FORTALECER Y CONSOLIDAR LA REACTIVACIÓN ECONÓMICA PARA DAR UN VERDADERO SALTO ADELANTE2017-12-18T11:47:27+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, en la clausura de la asamblea general de la Asociación Nacional de Industriales de Colombia

Volver, como cada año, a la Asamblea de la ANDI es siempre un privilegio que espero con mucha expectativa, pues es el momento ideal para reunir me con los gestores y motores de la economía colombiana, para intercambiar visiones y perspectivas sobre el país que queremos y por el que estamos trabajando.

A la ANDI, a su gestión por los industriales de Colombia, pero sobre todo, a su labor más allá de los intereses gremiales por los intereses nacionales, tenemos mucho que agradecerle. Y parte de ese agrade- cimiento es por haberle prestado al país, y muy especialmente al Eje Cafetero cuando más lo necesitaba, a un hombre de las calidades empresariales y humanas como Luis Carlos Villegas.

A Luis Carlos, hoy, ante sus colegas y ante el país, le quiero decir gracias: ¡Gracias por hacer del Fondo de Reconstrucción del Eje Cafetero un modelo, no sólo nacional, sino mundial, de transparencia y eficiencia!

Asistimos hoya una asamblea de la Asociación Nacional de Industriales de Colombia en un ambiente muy distinto del de hace un año. Un ambiente plagado de noticias de reactivación. Un ambiente que permite nuevamente mirar hacia el futuro. Un ambiente en el cual existen múltiples y difíciles retos, pero en el que ya hemos derrota- do el pesimismo.

El crecimiento de la industria en el primer semestre de este año fue del 10 por ciento, la cifra más alta desde que se hace la encuesta de la ANDI. Pero eso no es todo. La utilización de la capacidad instalada y los pedidos volvieron a los altos promedios de los años noventa, en tanto que el nivel de inventarias está en los niveles más bajos. ¡ Éstas son las buenas noticias de la reactivación y de la industria colombiana!

Mi gobierno se impuso como meta de corto plazo sacar al país de la crisis económica más profunda que hemos vivido en los últimos sesenta años. iY lo hicimos! Y tengan la seguridad de que continuaremos trabajando para llevar esta reactivación a puerto seguro al finalizar mi mandato.

La dimensión de la parálisis económica que recibimos era catastrófica. Veamos: caída del producto interno bruto del 5 por ciento, deterioro industrial del 18 por ciento, tasas de interés por encima del 50 por ciento, un sector financiero a punto de una crisis sistémica, huida de capitales por la crisis financiera internacional y un gigantesco déficit en cuenta corriente, preludio de una crisis cambiaria de gran- des proporciones.

Teníamos, para empeorar las cosas, un sector agropecuario arrasa- do por la revaluación e importábamos cinco millones de toneladas de alimentos. Un desempleo que se duplicó del ocho por ciento en 1994 al 16 por ciento en agosto de 1998. Un gasto público que, en promedio, se incrementó cada año entre 1990 y 1997 en 11 puntos por encima de la inflación y que llevó a acumular un déficit que, de no haber tomado medidas urgentes, pudo haber llegado en 1998 al siete por ciento del producto interno bruto.

Consecuentemente, teníamos una deuda pública, interna y externa, que consumía, en sólo pago de intereses, el 30 por ciento de nuestros ingresos fiscales. Y , para colmo, unos departamentos y municipios, excepción hecha de Bogotá y otros pocos, totalmente quebrados.

Será la historia, y no los actuales analistas, quienes se encarguen de señalar a los verdaderos responsables de esa debacle económica. De señalar cuándo, cómo y dónde se gestó y se multiplicó esa crisis. Y también será la historia la que evalúe cómo mi gobierno fue capaz de reactivar la economía, enderezar los errores y trazar una ruta nueva para llevar al país a tener una economía sólida y sostenible.

Hace un año, cuando esta asamblea reportaba las peores cifras de su historia, le pedí que le dieran un tiempo prudente a mi gobierno y que no nos dejáramos apabullar por el pesimismo. No era ni es tarea fácil pedirle paciencia a quien se queda sin empleo o a quien siente perder su empresa, fruto de años de trabajo. Esa tarea era tanto más difícil en un país en el cual más de tres generaciones no habían vivido una verdadera crisis económica ni mucho menos sa- bían cómo enfrentarla.

