FUERZA AÉREA COLOMBIANA: TRADICIÓN DE HONOR Y HEROÍSMO2017-12-18T11:47:01+00:00

Project Description

Palabras del Presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión del octogésimo aniversario de la Fuerza Aérea Colombiana.

Hoy celebramos el octogésimo aniversario de la Fuerza Aérea Colombiana. Hoy celebramos los resultados de la modernización de esta institución.

A comienzos de este año, nuestras fuerzas militares se comprometieron a trabajar en su proyecto de reestructuración, que desde ya muestra resultados positivos.

Hoy vemos cómo en las operaciones militares, han aumentado la eficiencia y la capacidad de acción y reacción como producto del esfuerzo de hombres mejor preparados, más cercanos a las comunidades y encauzados en un proceso de modernización.

En el campo de la inteligencia militar, las fuerzas han alcanzado importantes logros dentro de su proyecto de reestructuración y tecnificación, al tiempo que han avanzado en la lucha contra la corrupción, que ya muestra efectos contundentes a lo largo y ancho del país.

Este compromiso a fondo con los colombianos, se hace visible hoy, cuando conmemoramos este significativo aniversario de la Fuerza Aérea, oportunidad en la que quiero hacer manifiesto ese gran paso que hace la institución hacia la reestructuración.

Transcurridas ocho décadas desde cuando el presidente Marco Fidel Suárez promulgó la ley que creó la Aviación Militar con el fin de integrarla como Quinta Arma del Ejército Nacional, vemos con satisfacción que la FAC, es una institución tecnificada y profesional, que ha asumido el reto de nuevas misiones.

Al surcar los cielos de Colombia, la Fuerza Aérea ha hecho uso de nuevas estrategias, tácticas y operaciones en nuevos escenarios.

Ha mostrado su afianzada eficiencia en el mantenimiento de la integridad y la unidad del territorio nacional y los valores supremos de la libertad, la justicia, la seguridad, la democracia, y el respeto y la promoción de los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario.

En la defensa de todos estos valores, la Fuerza Aérea Colombiana ha escrito una larga tradición de honor y heroísmo: desde su participación durante el conflicto con el Perú, episodio en el que tuvo una actuación definitiva para el triunfo de las fuerzas colombianas, hasta nuestros días, cuando está consagrada a la defensa de la soberanía, la integridad de nuestro territorio y a la construcción del anhelo supremo de la paz y la concordia.

Al igual que ayer, los soldados del aire son hoy un firme sostén de nuestras instituciones, son un sólido baluarte de la nación y un ejemplo cotidiano de patriotismo y lealtad, puestos al servicio del progreso.

La FAC, a lo largo de estos años de servicio, se ha mostrado ante el país como una institución ejemplar, surgida heróicamente de nuestra historia y decisiva en las tareas y en las responsabilidades del cambio.

Por esto, quiero hacer un justo reconocimiento a la agilidad y eficiencia que ha caracterizado a la FAC, en su respuesta a los actos de los violentos: recordemos que el año pasado, esta fuerza llevó a cabo una heroica tarea durante el ataque de la insurgencia a la población de Mitú.

Allí, el arrojo de sus pilotos en una difícil misión de no retorno, permitió la recuperación de esa población en un tiempo de tres días, demostrándole al mundo su profesionalismo, su amor a la patria y a la institución.

Esa operación da fe de la inigualable grandeza del soldado colombiano, dispuesto en todo momento a arriesgar su vida para devolvernos la paz y la tranquilidad.

Con espíritu de cuerpo y disciplina y con su esmerada preparación, los miembros de la FAC dedican su vida a defender nuestro suelo, a combatir el narcotráfico, a mantener el orden público y a prestar su auxilio solidario a los colombianos víctimas de las catástrofes naturales.

