EL BUQUE ESCUELA GLORIA ES COLOMBIA EN LOS MARES DEL MUNDO2017-12-18T11:48:10+00:00

Project Description

Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión del arribo del Buque Escuela Gloria

«Colombia es un país rodeado de mares por todas partes, menos por el corazón de sus marinos donde la patria es amor».

Seis meses de larga travesía fueron suficientes para hallarle sentido a este hermoso verso que permanece inscrito en uno de los pasillos de babor del Buque Gloria.

Buenos vientos han acompañado a nuestros cadetes que con entusiasmo navegaron miles de millas, pero que finalmente han regresado a tierra firme tras recibir una completa instrucción a bordo de este Buque «alma máter» de los marinos de Colombia. Luego de surcar las aguas del Caribe y del Pacífico vemos el orgullo de sus rostros que reflejan temple y coraje.

Ustedes merecen la admiración y el respeto de toda la Nación porque navegar en el Gloria es pertenecer a la leyenda de los mares del mundo, regados por distancias y habitados por olvidos. Pertenecer a la leyenda es sentirse seguro y dueño de un futuro que sabrá aprovechar el porvenir.

Esta promoción ha llegado con sus «talegos marineros» llenos de emocionantes experiencias y de inolvidables recuerdos. Durante esta ventura pudieron familiarizarse con las artes del mar abierto y conocer en el Gloria la jarcia firme y de labor, las velas cuadras, cuchillas y de capa y mil cosas más que hacen parte viva de la memoria de los marinos colombianos.

Desde que partieron para recorrer el continente, cada uno de ustedes debió vencer el miedo que produce lo desconocido, y una vez superado, realizar con destreza las maniobras que en los entrenamientos habían conocido: subir por alto, randar o dar las velas y adujar los cabos, y con la mayor de las prestezas poner en práctica los diferentes zafarranchos.

Dicen sus compañeros de travesías anteriores, que sólo quienes tienen la fortuna de viajar en este Buque, logran establecer un verdadero contacto con la naturaleza, con el mar, con los seres vivientes que se mueven en su entorno, con los astros, la luna, las estrellas, hasta llegar a sentir toda la mágica sensación que produce la inmensidad del firmamento cuando se observa en la soledad que trae la noche.

Estas emociones han quedado atrás, pero el legado de la experiencia prevalecerá para siempre. Hoy sus familias, sus amigos y Colombia entera han regresado a este puerto para recibirlos con júbilo y verlos convertidos en jóvenes «Lobos de mar» .Todos aquí conservamos fresca en nuestra memoria, la imagen emocionante del zarpe: las banderas, las pitadas y el humo negro acompañado de nostalgia y expectación.

Hoy las lágrimas de Stefanía, la pequeña del capitán Jairo Sánchez, han dado paso a una hermosa sonrisa que será recompensada con un beso de su padre. El día de la partida del Buque ella lloraba des- consolada en el muelle, pero hoy cuando ha regresado, la alegría de esta niña representa la felicidad de todos quienes hemos venido a recibir los.

Sé que finalmente entienden por qué al despedirlos les dije que «sus corazones se quedaban aquí». Porque aun cuando el crucero sea inolvidable, todo se añora: la familia, la novia, los amigos y nuestra patria que se siente en toda su plenitud, cuando se está lejos de ella.

Sin falta he venido para recibirlos en este muelle que guarda un especial significado para mí. A este mismo lugar mi padre, el presidente Misael Pastrana, acudió muchas veces para encontrarse con el Gloria, o para recibir, por ejemplo, los primeros submarinos oceánicos que llegaron a Colombia y que hoy nos permiten estudiar la riqueza de nuestros ecosistemas en las profundidades del mar.

Con orgullo de colombiano veo que el rito de la llegada a puerto es un testimonio que siempre se exhibe con orgullo y patriotismo: que la bitácora de este crucero, está llena de imágenes para el recuerdo y que en sus cabezas y corazones traen guardados los excepcionales paisajes y momentos que se viven a bordo del buque insignia de la Armada Nacional.

El Gloria, este nombre de mujer, optimismo y celebración, es Colombia en los mares del mundo y una de las ventanas por las que se mira a nuestro país.

Sé que con alegría llevaron el calor de nuestra tierra a muchos colombianos que viven en el exterior, que por eso cada vez que tocaron un puerto, muchos compatriotas salieron a recibirlos con el cariño y la admiración que produce este Buque pedazo, de patria «rodeado de mar».

