FORO DEL US-SPAIN COUNCIL Y EL CONSEJO ESPAÑA-ESTADOS UNIDOS “MÁS ALLÁ DEL BILATERALISMO”2017-12-18T11:52:30+00:00

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Apreciados amigas y amigos de Estados Unidos, España y América Latina:

¡Qué bueno estar hoy con ustedes, al frente de tantos rostros familiares, y poder compartir algunas reflexiones sobre esta relación trilateral que toca lo más hondo de mis afectos!

No dudé en aceptar la amable invitación que me extendió mi buen amigo, el senador Mel Martínez, en su calidad de presidente del United States – Spain Council, porque entiendo, en primer lugar, la importante labor que cumple este Consejo y su correspondiente en España, y porque el tema lo siento cercano a mi propia experiencia personal.

Estoy además muy honrado por compartir este panel con el Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental de los Estados Unidos, Tom Shannon; con el Director General de Política Exterior para Iberoamérica de la cancillería española, don Javier Sandomingo, y con mi buen amigo, don Gustavo de Arístegui, portavoz del Partido Popular en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados. Son todos unos excelentes interlocutores para esta grata discusión.

Hablar, para mí, de los Estados Unidos, España y América Latina es como esbozar mi propia autobiografía, pues son las tres regiones del mundo que más han marcado mi vida.

En América Latina están mis orígenes, mi trabajo y mi corazón; en España tengo amigos excepcionales y tuve la fortuna de vivir recientemente por más de tres años, y en los Estados Unidos también he pasado importantes etapas de mi vida, incluyendo ésta en que tengo el honor de desempeñarme como Embajador de mi país ante esta gran nación.

Puedo afirmar por eso, con la seguridad de hablar de aquello que conozco, que los Estados Unidos, España y América Latina están más cerca de lo que todos podemos imaginar. Están intrínsecamente unidas por un legado de respeto a los principios de la democracia, los derechos humanos, las libertades públicas y la cohesión social. Es precisamente en la reafirmación conjunta de estos principios donde debemos encontrar la clave para hacer causa común en torno a la construcción de un mundo más balanceado, constituyéndonos en una poderosa fuerza de paz, estabilidad y prosperidad.

Por supuesto, a pesar de los sueños, valores y principios que compartimos, es natural que en política internacional tengamos también nuestras diferencias. Lo importante es que éstas no nos aparten, sino que, al contrario, nos lleven a la generación de consensos que tomen en consideración las visiones de todas las partes, enriqueciéndonos en la diversidad. Es éste precisamente el interés de América Latina. La región no busca paternalismos, ni fórmulas mágicas para solucionar los viejos problemas estructurales. Buscamos una relación y un trato entre iguales.

Permítanme delinear a continuación las bases de lo que considero puede ser una agenda común de cooperación política entre estos tres fundamentales actores en el escenario internacional.

La defensa de la democracia.

En primer lugar, los Estados Unidos, España y América Latina deben trabajar juntos por la defensa de los valores y las instituciones democráticas en el mundo.

La democracia ha sido una gran conquista de nuestra región y hoy nuestro compromiso se debe centrar en su fortalecimiento y profundización para que sus postulados se conviertan en letra viva y posibiliten un control ciudadano efectivo en las decisiones de poder.

Como una muestra de los avances obtenidos, quisiera resaltar el caso de Colombia, donde el pasado 28 de mayo el Presidente Álvaro Uribe recibió un claro mandato de los ciudadanos colombianos para su segundo periodo consecutivo. De esta reciente elección en Colombia, y del más reciente proceso electoral en el Perú, se pueden derivar dos conclusiones de especial relevancia para la región:

La primera es que, -así le pese a muchos analistas que quisieran poder decir lo contrario-, en América Latina sí es posible tener estrechos vínculos de cooperación, incluso relaciones estratégicas, con los Estados Unidos y al mismo tiempo ganar las elecciones.

En otras palabras, un discurso que privilegie la relación con Washington es susceptible de cautivar el electorado en nuestros países. Ello derrumba el mito de los beneficios electorales del discurso “anti-estadounidense” o “anti-yanqui” que algunos líderes latinoamericanos pretender postular como una falsa base de unión latinoamericana.

La segunda conclusión es que no sólo los candidatos populistas están ganando las elecciones en la región. También lo están haciendo los partidos de centro con el claro compromiso de fortalecer la democracia, superar la pobreza y brindar un mayor desarrollo económico acudiendo a fórmulas responsables.

