DESDE LA DIÓCESIS DE GARZÓN QUE CUMPLE UN SIGLO EXPANDIENDO LA PALABRA DE JESÚS, IRRADIAMOS UN MENSAJE DE ESPERANZA Y FE EN NUESTRO PAÍS2017-12-18T11:47:18+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, en la celebración del Centenario de la Diócesis de Garzón.

Hoy Garzón está de fiesta. La mirada religiosa de Colombia está puesta en esta ciudad que con júbilo y devoción celebra los primeros cien años de su designación como Diócesis.

Y en este día tan significativo, me embarga la nostalgia al recordar las bellas palabras que pronunciara mi padre, el presidente Misael Pastrana Borrero, un abril hace casi treinta años, cuando recibía la consagración episcopal nuestro querido Pastor Diocesano, Monseñor Libardo Ramírez Gómez. En aquella ocasión, mi padre describió el sentimiento que hoy comparto al pisar este suelo que llena la historia de mis ancestros, y por ello, no vacilo en acudir al saludo vibrante y emotivo con el cual abrió su discurso en esta misma plaza: «Estoy seguro de que ustedes comprenderán que hoy, al dirigirme a la gente de mi departamento, me mueve un sentimiento de emoción y al mismo tiempo de orgullo. Un sentimiento de emoción al reencontrarme con mi pueblo, de estar en esta ciudad, en esta plaza que conoció tantos sueños de mi juventud y cruzarme de nuevo con tantas miradas de gente que conmigo comulgaba no hace muchos años con las mismas ideas, pensando en el destino de Colombia y en el de esas ideas. Y orgullo, puesto que no hay uno más grande para el gobernante que sentir el afecto de su pueblo, porque cuando éste se expesa, implica que no es un gobernante lejano, sino un gobernante que es capaz de acercarse a tomar el pulso de la gente y escuchar el latido de las esperanzas».

Hoy, como mi padre ayer, he venido también para tomar el pulso de la gente y escuchar el latido de las esperanzas. Con esas afectuosas palabras, que son testimonio de la amistad entre este pueblo y mi familia, quiero dar comienzo a la celebración en la que pastores y fieles conmemoramos cien años de la mejor siembra espiritual, aquella que nos permite avizorar a tiempo, una abundante cosecha de paz y esperanza para los colombianos.

La Diócesis de Garzón cumple un siglo cultivando la fe de nuestro pueblo, un siglo dedicado a llevar el Evangelio a los corazones de los creyentes del Huila, un siglo en el que cientos de vidas han sido consagradas al servicio de la comunidad y en el que su inagotable labor ha contribuido al progreso de 22 municipios. La recompensa al arduo trabajo de los siete Obispos que ha tenido la Diócesis es -como señalaMonseñor Libardo la satisfacción de tener «una comunidad viviente y actuante».

Hoy, cien años después, reconocemos que la constitución de la Diócesis ue uno de los acontecimientos más notables en la historia de Garzón, pues creó una nueva identidad religiosa y política de la que todos nos sentimos orgullosos.

Contaban nuestros abuelos que además de su estratégica ubicación en el centro del Huila, existieron otros motivos que influyeron en la designación de esta ciudad como capital religiosa del departamento, razones que hasta nuestros días se mantienen vivas porque es Garzón proverbial por su fe y su amor a la Iglesia.

Cuando llegaron las autoridades eclesiásticas para conocer la sede de la posible nueva Diócesis, encontraron que aquí se había edificado un templo magnífico que podía servir de Catedral; que con la generosidad de los vecinos se estaba levantando un edificio para el Seminario y, además, se sorprendieron gratamente al conocer que muy cerca ya existía un colegio de curas.

Todas esas condiciones abonaron el camino para que el 20 de mayo del año 1900 Su Santidad el Papa León XIII expidiera el decreto que textualmente señalaba: «…esta Diócesis ha de llamarse de Garzón bajo el título de la ConcepciónInmaculada de la Virgen, con todos los derechos, privilegios y prerrogativas y demás ventajas que poseen las catedrales de Colombia».

