DOS SANTANDEREANOS QUE TRABAJAN CON EMPEÑO EN LA CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO PAÍS2017-12-18T11:47:32+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión de la condecoración con la Cruz de Boyacá a los fundadores de la Universidad Autónoma de Bucaramanga

Hace casi medio siglo y por fortuna para los jóvenes de Colombia, confluyeron los caminos de dos vidas dedicadas a servir al país. Dos brillantes experiencias que han trasegado por las sendas del saber, de la ética, de la economía, del derecho y de la política, se fusionaron para ponerse al servicio de las generaciones de santandereanos, herederas del legado de José Antonio Galán.

Hoy el país entero rinde un sentido homenaje a la vida y obra de estas dos personalidades, entregándoles la orden que fue creada por el Libertador para premiar los esfuerzos y sacrificios de los próceres en la Campaña de 1819.

Con gran orgullo de colombiano, he venido hasta esta Institución, alma máter y cimiento de los valores santandereanos, para imponer a los doctores Alfonso Gómez Gómez y Armando Puyana Puyana la medalla más valiosa que otorga la República.

Nuestro sentimiento hacia estos dos ilustres compatriotas son de profunda gratitud, admiración y aprecio, pues sus vidas han sido fértiles e intensas en la labor de servicio y han engrandecido al país.

Bien lo dijo Miguel de Cervantes Saavedra: «Al bien hacer jamás le falta premio»: Siempre que el país lo ha requerido, este par de célebres hijos de Santander, han estado presentes para señalar a la gente de esta región, el camino correcto de los hombres de bien. Hoy tienen ellos la oportunidad de ver una legión de jóvenes santandereanos, educados y preparados por el Instituto Caldas y por la Universidad Autónoma de Bucaramanga, que trabajan con empeño y de la mano de todos los colombianos, en la construcción de un nuevo país.

Los promotores de esa gran obra encarnan valiosas virtudes, que todos los días dejan una huella imborrable en esta comunidad.

Grande es la admiración que suscita entre todos nosotros el doctor Alfonso Gómez Gómez, hombre de proverbial trayectoria personal, profesional y política; excelente amigo y consejero, dueño de una extraordinaria sensibilidad social, lector insaciable, académico y erudito, que permanentemente hace gala en su diálogo y en sus escritos de un manejo excepcional del idioma.
Tiene don Alfonso una memoria prodigiosa, lo que siempre le per- mite estar en el contexto de cualquier conversación, salpicándola con la cita oportuna y exacta.

Hoy con gran cariño, los colombianos rendimos tributo a este personaje cuya fama de madrugador nos hace recordar una anécdota que sucedió años atrás y dice mucho de su personalidad. Cuentan quienes trabajaron con él, que cuando el doctor Gómez era Senador de la República, siempre era el primero en llegar al Capitolio a la hora en que apenas lo estaban abriendo. Un buen día, el vigilante que lo recibía en la mañana, con preocupación se atrevió a decirle: «Señor, no llegue tan temprano, porque nadie lo hace y de pronto se pierde algo y le echan la culpa».

Con gran admiración quiero decirle doctor Gómez, que la constancia y la dedicación que siempre lo han caracterizado, son un firme legado para sus alumnos y discípulos, que cada día sobresalen en la difícil pero gratificante tarea, de sacar a nuestro país adelante.

En esta oportunidad estamos doblemente contentos porque la Cruz de Boyacá fue impuesta también a nuestro querido amigo don Armando Puyana Puyana.

A él le reconocemos su gran aptitud como empresario, su papel fundamental como promotor del desarrollo urbanístico de Bucaramanga y su gestión como propulsor -sin igual- del progreso a través de proyectos como el Centro de Ferias y Exposiciones Cenfer, que tanto desarrollo le ha traído a la industria de la región.