Mirando el caso de Colombia, hoy podemos ver cómo su solidez democrática y seriedad en el manejo económico le confieren cada vez más un rol estratégico en América Latina. Colombia –a pesar del embate del narcotráfico que nos ha golpeado fuertemente en las últimas dos décadas– es una fuente de estabilidad regional por su compromiso con la promoción y protección de la democracia y los derechos humanos, y es también una fuente de seguridad por su decisión frontal de combatir el narcotráfico, el terrorismo y el tráfico de armas, problemas todos de carácter global.

En cuanto a la región, hay quienes afirman –mirando únicamente el vaso medio vacío– que el modelo de desarrollo que intentamos en América Latina durante las últimas dos décadas, basado en políticas responsables de austeridad y de promoción del mercado, ha fracasado, y citan como prueba las cifras de pobreza que todavía nos agobian. Ellos proponen un supuesto modelo “progresista” o “social”, basado en la distribución generosa de recursos entre los más pobres. Sin embargo, dicho pretendido modelo no es en realidad un modelo sino tan sólo una coyuntura alcanzada por los altos precios internacionales de productos estratégicos como el petróleo.

Un gasto público desmesurado basado en los altos precios del petróleo puede llevar a caídas calamitosas en el futuro y puede golpear gravemente la infraestructura productiva de un país. Esa es, ni más ni menos, la llamada enfermedad holandesa, que sólo se evita con medidas prudentes y responsables. Únicamente algunos pocos Estados árabes, donde la proporción entre los recursos petroleros y la población es infinitamente grande, pueden darse el lujo de depender exclusivamente de sus recursos energéticos.

Los países ricos en hidrocarburos, al momento de manejar las bonanzas, no deben olvidar las duras lecciones que dejó la crisis de comienzos de los setenta. Ojalá que dichas bonanzas sirvan para fortalecer las instituciones y afianzar la democracia y que no se confirme otra vez la tesis que propone el analista Thomas Friedman en un reciente artículo publicado en The Economist acerca de que el precio del petróleo y la libertad avanzan siempre en direcciones opuestas.

De mi parte, en cuanto al desarrollo social en América Latina, yo veo el vaso medio lleno. En efecto, nadie niega que tengamos problemas grandes de pobreza que combatimos día tras día. Pero tampoco puede ocultarse que hemos avanzado mucho y hemos construido instituciones democráticas y sociales con buenos resultados para la población.

Para hablar del ejemplo más cercano para mí, que es Colombia, hoy podemos decir que hemos pasado, en apenas década y media, de una cobertura educativa básica del 50% de nuestros niños a más del 90%, y de una cobertura de salud para los más pobres del 35% a más del 70%. Resultados similares pueden comprobarse en otros países de la región. Sin duda, el modelo de la responsabilidad, con sentido social, es el único que puede llevarnos definitivamente al desarrollo.

Ahora bien, con gobiernos denominados de izquierda en Brasil, Argentina, Venezuela y Uruguay, y después de las elecciones presidenciales en Chile y Bolivia, muchos analistas hablaron de un “giro hacia la izquierda” en América Latina. Incluso, en una intervención reciente ante la Organización de Estados Americanos, mi buen amigo Fernando Henrique Cardoso, ex Presidente del Brasil, advirtió que en la región se puede estar gestando un “retorno del populismo”, fenómeno que, para él, representa la negación misma de la democracia.

El Premio Nóbel de la Paz y Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, sostiene, por su parte, que, en lugar del pretendido “giro a la izquierda” en realidad la tendencia en la región es hacia una mayor moderación política, es decir un giro hacia el centro, tan alejado de los cambios radicales que proponían los movimientos de izquierda hace 20 años, en plena Guerra Fría, como de los gobiernos autoritarios que llegaban al poder por la vía de los golpes de Estado.

Yo comparto esta opinión. Ejemplos como Chile y Brasil dan cuenta de una izquierda responsable con el futuro de sus ciudadanos. Otros como Colombia y Perú, y gran parte de los países centroamericanos, muestran que las posiciones de centro, alejadas de cualquier extremismo, también tienen, por fortuna, cabida en América Latina.

De cualquier forma, es importante subrayar que los cambios políticos en América Latina se han registrado en todos los casos dentro de la institucionalidad democrática, lo que nos permite concluir que las sociedades de nuestros países están dando muestras de una madurez política que no tiene nada que envidiarle a otras regiones del mundo.

