECTIVAS DE DESARROLLO Y BIENESTAR2017-12-18T11:47:17+00:00

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Palabras del presidente Andrés Pastrana Arango, pronunciadas durante su intervención ante el Parlamento Europeo.

Señora Presidenta, señores Diputados:

Es para mí un honor venir ante ustedes los representantes de una Europa que llena de optimismo, conforma la realidad política más exitosa de integración que ha conocido el presente siglo y que demuestra que sí es posible surgir de la muerte a la vida, del irrespeto al ser humano a la veneración de sus derechos, del pesimismo a la esperanza; que demuestra además que la paz es posible allí donde el desarrollo, la justicia social, la defensa de los más débiles, la solidaridad y la convivencia se instalan; que ellos determinan la cultura, dan sentido a la libertad y abren el camino que conduce al logro de metas compartidas.

En este momento, y desde este hemiciclo de las nuevas instalaciones del Parlamento Europeo, mi país tiene el privilegio de hablarle a Europa, en cabeza de los representantes elegidos popularmente por los quince países que actualmente conforman la Unión Europea.

Colombia, la patria que gobierno por voluntad de la democracia, se debate en una afanosa búsqueda de la paz, del empleo, del desarrollo y de la justicia social. El pueblo soberano de Colombia, con la votación mas alta de la historia, fue claro y me entregó un contundente mandato. Un mandato para buscar la paz de la nación.

No es mi costumbre tapar el sol con las manos ni ponerme una venda sobre los ojos. La comunidad internacional es clarividente y nos mira con atención; nosotros desde nuestra propia clarividencia observamos igualmente lo que ocurre en el ámbito de las naciones y sabemos que es preciso actuar ahora, que no hay tiempo para perder: sabemos que es el momento de la cooperación, no de la confrontación ni tampoco de la intervención.

Muchos de nuestros vecinos en América Latina, con el paso del tiempo han encontrado solución a sus conflictos. En estos procesos la Unión Europea siempre ha estado presente de una manera importante, como mediador y puente entre diversos sectores políticos y sociales. En los procesos de negociación de Guatemala y El Salvador, el papel de la Unión Europea fue fundamental.

La tradicional preocupación de Europa por la paz y los derechos humanos, y su tradición acentuada en procesos de negociación resultan para mi país un apoyo más que necesario: son un apoyo vital. Y por ello también es vital que Europa entienda a fondo el conflicto colombiano.

No podemos permitir más que la discusión sobre Colombia se base en frases sin respaldo, o en la idealización de los conflictos propia de décadas pasadas y mucho menos en informaciones de prensa que están más preocupadas por la espectacularidad de la noticia que por la realidad detrás de ella.

Yo sé de las preguntas que ustedes tienen sobre nuestro conflicto y acerca del proceso de paz. ¿Por qué persiste la guerrilla en Colombia cuando ha desaparecido del resto del continente? ¿Existe en Colombia una guerra civil? ¿Qué significado tiene la zona de distensión? ¿Quiénes violan los derechos humanos en Colombia y qué tan com- prometido está el gobierno con los derechos humanos? ¿El Plan Colombia es un plan militar?

Hoy estoy ante ustedes para contarles cuál es nuestra verdadera situación, sin pretender negar la crudeza de la violencia que nos afecta.

No es posible desconocer la realidad de mi país. La violencia azota nuestra patria hace años. Son muchos los colombianos muertos por su causa y son muchos los que por cuenta del secuestro han perdido su libertad.

El conflicto colombiano, por su propia dinámica, ha sufrido serias transformaciones y sin duda alguna, la fuerza con la que el narcotráfico irrumpe en la Colombia de los años ochenta, se constituye en el factor que ha generado el mayor incremento de la violencia. Éste no sólo ha permeado a la guerrilla, cuya financiación proviene crecientemente de cargas impuestas sobre la hoja de coca, sino que amplió el círculo de la violencia a otros grupos armados y a grupos delincuenciales organizados.

Frente a la escalada de violencia, la población colombiana ha dicho No Más.

En marchas multitudinarias, que recuerdan la respuesta de los españoles al terrorismo, se ha volcado a las calles a exigir No Más Violencia. Hoy el pueblo de mi país, como nunca antes en su historia, se encuentra unido para exigir que cese la violación a sus derechos humanos, en particular el secuestro como instrumento inad- misible de financiación de la guerrilla y de otros grupos generadores de violencia.

