COORDINANDO ESFUERZOS COLOMBIA HA LOGRADO NOTABLE ASCENSO EN LA DIMENSIÓN COMERCIAL DEL ORDEN INTERNACIONAL2017-12-18T11:47:24+00:00

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Discurso del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, pronunciado ante la XXX Asamblea de la Asociación Nacional de Comercio Exterior, Analdex

La política internacional ya no puede pensarse de acuerdo con los clásicos esquemas del realismo político. Este es un hecho conocido. Si hasta hace algunas décadas el orden mundial se concebía como un frágil equilibrio entre Estados ansiosos de preservar o incrementar su poder, basándose sobre todo en el uso de la fuerza, ahora ni el Estado es el único protagonista ni la fuerza es el principal instrumento. Un político tan emblemático del realismo como Henry Kissinger ya decía en 1975: «Estamos entrando en una nueva era. Los viejos modelos internacionales se están desmoronando».

Ahora, a pesar de la subsistencia del Estado y del interés en la preservación o el aumento de poder, pensar en el orden internacional exige una mirada más compleja: instituciones internacionales, empresas transnacionales y Organizaciones No Gubernamentales son actores decisivos en este escenario. Asimismo, el poder se ha separado de lo puramente militar para abarcar también las relaciones económicas o culturales. Al tablero de juego se le han sumado nuevos jugadores y se han multiplicado también las jugadas posibles.

No cabe duda, en lo que se refiere a la realidad colombiana, de que tales cambios amplían las oportunidades de acción, y que ahora podemos desenvolvernos en más escenarios.

Dentro de éstos el del comercio es uno de los fundamentales. Como la economía se ha globalizado y como el poder, en cierta medida, se ha economizado, nuestra inserción en el mercado mundial resulta definitiva para nuestro posicionamiento internacional. Del éxito que consigamos depende no sólo una mejoría de nuestro capital y de nuestra situación laboral, sino también de nuestra situación, como sociedad, en el competido orden internacional.

El reto es sumamente exigente y, por eso, no cabe aquí ninguna improvisación. Si queremos aprovechar las oportunidades de acción que brinda la diversificación del concepto de poder, tenemos que plantearnos metas estructuradas, ambiciosas y pensadas a largo plazo. Este precisamente ha sido el propósito del Plan Estratégico Exportador y de la Política Nacional para la Productividad y la Competitividad.

Como lo han reconocido recientemente los analistas y aun los candidatos por suceder me, éste ha sido uno de los logros más meritorios del actual gobierno. Más allá de la competencia electoral está claro que el país ha conseguido diseñar una estrategia sólida de comercio exterior y que, independientemente de los resultados en las urnas, ella deberá mantenerse.

La Política de Productividad y Competitividad ha presentado resultados importantes, derivados principalmente de la visión conjunta construida entre el sector público, el sector privado y la academia, así como del diseño de una agenda concreta relacionada con el desarrollo y fortalecimiento de la competitividad del país.

En la medida en que este esfuerzo iniciado durante mi gobierno tenga continuidad, se avanzará no sólo en las acciones definidas en las cinco estrategias del Plan Estratégico Exportador, sino también en la cultura de rendición de cuentas, en la cual se pretende que tanto el sector público como el privado asuman responsabilidades y se comprometan a hacer una evaluación periódica de los esfuerzos realizados. Durante mi gobierno la hemos aplicado, mediante los encuentros semestrales de competitividad, y los resultados saltan a la vista.

No casualmente el año pasado las exportaciones no tradicionales aumentaron un 16,7 por ciento. No casualmente las cadenas productivas que han suscrito los convenios de productividad mostraron un crecimiento del 29 por ciento en las exportaciones durante el primer trimestre de 2001. No casualmente el 64 por ciento de los nuevos empleos en el año 2000 se crearon en el sector exportador. No casualmente las exportaciones hacia la Comunidad Andina aumentaron en un 31 por ciento y hacia Brasil en un 69 por ciento. No casualmente informes como el del Reporte Global de Competitividad o el del International Institute for Management Development (IMD) destacan los positivos cambios en nuestro sector exportador.