Todavía está fresco en nuestra memoria, su esfuerzo ejemplar para tender un puente aéreo en auxilio de las poblaciones que sufrieron las consecuencias del terremoto del eje cafetero. Durante ese episodio, nuestras fuerzas militares, unidas ante la adversidad, nos demostraron con sus acciones, que son un ejército de paz.

Merece también nuestro reconocimiento la empresa de aviación militar Satena, por sus insuperables logros en el proceso de integración de las regiones apartadas. Sus aviones en muchos lugares del país, son la mejor definición de nuestra soberanía.

El gran desafío del aviador de la Fuerza Aérea Colombiana, es precisamente, la riqueza de nuestra geografía: las altas cumbres de las cordilleras, las extensas selvas y llanuras, los cañones y los valles, la exuberancia de la naturaleza y la inmensidad del paisaje.

Venciendo todos los obstáculos, en las condiciones climáticas más difíciles, y aun cuando las situaciones en tierra sean también un reto, nuestra Fuerza Aérea ha mostrado su capacidad de innovación operativa y estratégica.

Veo con entusiasmo esta actitud de empuje y de cambio en los miembros de la institución, y hago un llamado para que todos los servidores del Estado, sigan su ejemplo.

Ochenta años al servicio de Colombia han sido suficientes para propiciar positivas transformaciones, por eso quiero hacer una exaltación al espíritu modernizante de todos los miembros de esta Fuerza. En especial, nuestra más alta admiración hacia quienes perdieron su vida en el cumplimiento del deber, porque con su sacrificio permitieron que los cielos de Colombia sean hoy orgullo de la patria y aliados del progreso.

Permítanme hoy en su día hacer algunas reflexiones en torno a la paz que anhelamos todos los colombianos. Como ya es de todos conocido hemos iniciado con las Farc la etapa de negociación para encontrar una solución política al conflicto interno que por tantos años ha afectado la vida de los colombianos. Asimismo con el Ejército de Liberación Nacional realizamos aproximaciones importan- tes para lograr acuerdos que permitan la celebración de la convención nacional propuesta por esta agrupación.

Estoy seguro que interpreto el sentimiento de mis compatriotas al señalar que el proceso de paz en que me he comprometido debe ser ahora un proceso en el que participe la inmensa mayoría de los colombianos.

En la actual coyuntura es indispensable que los diferentes estamentos del país nos comprometamos a construir diariamente la paz. Ese fue uno de los mensajes que recibí de la expresión ciudadana manifestada en la gran marcha por la paz el pasado 24 de octubre.

Para tal propósito deseo anunciar mi decisión de constituir una Comisión Nacional Asesora para la Paz cuya composición daré a conocer en los próximos días. En esta comisión aspiro a que me acompañen los actores más representativos de la sociedad colombiana. Tengo la certeza que el consejo sabio y patriótico de esta comisión nos ayudará a preservar el proceso, a orientarlo y a enriquecerlo; por supuesto, bajo la responsabilidad del Jefe del Estado que continuará, como lo ha hecho hasta el momento, con paciencia y con dedicación buscando todos los caminos que nos conduzcan hacia la paz.

Hoy también rendimos un sentido homenaje al mayor general en retiro, José Ramón Calderón Molano. Este visionario oficial que fue comandante de la Fuerza Aérea hace más de veinticinco años, supo con acierto formular los cambios tecnológicos que lograron posicionar a esta Fuerza en un lugar de privilegio.

Fue gracias a él que Colombia adquirió, durante el gobierno del presidente Misael Pastrana, mi padre, los 18 aviones Mirage, símbolo de nuestra aviación militar.

General Calderón: el buen tino y la intuición que siempre lo han caracterizado y lo han llevado a tomar decisiones de avanzada, me hicieron recordar cuando a comienzos de los años setenta, el espíritu de austeridad de mi padre, lo hacía poner en peligro su vida cada vez que usaba el avión presidencial que en aquel entonces era un DC-4 fabricado en 1930. Solía usted decirle al Presidente cuando se alistaba para subir al avión que era el pasajero más anticuado y arriesgado que tenía Colombia, cuando el mundo entero había entrado ya a la era dejet, y sin embargo no lograba persuadirlo.

