CONSTRUYENDO BASES SÓLIDAS PARA UNA COLOMBIA EN PAZ2017-12-18T11:47:21+00:00

Project Description

Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, ante empresarios antioqueños.

Apreciados amigos:

En buena hora se nos presenta nuevamente la oportunidad de sentarnos a conversar sobre el presente y el futuro del país, en un escenario tranquilo, no sólo por la calidez de esta ciudad y de su gente, sino también por un aire más positivo y renovado que se respira en el ambiente de la economía, la política y la paz.

La reactivación económica es un hecho cierto

Hace un poco más de un año era impensable hablar de reactivación. Recordemos que en aquel entonces teníamos una economía en caída libre y dando los primeros síntomas de recesión: unas finanzas públicas descontroladas; las tasas de interés superaban el 40 por ciento; el desempleo creciendo aceleradamente; una inquietante inestabilidad cambiaria y un deterioro alarmante de la cartera del sistema financiero y de los deudores hipotecarios. El panorama no podía ser más desalentador.

Había que actuar de inmediato. Mi gobierno era consciente de que las medidas que debía tomar eran impopulares y requerían mucha paciencia y esfuerzo. Pero era también el momento de poner la economía por encima de cualquier otra consideración, aun a costa de mi propia popularidad y la de mi gobierno que apenas empezaba.

Y así lo hice. Sabía que la única manera de llevar la economía nuevamente a la senda del crecimiento era a través del ajuste fiscal. Sabía también que esta opción sería dolorosa, sobre todo en un país acostumbrado a resolver todos sus problemas a costa de mayor gasto público. Sin embargo, no había opción. Había llegado la hora de terminar la fiesta y poner la casa en orden.

Comenzamos entonces este proceso con mi equipo económico, complementándolo con medidas para fortalecer al sistema financiero, ayudar a los deudores hipotecarios y facilitar la reestructuración de las deudas de las empresas.

Los resultados no se hicieron esperar. El programa fiscal fue eliminando gradualmente las presiones cambiarias, abrió así espacio para que bajaran las tasas de interés y estabilizó y mantuvo la baja en la inflación.

Todos estos resultados eran incuestionables, pero el crecimiento todavía no reaccionaba. El desconcierto aumentaba, y con él el desespero y las presiones por tomar decisiones desesperadas y abandonar la ruta que nos habíamos trazado. Nuevamente tuve que pedirles a los colombianos que no perdiéramos la cabeza, que no fuéramos a tirar por la borda el proceso que tanto esfuerzo nos había costado.

Por fortuna, las dos semillas de la recuperación, las bajas tasas de interés y la tasa de cambio estable y competitiva habían sido sembradas y pronto darían sus primeros frutos.

Y así fue. Después de más de 1 año de crecimiento negativo, es incuestionable que hoy la economía muestra signos concretos de reactivación. La industria, que caía en más de 20 por ciento hace un año, crece a tasas cercanas al 10 por ciento. Sectores como los textiles, los equipos electrónicos, los químicos y las industrias básicas del hierro y el acero lideran la recuperación con una dinámica que ni los más optimistas vaticinaban hace tan sólo unos meses.

Las exportaciones también crecen aceleradamente, en especial aquellas con alto valor agregado y generadoras de empleo. De hecho, las ventas colombianas de estos productos aumentan por encima del 30 por ciento, en especial las que van hacia Estados Unidos y la Comunidad Andina.

Pero no es sólo la industria. El comercio, el transporte, los servicios y la agricultura han comenzado también a crecer. Inclusive el sistema financiero, tan golpeado por la mala situación de los deudores e incapaz de abrir plenamente las compuertas del crédito productivo, dan síntomas de mejoría: la calidad de la cartera está mejorando. Con todo esto las empresas y los ahorrador es están cada vez más protegidos y apoyados por los bancos.

