CONSTRUYENDO UN PAÍS PARA LOS PRÓXIMOS 100 AÑOS2017-12-18T11:47:16+00:00

Project Description

Palabras del presidente Andrés Pastrana Arango, en el Greater Houston Partnership.

Quisiera comenzar por agradecer al Greater Houston Partniship el reconocimiento a Colombia en el Foro Consular de este año. El sobresaliente cuerpo diplomático de Houston y el distinguido liderazgo ejercido por la Cámara de Comercio Junior han sido cruciales para destacar tanto la cultura de mi país, como sus oportunidades de negocios. También debo agradecer al ex presidente, George Bush, uno de los estadistas más importantes de este siglo, por honrarnos hoy con su presencia. Difícilmente se encuentra un mejor escenario que la capital energética del mundo, con los principales actores de sus sectores empresarial y energético, para hablar abierta y honestamente sobre Colombia.

Lo cierto es que cuando veo las noticias del mundo, o leo la prensa internacional, me pregunto si el país que allí aparece es el mismo en el que he vivido toda mi vida y el que me eligió para gobernarlo. Las noticias abarcan sólo una parte muy pequeña de la historia. Existe otro país, uno del que no se escucha hablar con tanta frecuencia. Un país que tiene debates sobre todos los temas, desde la forma política hasta la regulación del sector eléctrico. Un país que responde a la dinámica de las tasas internas de retorno, los costos de capital y el valor presente neto esperado de un proyecto. Un país que rara vez aparece en el noticiero de la noche.

Hoy estoy con ustedes para contarles la verdad sobre Colombia. Sin rodeos, sin negar la gravedad de nuestro conflicto armado. Sin mentiras sobre nuestra situación económica. Sin falsas promesas sobre el éxito de nuestro proceso de paz. No obstante, espero poder poner nuestros problemas en su debido contexto histórico y presentarles al país, que no aparece con mucha frecuencia en CNN. No el de los elevados Índices de homicidios sino el de la sociedad que animadamente debate su futuro, construye oleoductos, reforma su sistema educativo, realiza nuevos negocios y, ante todo, lucha cada día por sortear con éxito sus dificultades.

Debemos recordar que no podemos analizar un país como si se tratara de una imagen estática. La historia tiene el encanto de encuadrar los procesos dentro de su debido contexto, enseñándonos de dónde provienen los problemas y, lo más importante: zcómo se pueden resolver? Personas como ustedes, habituadas a pensar en el impacto de sus decisiones sobre las empresas que manejan en términos de los próximos 20, 30 ó 50 años, comprenderán cómo muchas de mis políticas no tienen la intención de aparecer en primera plana, sino de reconstruir la sociedad colombiana para los próximos 100 años. Salir en el noticiero es fácil. Construir una nueva sociedad no lo es. Perrnítanme. por tanto, hacer un breve recuento de dónde estamos, hacia dónde nos dirigimos y cómo pensamos llegar allá.

Los grupos guerrilleros en Colombia tienen orígenes diversos. Tienen muchas similitudes con los grupos subversivos de izquierda que surgieron en los 50,60 Y 70, a lo largo y ancho de América Latina. Sin embargo, también existen entre ellos profundas diferencias.

Los dos grupos guerrilleros que quedan en Colombia, conocidos como las Farc y el Eln tienen su origen en el conflicto rural y agrario y en la confrontación entre comunismo y capitalismo, respectivamente. Hoy en día, ambos grupos sobreviven económicamente con el producto de la extorsión y el secuestro y, más recientemente, mediante el cobro de una tarifa de intermediación sobre la producción de coca en zonas de cultivo.

Las enormes sumas de dinero procedentes del narcotráfico constituyen un factor clave en la permanencia de la guerrilla colombiana. El dinero de los consumidores de drogas en todo el mundo explica la duración de nuestra guerrilla, cuando la mayoría de los movimientos de esta naturaleza han desaparecido en el mundo. Mi país es más la víctima que el villano cuando de drogas se trata. Colombia ha sufrido extraordinarias pérdidas en la llamada guerra contra la droga. La pérdida de vidas humanas y el deterioro de nuestra economía, el sistema judicial, y la sociedad en general, no tienen paralelo. La guerrilla más antigua en el continente americano no debe atribuirse exclusivamente a nosotros. La comunidad global comienza a enten- der que el ayudar a Colombia a liberarse de la guerrilla en nuestras montañas, los ayudará a ellos a acabar con los adictos y traficantes de sus calles.

