GRAN ALIANZA PARA EL EMPLEO, LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA Y LA PRODUCTIVIDAD2017-12-18T11:48:24+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango en la Convención Bancaria

Es para mí un honor dirigirme hoya ustedes, señores afiliados a la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia. Desde sus comienzos la Asobancaria ha liderado numerosas acciones en beneficio del sector y de la comunidad, y sus opiniones y análisis son reconocidos por su calidad, rigor y objetividad.

Pero no sólo ha ejercido la representación del sector. Además se ha dedicado a prestar servicios especializados al sistema financiero y a otros sectores de la economía y ha promovido iniciativas tan im- portantes como la lucha contra el lavado de activos por vía de la autorregulación o la creación del Defensor del Cliente Financiero que coloca a la banca colombiana a la vanguardia en Latinoamérica.

Estoy seguro de que la Asociación continuará haciendo aportes muy valiosos al análisis y formulación de las políticas económica y financiera, sobre todo ahora que el país busca recuperar la senda del crecimiento económico.

Al asumir la Presidencia encontré a Colombia y a todos los colombianos enfrascados en una gran batalla contra un feroz enemigo común que avanzaba con rapidez. En todas las ciudades, en los pequeños pueblos de nuestros departamentos, en los campos colombianos está presente. Cada día encuentro familias que han sido víctimas de este enemigo. Los jóvenes y los más pobres han sido atacados sin piedad.

Esta es una guerra en la que todos estamos involucrados. Ningún colombiano puede ser indiferente ante sus secuelas. El Gobierno no puede ser el único que lo enfrente. Este es el momento en el que todos los colombianos debemos unirnos para dar una lucha sin cuar- tel para arrinconarlo.

Hoy, ante ustedes como representantes de los más importantes empresarios del país, quiero convocarlos a que conformemos un frente común que nos permita derrotarlo.
Nuestro enemigo es el DESEMPLEO.

Como todos ustedes bien lo saben mi gobierno está comprometido con la construcción de la Colombia en la que el empleo permita el bienestar de todos los colombianos.

Pero esa Colombia sólo será posible si logramos que los trabajadores, los empresarios, los jóvenes, cada ciudadano, todos los estamentos, cualquier grupo o minoría, todos y cada uno participemos activamente y comprendamos nuestra responsabilidad en el proceso, tomando las riendas que no corresponden.

Este es el camino para tener un país con una economía que crezca con solidez y en forma sostenida, basada en un sector productivo fuerte, dinámico y capaz de competir en los mercados internaciona- les; un país con una economía moderna y flexible que sea capaz de generar empleo estable y bien remunerado para sus ciudadanos; un país con un sector público transparente y eficiente, libre de corrupción y dedicado a apoyar a sus gobernados; un país con un sistema financiero moderno y competitivo que canalice los recursos hacia los mejores proyectos de inversión; un país integrado al resto del mundo, con una infraestructura moderna y una mano de obra competitiva; un país seguro, con unas instituciones sólidas y una normatividad estable; en fin, un país en el que la prosperidad económica respalde la democracia y le permita a -cada compatriota vivir mejor.

No podemos ahora, cuando los momentos más difíciles están comenzando a quedar atrás, ceder al pesimismo y dejar que nos apodere la incertidumbre y el desespero. Hemos invertido mucho tiempo y esfuerzo sembrando pacientemente las semillas de la recuperación para echar por la borda todo el trabajo sin haber recogido aún sus frutos. Pero para llegar a la cosecha necesitamos el esfuerzo y compromiso de todas las partes de Colombia entera, de todos nosotros.

Son muchas las razones que nos permiten mirar el futuro con optimismo y estar seguros de que muy pronto estaremos transitando nuevamente la senda del crecimiento y el empleo. Tengo muy claro hacia dónde debemos orientar nuestros esfuerzos; sé cuál es el camino correcto y tengo la confianza de que estamos transitándolo cada vez con mayor Vigor.

Sin embargo, sé también que todo esfuerzo que mi Gobierno está adelantando en materia económica requiere de la participación activa de toda la sociedad.

En momentos cruciales como este los países necesitan despejar el horizonte y dejar a un lado sus diferencias internas; necesitan alcanzar consensos que les permitan trazarse su propio destino; y necesitan, ante todo, congregar los esfuerzos de todos para poder caminar unidos hacia adelante.

