CHILE Y COLOMBIA FORTALEZA DE LA SOLIDARIDAD LATINOAMERICANA2017-12-18T11:48:10+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión de los honores militares de bienvenida al señor presidente de la República de Chile, ingeniero Eduardo Frei Ruiz- Tagle

En nombre del pueblo colombiano y del gobierno que presidimos, queremos dar a usted, señor Presidente, a su señora esposa y a su comitiva, la más cordial bienvenida a Colombia. Su visita marca un nuevo hito en las ya largas y amistosas relaciones entre Chile y nuestro país, que no recibía la visita oficial de un mandatario chile- no desde la grata cita que cumplió con nosotros el presidente Patricio Aylwin, hace casi una década.

Celebramos la coincidencia de voluntades de nuestros dos gobiernos, a la cual debemos hoy su presencia entre nosotros. Queremos afianzarnos en esa dirección, seguros de que nuestros países comparten un valioso patrimonio de ideales y convicciones que auguran el desarrollo de relaciones cada vez más profundas.

Usted, señor Presidente Frei, mucho más que el distinguido presidente de una nación hermana es un verdadero amigo de Colombia. Gracias a los lazos afectivo s e intelectuales que unieron a nuestros padres en el compromiso de liderar sus países dentro de un contexto de solidaridad e integración latinoamericana, nuestro vínculo personal es también hoy muy fuerte. En usted reconozco a un compañero incondicional, con cuya amistad me enaltezco y se enaltece Colombia.

Vemos en Chile un país cuya historia y cultura han sido de gran significación en el devenir de la región, una nación que posee una reconocida voluntad de trabajo y superación ante las dificultades, realidades que la facultan para contribuir de manera muy fructífera en la conformación del futuro del hemisferio. Mediante una labor ciertamente compleja, pero segura y promisoria, su país, señor Presidente, ha sabido construir los consensos políticos necesarios para superar antagonismos ideológicos, y recuperar así la raigambre democrática, sin duda una de las más significativas del continente.

También Colombia ha demostrado a través de su historia política, una vocación inquebrantable hacia las instituciones civiles y democráticas.

Nuestros partidos políticos se establecieron con la Independencia y han venido fortaleciéndose, al tiempo que hemos venido creando, en un proceso continuo y permanente, los mecanismos institucionales y constitucionales necesarios para ampliar cada vez más el ejercicio de la democracia. El gran desafío que tenemos ahora es lograr que los niveles de organización democrática que hemos alcanzado se traduzcan también en bienestar para las mayorías.

Los asuntos que hemos comenzado a tratar conjuntamente son un esfuerzo de adaptación del diálogo bilateral a las tendencias de la globalización, y a la necesidad impostergable de fortalecer la concertación, la integración, y la solidaridad latinoamericanas.

Nos enaltece constatar que la historia de Chile, como la colombiana, ha sido animada por un espíritu humanista, y que las figuras que han contribuido decisivamente en la formación de la nacionalidad de ambos países, han obrado con la convicción de que la tolerancia y el apego a la ley son la base de la vida política. Quienes han forjado nuestra personalidad como nación han comprendido que, sin democracia, la conquista de sociedades más justas, eficientes y equitativas, sería una quimera.

Hemos desterrado el planteamiento equivocado de sustituir el régi- men democrático por la eficiencia.

Lograr la reconciliación y la unidad allí donde se han visto afectadas es un reto frente al cual no podemos ahorrar ningún esfuerzo, y por ello, en Colombia hemos asumido el desafío político de buscar la conciliación y la paz a través de mecanismos de diálogo y negociación. Ciertamente, no es un camino fácil, cuya ruta esté determinada de antemano, pero tenemos el convencimiento de que es ésta la opción democrática, y por lo tanto, la verdaderamente idónea para lograr una paz duradera y auténtica. Pero estamos igualmente con- vencidos de que la paz requiere el desarrollo económico. Hemos recibido decididas expresiones de apoyo por parte de la comunidad internacional, -incluyendo la presencia siempre amiga de Chile-, las cuales representan también voces de confianza y esperanza en el proceso. La cooperación respetuosa como la de su país es a la que aspira Colombia, sin interferencias ni injerencias.

Destacamos, señor Presidente, su importante gestión y legado como mandatario de Chile en estos años de transición hacia el nuevo siglo.

Mediante esa tarea decidida, los chilenos optaron por desligarse de ataduras ideológicas para concebir y concretar un proyecto fundamental de unidad nacional y democrática.

Esta re orientación ha contribuido a fortalecer la política regional latinoamericana, la cual no puede concebirse cabalmente sin la presencia de Chile. Como latinoamericanos, aplaudimos la exitosa culminación de las negociaciones que condujeron al perfeccionamiento de los acuerdos de Campo del Hielo con la Argentina.

Estos entendimientos concretados en su gobierno, Presidente Frei, son otra demostración de los logros de la democracia, y representan una actitud ejemplar para superar los asuntos pendientes en la región.

Colombia y Chile están unidas, más que por tratados y grupos de integración, por la visión y el carisma de dos pueblos fundidos en el afecto y la historia. Compartimos la misma gigante cordillera de los Andes y el mismo beso azul del océano Pacífico. Queremos tanto el vino y las canciones. Tenemos ambas un intenso latir de poesía.

Hoy, que podemos contar con el placer y el privilegio de su visita en suelo colombiano, quiero repetirle las palabras de saludo que escribió nuestro poeta Jorge Rojas en honor de su compatriota, el in- menso Pablo Neruda -patrimonio de Chile, de América y de la humanidad-, cuando visitó por primera vez nuestro país:

«Esta es Colombia, con su espuma y su piedra, curvada dulcemente sobre el hombro de América. (…) Y ésta que ves y tiene su cimiento en el alma, es Bogotá, que ignora la medusa y la esponja, mas tiene ala de puerto».

Esta es Colombia, señor Presidente, que recibe complacida la visita de los representantes del pueblo chileno, como se recibe la visita afectuosa de un hermano. Esta es Colombia, que mira en Chile -«ese largo pétalo de mar y vino y nieve»- a su semejante y compañera en la construcción de un futuro de progreso y justicia social para nuestros pueblos.

Neruda, -ese chileno entrañable-, quien siempre fue un cercano amigo de nuestro país y de los colombianos, dijo alguna vez: «Nada puede separarme de Colombia: mi integración es la del honor y del amor».

Con ese mismo espíritu de honor y amor le reitero, señor Presidente, la cálida bienvenida del pueblo colombiano, en la seguridad de que los diálogos que sostendremos consolidarán, -aun más, si es posible-, la vocación de amistad y unión entre nuestros pueblos.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia

27 de agosto de 1999