COLOMBIA FRENTE A LOS RETOS DE LA PAZ2017-12-18T11:46:37+00:00

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Palabras del Presidente Pastrana sobre los retos de la paz.

Si algún país puede hablar con autoridad sobre el tema de la gobernabilidad en medio de conflictos bélicos ese es Colombia, un Estado que ha sido puesto a prueba por el accionar de grupos violentos al margen de la ley y que, en medio de esta dificultad, ha consolidado una democracia fuerte y sigue avanzando con decisión en su camino hacia una paz cierta y duradera.

En efecto, pese a lo duro de las confrontaciones, los colombianos seguimos trabajando por un futuro mejor, con la confianza que nos dan nuestras instituciones y el conocimiento de un pasado que ha sido testigo más de una vez de la grandeza de nuestras gentes.

Por la Senda de la Democracia

En octubre del año pasado millones de colombianos eligieron libremente y mediante masivas votaciones a sus mandatarios regionales: gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles, en una muestra más de que Colombia, pese a las dificultades de orden público, cree más que nada en el poder del voto y en el ejercicio de la democracia. En marzo y mayo del próximo año, con el mismo entusiasmo, elegiremos los nuevos congresistas y a mi sucesor en la Presidencia, dentro de un proceso electoral que ha sido durante todo el siglo XX y seguirá siendo en este nuevo siglo el garante del predominio de la voluntad popular.

Esto lo traigo a cuento porque a veces se olvida que Colombia ha construido pacientemente una institucionalidad respetable, que ha resistido durante los últimos lustros el embate feroz de las organizaciones criminales más peligrosas del mundo, que no se ha alejado de la democracia, que la legitimidad del gobierno es indiscutible, y que su clase dirigente ha hecho esfuerzos para abrir a todos los sectores de la sociedad el esquema político, en un sistema multipartidista que cada vez incluye más opciones independientes y novedosas.

Colombia ha sido y sigue siendo un baluarte de democracia, estabilidad política y estabilidad económica en América Latina.

Como toda democracia, ha tenido y tiene imperfecciones. Pero siempre hemos obrado con la voluntad de superarlas, sin transitar las vías del autoritarismo. El gobierno que me honro en presidir fue elegido en unos comicios electorales cuya transparencia nadie ha puesto en duda, con la mayor votación de la historia, y recibió el poder de su antecesor, integrante del partido contrario, sin traumatismos ni contratiempos. Las ramas del poder público funcionan en forma separada y autónoma y los órganos de control cumplen sus labores en total independencia.

Los Retos de la Paz

Por estos días Colombia vive ciertamente circunstancias que nos están poniendo a prueba como nación, pero estamos seguros de que saldremos adelante con renovados bríos, como ya lo hemos hecho en el pasado.

En mi país vivimos un conflicto armado que nos desangra. No es una guerra civil, sino una guerra contra la sociedad civil en la que unos pocos guerrilleros y grupos de justicia privada, que no cuentan con respaldo popular y cuyos miembros no alcanzan ni siquiera a las 40.000 personas (o sea, menos del uno por mil de la población colombiana), continúan levantados en armas, en el marco de un conflicto armado que lleva más de 3 décadas. Pero, lo que es más grave, estos grupos subversivos o de justicia privada se financian en muy buena parte con dineros provenientes de los narcotraficantes, que son otra plaga que ha incidido negativamente en la realidad colombiana.

Estos dos fenómenos: violencia y narcotráfico, que se alimentan y degradan entre sí, como un círculo vicioso, son hoy los grandes generadores de pobreza, de desempleo y de inseguridad para una gran parte de la población colombiana, que sólo quiere trabajar y progresar en paz y por medios lícitos.

Por lo anterior, la tarea de gobernar en mi país presenta unos retos que no deben afrontar los líderes de otros Estados. En Colombia no sólo hace falta asegurar el cumplimiento de los derechos individuales y sociales o mantener una economía sana y en crecimiento, sino que es preciso también luchar por el objetivo fundamental de la consecución de la paz. Pero luchar por la paz no es sólo trabajar en la negociación con los grupos armados al margen de la ley. Es mucho más. Por eso podría decir que he trabajado por su consecución avanzando simultáneamente en tres frentes: una activa diplomacia por la paz que ha recaudado no sólo respaldo político sino también fondos para la inversión social; la búsqueda de una solución política al conflicto armado, y el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas como las Fuerzas de la institucionalidad y de la paz. Con ese trípode he procurado incrementar la gobernabilidad en Colombia.

Diplomacia por la Paz e Inversión Social

He liderado, durante mi Gobierno, una diplomacia por la paz que ha buscado y obtenido importantes apoyos internacionales para la resolución pacífica del conflicto colombiano. Partiendo de que la globalización no sólo significa apertura comercial y mayor contacto cultural, sino que implica también comprender los problemas nacionales como problemas planetarios, el actual gobierno ha destacado la importancia de la comunidad internacional en varios aspectos: como acompañante e impulsora del proceso de negociación con la organizaciones insurgentes, a través de la participación de países y organismos internacionales en grupos de amigos, verificadores o facilitadores en las distintas instancias de los diálogos; como participante en el combate contra esa fuente de financiación del conflicto armado en el país que es el narcotráfico, y como impulsora de proyectos sociales, particularmente en las zonas de conflicto o de influencia del narcotráfico, de forma que nos ayude a construir alternativas económicas lícitas para los campesinos y a aliviar la situación de la población más vulnerable y pobre del país.