Así lo estamos haciendo con la paz y así debemos hacerlo con la economía. Debemos emprender una gran cruzada en la que unamos las voluntades, el conocimiento y la experiencia de todos en torno a la recuperación económica y el empleo.

Quiero aprovechar este importante foro para convocarlos y por intermedio de ustedes a toda Colombia, a poner en marcha en los próximos 15 días una Gran Alianza para el Empleo, la recuperación económica y la productividad. Un propósito que concentre nuestros esfuerzos, los de ustedes y los de toda Colombia alrededor de tres grandes temas.

Primero y ante todo, el empleo. Son muchos los puntos en los que podemos ponernos de acuerdo para la generación de empleo en Colombia.

El país es tierra fértil para recibir iniciativas de todos los colombianos -sindicatos, pequeñas, medianas y grandes industrias, agricultores y comerciantes, agrupaciones políticas, universidades, etc.- que puedan aportar nuevas ideas concretas al respecto y que estén dispuestos a ponerse al servicio de ese gran propósito nacional.

En segundo lugar, la reactivación de la economía. Si bien es cierto que estamos viviendo probablemente el año más difícil desde la crisis de los años treinta, también lo es que entre todos, podemos salir adelante mucho más rápido si acordamos fórmulas de consenso y compromiso.

En tercer lugar, las finanzas públicas nacionales. Hemos trabajado con mucho ímpetu para mejorarlas y no cejaremos en nuestro esfuerzo. Sin embargo, en el marco de este gran acuerdo es indispen- sable para nosotros recibir iniciativas constructivas que nos ayuden a acelerar el fuerte ajuste fiscal que estamos realizando.

No podemos olvidar que mejorar las finanzas públicas implica también perfeccionar la descentralización. Y no para echarla atrás, sino para hacerla cada día mejor y con ello evitar que haya derroches en departamentos y municipios de tal manera que cada peso que se transfiere le llegue a la gente para la que estaba destinado.

Para desarrollar este gran pacto, quiero invitar desde hoya las centrales obreras, a representantes del Consejo Gremial, a representantes de las pequeñas y medianas industrias, a la academia, a los centros de investigación económica, a los partidos y movimientos políticos y a las Fuerzas Independientes representadas en el Congreso, al sector agropecuario, a los campesinos y a representantes de los gobernadores y alcaldes.

También participarán en esta comisión los Ministros y Consejeros de Despacho de acuerdo con las diversas materias que vaya tratando la Comisión, así como eljefe del Departamento Nacional de Planeación quien hará la Secretaría Técnica.

No podemos olvidar que cuando Colombia une voluntades y con- sensos siempre ha superado los escollos por difíciles que estos sean. No me cabe la menor duda de que así será en esta ocasión, y que la comisión será ideal para ello Estamos dedicando todo nuestro tiempo y esfuerzo hacia las acciones que nos van a permitir salir adelante. No vamos a dar bandazo s como cerrar la economía o desbordar el gasto público. Vamos a seguir actuando con cautela pero con determinación.

Es precisamente ahora, cuando aparentemente el camino se torna más difícil, que debemos tener mayor tranquilidad y decisión para no desviarnos de la ruta trazada. Vamos a seguir avanzando con fortaleza y decisión y con la ayuda de todos los colombianos. Nuestro compromiso es con la generación de empleo; nuestro compromiso es con el cambio, no con el pasado.

Pero esta alianza no parte de cero. Desde el pasado 7 de agosto iniciamos el recorrido de la senda en busca de la generación de empleo y el bienestar de los colombianos.

Cuando asumí el mandato que me entregaron el año pasado los colombianos, lo hice con la convicción y la claridad de que la mayor urgencia era darle un viraje a la política económica. Era necesario ajustar la economía y orientarla con orden hacia la estabilidad, la reactivación y la generación de empleo.

Sabíamos que era un camino largo y lleno de obstáculos, pero así se lo hicimos saber al país. Advertimos que la casa estaba agrietada y a punto de derrumbarse, y que la única manera de recuperarla era terminando la fiesta y comenzando los trabajos de reparación a la mayor brevedad posible. Advertimos también que su avanzado estado de deterioro suponía unos trabajos muy profundos, y que estos tomarían tiempo antes de que pudiéramos verla nuevamente en condiciones habitables.