Yo diría, para terminar este análisis de las tendencias políticas en la región, que es bueno y absolutamente saludable que las diversas tendencias políticas tengan presencia en nuestro continente. Lo realmente importante es que vengan respaldadas por procesos democráticos transparentes y que no avalen comportamientos irresponsables al interior de los países (populismo) o agresivos o intervencionistas frente a terceros países.

Por encima de las diversas tendencias, llámense como se llamen, considero que es fundamental unir nuestros esfuerzos para ratificar el compromiso colectivo con la seguridad mundial y hemisférica: lucha contra el terrorismo, narcotráfico y tráfico de armas, a través del ejercicio de la corresponsabilidad.

Igualmente, debemos reiterar la necesidad del estricto respeto por la propiedad privada y de la seguridad jurídica como principios rectores de las relaciones comerciales. Hay que asignarle al Estado un rol en la planeación económica, pero también debemos dejar que el mercado cumpla sus funciones de regulación. Hay que fortalecer los partidos políticos, como espacios privilegiados de la representación ciudadana, a través de su democratización interna, la promoción de nuevos líderes, una mayor transparencia y una capacidad renovada para transmitir las demandas sociales.

Para el cumplimiento de esta tarea confío en que los Estados Unidos y España se integren con América Latina sin prejuicios, desarrollando una política integral de largo plazo, y sobre la base de que nuestros países no son unos “minusválidos políticos”. Somos actores estratégicos para su presencia mundial y podemos contribuir a generar importantes consensos en temas centrales de la agenda global.

La paz y seguridad mundiales.

El concepto tradicional de seguridad se ha redefinido. Al comienzo de este siglo los Estados Unidos, España y América Latina enfrentan amenazas a la seguridad y paz internacionales que están globalmente interconectadas, sin precedente alguno. Son retos que un sólo Estado, de forma aislada e independiente, no puede afrontar y que no fueron previstos en la arquitectura internacional que se desarrolló a partir de 1945.

Hoy una amenaza de carácter trasnacional para un Estado es una amenaza para la comunidad global, que requiere una mayor cooperación internacional, liderazgo político de las naciones e instituciones de seguridad colectiva.

Los Estados Unidos, España y América Latina tienen la obligación de hacer causa común, en el marco de las Naciones Unidas y de la cooperación regional, alrededor de acciones eficaces contra el terrorismo internacional. No podemos caer en la trampa de quienes quieren presentar el terrorismo como un “choque de civilizaciones” o “de culturas”. Estamos frente al fenómeno de delincuentes y fanáticos que han querido tomar por asalto los escenarios de la cultura, de la religión y de la política.

Nuestras acciones deben privilegiar el reconocimiento de la clara conexión entre terrorismo, drogas ilícitas, corrupción, lavado de dinero, tráfico ilegal de armas y crimen transnacional.

El problema mundial de las drogas.

En esa misma dirección, los Estados Unidos, España y América Latina deben continuar sus esfuerzos de cooperación efectiva, a partir del principio de la responsabilidad compartida, para atacar las drogas en toda su cadena productiva y su contenido trasnacional. Por lo tanto, es necesario redoblar nuestros esfuerzos conjuntos en campos como el control a los precursores químicos, el lavado de activos, el consumo y el ingreso ilegal de drogas, que por cierto tiene dos grandes puertos de entrada en el mundo: los Estados Unidos y España. Sin medidas puntuales en estos aspectos, la criminalidad organizada seguirá siendo un grave factor de perturbación internacional.

Valga anotar aquí que observo con muchísima preocupación que, mientras que en Estados Unidos el consumo de droga se ha estabilizado, en Europa la demanda se ha disparado. Esto representa, por supuesto, un grave problema de salud pública para España y todos los europeos, pero es también un inmenso problema para América Latina, y sobre todo para Colombia, donde ese consumo se convierte en violencia y terrorismo.

Reforma del sistema financiero internacional

En América Latina estamos cada vez más convencidos de que la viabilidad de nuestra integración a la economía global no será posible sin una reforma a fondo del sistema financiero internacional. Esto significa, en la práctica, la necesidad de una mayor cooperación de los Estados Unidos y España para que los países en desarrollo tengan acceso a la financiación en condiciones menos sofocantes del crecimiento y de la distribución del ingreso; la configuración de un esquema de relaciones que premie los esfuerzos de austeridad en el auge con incentivos específicos a la disponibilidad de recursos en los momentos de crisis, y el diseño de formas novedosas de reconversión de la deuda, asociadas a la protección del medio ambiente, a la inversión en nuevas tecnologías y a la universalización de la educación.

