EL FESTIVAL DE CINE DE CARTAGENA, ESPACIO PARA FORTALECER Y CONSTRUIR IMÁGENES PARA CONTAR LO QUE SOMOS Y QUEREMOS SER2017-12-18T11:47:03+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, en el acto de inauguración del 40 Festival de Cine de Cartagena

Esta noche, como cada marzo desde hace cuatro décadas Cartagena nos ha abierto nuevamente sus mágicas puertas para que a través del cine, las naciones participantes contemos quiénes somos.
Hasta aquí hemos venido para enriquecer un patrimonio cultural y una tradición de todos aquellos que hacen parte de este gran universo que es el cine: actores, directores, productores, cinéfilos. críticos y sobre todo, lo más importante, del gran público quien confirma que el séptimo arte traduce y refleja la vida misma.

Hoy, en el 8.9% de la superficie del mundo, se habla español. Allí habitan aproximadamente 352 millones de hispanohablantes que se proyectan al mundo a través de múltiples creaciones que hoy son patrimonio mundial. Hay otros países y territorios donde el español no es lengua oficial, pero donde se ha impuesto por procesos de colonización, por migraciones, y algunas veces, por el poder la cultura que atrae y fascina. Se calcula que en total, en el mundo, hay un potencial de 450 millones de espectadores de cine que hablan español.

Cuando nos preguntamos en qué idioma se cuentan las historias que ven en la pantalla grande estos 450 millones de hispanohablantes, las cosas cambian radicalmente. De las 10 películas más taquilleras que se presentaron en Colombia entre el 10 de enero y el 31 de octubre de 1999, sólo una fue producida en un país iberoamericano: Golpe de Estadio.

En términos de exhibición, la situación de nuestros países no dista mucho de la de la Unión Europea, donde hay una producción estable. Las cifras son alarmantes: el dominio del cine estadounidense sobre el mercado del cine europeo, asciende a un 70% a pesar de que la Unión Europea produce al año más películas que EE.UU.

En un contexto tan homogéneo como éste, surgen alternativas como el Festival de Cine de Cartagena, que de manera valiente y profética, le ha apostado, prácticamente desde sus orígenes, al cine iberoamericano.

Marín Kartmitz, el mejor productor de cine europeo, decía que «como en toda guerra, en la de las imágenes hay los indiferentes, los colaboradores y los resistentes». El Festival de Cine de Cartagena se ha situado en la línea de los «resistentes» desde hace 40 años, tiempo que al parecer comienza a ser recompensado.
El mercado del cine en Iberoamérica está viviendo un momento muy interesante, pero también muy complejo que nos obliga a elevar nuestras capacidades de producción, distribución, promoción y exhibición.

Este año, y por primera vez en mucho tiempo, el festival presenta 7 películas colombianas. Quiero aprovechar esta oportunidad para rendir un especial homenaje a esa joven generación de talentosos colombianos que trajo a esta muestra la más alta participación de películas locales en la historia del festival.

Diástole y Sístole, Calibre 35, Soplo de Vida, Séptimo Cielo, Es mejor ser rico que pobre, Terminal y El Intruso, son todas producciones que cuentan instantes, momentos, realidades y sueños del pueblo colombiano.

Todas ellas, con temáticas diferentes, son caras opuestas de un mismo país que con orgullo exhibiremos ante el mundo. Con satisfacción presentaremos estos siete nuevos largometrajes, que en su totalidad han sido apoyados por estímulos de la Convocatoria Cinematográfica del Ministerio de Cultura, pero cuya realización fue posible gracias a la tenacidad de los productores.

Una de las apuestas más’ interesantes que hemos hecho a través de la Convocatoria Cinematográfica y de los programas de formación de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura, es la de acompañar, estimular e incentivar la producción local y regional. En los últimos dos años, hemos profundizado nuestro trabajo en regiones que tradicionalmente habían sido excluidas del lenguaje audiovisual. Hemos apoyado la producción de cortos de ficción en Putumayo, Arauca y Caquetá, y encontrado enormes potencialidades creativas en los jóvenes de estos departamentos, todos ellos animados por un interés vital e intransferible de producir historias propias.

Hemos presentado cine en lugares donde nunca antes se había presentado una película en la pantalla grande. La falta de equidad audiovisual del país es enorme, lo que nos impulsa en el Ministerio de Cultura a trabajar también «con y en beneficio» de las poblaciones más vulnerables y con menores posibilidades de acceso al mundo de las imágenes en movimiento.

En medio de todas estas luchas y apuestas, el Festival siempre será el lugar para tomar fuerza y construir nuevas rutas que nos garanticen el irrenunciable derecho de producir imágenes en movimiento que nos den la oportunidad de contar, en español, lo que somos y queremos ser.

y es que muchas veces, la ficción del cine se ha convertido en realidad: hace un par de años una película colombiana se adelantó a contar una historia con un final que todos en este país deseamos vivir. Ahí en la pantalla, estaban representadas todas las regiones, todas las profesiones y todas las clases sociales.

De ahí mismo, de esa nación puesta en escena, salieron dos equipos de fútbol que personificaban la confrontación. Al final, la lógica de esa cinta, que es la lógica misma de la realidad del país, los hace jugar un partido que nadie hubiese imaginado, en el que queda demostrado que todos llevan puesta la camiseta de Colombia.

Hoy hemos comprobado que las diferencias entre el Capitán Carlos y la Comandante María no son irreconciliables y que aquello que nadie creía posible, sí lo es. Por ejemplo, el viaje conjunto que realizaron los representantes del Estado colombiano y los voceros de las Farc-Ep por Europa para conocer los modelos económicos y sociales de otros países. Así como en la película, todos se pusieron la camiseta de Colombia y juntos convivieron cerca de un mes aprendiendo las lecciones del mundo moderno y enseñando a la comunidad internacional y a nuestro país, que avanzamos con un buen rumbo en el proceso de reconciliación entre los colombianos.

En el viaje a Europa dimos un paso irreversible que nos sirvió para demostrar, como ocurre en la cinta, que todos podemos jugar con la camiseta de la paz.

Yo comparto plenamente el optimismo de esta historia que augura para todos los colombianos y para quienes hoy en día nos representan en la Mesa de Negociaciones, ese apretón de manos sincero y fraterno fruto del diálogo, de la negociación y de la concertación, que nos permitirá construir esa nueva Colombia que tanto anhelamos.

Para Víctor Nieto y todos sus colaboradores, ese maestro, «resistente», que se mantuvo erguido, en pie, cuando no eran siete ni cinco ni siquiera dos las películas colombianas que llegaban a Cartagena, un abrazo de todos los que lo queremos y admiramos.

Gracias por darnos estos 40 años de sueños, de fantasías y de historias reales o creadas, contadas en español.

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
3 de marzo de 2000