De esta forma, la comunidad diocesana inició un largo recorrido en el que, además de recibir permanentemente la guía espiritual de sus obispos, sacerdotes y apóstoles laicos, vio llegar el progreso a sus pueblos a través de colegios, escuelas, hospitales, obras públicas, parroquias, programas de vivienda y de apoyo a la cultura.

Fue precisamente en los albores del siglo pasado, y atraído por esos vientos de progreso que soplaban en la región, cuando llegó a Garzón mi abuelo don Misael Pastrana Pastrana, para ocupar las gerencias del Banco Agrícola Hipotecario y de la Caja Agraria. Vino acompañado de mi abuela doña Elisa Barrero y de sus hijos Hernando, Irma, Misael, Elisa e Inés, quienes rápidamente establecieron una entrañable amistad con la gente de este pueblo. Un especial recuerdo guardó mi padre de la familia Ramírez Gómez, con quienes compartió paseos a la hacienda San José, propiedad de don Pacho Ramírez,
padre de monseñor Libardo.

Justamente quiero compartir con ustedes una anécdota que ocurrió en unas vacaciones poco antes de que finalizara el bachillerato. Era 1938 Y tenía apenas quince años cumplidos cuando recibió la invitación del médico Rafael Azuero Manchola, un respetado político de la región, para acompañarlo en su gira por el sur del Huila. Fue tal el éxito del debut en la plaza pública del «manita Pastrana», como lo llamaban cariñosamente sus amigos, que el dirigente conservador le mandó un telegrama a mi abuelo que decía: Misael Pastrana (Punto). Caja Agraria (Punto). Garzón (Punto). Coraje, elocuencia mono, arengó conservadores Teruel, fiel reflejo aspiraciones tuyas (Punto). Firmado: Azuero.

Infortunadamente mi abuelo, quien siempre vio en su hijo Misael un gran futuro, no alcanzó a verlo convertido en abogado, pues murió ocho días antes de la ceremonia de graduación. Aquí en Garzón, y después de una vida dedicada al trabajo y a sus seres queridos, terminó prematuramente sus días en esa casa que tan emocionados recuerdos hoy me inspira.

Muchas veces nos trajo mi padre para visitar a mi abuela, y de esos viajes siempre he guardado en mi memoria los paseos al parque, la misa en la Catedral, el señorío y la mística del Seminario, la arquitectura de las parroquias de Nazareth y el Rosario, emblemas todos de este pueblo católico.

Como ustedes bien lo saben, queridos amigos de Garzón, la historia reciente de esta ciudad es la historia misma de mi familia. Ambas historias están marcadas con la huella indeleble de los acontecimientos y las grandes obras: la de los Pastrana, porque todas sus generaciones han sido bien acogidas por esta gente pujante, y la de Garzón, porque ha merecido que en sus calles se vea reflejado nuestro interés por el progreso de la ciudad: el Palacio Municipal se construyó en su mayoría con recursos de la Nación, gracias a la gestión de mi padre cuando era ministro del presidente Carlos Lleras Restrepo. Luego, desde la Presidencia, trabajó arduamente en beneficio de la salud y la educación de los garzoneños y por la construcción de las vías del departamento, el sistema de interconexión eléctrico y el apoyo al turismo hacia San Agustín·.

Por toda la profundidad que entraña la presencia del Gobierno Nacional en esta ciudad, quiero referirme hoya la reforma política que ustedes me encomendaron y que resulta definitiva para borrar de la faz de nuestro país la corrupción política y el clientelismo.

Un gobernante honesto tiene el deber moral de cumplir la palabra empeñada y debe formar su carácter para sostenerla contra viento y marea. Para él no es ni puede ser lícito evadir sus responsabilidades con el pueblo que lo ha elegido ni acomodarse plácidamente a las circunstancias para eludir las dificultades. Un Presidente honesto se la juega por su gente, sufre con ellos, siente y padece lo que corre por sus venas, pero también tiene esperanzas e ilusiones de vivir en un país mejor, para éstas y las próximas generaciones. Y un Presidente honesto, por sobre todo, gobierna.