Por eso lo primero que hicimos, aun antes de comenzar formalmente a gobernar, fue anunciar un programa de ajuste fiscal estricto pero realista; un programa que rescatara nuestra credibilidad internacional, sin la cual no hubiéramos recuperado y consolidado el financiamiento externo que con tanta urgencia necesitábamos. Recortamos y re orientamos el gasto improductivo dirigiendo todos nuestros esfuerzos a disminuir el déficit fiscal que entonces ya bordeaba el 5.5% del PIB.

Asimismo, y ante la gravedad de otros desequilibrios paralelos, tu- vimos que tomar medidas rápida y oportunamente en los frentes cambiario y financiero para hacer más efectiva nuestra ofensiva de ajuste.

En especial, reconocimos con rapidez la gravedad de la situación por la que atravesaban las instituciones financieras debido al excesivo e irresponsable endeudamiento que permitieron durante la primera mitad de la década -en su mayoría para financiar gastos improductivos y a la perversa combinación de altas tasas de interés y caída en el ingreso de los deudores. No de otra manera se dio el hecho de que, a finales del año pasado, algunos bancos y corporaciones de ahorro y vivienda tuvieran indicadores de cartera vencida que bordeaban el 30%.

Encontramos también al sector cooperativo en un estado calamitoso, ya que además de los problemas que afectaban a las entidades financieras en general había que sumarle malos manejos y casos de irregularidades administrativas. Solamente el año pasado tuvieron que liquidarse 27 de sus entidades con cerca de $670 mil millones de activos, afectando a miles de ahorradores del sector solidario.

Lo mismo sucedía con los deudores hipotecarios de las corporacio- nes de ahorro y vivienda, quienes afectados por el crecimiento de sus deudas y el creciente desempleo, en muchos casos perdieron los inmuebles adquiridos con tanto trabajo y vieron imposible cumplir con sus obligaciones financieras.
Eramos conscientes de que el deterioro acelerado del sector podría llevarnos a una crisis de incalculables y funestas consecuencias para el crecimiento. Bastaba recordar nuestra propia experiencia a prin- cipios de los 80- que nos costó más de 6 puntos del PIB Y cuatro años de recuperación-, o en la experiencia reciente de países como Venezuela y México que por no actuar a tiempo dejaron estallar crisis financieras que les costaron cerca del 20% del PIB.

Por ello declaré inmediatamente el estado de emergencia económica y social que nos permitiera tomar las medidas necesarias para la recuperación del sector. Había que recuperar la confianza del público en el sistema financiero y proteger los ahorros de millones de colombianos.

Introdujimos entonces alivios para que a más de 800 mil deudores hipotecarios se les redujeran las cuotas de sus créditos de vivienda, dimos amplios recursos y fortalecimos las labores de supervisión y vigilancia para el sector cooperativo, anunciamos acciones concre- tas para el fortalecimiento del sistema y creamos la contribución especial del 2 por 1.000 para financiar la operación de estos programas.
Los resultados no se hicieron esperar. Confirmaron nuestro diagnóstico y reafirmaron que habíamos escogido la ruta adecuada: la tranquilidad cambiaria se abrió paso, evitamos nuevos sobresaltos y abrimos el espacio para que bajaran las tasas de interés como lo han hecho hasta ahora, en más del 45%. A esto debe sumarse la reducción de la inflación la cual, por primera vez en muchas déca- das, registra niveles de un dígito. Esta es la primera columna de la recuperación económica.

En una región que atraviesa momentos tan difíciles, Colombia es vista nuevamente como un país cuya economía se maneja con seriedad, y que ha tenido la firmeza y la responsabilidad de tomar las medidas necesarias, y que a pesar de los obstáculos no pierde el nor- te y camina con paso firme el sendero de la recuperación.

Sin embargo, como todos bien lo sabemos, el ajuste no trae mágicamente la reactivación. Para empezar a subir no es suficiente con detener la caída; ello requiere acciones nuevas y complementa- rias para que el espacio que ha generado el ajuste se transforme en movimiento.

Es así como en esta primera mitad del año hemos dirigido todos nuestros esfuerzos hacia la recuperación. Ha sido esta una tarea difícil y no ha estado libre de contingencias. El terremoto del Eje Cafetero, por ejemplo, ha generado presiones de gasto superiores a 1 por ciento del PIB, redujo los recaudo s tributarios y, en conse- cuencia, ha dificultado el programa de ajuste fiscal.

