ENFRENTANDO LA CRECIENTE BRECHA ENTRE LOS HABITANTES MÁS RICOS Y MÁS POBRES DEL MUNDO2017-12-18T11:56:15+00:00

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En septiembre de 2000 nos reunimos en Nueva York los líderes del mundo para realizar la llamada Cumbre del Milenio. Allí tuve oportunidad de representar, no sólo a mi país, Colombia, como Presidente de la República, sino también a los 18 países de América Latina y a los15 del Caribe, que hacen parte del Grupo de Río, pues Colombia ocupaba entonces su Secretaría Pro-Témpore.

Allí hablé en nombre de América Latina y el Caribe, un subcontinente con más de 200 millones de pobres, y propuse los siguientes objetivos:

  • Que la cooperación internacional financiara tanto las redes de protección social como la inversión en capital humano y en infraestructura.
  • Que se frenaran las medidas proteccionistas de los países con mayor grado de desarrollo y riqueza, para aumentar, bajo términos de equidad, el flujo del comercio internacional.
  • Que se diera una solución justa y duradera al problema del endeudamiento externo de las economías más pobres.
  • Que construyéramos una nueva arquitectura del sistema financiero internacional que propicie la estabilidad en los mercados financieros y cambiarios y que brinde asistencia y respaldo a los países en procesos de ajuste o en dificultades.

Además, respaldé, como lo hicieron todos los Jefes de Estado presentes, el objetivo propuesto por el Secretario General Kofi Annan de buscar reducir a la mitad, para el año 2015, la proporción de aquellos que viven en la pobreza extrema.

Ya antes, en 1992, en la Cumbre de la Tierra, en Rio de Janeiro, se había planteado el compromiso de las naciones desarrollas de aportar cuando menos el 0.7% de su PIB a la cooperación internacional con las naciones más pobres.

13 años después de este compromiso y faltando apenas 10 para alcanzar la meta fijada en la Cumbre del Milenio, vemos que no se avanza con la rapidez ni con el compromiso que se esperaba.

El porcentaje del 0.7% de cooperación internacional es hoy apenas cumplido por media docena de naciones, en tanto la mayoría de las naciones desarrolladas sigue aplazando su cumplimiento, fijándose metas parciales y ampliando los plazos hasta el 2010 o incluso el mismo 2015.

¿Por qué no se ha cumplido con esta meta, a mi entender modesta, pero de inmensa significación para disminuir la brecha de bienestar y calidad de vida entre los países más ricos y más pobres?

En primer lugar, porque la ayuda internacional ha carecido, en gran medida, de una debida coordinación. Cada país pretende cumplir con su parte, independientemente del esfuerzo de los demás, lo que genera ineficiencias  y problemas de gestión.

La cooperación internacional no puede ser un campo para la competencia entre países, sino, precisamente, para la colaboración armónica entre ellos hacia unos mismos fines. Por eso mismo, es fundamental que se lleve a cabo de forma coordinada y no como esfuerzos aislados.

En segundo lugar -y esto es muy importante- muchos países desarrollados se muestran reticentes a aumentar sus fondos de cooperación internacional argumentando que el nivel de corrupción y desorganización administrativa en los países pobres es muy grande, y que esto hace que los recursos se pierdan y no lleguen a sus destinatarios finales.

Partiendo de esta premisa, los países desarrollados dicen que aumentarán sus fondos de ayuda sólo cuando en los países beneficiarios se controle el fenómeno de la corrupción y el desgreño administrativo.

Por supuesto, con posiciones como éstas llegamos a un terrible círculo vicioso: no se dan recursos a los países menos desarrollados bajo el pretexto de la corrupción, pero a su vez la corrupción se mantiene en dichos países en gran parte debido a la escasez de recursos y de mecanismos para combatirla.

Si hay que buscar una salida a este círculo vicioso, ésta tiene que ser la de la acción y no la de la inacción.

La forma de salir de esta encrucijada no es limitando los recursos de cooperación, so pretexto de la corrupción, sino dando esos recursos, por lo menos hasta el porcentaje del PIB pactado, con los necesarios controles y verificaciones, para que el mismo desarrollo impulse una mayor transparencia.

Tenemos que ser creativos para buscar fórmulas que faciliten el desembolso de los recursos y que estos lleguen verdaderamente a la población más necesitada. Pero la solución no es quedarse quietos, esperando que las cosas mejores solas.

En este sentido, en el tema de la cooperación internacional, es fundamental que los países desarrollados se junten, y no obren separadamente, aprovechando mecanismos como los que ofrecen las diversas agencias internacionales, de forma que se dé la ayuda en forma coordinada, se establezcan controles que favorezcan la transparencia de su utilización y se concentren los recursos en las urgentes necesidades del mundo en desarrollo. ¡Pero hay que obrar! ¡No quedarse quietos!

Debemos, por otro lado, registrar y aplaudir la decisión de los países del G-8 de condonar la deuda de 18 de los países más pobres del mundo. Es una decisión en la dirección correcta, que parte de la premisa de que el mundo no puede prosperar mientras la gran mayoría de su población vive en la pobreza y afectada por serias carencias de salud, educación, nutrición y seguridad.

La situación del África, con más de 26 millones de personas infectadas por el SIDA y una expectativa de vida por debajo de los 40 años es simplemente alarmante, y convoca la solidaridad y la acción mundial.

También alarmantes son los niveles de pobreza que se viven en América Latina o en determinadas regiones de Asia.

“Nadie puede ser rico si sus vecinos son pobres”, dijo John F. Kennedy, en una verdad que hoy debe cuestionar a todas las naciones desarrolladas.

¿Cómo comenzar a cerrar la brecha económica y social entre los más ricos y los más pobres del planeta? La respuesta es una: COOPERACIÓN INTERNACIONAL. Las metas a corto y mediano plazo ya son conocidas, pues son las de la Cumbre de la Tierra y la Cumbre del Milenio.

Lo más urgente ahora es romper el círculo vicioso al que me referí, y entregar la ayuda de cooperación internacional en forma coordinada y con verificación, sin excusarse en la corrupción o los problemas de gestión de las naciones más pobres. Sólo así podremos acercarnos al objetivo de un mundo más justo para todos.

Lugar y Fecha

California, Estados Unidos
23 de junio del 2005