Yo fui elegido por más de 6.600.000 compatriotas, miles de ellos que están aquí, otra vez, hombro a hombro, para izar en el asta nacional la bandera del cambio y de la paz. Los colombianos votaron por el cambio, porque entendieron que sólo un gobierno legítimo era capaz de detener la maquinaria diabólica de la corrupción y el clientelismo. Que sólo un Presidente elegido con la mayor votación de la historia tenía la fuerza necesaria para enfrentar a quienes han hecho de la política un medio de explotación de la gente de carne y hueso, amparados en sus investiduras, cuando sólo ansían el enriquecimiento ilícito y degradante.

Entonces presenté la reforma política al Congreso de la República, para que éste tuviera siquiera la oportunidad de sintonizarse con las realidades nacionales y hacer el cambio que proponíamos a los colombianos. Mi gobierno tuvo toda la paciencia que exige el manual de la urbanidad política: el gobierno acudió a las citaciones, contestó los cuestionarios, imprimió las explicaciones, preparó los documentos, una vez más fue y vino a las reuniones que citaba el Congreso, todo con el fin de cumplir con la reforma política que querían y quieren los colombianos. Y al final… nada. El Congreso dijo no a los colombianos.

Por eso acudí a la propuesta del referendo, porque mi deber y mi responsabilidad no se agotaba con la sola presentación de la reforma política ante el Congreso. Si el Legislativo no era capaz de abordar la reforma por sí mismo, que dejaran entonces que la gente se pronunciara sobre el cambio ofrecido. Quién lo creyera. Una vez más, el Congreso no aceptó el cambio. Algunos congresistas han enfilado todas las baterías hacia la generación de confusión y caos. A la buena fe y generosidad del gobierno, se respondió con una actitud anarquista contra la Institución Presidencial.

Todo esto me ha llevado a proponer a todos los colombianos que las llaves del cambio de la política ahora quedan en manos de cada uno de ustedes a través del referendo del pueblo, que seguirá su marcha. El verdadero acuerdo es permitir que los colombianos tomen sus decisiones. Qué mejor acuerdo que la gente decida sobre su destino político. Hoy invito al oficialismo liberal que permita a la gente resolver en libertad, no secuestrar sus ideas.

El referendo aparentemente divide entre aquellos que optan por el sí y aquellos que prefieren el no, pero luego los une a través de la decisión más legítima en una democracia por tratarse de decisiones de la comunidad entera.

No declino en mi invitación de lograr un gran Acuerdo Nacional para permitir que los temas de Estado, aquellos que van más allá de mi gobierno y que definirán la suerte del país en los próximos cincuenta años, como la paz, las relaciones internacionales, el narcotráfico y la economía para generar empleo, sean excluidos de cualquier confrontación política.

Hoy, después de esperar con mucha paciencia, la reactivación económica, por fin ha empezado a mostrar sus frutos. La industria está creciendo casi al 10%, liderada por sectores como los textiles, los papeles, los químicos y las industrias básicas del hierro y el acero; las exportaciones están creciendo al 30%, en especial aquélla a Estados Unidos y la Comunidad Andina; el sistema financiero está mejorando su desempeño, elevando la calidad de su cartera y abriendo cada día más las compuertas del crédito; inclusive el sector agrícola está creciendo poco a poco. La economía está demostrando que tiene las condiciones para despertar y volver a generar empleo.

Porque el país ha sentido el sufrimiento que genera el desempleo, hemos aprendido a valorar la necesidad de tener un ambiente económico estable para los negocios; hemos aprendido a valorar la importancia de no cerrar los ojos al manejo irresponsable de la economía, porque cuando los abramos puede ser demasiado tarde; hemos aprendido a valorar la necesidad de tener un manejo responsable de la economía, que piense primero en el futuro y que no ceda a las tentaciones de corto plazo; y sobre todo, hemos aprendido que llegar a donde estamos hoy nos ha costado mucho sudor y muchas lágrimas.