El país reclama en estos momentos la mayor efectividad posible de la política económica. Es por ello que en este campo nuestra acción se basa en cinco grandes frentes.
En el sector de la construcción, nos hemos concentrado en rescatar la credibilidad del público en la compra de vivienda y en implementar una política basada en subsidios transparentes dirigidos a las perso- nas de más escasos recursos. Este año contamos con más de $100 mil millones. Hoy me complace registrar que ya se han abierto más de 20 mil nuevas cuentas de ahorro programado que les permitirán a estos ahorradores acceder a los subsidios de vivienda.

En el sector de agua potable y alcantarillado creamos un esquema financiero apuntalado en los aportes del presupuesto nacional e im- portantes recursos municipales, para acelerar así la iniciación de grandes proyectos. Con el nuevo entorno de tasas de interés y el decidido apoyo que está dando el Gobierno Nacional, hemos inicia- do obras y estaremos desarrollando inversiones superiores a un bi- llón de dólares en los próximos tres años.

La construcción de vías y, en especial, las concesiones viales son el tercer eje al que estamos orientando la labor del Gobierno. Hemos puesto en marcha desde el Ministerio de Transporte un ambicioso plan de obras liderado por el sector privado. Los proyectos ya en ejecución superan los mil millones de dólares y los que se adjudicarán en el transcurso del año alcanzan una cifra similar adicional.

De la misma manera, hemos liderado la reconstrucción del Eje Cafetero, para rehacer las viviendas y toda la infraestructura física y humana perdida en el terremoto. Estamos destinando más de un billón de dólares a esta tarea, en la cual ya iniciamos las labores y avanzamos al mejor ritmo posible.

Para reactivar la agricultura, entre otras medidas, hemos creado los Fondos Departamentales de Reactivación y Fomento Agropecuario. Estos operarán de acuerdo con las condiciones de cada región y van a dedicarse a comprar cartera morosa a más de 120 mil agriculto- res, siempre y cuando estos entreguen una parte de sus tierras a los pequeños campesinos y les presten asistencia técnica y agrícola.

Mediante este instrumento vamos a garantizar que simultáneamente tengan acceso a la tierra los pequeños campesinos que más lo necesitan, y que los agricultores puedan pagar en condiciones más favorables las deudas que hoy no pueden atender.

La semana pasada en el Consejo de Ministros aprobamos $100 mil millones para que inicien labores inmediatamente, y estamos gestionando recursos adicionales con el Banco Interamericano de Desarrollo, el cual ya nos manifestó su interés y deseo de apoyarnos.

De otra parte, en la pasada reforma tributaria introdujimos rebajas de impuestos para las empresas que generen nuevos empleos y bajamos el IVA, cumpliendo así con lo que nos habíamos comprometido.

Todas estas acciones están orientadas a que en el muy corto plazo la economía se dinamice, aceleremos la reactivación y generemos empleo. No obstante, ya pesar de que juegan un papel indispensable en la recuperación de la demanda, ellas por sí solas no van a ser suficientes para lograr la reactivación económica que nos hemos pro- puesto.
El motor de la reactivación se encuentra aquí, en el corazón del sistema financiero: acelerar la marcha de la economía solo será posible si se restablece el flujo de crédito. Si los bancos no prestan y las familias y las empresas no tienen acceso a recursos frescos, será imposible reactivar la demanda, estimular la producción y generar empleo.

Esto, desde luego, no depende únicamente de nosotros. El Gobierno puede colaborarles para que nuevamente estén en condiciones de prestar, pero son ustedes los que deben garantizar el crédito suficiente a tasas adecuadas.

Es por ello que diseñamos una línea de capitalización con más de $2.4 billones para que todas las entidades puedan sanear sus balances y fortalecerse patrimonialmente. Estas líneas de préstamo van a permitirles que reduzcan los márgenes y que nuevamente abran las compuertas del crédito. Sin embargo, nuestra ayuda está condicionada a los esfuerzos de capitalización que ustedes hagan.

y así lo han entendido ustedes. Han reconocido las ventajas de este programa y se han dado cuenta de que es la mejor manera de fortalecer sus entidades y contribuir a la recuperación. Ya cuatro instituciones se han acogido formalmente y esperamos que la vinculación de otras nueve se concrete en las próximas semanas.

Soy consciente de que este programa de saneamiento debe ir acompañado de un esfuerzo similar por parte de la banca pública. Hemos destinado cerca de $3 billones para este propósito, incluyendo los $800 mil millones de la capitalización del BCH, con lo cual queda asegurada la solidez del sistema financiero en su conjunto.