En Colombia no hay una guerra civil. Menos del cuatro por ciento de los colombianos apoya a la guerrilla. Durante las dos últimas décadas el conflicto ha cambiado sustancialmente. Mientras la capacidad militar de los violentos aumenta, en gran parte gracias a los dineros del narcotráfico, la población civil pide que se le aparte del conflicto, pues ha entendido que ella es ahora la gran afectada y son sus derechos fundamentales los que se violentan día tras día.

El nuestro, señores diputados, es un conflicto sui géneris que requiere una solución también su géneris, en la que mi gobierno está empeñado.

El conflicto guerrillero ocupa desde hace más de 40 años la atención de nuestro pueblo. En este tiempo son varios los grupos insurgentes que han sido partícipes en este conflicto. Pero también son varios los que ya han comprendido que la mejor alternativa para el país es dejar las armas mediante un proceso de diálogo político. Seis Grupos armados con cerca de ocho mil insurgentes, en los últimos diez años, han reemplazado el uso de sus armas por la fuerza de las ideas.

Hoy avanzamos en la senda de la negociación del conflicto armado con las Farc, el más antiguo grupo guerrillero. En sólo poco más de un año, por medio del diálogo, hemos acordado ya una agenda de negociación que comprende doce puntos y el pasado domingo, en un hecho histórico en nuestra nación, hemos dado inicio al proceso de negociaciones que deben conducir a nuestra patria por la senda de la construcción de una paz verdadera y duradera.

Mucho se ha especulado sobre la llamada zona de distensión. La verdad es que este es un instrumento creado por la ley colombiana para generar condiciones de seguridad que facilite los diálogos. Esta zona representa el tres por ciento del territorio nacional y allí vive un cuarto del uno por ciento de la población colombiana. En ella no hemos renunciado a nuestra integridad territorial ni a la presencia del Estado representada por sus alcaldes democráticamente elegidos.

También avanzamos en la búsqueda de una solución con el Ejercito de Liberación Nacional, Eln. La semana pasada se iniciaron los contactos preliminares orientados a reactivar las conversaciones y soy optimista en que pronto veamos avances significativos que nos permitan llegar a las negociaciones también con este grupo subversivo.

Colombia entera y la comunidad internacional confían en los avances que se den mediante una solución política. Sé que avanzaremos por un camino que no es fácil y seguramente seguiremos encontrando dificultades, pero mantendremos siempre firme el paso para poder superarlas. Los procesos de paz toman tiempo y requieren de paciencia. Recordemos a El Salvador o Guatemala. Revisemos los procesos del Medio Oriente o de Irlanda. Ninguno de ellos sucedió de la noche a la mañana, pero la solución política negociada mostrará sus evidentes beneficios.

Quiero repetir aquí que haré todo lo posible por lograr esa paz que es para nosotros vital. Pero como lo dije ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, no quiero una paz a cualquier precio sino una paz que fortalezca realmente la democracia, preserve el territorio y permita a cada ciudadano el ejercicio pleno de sus derechos y libertades.

Derechos humanos: creo que no es posible un futuro digno y en democracia, sin una cultura de respeto a los derechos fundamentales. Sé que en el transcurso del prolongado conflicto interno colombiano, se han cometido graves violaciones a estos derechos y esto no debe seguir sucediendo.

Mi compromiso con la defensa de los derechos humanos es total. Mis convicciones, mi formación y el mandato de mi pueblo así lo ratifican. Para ello he puesto en marcha una amplia política de Esta- do para luchar dentro del marco de la ley contra los grupos armados al margen de ésta; para garantizar la seguridad, protección, apoyo y libertad de acción para los defensores de los derechos humanos; para atender a las personas desplazadas por la violencia; para adoptar los instrumentos legales que protegen los derechos humanos y fortalecer nuestro aparato de justicia. En síntesis, un conjunto de medidas específicas orientadas a garantizar la vigencia del Derecho Internacional Humanitario.

Los resultados de la aplicación de esta política se ven reflejados en la disminución notoria de las quejas por violación de derechos humanos producidas por la fuerza pública, tal como lo reconocen los informes de organismos intergubernamentales y las ONG que actúan en este campo.

Hemos trabajado duro para actualizar nuestra legislación. Actualmente se debate en el Congreso una ley para tipificar y castigar la desaparición forzosa, el genocidio y las masacres. Asimismo, el gobierno impulsó la aprobación de un nuevo Código Penal Militar que incluye avances sustanciales en cuanto a la competencia de los tribunales civiles para juzgar a los militares en crímenes como el genocidio, desaparición forzosa y tortura y firmamos el Estatuto de la Corte Penal Internacional.