La economía demuestra que, sin lugar a dudas, tiene las condiciones para despertar y volver a generar empleo. La reactivación ya no es un anhelo sino algo real que comenzamos a sentir todos los colombianos. Por eso es tan importante que después de haber sembrado la semilla de la recuperación con tanta esperanza, la sigamos cuidando con mucha paciencia y dedicación. No podemos, ahora que comienza a dar sus frutos, regarla con odio y pasiones. Lo que está en juego son los empleos, las empresas y el bienestar de millones de colombianos.

Por eso la tarea más importante que tenemos por delante es la de fortalecer la reactivación. Es el único camino la recuperación del empleo, de la inversión social, del desarrollo y del cambio. Ésta es una tarea de todos en la que no podemos equivocarnos como Nación.

Por ello he abierto un espacio de trabajo que nos permita remover entre todos la mayor amenaza que se cierne hoy sobre la reactivación. Tenemos que darle al país la certeza de que las reformas más importantes para el desempeño social y económico de los próximos años van a ser una realidad.

Consensos políticos sin sacrificar las grandes reformas

En días pasados me dirigí a los colombianos para compartir la necesidad de conjugar las indispensables reformas contra la corrupción, con la garantía de la supervivencia de la reactivación económica.

Dije entonces que la misión del mandatario estaba por encima de las mezquindades y la confrontación estéril, y que preservando su obligación de luchar contra la corrupción, debía actuar siempre dentro del marco de sensatez, generosidad y concordia que sus convicciones y su cargo le demandan.

Cuando propuse la celebración de un referendo para luchar contra la corrupción, implantar un sistema político más democrático, con partidos más organizados y establecer un marco de legitimidad y transparencia en el ejercicio de la representación ciudadana que nos permitiera robustecer nuestra democracia, quise que fueran los colombianos quienes se adueñaran de su propio destino como comunidad política y tomaran las grandes decisiones por encima de los pequeños intereses partidistas.

Y hoy, más que nunca, ante este auditorio de empresarios antioqueños, sigo creyendo que el referendo es el camino.

El país entero ha depositado su fe y su esperanza en que reformas de fondo como la reducción del número de congresistas; la eliminación de los privilegios salariales y prestacionales de sus integrantes; la financiación transparente de las campañas; un nuevo sistema electoral y la inhabilidad perpetua de los corruptos, sean una realidad. Esta reforma política se va a hacer como aspiración colectiva de los colombianos.

Sin embargo, y para blindar esa incipiente reactivación económica que estaba siendo amenazada por una crisis especulativa de poderes, consideré indispensable iniciar un proceso de búsqueda de consensos, sin sacrificar la columna vertebral de la propuesta de renovación de la política colombiana.

Estos consensos, como tuve la oportunidad de mencionarlo en la instalación de las Mesas de Trabajo el viernes pasado, buscan garantizar las pensiones futuras de todos los colombianos, racionalizar las transferencias a las regiones y crear las condiciones necesarias para generar riqueza y empleo.

El primer punto que empezarán a debatir las Mesas de Trabajo la próxima semana y hasta el 7 de agosto, es sobre la reforma al régimen de pensiones.

Si bien es cierto que mi gobierno ha avanzado ya con la creación del fondo de pensiones territoriales y hemos dado algún alivio a los pensionados con el anticipo de 80.000 millones de pesos a las entidades territoriales para cancelar las mesadas atrasadas, hemos dicho que Colombia está sentada, sin exageración alguna, sobre una verdadera bomba pensional. Por eso tenemos que tomar el toro por los cuernos y asumir ya, con realismo y responsabilidad, el estudio de un tema que no nos es lícito eludir.

En cuanto a las finanzas territoriales, elpanorama no es menos alarmante. Es necesario asegurar un régimen que garantice la estabilidad y la eficiencia de las transferencias territoriales, para que los departamentos y municipios gasten menos en burocracia y más en inversión social.

