ELECCIONES DEL 29 DE OCTUBRE, ENCUENTRO DE PAZ EN LAS URNAS2017-12-18T11:47:10+00:00

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Alocución del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, por radio y televisión. 

Compatriotas:

Una nación asediada por su pasado pero con la vista puesta sobre el horizonte esperanzado de su futuro tiene en sus procesos electorales una medida del país posible en medio del respeto de las diferencias, de las manifestaciones libres del pluralismo ideológico y de la garantía de controversias y puntos de vista en un marco democrático.

En las elecciones locales y regionales el debate, los planteamientos y las definiciones tienen un sentido más inmediato y reflejan el maravilloso espectro de la diversidad de nuestra Colombia en las propuestas para los barrios, en los planes para las ciudades o en los acuerdos por las regiones.

Los candidatos que se presentaron ayer domingo para el veredicto de sus vecinos y conciudadanos constituyeron un verdadero arco iris de la democracia. Las etnias, los trabajadores más humildes, los intelectuales, los artistas, los sindicalistas, los ecologistas, las organizaciones no gubernamentales, los trabajadores sociales y las coaliciones civicas hicieron oír sus voces a la par de los políticos y los partidos.

De ahí que la contienda de ayer haya sido un encuentro de paz en las urnas, exento de sectarismos, en el que predominó la confrontación de tesis y del que queda la clara lección de que en el mundo de hoy unos votantes ganan una representación, pero los votos restantes deben ser igualmente garantía de fiscalización democrática y cumplimiento de la palabra empeñada por los elegidos. Porque el fin último de una elección es hacer de la nuestra una nación sin excluidos.

Es lugar común reclamar un triunfo de la democracia o una derrota de los violentos.
Sin embargo, apenas comenzamos a tomar dista cia de los hechos comprendemos que ayer triunfó una manera de discurrir y de discernir entre compatriotas y hermanos.
Por ello quiero felicitar a cada uno de los miles de candidatos que se armaron de imaginación, de inteligencia y de coraje para aspirar a cambiar a Colombia, mujeres y hombres, cada cual con sus sueños y de la mano de su gente. Quiero felicitar también a los millones de compatriotas que refrendaron su confianza en las instituciones a través del voto. Y mi agradecimiento a la fuerza pública, a todos nuestros soldados y policías que hicieron posible que ayer nuestro país confirmara al mundo su fe en nuestra democracia.

El diálogo en paz y sin odios fue el sello de un proceso electoral pleno de garantías para la expresión plural, el voto de protesta y el planteamiento grandes proyectos de construcción de un nuevo país desde sus pueblos, sus vecindarios, sus ciudades y sus regiones.

La concordia, la solidaridad y el respeto signaron unas elecciones que para candidatos y aspirantes era importante ganarlas, pero para el país y la sociedad era primordial, ante todo, realizarlas demostrándonos a nosotros mismos que podemos zanjar nuestras diferencias de manera civilizada, manteniendo así la luz de la esperanza brillando sobre nuestro futuro.

Ayer Colombia se expresó con diversos acentos y con ideas encontradas, pero con el mismo lenguaje. Un lenguaje que nos invita a trabajar todos de la mano para sacar adelante a Colombia. Por eso como presidente de todos los colombianos vaya meterles el hombro a los proyectos y programas de los nuevos alcaldes y gobernadores, sin distingos de partido o color político, para que sus propuestas, las de inversión en la gente, las de inversión en educación, en salud, en la niñez, en la construcción de un país mejor, se puedan llevar a cabo y así cumplirles a los colombianos que han depositado muchas ilusiones en sus nuevos gobernantes. No les vamos a fallar.

Ayer triunfó el diálogo sobre la fuerza bruta, las ideas y las esperanzas sobre la barbarie. Y desde hoy debemos poner todo nuestro empeño en el diálogo tanto entre las fuerzas sociales y políticas como entre la sociedad civil y los violentos. El proceso electoral ha dejado en claro que Colombia pide a gritos un acuerdo amplio y generoso sobre un futuro en el que solo queden por fuera la violencia y la mezquindad de quienes prefieren apostarle al desastre antes que construir colectiva y solidariamente una Colombia en la que la justicia social sea el cimiento de la paz y la concordia.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
30 de octubre de 2000