Cuando miramos hacia nuestros países vecinos, encontramos que ellos ya han superado sus problemas con la subversión. Colombia se merece la misma suerte. Es por eso que mi administración fue elegida sobre una plataforma de paz y cambio. La sociedad colombiana, por primera vez en 40 años, se ha unido para decir NO MÁS a la violencia. Desde octubre de 1997 cuando a través de una votación histórica, los colombianos depositaron masivamente un voto por la paz, se han presentado marchas apoyando la paz a lo largo y ancho del territorio nacional.

Colombia no afronta una guerra civil. Las guerras civiles implican el enfrentamiento de dos sectores distintos de la sociedad. Son cuan- do representantes de los intereses de diferentes grupos, luchan entre sí. La nuestra es una confrontación de menos de 20 mil hombres armados contra toda nuestra sociedad. Este es un conflicto de desestabilización. Las encuestas son claras: menos del cuatro por ciento de los colombianos apoyan a la guerrilla. Mi pueblo está hastiado de los secuestros, de los ataques a la infraestructura y a la población civil. Estamos decididos a acabar con más de 40 años de desestabilización por parte de la guerrilla. Este es un conflicto único que requiere una solución única y estamos comprometidos a encontrarla y a hacerla posible.

Sin embargo, se trata de un proceso. Los procesos implican pasos en una dirección. Uno a la vez. Los procesos toman tiempo. Miren a El Salvador. Miren a Guatemala. Consideren el ejemplo del Ejército Revolucionario Irlandés y miren los resultados en España. Ninguno se logró de la noche a la mañana, pero al final, con paciencia, perseve- rancia y tiempo, los beneficios se hacen evidentes en las sociedades que han tenido la fortaleza y la voluntad de persistir.

Tenemos que construir una nueva sociedad. Tenemos que reintegrar a esos 20 mil hombres que, a lo largo de cuatro décadas, han desestabilizado nuestra sociedad. Juntos tenemos que construir un país en el que tengan cabida tanto política como económicamente. Es la única forma en la que abandonarán sus armas y sus medios ilícitos de sustento. La experiencia demuestra que para obtener un paz duradera, a los grupos armados se les debe otorgar espacio político y viabilidad económica. Estamos decididos a encontrar una forma para que aquellos que aparecen en sus titulares por la voladura de una torre de transmisión o un oleoducto puedan expresarse y ganarse la vida, sin recurrir a la violencia.

Nuestra meta consiste en hacer posible la movilidad social y permitirles una verdadera participación política a todos los colombianos. No hay paz posible si el pueblo no tiene la esperanza de tener acceso a oportunidades. Esas oportunidades que les han sido negadas sistemáticamente a lo largo de nuestra historia. No hay paz posible con un sistema político que perpetúe a los suyos en el poder y no permita el acceso equitativo para todos.

Esto no es fácil. Si alguien aquí tiene una receta de cuatro renglones, o puede dar una fórmula mágica, la recibiré gustosamente. Si alguien puede dar una solución tan buena que produzca resultados en tan sólo doce meses, personalmente lo no minaré para el premio Nobel de la paz. Llevo el periodismo en la sangre como profesión y como pasión. Pero si alguien puede enseñar me cómo lograr que la prensa publique una noticia con los complejos detalles de un proceso de paz, lo contrato de inmediato. Los procesos no dan para titulares. Una buena foto, sí. La mayor parte del verdadero trabajo hacia la paz se realiza en silencio y en medio de profundos debates conceptuales. Y es que así debe ser. Estamos construyendo un país para los próximos 100 años, no para el próximo noticiero de 20 minutos.

Entonces, sí, mi administración le apostó a la creación de un espacio para negociar la paz que reclaman los colombianos. Y, sí, hemos establecido una zona de distensión neutra.Y,sí,tomamos la decisión de retirar la fuerza pública de cinco municipios del territorio nacional. Esta es una parte importante de nuestro compromiso por la paz.

Pero veamos los hechos, analicemos las estadísticas y veamos la verdadera magnitud de lo que se hizo:

• El ejército de las Farc está conformado por menos de 18 mil hombres.

• Sólo el 0,25 por ciento de la población colombiana vive en la zona de distensión.
• La mayoría de los 42 mil kilómetros del área es terreno montañoso, selvático e infértil.

• Menos del 0,003 por ciento del PIBde Colombia proviene de esta zona.