En esta ciudad su nombre ha sido sinónimo de planificación, y su trabajo garantía de grandes proyectos canalizados hoya través de Prosantander, exitosa entidad que impulsa la imagen del departamento y logra materializar obras que benefician a los santandereanos.

Por eso me atrevo a decir que «infortunadamente», nunca quiso incursionar en la política, porque sus impecables aptitudes puestas al servicio del Estado, habrían dado los mismos resultados de eficacia y responsabilidad que ha mostrado desde la empresa privada.

El carácter fuerte pero noble de los santandereanos, que caracteriza el temperamento de Armando, me ha hecho recordar un episodio que divierte mucho a nuestro Ministro de Salud, pues cuenta que hace años, cuando tuvo ocasión de operarlo de los ojos, llegó al control post-quirúrgico contrariado porque tenía mucho afán y como no fue atendido de inmediato, dijo que se iba. Grande fue la sorpresa, cuando al rato regresó cargando una caja de vino de buena cosecha y dispuesto a compartir con su médico, obviamente en esa segunda oportunidad, sí fue atendido inmediatamente!

En esta noche, Colombia, Santander y su hija predilecta, la Universidad Autónoma de Bucaramanga, les agradecen a don Alfonso y a don Armando todos estos años de trabajo sin descanso, en los que han sabido poner en alto el nombre de esta tierra y de esta gente, que conoce del valor del patriotismo, pues llevan en la sangre el llamado del «personero de los desheredados».

Hoy, cuando he venido hasta esta ciudad para enaltecer a dos de sus hijos, quiero recordar esa mañana de enero de 1951, cuando se re- unieron empresarios y profesores delante de una taza de tinto en el antiguo «Café Inglés», para discutir sobre la situación de la educación en Colombia.

Ese día salió a relucir la iniciativa del doctor Alfonso Gómez, quien propuso la idea de fundar un plantel que orientara e impartiera una educación para la libertad y desarrollara un carácter crítico en los estudiantes. De esta forma se gestó el sueño de fundar este establecimiento que hoyes orgullo de todos los colombianos, bajo la premisa de que «sin una educación bien concebida, bien instrumentada y convencida de lo que se debe hacer, es muy difícil que una sociedad alumbre sus mejores destinos».

Treinta años después de haberse convertido en una excelente Universidad, en ella prevalecen estos principios y valores jalonados por una visión de futuro, por el espíritu de innovación permanente y por el mejoramiento continuo. En este proceso, todos los santandereanos participan para garantizar su sólido crecimiento y para construir una Universidad que a la vez sea crítica y permanezca comprometida con el desarrollo del país.

La política de mi gobierno en relación con la educación superior, busca acercarse a las metas de acceso equitativo, de eficiencia en la administración de recursos y de pertinencia de los programas de educación universitaria, objetivos inaplazables en la generación de empleo y en el logro de la justicia social.

Este año se realizó la primera fase de un exhaustivo examen al sistema de educación superior colombiano, que llamamos Movilización Social por la Educación Superior, lo que nos permitió identificar claramente las carencias de este nivel educativo, y estamos ya trabajando sobre los resultados de este estudio.

De otra parte, a través del Consejo Nacional de Acreditación, estamos estructurando un sistema de acreditación institucional que permita en el más corto término, generar información transparente y confiable sobre la calidad de las instituciones de educación superior en nuestro país.

Este aniversario de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, es una magnífica oportunidad para rendir homenaje a sus fundadores, cuyos nombres ya están grabados en la galería de los mejores hombres de Colombia.

Siempre que vengo a esta tierra, que en los comienzos de la Patria vio germinar los árboles de la Libertad, de la Igualdad y de la Justicia Social, reafirmo mi convencimiento de que ahora, más que nunca, los colombianos tenemos que trabajar para recoger los frutos de esas semillas, que no son otra cosa que las bases de una mejor sociedad, más justa y equitativa, que verdaderamente ofrezca a cada ciudadano oportunidades de progreso.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia

2 de diciembre de 1999