Adicionalmente, hoy puedo presentarle al país el Banco Agrario de Colombia. Este es el nuevo vehículo para que nuestros campesinos puedan acceder nuevamente al crédito. Es un Banco moderno, sólido, alejado de las ciudades y cerca del campo, y que tiene la tecnología necesaria para prestar un servicio eficiente. A partir del próximo lunes el banco ofrecerá nuevos créditos por 1.4 billones de pesos que podrán dirigirse solamente a actividades agrícolas, pecuarias, pesqueras, forestales y agroindustriales. Han llegado a su fin los tiempos en que el crédito agrícola financiaba proyectos en las ciudades o proyectos de ‘cuello blanco’.

Quiero resaltar que con el concurso del Congreso, el Gobierno promovió la organización de una Comisión de la Verdad para que se establezcan los autores y las responsabilidades de la crisis de la banca pública. Antes de seis meses la Comisión nos presentará su informe, con el propósito de iniciar contra los responsables las acciones de restablecimiento del daño patrimonial que le causaron a la sociedad por su desgreño o su mala fe. Me comprometo a que no quedará en la impunidad este asalto al bolsillo de los colombianos.

¿Qué hace falta entonces?

Si queremos que los recursos lleguen a las empresas y a las personas que más los necesitan, no basta con que haya oferta de crédito. Necesitamos que quienes van a ser los destinatarios de esos créditos estén en condiciones de solicitarlos y pagarlos. En otras palabras, no podemos actuar sólo sobre la oferta, debemos también posibilitar y estimular la demanda.

Estoy comprometido personalmente en el liderazgo de esta tarea. He ordenado a mi equipo económico que -en coordinación con el Banco de la República- estructure una línea de crédito a través del IFI Y Bancoldex para dirigirla a la reestructuración de las deudas del sector real. El objetivo de estos recursos es muy preciso: deben dirigirse a frenar el cierre de empresas, a facilitar el acceso al crédito de aquellas que se encuentran en dificultades, ya normalizar y recuperar sus actividades de producción.
Esta es pieza fundamental en el engranaje del programa de reactivación, y nos va a permitir empezar a cosechar los frutos del paciente trabajo realizado en estos 10 meses.

Más importante y, quizás pieza clave y última, será derrotar el pesimismo, sobre todo ahora, cuando los momentos más difíciles empiezan a quedar atrás. En reciente visita al país, Lech Walesa -interpretando un pasaje bíblico- contaba cómo Moisés llevó a su pueblo durante 40 años por el desierto para permitir que muriera la generación que se acordaba de la esclavitud en Egipto y con ello poder contar con gente fresca no viciada por el pasado.

Pues bien, a nosotros nos sucede lo contrario. Debido a que durante muchísimos años no tuvimos graves crisis, vemos la presente como si fuera una catástrofe y no como lo que es: una crisis superable y de la cual ya comenzamos a salir. Antes de que finalice este año vamos a tener un sistema financiero estructuralmente saneado y un sector real en condiciones de acceder al crédito y de restablecer y expandir sus operaciones.

Mi gobierno, el gobierno del cambio, ha decidido llamar las cosas por su nombre. Hemos enfrentado los problemas con todos los costos políticos que ello implicaba. Para usar un término propio al sector, hemos girado contra nuestra cuenta de popularidad.

Mi compromiso ha sido el cambio. Para eso me eligieron los colombianos. Para liderar un cambio profundo y fundamental que rompiera los esquemas tradicionales de poder y reconociera la gravedad de nuestra situación, proponiendo y ejecutando soluciones de verdad por dolorosas que sean para la imagen del Presidente.

He presentado algunas de ellas en el día de hoy. Espero la participación amplia, decidida y generosa de los colombianos.

Necesitamos el tesón y el espíritu emprendedor de todos ustedes que han demostrado que las dificultades deben asumirse como retos y que los retos se convierten en oportunidades.

El gobierno no descansará ni un solo instante en su lucha contra el desempleo. La Alianza que hoy les propongo será una pieza clave para el futuro de nuestra economía.

Estoy seguro de que juntos saldremos adelante. Los invito hoy a que asumamos este reto y a que construyamos entre todos el bien- estar para los colombianos.

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
25 de junio de 1999