La reforma que hemos propuesto del régimen de transferencias territoriales defiende los ingresos que por concepto de transferencias reciben departamentos y municipios y busca que, una vez dichas transferencias alcancen su tope en el 2001 para el situado fiscal y en el 2002 para las participaciones de los municipios en los ingresos corrientes de la Nación, crezcan en términos reales mediante una fórmula que desligue su cálculo de los avatares y variaciones propias de los ingresos corrientes de la Nación.

Permítanme brevemente explicar la conveniencia y la urgencia de la reforma para los entes territoriales. El año pasado, por ejemplo, la economía decreció 4.5 por ciento del PIB.Eso se tradujo en una caída de los ingresos corrientes de la Nación en un 7 por ciento. Como los ingresos de los entes territoriales están atados a los de la Nación, los ingresos de éstos también cayeron en un 7 por ciento. Si contáramos hoy con la fórmula que propone el gobierno, el crecimiento de los ingresos de los departamentos y municipios hubiera sido positivo. Algo similar pasó en 1998.

Con ello se cumple el doble propósito de preservar el papel fundamental de las transferencias en el proceso de descentralización, al tiempo que se garantiza la estabilidad de las finanzas públicas de la Nación y de los municipios.

Y, por último, tenemos el tema verdaderamente crucial de la generación de empleo y de riqueza en el país. Ninguno de los aquí presentes puede poner en duda que el drama más grave que viven hoy los colombianos es el del desempleo, que afecta a la quinta parte de la población en capacidad de trabajar.

Resulta claro que el primer aliado en la lucha contra el desempleo es la reactivación económica, gracias a la cual se incrementan la inversión, la producción industrial y agrícola, el comercio y, con todo ello, se generan más y mejores empleos para los colombianos.

Por otra parte, hemos creado el clima político necesario para que el Congreso apruebe, antes del cierre de la legislatura, los proyectos sobre racionalización de los fiscos departamentales y municipales, que permita que las entidades territoriales no se endeuden para pagar gastos de funcionamiento inoficiosos, así como la ley de juegos de suerte y azar, que le dará recursos nuevos a la salud que tanto necesitan los colombianos.

De la misma manera, hay un consenso para la aprobación durante el presente año, de la ley de modernización tributaria que permita bajar la tarifa del impuesto de renta y las retenciones en la fuente de los asalariados, y una trascendental ley que hemos denominado de responsabilidad fiscal, para cortar de un tajo la posibilidad de que el gasto público exceda las disponibilidades presupuestales.

Para generar ese clima de estabilidad política que permita mantener intangibles los propósitos que mencioné arriba, el gobierno consideró oportuno revisar el proyecto original de referendo presentado al Congreso de la República, en temas como el Tribunal de Ética, para hacerlo aún más fuerte y efectivo, y también estudiar la ampliación de los instrumentos de lucha contra la corrupción en la administración pública. De la misma forma, consideré necesario no insistir en las elecciones anticipadas del Congreso.

Desde estas tierras antioqueñas nuevamente hago un llamado a los sectores comprometidos con el propósito del cambio: empresarios, gremios, sindicatos, organizaciones no gubernamentales y la sociedad en general, para que se incorporen con generosidad a esta iniciativa que le abre caminos ciertos de esperanza a la Patria con las garantías para la paz, la convivencia y la justicia social que todos deseamos.

La búsqueda de la paz

Quiero compartir con ustedes unas reflexiones sobre la búsqueda de la paz y el momento positivo en el cual nos encontramos. Mi deber como gobernante es insistir, con persistencia pero también con responsabilidad, en el mandato que claramente me han dado todos los ciudadanos: soy consciente de que la paz es una causa y un propósito nacional y por eso mi dedicación permanente a avanzar en la solución negociada, sin abandonar ninguno de los principios fundamentales de nuestro orden institucional ni de nuestra democracia.