Después de haber sembrado la semilla de la recuperación con tanta esperanza, y después de haberla cuidado con mucha paciencia y dedicación, no podemos, ahora que comienza a dar sus frutos, regarla con odio y pasiones. Debemos tener la grandeza política de poner el país por encima de cualquier otra consideración.

Lo que está en juego son los empleos, las empresas y el bienestar de millones de colombianos. No podemos detener la economía en el preciso momento en que está lista para despegar. Todo lo contrario. Lo que necesita nuestra economía es el empujón que solo puede darle la confianza de tener unos partidos que están de acuerdo en las reformas fundamentales.

Bien decía mi padre que «ideas políticas sin ideas sociales son ideas muertas». Con orgullo puedo decir que he recibido su legado y que mi gobierno trabaja sin descanso en la construcción de una Colombia próspera, transparente, pero por sobre todo con justicia social.

¡Estamos trabajando duro por Colombia y por el Huila! Mi prioridad son los colombianos más pobres que necesitan oportunidades reales en salud, educación y vivienda para salir adelante.

Para la salud de los huilenses el Gobierno Nacional ha invertido este año una suma cercana a los 53.000 millones de pesos. A finales del año pasado ampliamos la cobertura del régimen subsidiado en 6.300 cupos para la atención de los huilenses más pobres.

Asimismo, a través de Convenios de Desempeño y Eficiencia de los Hospitales Hernando Moncaleano de Neiva, San Vicente de Paul de Garzón y San Antonio de Pitalito hemos entregado una suma cercana a los 3.000 millones de pesos.

De otra parte, en lo que respecta al Programa de Desayunos Escolares, que busca garantizar una adecuada nutrición y una buena educación para cada uno de los niños colombianos, a partir del 10 de junio ampliaremos la cobertura aquí en Garzón de los desayunos escolares en 1.500 cupos, beneficiando así a la población infantil más vulnerable. En total son 9.000 los niños huilenses que ya se benefician del Programa.

Actualmente en Colombia más de un millón y medio de niños son atendidos con desayunos escolares a través del Sistema Nacional de Bienestar Familiar.

Nuestra meta este año es aumentar la cobertura en 500.000 nuevos cupos con el apoyo de las entidades territoriales, el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, algunas instituciones del Estado y las Cajas de Compensación. A través de este Programa estamos generando empleo y reactivando la agricultura regional con la compra de alimentos lácteos y frutas autóctonas para el menú de los niños.

Quiero anunciarles que mi gobierno construirá el próximo año, con una inversión de 700 millones de pesos, la sede del Centro Zonal del ICBFen un terreno cedido por el municipio. Este nuevo Centro atenderá todos los programas del Instituto e integrará todas las acciones alrededor del Sistema de Bienestar Familiar. IYo estoy convencido de que una infancia bien atendida, protegida y bien nutrida es la semilla fecunda para el Huila del siglo XXI!

En lo que respecta a la capacitación de los jóvenes huilenses, hemos asignado recursos por 660 millones de pesos para la remodelación y adecuación del Centro Multisectorial del SENA en Garzón. Asimismo, hemos destinado 850 millones de pesos para la construcción y adecuación de la sede del SENA en La Plata. En total, durante los últimos dos años hemos invertido casi 5.000 millones de pesos en la modernización de los equipos y en infraestructura para la formación profesional de los huilenses y el mejoramiento de la productividad del departamento. ¡Asíestamos ofreciendo oportunidades concretas a nuestros jóvenes!

Los campesinos huilenses, -mis paisanos por ancestro-, están beneficiándose ampliamente con la política agropecuaria que ha puesto en marcha mi gobierno: en materia de reforma agraria, se han adquirido 31 predios, casi 5.000 hectáreas, que benefician a más de cuatrocientas familias campesinas e indígenas, para lo cual invertimos cerca de 5.400 millones de pesos.