La zona de distensión es una gran concesión temporal creada por ley. No interfiere con los funcionarios elegidos democráticamente en la zona. Cuenta con una fuerza de policía cívica encargada de proteger a la población civil. Sin embargo, yeso es lo fundamental, se trata sólo de una pequeña parte del territorio nacional. El resto del territorio, donde habita el otro 99 por ciento de los colombianos, el gobierno y los militares imponen la ley y el orden y protegen la vida, la libertad y la propiedad de todos los colombianos. El Estado colombiano no ha renunciado, ni renunciará jamás a su obligación de hacer cumplir la ley en el territorio nacional. No ha evitado, ni evitará jamás procesar a las personas al margen de la ley. Aclarémoslo de una vez por todas: no hemos renunciado, ni renunciaremos jamás a la integridad de nuestro territorio. No hemos creado, ni crearemos jamás un refugio para algo distinto a poder adelantar negociaciones con la guerrilla de conformidad con el legítimo clamor de paz de mis compatriotas.

Lo que les pido hoyes que visualicen el conflicto colombiano en su contexto histórico. Que miren más allá del secuestro del avión o de la zona de distensión y que recuerden de dónde venimos en América Latina. No hace mucho existían el Sendero Luminoso en el Perú, los Montoneros en Argentina, o los rebeldes de Centroamérica. Nuestros vecinos superaron sus conflictos y, así lo haremos nosotros. Sabemos hacia dónde vamos. No podríamos tener más clara nuestra dirección. Vamos a construir una paz duradera. Ya hemos avanzado ostensiblemente en ese sentido. Nuestro plan para la paz, la democracia, y el fortalecimiento del Estado se ha debatido ampliamente al interior del país y está logrando cada vez más apoyo tanto de los Estados Unidos como de toda la comunidad internacional.

Pero el hecho es que estamos viviendo un conflicto armado. Entonces por qué deben invertir en Colombia en medio de un proceso de paz?

No estamos en búsqueda de compasión ni caridad. Colombia está lejos de necesitar caridad cuando de negocios se trata. Para nadie es un secreto que es posible obtener utilidades en medio de situaciones complejas. O si no, pregúntenle a Occidental, que se hizo a un nombre dentro de la industria petrolera al apostarle al futuro de Libia; o a aquellos que invirtieron en la Alemania de la posguerra, en condiciones de hiperinflación y crecimiento negativo.

Colombia tiene importantes activos que no desaparecen ni siquiera en medio de la recesión y los disturbios sociales. Somos el cuarto mercado dé América Latina, con una tasa de crecimiento históricamente estable. Nuestra posición geográfica como puerta de entrada al Pacto Andino nos convierte en el corredor hacia la segunda zona económica de América Latina a y a todo Centroamérica.
Los malos indicadores de nuestra economía no son producto del conflicto armado. Se originan en un manejo de la economía lamentable por parte de anteriores gobiernos.

Un exceso de liquidez, fue seguida de sucesivas expansiones fiscales y luego una fuerte contracción monetaria con el fin, aun incomprensible para mí, de mantener artificialmente una tasa de cambio sobrevaluada. Esto condujo a un notorio aumento en las tasas de interés, lo que a su vez se tradujo en la más severa recesión de la economía colombiana durante los últimos 70 años.

La solución a nuestras dificultades económicas es tan evidente como su diagnóstico. Necesitamos de una estricta ortodoxia económica y la hemos estado ejerciendo desde el primer día de mi mandato. Los resultados comienzan a verse. Las tasas de interés se han reducido a la mitad en los últimos doce meses. Hemos anclado nuestra tasa de inflación en su nivel más bajo de las últimas tres décadas. Estamos cerca de eliminar el déficit de la balanza comercial. Todo esto ha sido reconocido por el Fondo Monetario Internacional al aprobar un importante crédito que servirá para dar una mayor estabilidad a nuestra balanza de pagos.

Sin embargo, la mejor prueba de que lo fundamental de la economía está bien encaminado es la reciente eliminación de la banda cambiaria. La fluctuación del peso colombiano no ha generado mayores sobresaltos, ni una devaluación exagerada. De hecho, ha pasado prácticamente inadvertida. Difícilmente se puede encontrar mejor indicador de la solidez de nuestros fundamentos macroeconómicos. Vamos a resolver nuestras dificultades económicas en el corto plazo. Podremos ofrecer no solamente las condiciones contractuales de Latinoamérica, sino también una economía robustecida. La estabilidad ha sido la característica más sobresaliente de nuestro mercado. Se reafirmará nuestra historia de crecimiento y de condiciones económicas estables. Colombia se ha caracterizado por cumplir cada una de sus obligaciones contractuales y financieras, hasta la última cláusula del último contrato ha sido honrado por Colombia. Esto no se aplica en los titulares. Lo sé muy bien. Pero es cierto. Colombia siempre ha sido, y continuará siendo, un destino atractivo para la inversión extranjera.