Si les hubiera dicho entonces que durante los primeros seis meses de este año la industria crecería al 10 por ciento, ustedes no lo hubieran creído.

Señores industriales: ustedes, como gerentes, saben el trabajo que significa sacar una empresa de una crisis profunda. y por eso ustedes saben, con las cifras en la mano, que vamos por el camino correcto.

¿Qué falta mucho por hacer? ¡Claro que sí! Y yo soy el primero en reconocerlo. Y no sólo le falta por hacer a mi gobierno, en los dos años que tenemos por delante, sino a los gobiernos que vienen. Un desastre económico de esas proporciones no se arregla de un día para otro. La historia, incluso la reciente, está llena de ejemplos de países que soportaron crisis tan complejas como la colombiana y que necesitaron tiempo, trabajo y paciencia para superarlas: Méjico, Brasil, Argentina y Chile en la década de los ochenta; o el mismo Méjico, Venezuela y Ecuador en la de los noventa.

Una comparación con nuestros vecinos, que adolecían de crisis similares a la nuestra hace dos años, muestra que las políticas que aplicó mi gobierno fueron las correctas. Por eso, a pesar de que vivimos unas condiciones de orden público que ellos no tienen que enfrentar, se ven ya los buenos resultados, unos resultados que ahora estamos en obligación de fortalecer y consolidar.

¿y qué hemos hecho hasta ahora?

Hemos rescatado al país de la revaluación que hacía fácil importar y difícil producir en Colombia.

Bajamos en más de treinta puntos, unas absurdas tasas de interés que invitaban al ocio y al no pago de las deudas.

Evitamos una crisis sistémica del sector financiero y le dimos las herramientas para salvarse y salir adelante.

Rescatamos nuestra agricultura, abandonada por ocho largos años, y reducimos las importaciones agrícolas en más de 20 por ciento.

Combatimos con fuerza y con constancia el contrabando y con ello, aumentamos la demanda por los productos colombianos.

Hemos devuelto la esperanza a 800 mil deudores del UPAC que veían crecer sus deudas sin pausa, muchos de los cuales tenían perdidas sus viviendas.

Hemos salvado a las empresas viables con la Ley de Intervención Económica.

Incrementamos nuestras exportaciones y ya tenemos una balanza comercial positiva.

Revertimos la tendencia creciente del gasto público fomentada con irresponsabilidad durante muchos años.

Y todo esto nos ha llevado a que el país, dos años después crezca nuevamente por encima del tres por ciento y la industria, isus industrias, lo hayan hecho al diez por ciento durante este primer semestre.

Hoy quiero mirar hacia el futuro. Hacia lo que sigue para fortalecer y consolidar esa reactivación, pero además hacia lo que debemos hacer para dar un verdadero salto hacia adelante.

Para mantener esta reactivación se requiere continuar con el proceso de reducción del déficit público que iniciamos hace dos años. Todos lo sabemos. Mucho se ha hablado sobre este tema durante demasiados años y creo que llegó el momento, ahora en un ambiente económico mucho más estable, de generar un acuerdo que permita una solución de fondo.

La gran paradoja es que, mientras discutíamos y discutíamos sobre ajuste fiscal, el gasto público -sin contar el pago de intereses- creció 11 puntos en promedio por encima de la inflación entre 1990 y 1997 Y la deuda acumulada se multiplicó para cubrir los faltantes. Aunque ya le quebramos el espinazo a esa tendencia creciente del gasto, debemos hacer más.

Todos parecemos estar de acuerdo en la necesidad del ajuste, y sin embargo se han entronizado en el país algunas verdades a medias que nos llevan a que discrepemos sobre las decisiones necesarias para llevarlo a cabo. Ya sea por intereses personales o por intereses políticos no encontramos el lenguaje común que nos permita solu- cionar el déficit.