Quiero anunciarles que en el marco de esta visita estamos entregando dos predios negociados a través del Incora, que benefician a 45 familias campesinas garzoneñas. En cada una de estas fincas, las familias han conformado Empresas Comunitarias que recibirán créditos a través del Banco Agrario por valor de 82 y 60 millones de pesos, respectivamente, lo que posibilitará que pronto se pongan en marcha proyectos productivos de siembra de tabaco, ganadería de cría y acuicultura.

!Tenemos que hacer del campo colombiano una importante fuente de empleo!

En ese sentido, traigo muy buenas noticias para 22 familias de la vecina Suaza, puesto que el Incora ha adquirido el predio «Guamitos» por valor de 550 millones de pesos en el que se realizarán otros proyectos productivos.

Aquí en el Huila se acogieron al Programa Nacional de Reactivación Agropecuaria-PRAN, 2.600 campesinos con un monto de cartera vencida que supera los 27 mil millones de pesos. Más de doscientas familias campesinas se han beneficiado del Programa de Vivienda Rural con una inversión superior a los 570 millones de pesos.

Cabe resaltar que a través de Proagro los productores huilenses participan en las cadenas productivas de Algodón-Textil-Confecciones, en la de Cacao-Chocolates, en la cadena Avícola-Porcícola y en la cadena del Arroz, entre otras. Con este programa productivo con énfasis en la competitividad y las exportaciones vamos a incrementar la producción interna de alimentos y de materias primas. Yo estoy seguro de que el Huila, por su vocación agropecuaria y fértiles tierras, tiene mucho que aportar en la reactivación del agro.

En materia de obras públicas, a través de Invías el Gobierno Nacional ha suscrito dos convenios por valor de 2.000 millones de pesos para concluir la variante de Garzón, de los cuales se ha girado un anticipo de 200 millones de pesos. Con esta obra, que materializa un sueño que habían empezado ustedes mismos, la ciudad evitará la circulación de carga pesada y el deterioro de sus vías y su infraestructura de servicios y, además, se disminuirá el tiempo de viaje en media hora para quienes transitan por esta ruta.

Todas éstas son inversiones de alto contenido social que buscan mejorar el bienestar de mis paisanos y que nos acercan a las metas de progreso y justicia social.

Queridos amigos de Garzón:

He venido hasta la ciudad episcopal para compartir un renovado sentimiento de fe religiosa y para celebrar con todos ustedes los primeros cien años de existencia de la gran familia espiritual que conforman el gobierno diocesano, las comunidades de sacerdotes y religiosas, las organizaciones y movimientos laicos y todos los fieles.

Hago votos para que prevalezca por siempre el profundo sentimiento de fe que ha mantenido unida a esta comunidad que cada día alimenta su corazón a través del «servicio, la alegría, y la esperanza».

Que sea esta la oportunidad para rendir un homenaje a quienes cumplieron un papel protagónico en el trasegar de la Diócesis y, aún hoy cuando se han marchado de entre nosotros, continúan velando por su unidad y crecimiento espiritual.

Tristemente, en esta visita a tierra huilense debo deplorar el atentado realizado recientemente en la población de Gigante, que cegó la vida de siete campesinos inocentes. A los familiares de las víctimas de esta tragedia que enluta al Huila y a Colombia quiero manifestar mi más profunda solidaridad y sentido pésame. El país exige hechos de paz.

Gente amiga de Garzón:

Desde esta Diócesis, que cumple un siglo expandiendo la palabra amorosa de Jesús por el pueblo del Huila, tenemos que irradiar un mensaje de esperanza y de fe en el país, más aún en estos momentos, cuando se hacen más necesarios el temple y la tolerancia, dos valores que siempre han caracterizado a la raza opita.

Hoy quiero, en el centenario de nuestra Diócesis, despedirme de mis amigos y paisanos recordando los versos del himno de esta ciudad, que anticipan la alegría de esta celebración: iOh! Garzón, tu nombre bendecimos, noble cuna, hogar y blasón de tus hijos que hicieron la patriade Colombia. iA ti, gloria y amor!

Lugar y Fecha

Huila, Colombia
19 de mayo de 2000