Con el Eln hemos avanzado en la construcción de una relación directa que ha permitido reconocerle a esta organización su status político, a partir del cual esperamos iniciar un diálogo formal que nos encamine hacia la paz. El punto de partida será la realización de un acuerdo nacional sobre el cual ya hemos venido conversando, y cuyo objetivo es definir las bases de la Convención Nacional y establecer la negociación directa entre el gobierno y esta organización alzada en armas. Se trata, sin duda, de unos elementos fundamentales que deben redundar en el establecimiento de un proceso firme que garantice resultados efectivos, tal como lo esperan todos los colombianos.

En relación con las Farc-Ep he tomado la decisión de prorrogar por seis meses más la zona de despeje con el fin de facilitar el proceso de negociación que ya se encuentra en marcha. Y lo he hecho porque está bajo mi responsabilidad no desaprovechar la oportunidad histórica que se presenta de dar un paso adelante de lo hasta ahora logrado con esta organización. En este sentido, con prudencia pero con determinación, vamos en la búsqueda de acuerdos sobre los temas de la agenda y hacia el logro de un Acuerdo sobre el cese al fuego y de hostilidades.

Asimismo, realizaremos la audiencia pública internacional sobre el tema del medio ambiente y los cultivos ilícitos, cuya realización tiene un doble significado. Por un lado, la importancia que en sí mismo tienen los temas a tratar. Y por otro, el que la audiencia se realice con participación de la comunidad internacional, en este caso representada por una serie de países amigos del proceso de negociación. La paz de Colombia debe ser construida y protagonizada por colombianos teniendo en cuenta su historia y su idiosincrasia. Pero no debe hacerse de espaldas al mundo porque son muchas las experiencias que hay que mirar y, sobre todo, porque es fundamental el apoyo que debemos recibir.

Aprovecho esta oportunidad para reiterar que la decisión de las Farc-Ep de proferir comunicados que atemorizan a la población o buscan suplantar a la autoridad legítimamente constituida, va en contravía del propósito de la Mesa de Negociación de generar hechos de paz. La pretendida intención de mostrarse como una organización con facultades para legislar y con una ficticia capacidad de implantar justicia, entra en contradicción con los principios fundamentales de la historia de nuestra sociedad. Las leyes, las verdaderas leyes, las que reflejan el anhelo de una sociedad, sólo son posibles si se realizan dentro de una democracia.

Los colombianos saben que la lucha contra la corrupción es uno de los grandes propósitos que he emprendido con el fin de darle al servicio público la grandeza que requiere para enfrentar con éxito los problemas de nuestra sociedad. Pero quiero insistir que la lucha contra la corrupción sólo tiene sentido si busca fortalecer la democracia y si sus métodos son democráticos. De nada sirve si se asume esta causa con actitudes totalitarias, sin tener en cuenta la existencia de una justicia independiente, si se apela a la amenaza de la violencia y si incluso se desafía a la misma comunidad internacional.

Señoras y señores empresarios antioqueños:

He querido hoy compartir con ustedes las señales positivas de un país que avanza, en medio de la adversidad, hacia buen puerto. Soy consciente de las enormes responsabilidades que implica liderar a Colombia, a la hora de ahora, cuando más se exige el concurso de todas las personas que honran a este país. Mi propósito sigue siendo entregar las bases sólidas para una Colombia en paz; con plena reactivación económica; con nuevas y modernas fuentes de trabajo; con una profunda transformación en las costumbres políticas. Y lo vamos a hacer juntos, los empresarios, los trabajadores, el gobierno, los estudiantes. Mi visión, como la de todos los antioqueños, es trabajar incansablemente para que esta Colombia, esta Antioquia que tanto queremos y que nos ha costado construir, sea la mejor esquina de América, educada, en paz, con un sentido de progreso colectivo y donde de la mano edifiquemos ese edificio colectivo que nos haga orgullosos de llamamos Colombia.

Lugar y Fecha

Medellín, Colombia
7 de junio de 2000