El problema es de gastos y de ingresos, como lo demuestra fácilmente una comparación internacional. Lo que debemos hacer es re- partir mejor las cargas y acabar las ineficiencias. Yo los invito, a ustedes, a los partidos políticos, a los trabajadores, a que con grandeza, desarmemos nuestras prevenciones y nuestros prejuicios sobre el problema y hagamos un intento real de acercar posiciones.

El ajuste fiscal dejó de ser el problema de un partido o de un sector para convertirse en un asunto que nos incumbe a todos.

Todos debemos aportar algo para resolverlo. De nuestra capacidad para enfrentar y enderezar este problema estructural dependerá que podamos mantener bajas las tasas de interés, que podamos asegurar suficiente crédito para el sector privado y que generemos inversión y empleo para llevar bienestar a todos los colombianos.

Existen otros obstáculos que debemos salvar para fortalecer la reactivación. Es claro que el sector financiero aún siente el peso del golpe que le asestó la crisis y que aún falta camino para su recuperación.

Pero la tendencia es muy positiva y lo será más acompañada por la reactivación de la industria y de las ventas. Estén seguros de que estamos redoblando los esfuerzos para desentrabar definitivamente el crédito para el sector productivo.

Capítulo aparte merece el sector de la construcción. Éste es un sector que ha aportado mucho al empleo y al crecimiento en el pasado y que, al contrario de las otras industrias, no ha logrado engranar debido en buena parte a la falta de una definición jurídica. Al pronunciar este discurso se acaba de conocer el fallo de la Corte Consti- tucional sobre la UVR. Mi gobierno lo analiza aceleradamente. Es- pero que ese fallo le permita por fin a este sector, que es vital para bajar las tasas de desempleo y para jalonar a otras industrias, incorporarse de lleno al proceso de reactivación que muestra el resto de la economía.

Pero lo que más necesita la reactivación es que mantengamos bajas las tasas de interés. Así como fuimos tercos en estos dos primeros años en bajar esas tasas, vamos a ser igualmente tercos en mantenerlas bajas en los años que vienen. Éste será el mejor oxígeno para la reactivación y el mejor remedio para la salud del sector real y del sistema financiero.

Y mantendremos también nuestra tasa de cambio competitiva. Cuántas voces se alzaron en contra de la liberación de la tasa de cambio. Y sin embargo lo que hemos descubierto no es que nuestros empresarios fueran tan poco competitivos como nos decían algunos economistas, sino que los únicos negocios rentables eran importar y especular.

¡Conservar las tasas de cambio real y acabar con el contrabando son dos obligaciones centrales de un gobierno que quiera exigir eficiencia en el sector privado!

A los sectores petrolero y minero de los gobiernos no les habían dado la suficiente importancia. Si se tiene en cuenta que este sector genera una bonanza como la actual cerca de 20 por ciento de los ingresos que financian el presupuesto nacional, que el desarrollo regional es soportado en gran medida por sus regalías y que el petróleo es hoy un soporte básico de nuestras exportaciones; parece un absurdo que nos hayamos despreocupado por tantos años de encontrar nuevos yacimientos que reemplazaran a los actuales que entraron ya en su etapa decadente.

Mi gobierno realizó cambios profundos y radicales, una revolución en la legislación petrolera y continuaremos haciéndolo en el sector minero y de gas para recuperar la competitividad internacional perdida. Y los resultados no se han hecho esperar. Este año es un año récord en la firma de nuevos contratos de asociación de parte de Ecopetrol.

Nuestro reto ya lo hemos visualizado en un escenario de produc- ción de crudo en el 2010 que sobrepasa el millón de barriles por año. En este escenario, los aportes fiscales acumulados de Ecopetrol serían del orden de los 12.300 millones de dólares y los niveles de exportación podrían alcanzar los 3.700 millones de dólares lo que representa el 27 por ciento de las exportaciones totales actuales, per- mitiendo un sano equilibrio externo y un inmenso apoyo fiscal.

Sacar al país de la crisis económica y recuperar el crecimiento fue el reto de los dos primeros años. Fortalecer y consolidar la reactivación para generar empleo es el reto de corto plazo.