Sin una reforma al sistema financiero internacional, difícilmente se podrán aumentar la inversión social y reducir las desigualdades existentes en América Latina, que por cierto hoy tiene más de 200 millones de pobres y los niveles de inequidad más altos del planeta.

El impulso a la integración.

Hablemos ahora de integración. Soy un convencido de que América Latina debe unir sus esfuerzos para impulsar su integración con los Estados Unidos y la Unión Europea a través de iniciativas bilaterales, regionales y bi-regionales. Ellas son una oportunidad de inserción internacional que contribuyen a un mayor acceso de los productos a los mercados mundiales y que fomentan las inversiones.

Debo ser muy claro al señalar que no hay plataformas de inserción excluyentes. Podemos y debemos avanzar simultáneamente, en ejercicio del principio de “Respice Omnia” -mirar al conjunto, mirar al universo-, hacia la suscripción de Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos, la configuración de un Área de Libre Comercio de las Américas y la constitución de Acuerdos de Asociación con la Unión Europea, que incluyan zonas de libre comercio.

En esta perspectiva, América Latina debe tener un mayor acceso a los mercados de los Estados Unidos y la Unión Europea, con el fin de promover su desarrollo económico, la generación de empleos y estimular la competitividad de nuestros países.

Pero también estamos en la obligación de avanzar hacia una mayor integración latinoamericana con la convicción de que la integración debe hacerse a través de bloques regionales. La experiencia de España en el marco de la Unión Europea ha demostrado las bondades de este proyecto en la preservación de la paz, la generación de bienestar y el desarrollo económico. Esta integración se hizo con enormes apoyos para la cohesión social y regional que representan más de una tercera parte del presupuesto comunitario, los cuales han beneficiado, por el término de 18 años, no sólo a países como España, sino también a Grecia, Irlanda y Portugal, en sectores estratégicos como obras de infraestructura, recursos humanos y entorno productivo.

Infortunadamente la integración de América Latina con los Estados Unidos o Europa no cuenta con esos soportes. Es decir, se hace sin “anestesia”. Por lo mismo, debemos encontrar mecanismos específicos que permitan resolver las inevitables asimetrías que se presentan.

El tema migratorio.

El tema migratorio es también de vital importancia en la integración de América Latina con los Estados Unidos y España. Se refiere, en pocas palabras, a la dimensión humana de nuestras relaciones y la búsqueda del reconocimiento de derechos y garantías de millones de seres humanos que no sólo contribuyen al desarrollo económico de los países en que residen, sino también se constituyen en una fuerza política de enormes dimensiones y potencial.

Por ello, considero que es necesario que los Estados Unidos y España construyan enfoques amplios para manejar la migración irregular, a partir de políticas integrales que promuevan una mejor protección de los derechos humanos de los inmigrantes, su eficiente integración social y cultural, así como la regularización de la situación legal de aquellos que ya se encuentran en sus territorios. Por su parte, los países de América Latina deben asumir su corresponsabilidad en el tema migratorio para darle un carácter legal, ordenado y seguro.

Sin duda alguna, este tema pone a prueba el sueño americano y europeo y su visión colectiva de futuro, sustentado en una conciencia incluyente, multicultural y global.

Quisiera culminar esta presentación, que no ha pretendido otra cosa que delinear los principales aspectos de lo que podría ser una agenda común entre los Estados Unidos, España y América Latina, citando unas palabras de Javier Solana, Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común, que pronunció en una reciente entrevista en el periódico El Espectador de Colombia, las cuales resumen el espíritu del evento que hoy nos congrega:

“Europa y Estados Unidos son socios, aliados y amigos, por muchas y buenas razones. Esta amistad se traduce en relaciones de confianza y se plasma en numerosas estructuras comunes de deliberación y decisión conjunta. Lo mismo puede predicarse de Europa y América Latina. Ambas orillas del Atlántico compartimos los mismos principios, valores y convicciones democráticas y somos herederos de una misma cultura. Estoy convencido de que juntos: americanos del norte y del sur, y europeos, podríamos actuar como una poderosa fuerza de paz, estabilidad y prosperidad”.

Muchas gracias

Lugar y Fecha

Florida, Estados Unidos
17 de julio del 2006