Hasta cuando por fin, y después de pasar un buen susto en pleno vuelo, mi padre entendió que era imposible continuar viajando en el obsoleto aparato, y accedió a la compra del avión Focker que hoy está al servicio de los presidentes de Colombia.

Precisamente, al hacer un repaso en la historia encontramos que hace veinticinco años, el interés y la fe por el futuro de la aviación militar en Colombia, precedieron los vientos de transformación que hoy soplan al interior de la FAC.

Prueba de ello son estas bellas palabras que pronunció el presidente Misael Pastrana en uno de los actos que honraban el servicio de nuestra Fuerza Aérea. En esa oportunidad, cuando quiso definir las características del soldado del aire, con gran emoción dijo: «recuerdo aquellas páginas hermosísimas de ese escritor, poeta y aviador que fue Antoine de Saint-Exupery, cuando decía precisamente que la elevación de miras, la generosidad y la nobleza de corazón, eran propias de los aviadores porque a ellos les había dado la vida la satisfacción inmensa de ver casi diariamente el azul del cielo infinito y el oro de los atardeceres».

Conmovido por ese pensamiento que expresa devoción y admiración hacia el oficio de todos ustedes, puedo ver que aún hoy, esa es la mejor descripción del soldado del aire.

Señores oficiales y suboficiales de la FAC: sé que cada día ustedes desde las alturas, comprueban que el esfuerzo de los colombianos está rindiendo el fruto que todos esperamos: la reactivación de la economía, la generación de nuevos empleos, nuestro trabajo por mejorar las condiciones de los colombianos más pobres, el fruto de la lucha contra los corruptos y los traficantes de drogas ilícitas.

Los colombianos, al contemplar la misión que realizan en el aire, podemos ver que en la enorme tarea de construir un país próspero y justo, ustedes están haciendo la parte que les corresponde: que en el cumplimiento de su deber, aún a costa de su vida cuando es preciso, los soldados de la FAC son un ejemplo de patriotismo y lealtad. Que la labor de las mujeres, que desde hace veinte años hacen parte de esta institución, es garantía de valentía y heroísmo en la Fuerza Aérea.

Hoy un selecto grupo de oficiales, suboficiales y civiles, compro- metidos a fondo con la misión de la FAC y con el país, recibieron la Orden al Mérito Militar Antonio Nariño, la Cruz de la Fuerza Aérea y la Medalla Militar Marco Fidel Suárez. A ellos nuestra más profunda gratitud.

Estos ochenta años, han sido un período fructífero en el que la Fuerza Aérea le ha servido a la patria, y en el que se ha confirmado, una vez más, que nuestras fuerzas militares son fuerzas fortalecidas para la paz.

Como comandante en jefe de las Fuerzas Militares, los exhorto para que sigan cumpliendo con su deber, dentro del más estricto marco de la ley, como siempre lo deben hacer y lo han hecho.

Al defender nuestra soberanía y la integridad de nuestro territorio, los colombianos sabemos que ustedes son custodios del progreso nacional.

Quiero que recuerden la enseñanza que nos dejó Saint-Exupery, y que deben tener presente cada vez que tengan el privilegio de contemplar desde nuestro cielo el ancho territorio de nuestra patria: «no heredamos la tierra de nuestros antepasados. La legamos a nuestros hijos».

Desde el cielo azul de Colombia la grande, tienen ustedes el compromiso de heredar a las futuras generaciones, un país prospero y reconciliado y el deber patriótico de hacer de nuestra Fuerza Aérea, el medio moderno y eficiente para esparcir la semilla de un futuro en paz en el que los colombianos tengamos un porvenir cargado de oportunidades para todos. ¡Así se va a las alturas!

Lugar y Fecha

Cali, Colombia
5 de noviembre de 1999