Pero sin duda, el éxito de Colombia en los próximos treinta años depende de que aprovechemos las oportunidades de crecimiento y desarrollo que nos brinda la globalización. Y ello no es tarea fácil.

En una generación, algunos países habrán logrado dar un salto cualitativo en calidad de vida como lo ha hecho España en los últimos veinte años y lo realiza hoy Méjico. Otros países apenas habrán continuado por un camino a tropezones como el que ha venido recorriendo Colombia. Y , peor aún, otros países habrán fracasado y serán cada día más inviables.

Uno de los factores que van a incidir en que Colombia pueda integrarse a los países que den ese salto cualitativo en bienestar en los próximos años, es acelerar nuestro proceso de integración económica con Estados Unidos y los países del Nafta. Esta iniciativa sigue vigente hoy más que nunca y está dentro de la agenda del país.

La inmensa tarea de recomponer nuestras relaciones con el mundo ha sido exitosa. El apoyo de los países europeos al Proceso de Paz, es hoy una realidad palpable y las relaciones con Estados Unidos se han fortalecido con hechos y compromisos concretos que van a ser refrendados con la visita que el presidente Clinton realizará a Colombia el próximo 30 de agosto.

El Plan Colombia ha acaparado la atención de los medios. Pero los logros de estos dos años son mucho mayores que el Plan Colombia. La visita del presidente Clinton, acompañado de los representantes más importantes de ambos partidos, sella un compromiso claro de largo plazo de Estados Unidos con Colombia. Además de los recursos para los próximos dos años, ya se iniciaron los primeros trabajos para asegurar los recursos que vendrán para las siguientes vigencias fiscales hasta completar una etapa de seis años.

Sigue entonces en nuestra agenda la integración económica. Les hemos reiterado a Estados Unidos nuestra posición de que la salida real a la violencia y al narcotráfico en Colombia está en el fortalecimiento de nuestra economía y del empleo. Hemos avanzado en esa postura y ya logramos un compromiso de complementar las prefe- rencias del ATPA buscando la incorporación de Colombia a las preferencias del Caribe

Pero queremos ir más lejos. Sabemos de la importancia del acceso preferencial a este mercado para nuestras exportaciones y como fuente de inversión extranjera para nuestro país. Por ello le he propuesto a Colombia que pensemos en el Nafta y hemos redoblado esfuerzos con Estados Unidos para que el comercio se convierta en el verdadero vehículo de cooperación en un futuro muy cercano.

Nos hemos impuesto un inmenso reto para los próximos dos años. Obtener el acceso al Nafta en condiciones adecuadas y preferenciales para el país o un acuerdo bilateral para acceso preferencial al mercado norteamericano.

lvamos a lograrlo!

Sin embargo y pese a todos nuestros esfuerzos de estos años en materia económica, sigo convencido de que el mayor de todos los obstáculos al crecimiento que tiene Colombia, es el conflicto inter- no. Un conflicto que impone una pesadísima carga al desarrollo y al empleo que se ha calculado en más del 2 por ciento del PIB.

¿Pero cuánto más puede pesar ese conflicto en la nueva economía globalizada? ¿Cuántas empresas que generan empleo y quisieran localizarse en Colombia porque saben de la capacidad de su gente prefieren no hacerlo por seguridad? ¿Cuánta inversión y cuántos empleos adicionales perderemos por cuenta del conflicto?

Si a través de su historia el conflicto ha frenado el desarrollo del país, en la economía globalizada la inseguridad puede convertirse en un obstáculo mucho mayor. No puede caber ninguna duda de que la seguridad es hoy y lo será aún más en el futuro, uno de los ingredientes principalísimos de la competitividad de los países.

Doctor Villegas. La cifra de 800 mil empleos que de acuerdo con las cifras que perdemos hoy por cuenta del conflicto se puede fácilmente duplicar, alcanzando un millón y medio de empleos, si tenemos en cuenta que las proyecciones de inversión extranjera que en una economía globalizada podría atraer Colombia en un ambiente de paz.

Basta señalar a México, cuya tasa de desempleo hoy está por debajo del 5 por ciento, o señalar la dinámica de la industria del turismo en la cuenca del Caribe, incluyendo a Cuba, como dos ejemplos palpables del empleo que puede generar Colombia en paz en la nueva economía.