Aun bajo las condiciones más adversas, Colombia nunca ha cedido ante la tentación del populismo, los sindicatos actualmente le piden al gobierno que declare la moratoria en el pago de la deuda externa. Mi popularidad llegaría a niveles exorbitantes si duplicara el gasto y no cancelara nuestras obligaciones financieras internacionales. Afortunadamente, no estoy cerca de sacrificar 50 años de historia por cinco minutos de gloria.

Invertir en Colombia es una decisión sólida y rentable. Es absolutamente cristalino el compromiso de este gobierno para lograr un mejor clima para la inversión extranjera. El sector petrolero es nuestro mejor ejemplo. En los primeros doce meses de mi administración, todos y cada uno de los problemas económicos y ambientales que habían sido expresados por los inversionistas como obstáculos para emprender actividades de exploración, se han resuelto. Hemos modificado el régimen de regalías, hemos aumentado la participación privada en los contratos de asociación y hemos reducido a la mitad los términos para los trámites ambientales. Sería muy difícil encontrar una mejor prueba de nuestra determinación.

Pero no solamente nos estamos recuperando en el sector petrolero. Pueden preguntarle a sus colegas aquí presentes qué piensan sobre invertir en Colombia. Muchos de ellos no sólo están en Colombia, sino que no quieren irse y están activamente explorando nuevos negocios.

Exxon, que lleva más de 80 años en Colombia, acaba de firmar una ampliación por 25 años más para continuar operando la mina de El Cerrejón. Pueden preguntarles a ellos si se pueden hacer negocios en Colombia.

Enron, que lleva cinco años en Colombia, está aceleradamente ampliando su participación en Colombia en varios frentes. Construirán un nuevo gasoducto para la exportación de nuestro gas hacia Centroamérica. Están explorando la posibilidad de instalar una planta de tratamiento de gas en el piedemonte colombiano y están considerando la opción de entrar al negocio de generación eléctrica. Pregúntenles a ellos por Colombia como lugar para invertir y crecer.

Reliant-Houston Industries realizó su primera inversión en Colombia en 1997, cuando compraron activos de distribución y generación para zonas rurales. Un año después, compraron el control de todas las compañías distribuidoras de la Costa Atlántica colombiana. ¿Habrían invertido cerca de 1.2 billones de dólares, si no pensaran que Colombia representa un mercado promisorio y rentable?

Solamente el año pasado, Drummond duplicó su inversión en Colombia con la meta de alcanzar una producción de 13.5 millones de toneladas anuales en el año 2002. La ubicación de Colombia es perfecta para aumentar la participación en el mercado de los Estados Unidos. Hoy nos cuentan la buena noticia de que llegarán a su meta en el próximo año. Drummond puede contarles sobre su competitividad al exportar desde Colombia en un negocio donde se cuentan los centavos.

Occidental, tristemente una de las compañías más afectadas por la guerrilla colombiana, no solamente ha permanecido en Colombia, sino que empezará a explorar uno de los prospectos más promisorios de Latinoamérica a finales de este año. Ellos pueden decirles de primera mano que, a pesar de las dificultades, el gobierno colombiano es un socio firme y confiable. Ellos han estado en el país durante 25 años y planean quedarse varios más.

Podría seguir así interminablemente. Pero en lugar de tratar de venderles los proyectos que estamos ofreciendo ahora, los invito a hablar con la gente que ya está en Colombia. Hablen con los que sí conocen el país donde yo vivo.

Aquellos que saben de la calidad humana de los colombianos, de su habilidad y creatividad para los negocios, los que hacen imposible pensar en el futuro sin optimismo. Aquellos que entienden que lo que tenemos por delante son muchas más oportunidades que problemas. Aquellos que serán nuestros aliados para escribir los siguientes años de una historia mutuamente beneficiosa.

Un sentido histórico nos permite dar un paso atrás y observar la dinámica de un proceso en movimiento. Podrán juzgar si nuestra garantía de estabilidad económica es algo más que una promesa sin fundamento. Un sentido histórico les permitirá mirar hacia el futuro, como lo hago yo, con profundo optimismo.

¿Por qué estamos luchando por ofrecerle mejores condiciones al inversionista privado? Hoy hemos estado hablando con la verdad y con ella voy a terminar. No es por ustedes. No nos interesa que tengan un mejor retorno sobre su inversión en Colombia. Mi preocupación es por el futuro de los 40 millones de colombianos, que se merecen el mejor futuro posible gracias a su inversión.

Lugar y Fecha

Houston, Estados Unidos
20 de octubre de 1999