FRENANDO LA EXPANSIÓN DE LAS ARMAS NUCLEARES, BIOLÓGICAS Y QUÍMICAS2017-12-18T11:56:13+00:00

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Dentro del complejo problema del armamentismo y la expansión de las armas nucleares, biológicas y químicas, quisiera hacer énfasis en un aspecto específico, como lo es el uso de dichas armas por organizaciones de carácter terrorista.

Más allá del interrogante sobre si algún o algunos países están o no desarrollando armas de destrucción masiva, me parece que es también pertinente preguntarse y preocuparse por la posibilidad de que estas armas lleguen a ser adquiridas y utilizadas por grupos terroristas.

Un arma de destrucción masiva es aún más peligrosa en manos de una organización terrorista que en manos de un Estado, el cual, como mínimo, debe cumplir con alguna clase de compromisos o restricciones frente a la comunidad internacional. El terrorista no; el terrorista sólo busca destruir y sembrar pánico, no responde a ningún tratado, no respeta ningún convenio, no hace caso de ninguna sanción internacional.

Para tener acceso a este tipo de armas y, por consiguiente, al terror que se puede sembrar con ellas, se requieren ingentes recursos económicos, los cuales se generan, principalmente, donde los recursos naturales presentan un alto valor, por su utilidad, escasez o ilegalidad.

Es así como países productores de petróleo, de piedras preciosas o de plantas que sirven de base para la producción de narcóticos son los campos propicios para la aparición de grupos ilegales que buscan apropiarse de estos recursos y utilizarlos con fines ilícitos, muchas veces terroristas

El narcotráfico es hoy el más grande negocio ilegal del mundo y, por lo mismo, el mayor proveedor de recursos económicos para actividades terroristas.

Detrás de los talibanes que armaron, financiaron y prohijaron el terrorismo que conmocionó al mundo con los ataques del 11 de septiembre, estaban los recursos de miles de hectáreas sembradas de amapola en Afganistán y del inmenso mercado del opio y la heroína.

También Colombia, mi país, ha sufrido y pagado con sangre los costos del terrorismo, en cabeza de grupos armados ilegales aliados con el narcotráfico.

Así que hoy quiero llamar la atención sobre este vínculo: narcotráfico-terrorismo-armas.

Sin recursos económicos inmensos, como los que provienen del negocio transnacional del narcotráfico, sería imposible adquirir o producir armas de destrucción masiva.

Luchar, entonces, contra esta actividad ilegal, es luchar también por un mundo más seguro.

Colombia y muchos países productores de plantas como la coca y la amapola hemos sido víctimas por muchos años de un problema que es mundial y no sólo nuestro.

Aunque la droga se produzca en nuestro suelo, la mayor parte del consumo se genera en los países desarrollados, y es en ellos donde se producen los insumos químicos para la fabricación de la droga y donde se esconden sus cuantiosas ganancias.

Por eso en mi país hemos promovido la tesis de la responsabilidad compartida en la lucha contra el problema mundial de las drogas, de forma que sea toda la comunidad internacional la que combata y se haga cargo de un problema que es global y no sólo de unos pocos.

Hoy quiero ir un poco más allá de las razones que históricamente han justificado el combate al narcotráfico. Hay que luchar contra este flagelo no sólo por los efectos devastadores de la droga en la juventud mundial, no sólo por su poder corruptor, sino también porque es la principal fuente de financiación del terrorismo y, por lo mismo, puede ser la principal fuente de recursos para alimentar una carrera armamentista de inmenso riesgo para la humanidad entera.

No debemos perder de vista este vínculo: narcotráfico-terrorismo-armas. La ilegalidad se une en las sombras y es nuestro deber, como comunidad internacional, combatirla de una manera coordinada, entendiendo que se trata de un problema global que a todos nos afecta o nos puede afectar.

Lugar y Fecha

California, Estados Unidos

23 de junio del 2005