Hay que reconocer que con el pasar de los años, los cientos de cadetes colombianos que han tripulado el Gloria, han hecho de su llega- da a puertos extranjeros, un espectáculo inigualable.

Para los tripulantes de este crucero de 1999, indudablemente los con- trastes y el intercambio cultural fueron el mejor atractivo, la emoción que se siente al ser recibidos por cientos de personas de diferentes etnias, es insuperable. Ese acto imponente los habrá sobrecogido y hecho sentir verdaderos cadetes navales de Colombia.

Cada vez que esto sucede, nuestro país se reviste de orgullo porque ustedes supieron demostrar con la destreza que solamente poseen los embajadores de buena voluntad, desdeGuayaquil hasta Vancouver y desde los Angeles hasta Acapulco, que Colombia trabaja sin descanso para construir la paz y el progreso.

La recompensa de esa labor la recibirán con el transcurrir de su carrera en la Armada Nacional. Sólo les puedo decir que los primeros tripulantes del Gloria, hoy son Almirantes y orgullo de nuestra patria.

A todos ustedes, oficiales, suboficiales, cadetes, civiles y amigos de las Marinas de los países invitados: en nombre de Colombia los felicito por aprovechar esta experiencia y los animo para continuar trabajando por el país que nos hemos propuesto construir.

Quiero también rendir un especial homenaje a Sandra Moreno Martínez, mejor cadete de este crucero, quien se distinguió por su compañerismo y supo sobresalir en todas las faenas del mar.

Qué grato es saber que mujeres y hombres hicieron parte de un solo equipo. Aprovecho este momento para anunciar que en nuestra Armada Nacional, las mujeres que hacen parte de este contingente serán las primeras en llegar a ocupar las mismas posiciones de mando porque están cumpliendo los mismos requisitos que los cadetes hombres.

La cadete Moreno, es el símbolo de ese gran triunfo de las mujeres en esta Institución.

Hasta mis oídos ha llegado un rumor que no quisiera desmentir: que a partir del momento mismo del zarpe de este viaje, se produjo un positivo cambio de actitud entre los cadetes hombres.

Todos sin excepción mejoraron su vocabulario y sus modales y dieron lo mejor de sí mismos para convivir en armonía con estas valientes mujeres, que por primera vez hicieron parte de esta tripulación.

Hoy podemos decir que el Buque Escuela Gloria goza del privilegio de poseer el más bello mascarón de proa, con «cabeza, cara, y cuerpo de mujer en forma de diosa alada» pero de carne y hueso, que nada tiene que envidiarle al mascarón de madera, pues con éxito y acierto han iniciado sus travesías a bordo del Buque Escuela.

Al cumplir satisfactoriamente con el programa que les impone el privilegio de hacer parte de este crucero, quiero que nunca olviden su compromiso con el hechizo del océano, con su patria, y con sus hogares.

Que sea esta la ocasión para que los colombianos agradezcamos la loable tarea que cumple la Armada Nacional, en la importante misión de mantener el control y la seguridad de mares, ríos, y todos aquellos lugares de Colombia que están bajo su vigilancia, con el noble propósito de garantizar la soberanía e impulsar el desarrollo marítimo del país.

A los componentes que hacen parte de la Armada Nacional: Infantería de Marina, Guarda Costas, Aviación Naval, Unidades de Superficie y Submarinos les recuerdo el compromiso que tienen con Colombia.

A quienes hoy culminan esta singladura los exhorto para que sigan siendo estos aventureros del mar, los hombres que tendrán en el camino las estrellas y con ellas una ruta segura para engrandecer su vida llevando el nombre del país y de la Armada Nacional. Los invito a seguir llevando el mensaje de reconciliación, de esperanza, y prosperidad por los mares del mundo.

La tripulación del Buque Escuela Gloria dará fe: cuando en Colombia miremos hacia el mar para ver un nuevo amanecer, habremos comprendido que después de la tempestad, siempre llega la calma. Cuando logremos la reconciliación llenaremos de significado esas palabras.

Saquemos provecho a la ventaja que señala el verso de nuestro poeta nadaísta Gonzalo Arango: «Colombia es un país rodeado de mares por todas partes», ese es el tesoro que salvaguarda nuestra Armada Nacional y su aporte en la construcción del nuevo país que todos anhelamos.

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
29 de agosto de 1999