En esto no ha habido trucos ni nada proveniente del azar: no hemos mejorado nuestros ingresos por exportaciones mediante el artificio de la devaluación. Lo que hemos conseguido ha sido el resultado de una política concertada entre el Estado, los empresarios y la academia para aumentar y diversificar la oferta exportable de bienes y servicios, incentivar e incrementar la inversión extranjera, fomentar la cultura de la calidad y la exportación, hacer competitiva la actividad exportadora y regionalizarla para que todas las Zonas del país definan su visión y su vocación exportadora de largo plazo. Coordinando nuestros esfuerzos hemos conseguido un notable ascenso de Colombia en la dimensión comercial del orden internacional.

Lo importante ahora es mantener el esquema para potenciar nuestros éxitos y afrontar correctamente las negociaciones en agenda. De conseguirlo, como lo ha sugerido la Ministra de Comercio Exterior, podremos llegar al finalizar esta década a la meta de 30.000 millones de dólares por concepto de exportaciones. Seguramente, de continuar trabajando con la misma coherencia y empeño, podremos alcanzarla.

Con relación a las claves para proseguir con buenos resultados el proceso, hay dos tareas que quisiera destacar: la necesidad de incre- mentar el valor agregado de nuestras exportaciones a través de un más alto componente tecnológico y la urgencia de planear conjuntamente nuestra inserción en los acuerdos comerciales subregionales, regionales y multilaterales.

Como ya lo he mencionado en otras ocasiones, el componente material de la riqueza e, incluso, los bajos costos laborales, ya no constituyen ventajas competitivas. Ahora lo fundamental es la calificación del capital humano, el mejoramiento de los procesos de gestión, la incorporación de altas dosis de conocimiento y la diferenciación de los productos. Podría decirse que la prosperidad, esa palabra tan necesaria para construir un país viable, se ha concentrado en factores inmateriales.

La prioridad, ahora, es diversificar la producción y las exportaciones en función de la demanda mundial y de las preferencias de los consumidores de los mercados más exigentes, incluyendo productos con mayor valor agregado y mejor diseño, mayor calidad, mayor servicio al cliente, más alto componente tecnológico y marcas propias.

Al respecto estamos mejorando. Por ejemplo, vale la pena mencionar que, de acuerdo con cálculos de la ANDI, entre enero y mayo del presente año las exportaciones industriales de tecnología han pre- sentado un crecimiento de 24.6 por ciento, representando el 29 por ciento de las exportaciones industriales totales. Esta tendencia favorable se ha presentado desde el año 2000, en que el crecimiento anual de las exportaciones de alta tecnología alcanzó un nivel de 27 por ciento.

Ese incremento, una vez se tiene en cuenta que nuestras exportaciones tradicionalmente han sido materias primas o bienes con un bajo nivel de elaboración, demuestra un significativo cambio en su composición y una tendencia que vale la pena reforzar. Si bien hemos progresado, informes como el del Foro Económico Mundial delatan que, en el campo de la gestión estratégica de la innovación y la tecnología, entendido como un componente esencial de la capacidad de darle valor agregado a los productos, aún estamos lejos de las posiciones de vanguardia e, incluso, de los países líderes a nivel latinoamencano.

En esos términos, es fundamental la participación de las empresas y de las universidades, tal como se está haciendo en los Carce, en las Incubadoras de Empresas y en los Centros de Desarrollo Tecnológi- co, para ponernos al día y, por lo menos, nivelarnos frente a los estándares internacionales.

Asimismo, con la nueva posibilidad de las Zonas Económicas Especiales de Exportación, cuya ley he sancionado recientemente, recibi- remos importantes transferencias de tecnología que, de seguro, colaborarán decisivamente en la tarea de cualificar nuestros procesos industriales, orientar las exportaciones hacia los sectores de punta y mejorar, en general, la competitividad de nuestros productos.

