EL EJÉRCITO NACIONAL HA SIDO COLUMNA SÓLIDA DE LA DEMOCRACIA Y DEFENSOR DEL PUEBLO INERME DEL COBARDE Y CRUEL TERRORISMO2017-12-18T11:48:08+00:00

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Discurso pronunciado por el presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión de la ceremonia de ascenso de oficiales del Ejército Nacional; que se cumplió en la Escuela Militar José María Córdova.

A pocos pasos de la Casa Nariño se encuentra el antiguo Claustro de San Agustín, donde hoy funciona el Museo de Artes y Tradiciones Populares. Su estilo colonial evoca antiguos tiempos de Santa Fe de Bogotá, cuando era la capital del Virreinato de la Nueva Granada. Pero también recuerda un hecho que ocurrió hace 95 años, ello de junio de 1907, en las instalaciones del viejo Convento se fundó la Escuela Militar de Cadetes José María Córdova.

Con esta realización, el entonces presidente, el general Rafael Reyes ponía un cimiento fundamental a la reforma militar que adelantó, al crear, por primera vez en la historia de la Nación, un instituto educativo donde los jóvenes militares encontrarían no sólo una formación en el manejo de las armas y la estrategia bélica, sino también una formación académica y moral que complementara su educación integral y los convirtiera en colombianos preparados para dar su mejor aporte a la Patria.

Siete años después la Escuela sería trasladada a San Diego, donde hoy se encuentra el Hotel Tequendama, y, finalmente, en 1943, vino a ocupar las modernas, completas y amplias instalaciones que hoy nos reciben y que, año tras año, entrega a Colombia las mejores promociones de seres humanos dispuestos a luchar por el futuro y la paz de su país y por la libertad de sus compatriotas.

Hoy, 95 años después de aquella fecha histórica, vengo de nuevo a este Campo de Paradas para presenciar el ascenso a oficiales de una nueva generación y para constatar, con la satisfacción del deber cumplido, que el Ejército colombiano del año 2002, el que hoy hace presencia activa y dinámica por todo el territorio nacional, el que hemos fortalecido y modernizado como nunca antes, crece y avanza hacia el mañana con el paso firme y la frente ,en alto, listo para asumir los mayores desafíos.

Colombia, nuestra patria, y la democracia que hemos construido y consolidado desde hace más de 180 años, están siendo atacadas por la mano criminal de unas organizaciones que no han querido escuchar el clamor de paz del pueblo colombiano, al que alguna vez pretendieron representar y que hoy rechaza su violencia con todas las fuerzas de su corazón.

Nuestra patria está siendo atacada, soldados de Colombia, y, ante esta afrenta, la sociedad entera confía, hoy más que nunca, en su accionar sereno y valiente, en su capacidad ofensiva y su fuerza disuasiva, en su conducta pulcra y apegada al respeto a los derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario.

Cuando el terrorismo agobia nuestros días y riega de sangre y miseria el suelo nacional, los ojos angustiados de los campesinos, de las madres, de los niños, de los ancianos, de los habitantes de las ciudades, se vuelven hacia su Ejército, el mismo que alguna vez nos dio la independencia política, para apoyarlo y para estimularlo en esta lucha decisiva para salvar nuestra democracia y nuestro derecho a vivir en paz.

¡El desafío es grande, pero más grande es el pundonor y el valor de nuestros soldados, dispuestos a entregar hasta la vida por la causa de su Patria!

A ellos les decimos hoy, con el corazón henchido de emoción, ¡ muchas gracias! ¡Jamás dejaremos de agradecer su sacrificio y su heroísmo, ni de tenerlos en nuestras más sentidas oraciones!

El Ejército Nacional, el que repite cada día que su compromiso es Colombia, ha sido una columna sólida para sostener el edificio de nuestra democracia y para defender al pueblo inerme del cobarde y cruel terrorismo.

El domingo pasado, gracias a su labor profesional, más de 11 millones 250 mil ciudadanos pudimos acudir a las urnas a elegir el próximo Presidente de Colombia, y lo hicimos tranquilos, seguros, confiados en que nuestros soldados eran más fuertes que las amenazas violentas y antidemocráticas de los ,terroristas.

iY así fue! Colombia vivió una verdadera fiesta democrática en la que los actos terroristas disminuyeron en un 60 por ciento, si comparamos con las elecciones de cuatro años atrás.

Fueron más de 100 mil integrantes del Ejército los que se sumaron a esa fuerza disuasiva de más de 200 mil miembros de la Fuerza Pública que, en desarrollo del Plan Democracia, nos permitieron dar el parte definitivo de ¡Misión Cumplida!