Digo esto para que redoblemos esfuerzos en nuestro Proceso de Paz. Sé mejor que nadie que la negociación es un Proceso difícil, especialmente en una sociedad fracturada por muchos años de conflicto y en donde el narcotráfico se encargó de dificultar el Proceso normal de curar las heridas que lograron otras sociedades en otras latitudes.

Entiendo la desconfianza de los colombianos frente a la verdadera voluntad de paz de la insurgencia, sé que muchos creen que no hemos avanzado; he oído las voces pesimistas de quienes creen que ya todo está perdido y que la paz es inalcanzable; veo con enorme preocupación a muchos que de manera casi cándida llaman a la guerra, como si el conflicto lo solucionáramos con más colombianos muertos.

Por un momento quiero que cada uno de ustedes piense, aun cuando sea por un minuto, cuál era el panorama antes de iniciar el Pro- ceso de Paz. Permítanme volver la vista atrás para ver el camino recorrido.

Desde hace cerca de 40 años estamos enfrascados en un conflicto que ha costado una gran cantidad de vidas. Hace más de ocho años no teníamos conversaciones y mucho menos una Mesa de negociación con la guerrilla. Son muchos años de violencia que han dejado enormes heridas en nuestro pueblo.

Hoy hemos comenzado en un «Proceso» que toma tiempo y debe corresponder a una secuencia de hechos, a una serie de pasos sin los cuales no resulta posible avanzar. No se puede llegar al último escalón sin haber ascendido los primeros.

Con las Farc-Ep, lo primero fue iniciar los contactos y por primera vez en la historia, como Presidente electo me reuní con Manuel Marulanda para impulsar el inicio de las conversaciones. Se rompió así un mito, se rompió el hielo e iniciamos los avances.

Luego diseñamos los instrumentos para adelantar el Proceso. La creación de la zona de distensión así como el diseño de los demás instrumentos y la creación de la Mesa de diálogo, permitieron dar este segundo paso. Y debo ser claro: la zona de distensión es un espacio para facilitar los diálogos y la negociación y no para la consumación de delitos.

Avanzamos en la construcción de la confianza. Sin confianza entre las Partes, el Proceso no tenía futuro. Construirla toma tiempo y sobre todo implica romper con un pasado de desconfianza y lleno de episodios infortunados.

Llegamos a la etapa de los diálogos gracias a los cuales pudimos acordar una agenda y crear mecanismos de participación popular. Simultáneamente invitamos a los partidos políticos y muchos sectores de la sociedad, incluidos los empresarios, para que tuvieran encuentros con la insurgencia.

Otro paso ha sido, sin duda, la vinculación de la comunidad internacional. Hoy la paz de Colombia es importante para el mundo y la comunidad internacional sigue con el máximo de atención la evolución de la paz en Colombia. Todos lo sabemos y en especial los grupos insurgentes también lo tienen claro.

Gracias a los escalones que hemos ascendido, llegamos a una nueva etapa. Tengan la seguridad de que hemos avanzado a un buen ritmo. Sólo basta compararlo con lo que ha sucedido en conflictos como el de Guatemala, El Salvador o Irlanda.

Hoy, en esta nueva etapa, nuestra prioridad es concretar acuerdos. Llegó la hora de concretar los hechos de paz que reclaman los colombianos.

El cese al fuego y hostilidades es mi prioridad. No queremos más muertes ni más secuestros. Acabemos con la violencia que tanto dolor les causa a los colombianos.

También es hora de avanzar en los acuerdos sobre los puntos económicos de la agenda. En esto ustedes tienen una gran responsabilidad.

La generación de empleo es responsabilidad del gobierno, de los empresarios. Pero también de la insurgencia. Con el secuestro, sólo se genera más desempleo, con la voladura de torres o de los oleoductos, sólo se genera más desempleo, con la destrucción de los pueblos sólo se genera más desempleo.

Nuestro reto, el reto de los empresarios, del gobierno y de la insurgencia es lograr lo más rápido posible acuerdos que nos permitan generar empleo en condiciones de paz. Todos queremos más crecimiento y más empleo, pero para eso la insurgencia debe entender que se requieren condiciones de seguridad y de paz.