En este sentido, aparte de la dimensión tecnológica, ha tenido especial importancia la simplificación y facilitación de los procedimientos de importación y exportación, con el fin de reducir los costos administrativos imputables a la gestión aduanera en las operaciones de comercio exterior. La reducción a tres pasos de los procedimientos de exportación, la creación de la figura de los Altex y de los Programas Especiales de Exportación denominados «Paquete Completo» –cuya reciente ampliación y profundización han constituido un avance significativo en el apoyo del gobierno a la gestión exportadora- son instrumentos novedosos que yo los invito a analizar y a utilizar. Con ellos, como facilitadores de un proceso, haremos realidad la creciente vocación exportadora de todas nuestras empresas.

Con relación a la inserción en acuerdos subregionales, regionales y multilaterales. debemos entender que ésta constituye nuestra gran oportunidad pero también nuestro principal desafío. Por ello resulta tan urgente contar con una estrategia proactiva de fortalecimiento de nuestro aparato productivo y desarrollo agresivo de nuestras exportaciones para construir la posición negociadora del país. De- bemos definir prioridades y contar con la información suficiente para obtener, pensando en el largo plazo, el mejor provecho de estas oportunidades comerciales. Una vez está claro que la globalización de la economía es un proceso sin retorno, no debemos apuntar a metas inmediatistas sino a objetivos que antepongan el futuro al presente. Debemos potenciar nuestra posición negociadora y, para ello, hay que tener claro nuestro objetivo frente a las negociaciones comerciales, que no es otro que garantizar que, a través del proceso de integración y de la mayor liberalización del comercio, se puedan alcanzar mayores tasas de crecimiento económico, generación de empleo y mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos.

Partiendo de este propósito, la posición del país deberá ser proactiva y no reactiva ni meramente defensiva como la del pasado, de tal manera que permita un mejor acceso para nuestros bienes y servicios en los diferentes mercados. Así, le daremos a Colombia la posibilidad de contar con instrumentos de desarrollo del sector productivo que nos permitan aumentar nuestra participación en el comercio mundial por encima de ese pobre 0,2 por ciento en que estamos estancados hace más de 10 años.

Tal posición implica el desarrollo de una inteligente estrategia y creo que la mejor, para potenciar los efectos de nuestra inserción en el mercado mundial, es fortalecer los vínculos más locales y, así, pasando de lo más cercano a lo más global, enfrentar luego como un bloque unificado los otros niveles.

En ese sentido, el trabajo que hemos venido adelantando con la Comunidad Andina es fundamental. La vocería única en el ALCA que ha venido liderando Colombia permitirá que las preferencias obtenidas en la Subregión no se erosionen. La actualización de las normas sobre Propiedad Industrial; la expedición de las Decisiones sobre el Reconocimiento de los Documentos Nacionales de Identificación y de los Certificados de Conformidad de producto con Norma Técnica, son hechos que muestran avances importantes en la integración subregional.

Por otra parte, la conformación de una Comisión Binacional con Venezuela para presentar iniciativas en el campo económico y comercial, y la firma con Perú de Protocolo para aplicar el Acuerdo de Protección y Promoción de las Inversiones, también demuestran avances en la integración.

Sin embargo, aún tenemos con la Comunidad Andina tareas funda- mentales para hacer viable el proceso de integración y consolidar el dinamismo comercial alcanzado. Colombia ha propuesto una agenda inmediata que concentre esfuerzos en temas prioritarios que nos lleven a cumplir y culminar los procesos pendientes para consolidar tanto la Zona de Libre Comercio como la Unión Aduanera, que, en teoría, debería estar hoy funcionando plenamente. Constituyen tareas prioritarias la aplicación plena del arancel externo común, el diseño de una política agrícola común, la liberación de servicios y la adopción de un régimen de compras estatales y de una política de relacionamiento externo conjunto.

Asimismo, en el importante marco del Grupo de los Tres, que relanzamos con nuevos bríos, se abrió ya la posibilidad de acelerar la desgravación y de conceder, para el sector textilero, una dispensa transitoria a Colombia mientras se modifican las reglas de origen. Queda pendiente conseguir acuerdos de reconocimiento mutuo en materia de normas técnicas y realizar la negociación del sector automotor en cuanto a intercambio compensado y normas de origen. México, tanto por su pertenencia al Tratado de Libre Comercio como por representar en sí mismo un gigantesco mercado y un significativo inversionista, debe constituirse en un aliado imprescindible de nuestro proceso de internacionalización.