Colombia eligió en paz un nuevo Presidente y consolidó la fortaleza de su democracia, y el Ejército tiene muchas razones para sentirse partícipe de este gran triunfo republicano.

iY qué decir de lo que se ha hecho para combatir los atentados terro- ristas que atentan contra la población civil! No más en lo corrido de este año el Ejército ha incautado más de 42 toneladas de explosivos, cerca de 18 kilómetros de cordón detonante, más de 1,2 kilómetros de mecha lenta, 7.059 estopines, 1.641 cargas explosivas y 576 cilindros destinados a atacar la vida y la tranquilidad de los colombianos. Una vez más le preguntamos al mundo: si estas no son armas para los terroristas, zqué es terrorismo?

Además, también en estos primeros 5 meses del año, ha neutralizado 67 actos terroristas contra el sector vial, 25 contra el sector energético, 1 contra el sector hidroeléctrico, 20 contra la infraestructura petrolera y 2 contra los sistemas de comunicaciones. También ha impedido dos asaltos a municipios, 33 secuestros y ataques a la población civil, y descubierto y destruido 380 campos minados.

¡No podemos ni imaginamos la inmensa destrucción que hubieran causado los violentos si no hubiera sido por estas incautaciones de material explosivo y neutralizaciones de sus atentados realizadas por el Ejército! ¡Gracias a nuestros soldados, miles de colombianos inocentes, miles de niños y mujeres, se han salvado de una muerte absurda generada por mentes siniestras!

También debo resaltar la excelente labor ofensiva que se ha cumplido durante este año. No más en estos escasos cinco meses el Ejército ha capturado o dado de baja 3.096 miembros de grupos armados al margen de la ley! Este es un dato muy significativo siteIlemos en cuenta que el año pasado, idurante todo el año, el número de capturados y dados de baja fue de 2.890 o que, en un añocomo 1998, fue de 1.380. Es decir: Hemos superado en sólo 5 meses los registros de doce meses completos de los años anteriores!

Esta es una prueba de la inmensa capacidad ofensiva desplegada por el Ejército durante estos últimos meses, al enfrentar la más dura arremetida terrorista contra nuestro país.

Dentro de estas cifras, es importante resaltar que se han capturado y dado de baja a 244 miembros de los grupos de auto defensa ilegales, cuyos actos criminales e intimidatorios son tan reprochables como los de las guerrillas. Es una cantidad importante más si se tiene en cuenta que su tamaño es inferior, que nos permite reafirmar el compromiso del Ejército contra el accionar de estos delincuentes.

Quiero enfatizar, por último, las operaciones que se han realizado contra las estructuras urbanas de las organizaciones armadas al margen de la ley, las cuales se han convertido en verdaderas células de apoyo administrativo, financiero y de inteligencia para sus actos contra la población. En este año el Ejército ha realizado 569 operaciones contra estructuras urbanas, con un saldo de 41 dados de baja y 804 capturados.

¡Así defiende el Ejército de Colombia a su gente y a su Patria!

Apreciados amigos:

Hoy debo informar a la Nación que, a pesar de todos los esfuerzos que mi Gobierno ha realizado, una vez más el Ejército de Liberación Nacional le ha fallado al país, les ha fallado a los colombianos, le ha fallado a la paz y le ha fallado a la comunidad internacional. No ha entendido que el fortalecimiento político del proceso implica una disminución, si no completa -que es lo que todos deseamos-, por lo menos sustancial, de su accionar terrorista.

Hicimos todo lo posible y pusimos todo de nuestra parte. Incluso dimos la posibilidad para que los líderes. de este igrupo que se encuentran en la cárcel pudieran salir temporalmente de ella y viajar a diversas partes del país o al exterior, para impulsar los acuerdos. Pero no bastó.

Los colombianos estamos cansados de negociaciones sin resultados concretos. El esquema de dialogar en medio de la guerra está agotado. Por esto, cuando en diciembre firmamos el Acuerdo por Colombia, dando al proceso un renovado empuje, acordamos que el tema prioritario de la discusión sería el de la reducción de la intensidad del conflicto. Este fue nuestro empeño durante todos estos meses, buscando fórmulas creativas y alternativas viables para avanzar en un acuerdo que el país estaba ansiando.

Según lo acordado con el Eln, y acogiendo las recomendaciones que la comunidad internacional y que la sociedad civil hicieron a las partes al término de la Cumbre por la Paz, el Gobierno insistió para que la mesa de negociación establecida en La Habana comenzara a discutir la posibilidad de llegar a un acuerdo de tregua con cese de fuegos y hostilidades. Este incluía la suspensión del secuestro y la extorsión, el respeto a la vida de las personas, la suspensión de los ataques contra la infraestructura vial, eléctrica y petrolera del país y, por supuesto, la liberación incondicional de todos los secuestrados.