Además una directiva presidencial ha sido expedida para impulsar el respeto a las organizaciones no gubernamentales que desarrollan tareas en el ámbito de los derechos humanos. Espero, asimismo, que dichas ONG desarrollen su noble actividad con el más estricto apego a los propósitos puramente humanitarios, sin injerencias de orden político.

Señores diputados del Parlamento Europeo: mi gobierno está realizando una tarea decidida de protección a los derechos humanos y en esto necesitamos el apoyo de la comunidad internacional. Si la guerrilla o las autodefensas violan los derechos humanos, tal hecho debe ser denunciado y sancionado. Si algún agente del Estado lo hace, se trata también de un delito que no puede quedar impune. Es decir, cualquier violación de los derechos humanos tiene que ser rechazada y sus causantes castigados de acuerdo a las leyes. Sobre la razón de Estado o la justificación esgrimida por actores de la violencia, siempre debe imperar la razón de humanidad.

La relación paz-drogas ilícitas: para Colombia es importante que tanto Europa como Estados Unidos entiendan las interrelaciones entre el narcotráfico y la violencia en Colombia.

No hay nación que haya ofrendado tantos mártires como Colombia en la lucha contra el tráfico de drogas. Este funesto negocio ha sido y es la causa principal de las peores desgracias de nuestra historia reciente. El poder económico de esas organizaciones condujo a la corrupción en muchos ámbitos de nuestra vida. El narcotráfico ha sido un gran generador de violencia y ha cometido magnicidios de altísimo costo humano para la nación.

Actualmente, contribuye al mantenimiento de la ola de violencia que padecemos, financiando diversos actores de la violencia. He dicho y quiero repetirlo ante ustedes: hoy el narcotráfico es el primer enemigo de la paz y ésta no se logrará cabalmente sin el desmantelamiento de las organizaciones que se dedican al negocio maldito de la droga y sin que logremos alternativas y soluciones sostenibles económica y socialmente.

Mi país, como ningún otro, ha cargado sobre sus hombros el peso de la lucha contra el narcotráfico. Por esto, quiero aprovechar esta excepcional oportunidad para invitar a todos los países de la comunidad mundial a que le demos pleno desarrollo al principio de la responsabilidad compartida, para luchar contra el problema mundial de la droga.

Este principio implica que hemos de enfrentar juntos el grave problema mundial de las drogas, en cada uno de los eslabones de la cadena, es decir, la producción, la distribución, el consumo, el lavado de dinero, la desviación de los precursores químicos y de la venta de armas. Implica igualmente que todos contribuyamos a las soluciones duraderas en la medida de nuestras propias posibilidades.

Con la Unión Europea tenemos acuerdos importantes que reconocen la responsabilidad compartida en esta materia. Hemos avanzado hacia el impulso de mecanismos de cooperación entre Europa y los países andinos, como en el caso de las concesiones arancelarias del SPG Andino, cuya extensión es vital para mi país.

En esta misma vía, debo también registrar complacido la reciente conclusión de la Presidencia del Consejo Europeo de Tampere frente al blanqueo de capitales, en la que se señala la decisión del Consejo de garantizar que se den los pasos concretos para proceder al seguimiento, embargo preventivo, incautación y decomiso de los beneficios del delito.

Debemos quitarles a los narcotraficantes y a sus socios el dinero y las propiedades surgidas del negocio de la muerte, debemos cerrarles las posibilidades de comprar insumos químicos y armas y debemos perseguir el contrabando que lava los dineros que ellos obtienen.

Juntos hemos de continuar avanzando hacia soluciones integrales que abarquen todos los eslabones de la cadena. Juntos también deberemos darles prioridad a los programas de educación y prevención que lleven a la disminución de la demanda. En esta batalla, honorables eurodiputados, los necesitamos como socios y aliados.

No es mucho lo que pide mi país: solamente que cada miembro de la comunidad mundial cumpla con su parte de la tarea, en desarrollo del principio de responsabilidad compartida. Y que todos podamos asumir los costos de las soluciones duraderas, en la medida de las posibilidades y los recursos disponibles.