No cabe duda de que los importantes recursos otorgados al Plan Colombia han sido una muestra fehaciente de que el mundo está comprendiendo su responsabilidad frente a la compleja situación colombiana, derivada en buena parte por los efectos de un problema mundial, como lo es el de las drogas.

Los recursos del componente social del Plan Colombia, en los cuales se están invirtiendo más de 900 millones de dólares, coadyuvarán notablemente a la estabilidad del país. Ya sea en programas de empleo o de capacitación, ya sea en subsidios de alimentación y educación para los niños o en la construcción de vías que faciliten el acceso de los productos de las regiones a más amplios mercados, tales recursos están haciendo realidad un principio básico de mi gobierno: que las políticas sociales no son un contingente derivado de las políticas de crecimiento, sino que son su necesario complemento.

Sin populismo, pero también sin ceder a la pretensión de que los resultados de los ajustes estructurales son los que traerán el bienestar social, entendiendo que debemos responder a las urgencias del presente pero sin descuidar el trabajo responsable por las necesidades del porvenir, el Gobierno está mejorando las condiciones de vida de los ciudadanos.

La Solución Negociada al Conflicto Armado

La solución negociada al conflicto armado es la segunda estrategia para incrementar la gobernabilidad del Estado colombiano. En este tema he obrado siguiendo el mandato de 10 millones de colombianos que en octubre de 1997 ordenaron a sus gobernantes buscar la terminación del conflicto mediante la vía del diálogo. Desde el día de mi posesión, -y aún antes, como Presidente electo- inicié este camino, que había sido prácticamente abandonado, y he seguido avanzando en él, consciente de que la verdadera paz sólo se alcanza por medios pacíficos.

A pesar de las dificultades que implican este tipo de negociaciones, se ha avanzado, con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC-, en la discusión de la agenda temática y del cese al fuego y de hostilidades. Ya se han visto de ello resultados como el Acuerdo Humanitario -suscrito el pasado 2 de junio- que significó la liberación de 360 militares y policías retenidos por dicha organización y, pronto, esperamos ver nuevos avances en cuanto a la aplicación del Derecho Internacional Humanitario que disminuyan la intensidad del conflicto y en cuanto a acuerdos concretos sobre la agenda temática planteada, la cual se viene discutiendo por las partes con el aporte de múltiples audiencias públicas donde han participado miles de colombianos.

Una Fuerza Pública para la Paz

Todo esto, sin que exista ninguna contradicción, ha ido sumado a un tercer elemento, que es también fundamental, como lo es el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas como fuerzas de la institucionalidad y de la paz. Como lo he repetido en varias ocasiones, en los diálogos de paz el Gobierno tiene unos objetivos centrales que no están sujetos a discusión: el afianzamiento de la democracia, la consolidación del Estado de Derecho y la profundización de la unidad nacional. Ya que las Fuerzas Armadas son las garantes de esas metas, su fortalecimiento no implica oposición alguna con la política de paz. Lo que ellas respaldan, al fin y al cabo, no es un tema negociable, sino que constituyen los más elementales requisitos de un Estado soberano y democrático. Si queremos y estamos construyendo una Fuerza Pública fuerte, moderna, profesional y respetuosa de los derechos humanos es porque entendemos que ella, en cualquier Estado del mundo, es el soporte de la institucionalidad y la mejor garante de la tranquilidad ciudadana.

Por eso, si se ha incrementado en un 150% el pie de fuerza de soldados profesionales, si se ha cuadruplicado el número de helicópteros de combate y se ha duplicado el de los de transporte, si se ha modernizado el marco legal de la institución, si se devolverá a 192 municipios la presencia permanente de la policía, si se incrementará y reforzará la policía rural, es en beneficio de la institucionalidad y no en detrimento del proceso de paz. La paz, ya lo he dicho, no se adelantará contra las Fuerzas Armadas sino con las Fuerzas Armadas.

Gobernar entre dos tiempos

Gobernar en medio del conflicto bélico no es una tarea fácil. Como si se viviera en dos tiempos, uno en el que se desenvuelven las tareas habituales del conjunto de los Estados -como mantener una economía sana y pujante, estimular el desenvolvimiento de las capacidades de los ciudadanos o mediar para conseguir equilibrios entre los intereses de las diversas fuerzas sociales- y otro en el que se enfrentan situaciones excepcionales –como remediar el problema que representa la subsistencia de bandos armados dentro del territorio nacional-, los gobiernos colombianos debemos trabajar en circunstancias excepcionales, pero no hemos perdido nunca el norte, que es la defensa de la democracia y de los derechos de los ciudadanos a vivir en un entorno de paz, libertad y progreso.

Con estos elementos, con esta visión integral de la problemática de mi país y con toda la decisión de trabajar como un solo cuerpo con la sociedad civil y con las distintas fuerzas políticas, haciendo de la paz una Política de Estado, seguiremos preservando el futuro de un país que, como el mío, tiene miles de razones para aferrarse a la esperanza.