Todo esto, como sabemos, debe conducir a potenciar nuestra posi- ción en las negociaciones del ALCA, el gran Área de Libre Comercio de los 34 países del hemisferio, las cuales cambiarán para siempre la geografía económica mundial a partir del primero de diciembre del año 2005. Si logramos, en el ámbito interno, consolidar un equipo negociador con una activa participación del Estado, el sector privado, la academia y el conjunto de la sociedad civil, y si, en el plano externo, tenemos una estricta coordinación con los equipos de los países más cercanos, podremos anticipar escenarios, adaptarnos con flexibilidad a sus cambios y, en conjunto, vigorizar nuestra capacidad negociadora.

No hay que olvidar que a los países del ALCA pertenece el 28 por ciento de las importaciones mundiales; que en el área viven 800 millones de personas; que casi el 80 por ciento de nuestras exportaciones se dirige a este grupo de naciones; que para el año 2000 estos países invirtieron más de 8.800 millones de dólares en el nuestro y que nuestra balanza comercial con ellos, desde 1998, es notoria- mente ascendente. En este reto colectivo por construir un hemisferio que comercie en libertad y crezca en prosperidad, capaz de crear nuevos empleos y de generar inversiones, Colombia debe tener una participación tan activa como beneficiosa.

Como dijo el doctor Luis Carlos Villegas, Presidente de la ANO!, en el V Encuentro para la Productividad y Competitividad en Medellín, el próximo período presidencial de Colombia será el Gobierno del ALCA. Como la fase más importante de nuestro actual proceso de internacionalzación, constituye una oportunidad que no debemos desaprovechar. Para ello, en mi Gobierno hemos trabajado sin descanso durante estos últimos tres años a efectos de construir unas bases muy sólidas de Productividad, Competitividad, Cadenas Exportadoras y orientación al mercado externo que nos convierten en un país ganador de la integración hemisférica.

Estimados amigos:

Dentro del complejo orden mundial, con sus múltiples niveles de acción, sus variados actores y dimensiones, el comercio es uno de los campos decisivos. Hoy por hoy el comercio mundial está creciendo a un ritmo casi tres veces superior al de la producción mundial, configurando, a la par con el auge de las comunicaciones, una de las esferas más dinámicas de la globalización.

La cuestión entonces es evaluar constantemente nuestras ventajas y debilidades y definir las mejores estrategias para posicionarnos en sus redes. Los empresarios, las universidades y el Estado debemos continuar actuando conjuntamente tal como lo iniciamos con nuestro Plan Estratégico Exportador y, ahora, con nuestro Equipo Ne- gociador, para lograrlo. Sólo así, con esa cooperación, con la firme voluntad de trabajar por una visión común de país y de largo plazo, conseguiremos ponernos a la altura de los tiempos y, con un adecuado aprovechamiento de los acuerdos internacionales, podremos seguir mejorando nuestros niveles de competitividad y llevando el país al camino de la prosperidad.

Aquí está la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), con sus tres décadas de existencia para probarlo. Han sido 30 años de trabajar desde la empresa privada por que Colombia, tal como ocurre hoy, sea un país cada vez más diversificado y competitivo en su comercio con las demás naciones del mundo. Hoy por hoy, de la mano con el Gobierno Nacional, estamos avanzando en esa meta promlsona.

Sirva, entonces, este importante aniversario para exaltar la labor de la Asociación, a la que hoy condecoramos con la Orden Nacional al Mérito, por su inmenso aporte al desarrollo de nuestra economía. Al doctor Javier Díaz, que hoy la dirige con visión de patria y de futuro, ya todos sus directivos y miembros, hoy les extiendo mis más entusiastas felicitaciones.

Ustedes, como impulsores de ese motor de la economía que es el comercio exterior, son la prueba palpable de que cambiar de actitud y decidirnos a conquistar el mercado mundial, estimulados por los resultados positivos de estos últimos años, es una elección nuestra y sólo nuestra. Estoy seguro de que no resultaremos inferiores a este desafío.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia

10 de agosto del 2001