Medio ambiente: también debe ser una preocupación de todos, el grave daño ecológico que día a día causa el narcotráfico. En nuestra patria, una de las ocho naciones más ricas en biodiversidad, los cultivos ilícitos han destruido más de un millón de hectáreas de selvas, bosques de nieblas y zonas de páramo. La depredación de la naturaleza es tan irracional, que se destruyen cinco hectáreas de bosques para cultivar una hectárea de coca o amapola y cada año 200.000 galones de herbicidas, 16.000 toneladas de fertilizantes químicos y 100.000 galones de venenos usados en estos cultivos, contaminan las aguas y los suelos de Colombia.

Hoy quiero repetirlo: no hay duda que las actividades asociadas con los cultivos ilícitos deterioran el patrimonio natural de la humanidad.

Por eso, es tarea de todos los países detener esa destrucción para defender a toda costa el derecho humano de las futuras generaciones a tener un planeta habitable.

Compartimos con Europa las preocupaciones por el calentamiento global, la de forestación y la necesaria conservación de los bosques tropicales.

Entendemos también que debemos abordar el tema de las emisiones contaminantes. Queremos proponer a Europa una alianza ambiental entre los países de la Unión Europea y Colombia a fin de que podamos avanzar juntos en este noble propósito.

El Plan Colombia: frente a la real situación de Colombia es claro que para adelantar el arduo trabajo de construir la paz, es necesario ir más allá de los diálogos y las negociaciones con la insurgencia. Es necesario buscar soluciones de raíz a nuestros problemas. Necesitamos construir una nueva nación en donde el respeto de los derechos humanos, la aplicación de la justicia y la reconstrucción de nuestro tejido social sean los sólidos cimientos que nos permitan conformar una sociedad en la que los factores generadores de violencia se erradiquen de una vez por todas.

Y es por ello que estoy aquí ante quienes comparten esos ideales para proponerles que profundicen sus compromisos con nosotros y fortalezcan una alianza útil para todos. La cooperación oportuna es una de las formas más eficaces de proteger los derechos humanos; cooperación es prevenir lo que puede ser evitado; cooperar es abrirle caminos a la esperanza.

Para este fin hemos diseñado el Plan Colombia para la Paz, la Prosperidad y el Fortalecimiento del Estado. No se trata de un plan militar. Es una estrategia integral y unificada orientada a fortalecer los temas fundamentales del país como la búsqueda de la paz, la reactivación de nuestra economía y la generación de empleo, la protección de los derechos humanos, el fortalecimiento de la justicia y el aumento de la participación social. El resultado final será el fortalecimiento de nuestro Estado, como un requisito primordial para el logro de la paz y el progreso.

Requerimos de su participación en todos esos frentes pero principalmente necesitamos que ustedes, que sus naciones, que Europa toda, invierta en paz para la paz, que abra sus mercados para que podamos generar empleos para la paz.

Por esta razón, Colombia presenta a la comunidad internacional una alternativa de política para la erradicación de los cultivos ilícitos con base en un desarrollo alternativo que ofrezca a la población campesina involucrada hoy en cultivos ilícitos, una salida estable a sus problemas económicos y sociales, reemplazando los cultivos ilegales por empresas comerciales, mineras, agrícolas, agroindustriales y de servicios, dotadas de la infraestructura necesaria que les permita competir adecuadamente en un mundo de economía globalizada.

Colombia espera poder financiar conjuntamente con los países que de una u otra forma se ven conectados a la cadena del negocio de la droga, la infraestructura del proyecto y espera, asimismo, vincular capital privado, nacional y extranjero, a las empresas económicamente productivas para que incorporen tecnologías de avanzada y nuevos capitales.

Señora Presidenta y honorables miembros del Parlamento Europeo: yo les deseo, en nombre del pueblo colombiano, los mejores éxitos en la ampliación y profundización de la democracia europea. Ustedes representan a quienes han optado por la vida, por la paz y por la defensa de los derechos humanos; ustedes son expresión de quienes creen en la democracia, en la libertad y en un medio ambiente sano para las próximas generaciones. A ustedes corresponde liderar buena parte del acercamiento a las naciones que están construyendo para sí mismas la esperanza y anhelan que el tercer milenio las colme de realidades propicias.

Estoy aquí ante los representantes de la democracia europea diciéndoles con claridad que yo he apostado a la paz; yo he ofrecido a la guerrilla una paz con dignidad y con seguridad. Necesitamos para vivir en paz de un gran acuerdo nacional respaldado por la comunidad internacional.

Como demócrata y ante demócratas les digo hoy: apuesten por la paz de Colombia. Hacerla, es invertir en humanidad y en perspectivas de desarrollo y de bienestar.

Lugar y Fecha

Estrasburgo, Francia
26 de octubre de 1999