En este Proceso los empresarios han llegado al principio y no al final. Esto hace la diferencia y significa que ante todo el compromiso de seguir participando activamente en todos los aspectos del Proceso y participar significa comprometerse de verdad con la paz.

Participar y comprometerse con la paz no significa «capitular», al contrario, estamos asumiendo obligaciones fundamentales como son las obligaciones de la paz. En nuestro país mucha gente habla de «su» paz, pero poca gente se compromete de verdad con la paz de todos los colombianos.

Ustedes se han comprometido en esa labor.

Desde el principio los empresarios han estado presentes. El doctor Nicanor Restrepo estuvo activamente en la Mesa de diálogo. Posteriormente Pedro Gómez, otro querido empresario, desempeñó una gran labor en la Mesa de negociación y ahora el doctor Ramón de la Torre ha ingresado al equipo negociador.

Pero no solo han participado directamente en las conversaciones. La ANDI, la Fundación Ideas por la Paz, el doctor Luis Carlos Villegas y muchos otros empresarios se han comprometido con palabras y con hechos a trabajar por el Proceso.

Es hora de redoblar esfuerzos para abrirle entre todos un camino a la paz y al desarrollo pero tengan la seguridad de que la paz no será a cualquier precio y siempre la buscaré dentro del marco de la Constitución y la ley.

Mi total compromiso con la paz me lleva al mismo tiempo a entender la importancia de que Colombia cuente con un ejército profesional, bien equipado y respetuoso de los derechos humanos.

Al contrario de lo que muchos piensan, las violaciones a los derechos humanos y la degradación del conflicto surgen cuando la fuerza pública es débil y no cuenta con los recursos necesarios para defender a la población.

Estamos reestructurando nuestras Fuerzas Armadas, incorporando diez mil nuevos soldados profesionales cada año, entrenados, equipados y apoyados por nuevas y modernas tecnologías para responder en cada rincón de Colombia con prontitud. Este es un Proceso que ya arroja resultados exitosos y que nos permitirá contar con las mejores fuerzas armadas para garantizar la paz, pero que en caso necesario, también estarán listas a ganar la guerra.

Frente a los logros de nuestras Fuerzas Armadas los violentos aumentan los actos terroristas y los ataques a civiles y poblaciones indefensas con el objetivo de atemorizar a la población. Quiero felicitarlos por su patriótica decisión en el no pago a los extorsionistas, que demuestra que no vamos a dejamos intimidar por los delincuentes. Por su parte, el gobierno ha fortalecido la lucha contra la extorsión y el secuestro multiplicando los recursos a los Gaula e incrementando el número de hombres para enfrentar este flagelo. Ya obtuvimos resultados positivos en Risaralda y Bogotá y desarticulamos las bandas que operaban desde las cárceles. Y seguiremos actuando contra el secuestro con toda la fuerza y la decisión.

Apreciados amigos:

En estos dos días de trabajo mi equipo les ha presentado realidades y no diagnósticos. Hechos y no palabras, que hoy he ratificado ante ustedes.

El escenario sobre el que estamos construyendo el futuro es promisorio y su consolidación depende de que todos avancemos en la misma dirección del empleo, de la paz y de la convivencia.

Si trabajamos juntos y con responsabilidad, como lo hacemos en el gobierno y también lo hacen ustedes, amigos industriales, que día a día hacen patria, con liderazgo, con visión, con compromiso, podremos derrotar definitivamente las sombras que aún acechan a Colombia, y saltar de una vez por todas sobre nuestros temores hacia el inmenso universo de nuestras potencialidades.

Estamos trabajando, construyendo, y recorriendo el único camino que vale la pena transitar: el camino de la reconstrucción de Colombia. Hoy los invito, con convicción y con fe, a que no desmayemos ni un minuto en esta cruzada por nuestro país y por nuestros hijos.

¡El futuro no espera y lo construiremos entre todos! Amigos empresarios. Seamos optimistas. La fe es la fuerza económica más poderosa.

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
11 de agosto de 2000