En este empeño, representantes de mi Gobierno se reunieron en casi una decena de oportunidades con representantes del Eln intentando acercar posiciones y lograr acuerdos satisfactorios para ambas partes. Aunque hubo temas en los que el Gobierno y el Eln lograron acuerdos significativos, al final, por las posiciones del Eln, las dificultades resultaron insalvables, particularmente en lo referente al sostenimiento de ese grupo durante la tregua y al esquema de separación de fuerzas,

Frente a estas posiciones inaceptables entendí que llegar a un acuerdo de tregua con cese de fuegos y hostilidades era imposible. El Eln no parecía comprender la importancia del momento político que vivíamos ni el sentimiento nacional de cansancio frente a la violencia.

En un último intento, mi Gobierno propuso llegar a un acuerdo que igualmente implicara la reducción del conflicto. Sin embargo, una vez más, cuando nos encontrábamos cercanos a firmar este acuerdo, el Eln nuevamente cambió su posición y esta semana decidió no firmar el documento que conjuntamente había sido redactado.

Un proceso de paz sin resultados y sin la voluntad de una de las partes de llegar a acuerdos sobre los temas sustanciales de la agenda no es viable, Por esto, he tomado la decisión de suspender el proceso de paz con el Eln para que el próximo Presidente de Colombia lo retorne si lo considera pertinente.

Quiero agradecer al Grupo de Países Amigos por su eficaz acompañamiento incondicional y por la discreta pero muy eficaz labor de facilitación que ha venido cumpliendo. En especial quiero agradecer al Gobierno cubano, y muy especialmente a su presidente Fidel Castro, que durante estos meses ha sido -él y su Gobierno- cálido anfitrión de la mesa de negociación. También agradezco a la Comisión Facilitadora los buenos oficios que ha prestado en los momentos críticos por los que hemos atravesado.

Yo creo y creeré siempre en el diálogo como el medio ideal para encontrar la paz, pero debe ser un diálogo con resultados y con voluntad de la contraparte. Infortunadamente, el Eln ha cerrado otra vez esta posibilidad.

Señores subtenientes de la Promoción Coronel Salvador Córdoba Muñoz:

A ustedes les corresponderá ser oficiales de un Ejército que lucha con denuedo contra un enemigo cobarde y cruel, como lo es el terrorismo. Afortunadamente, cuentan con la dirección de grandes hombres, como el general Fernando Tapias, como el general Jorge Enrique Mora y su cuadro de mando, y con la tranquilidad de pertenecer a un Ejército que hoy prácticamente ha duplicado su pie de fuerza y que cuenta con más capacidad de transporte, con más armas y más inteligencia que nunca.

iSigan la trayectoria y el ejemplo de sus superiores y cumplan con el más grande desafío de cualquier ser humano: servir a los suyos y dignificar la vida!

Un especial reconocimiento quiero hacer al subteniente Rolando Silva Segura, quien hoyes condecorado con la Medalla Militar Francisco José de Caldas, por haber ocupado el primer puesto de su promoción. iA él Y a todos los nuevos oficiales de la Promoción Coronel Salvador Córdoba les extiendo mis más entusiastas felicitaciones!

Durante mi Gobierno he insistido sobre la importancia de que las di- versas Fuerzas que componen las Fuerzas Militares obren de manera conjunta y coordinada, como una familia que se apoya en la búsqueda de un solo objetivo. Así lo han hecho, por fortuna, y esa es la explicación de muchas operaciones exitosas hoy contra los violentos.

Como muestra de esta hermandad, ¡qué bueno celebrar hoy, en esta ceremonia del Ejército, el ascenso de un distinguido miembro de la Armada Nacional: el hasta hoy contralmirante Jaime Jaramillo Gómez, quien recibe el grado de Vicealmirante!

Las montañas de Bogotá, señor vicealmirante Jaramillo, sirven de marco para este momento culminante en la carrera de un hombre del mar, del aire y hoy del agua. Es también un día especial para el componente aeronaval de la Armada Nacional, pues es la primera vez que uno de los suyos, un piloto de la Armada, alcanza este alto grado de la oficialidad naval.

Vicealmirante Jaramillo: Reciba mi más sincera felicitación, que hago extensiva a su familia, por este gran paso en su vida profesional, con mis mejores augurios por la continuación de sus éxitos para beneficio de las Fuerzas Militares y de Colombia.

Apreciados amigos:

El Ejército Nacional hoy nos convoca a respaldar sus acciones, las mismas acciones que respaldan la seguridad, la vida ylos derechos de todos los colombianos. Como gobernante, estaré siempre a su lado, hasta el último día de mi mandato, y como ciudadano lo acompañaré y apoyaré toda la vida.

Bien dijo alguna vez el Libertador Simón Bolívar: La gloria, el honor, el talento, la delicadeza, todo se reúne en el solo punto del triunfo de Colombia, ¡de su ejército y de su libertad!

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
31 de mayo de 2002