GRAN CAPACIDAD DEL PUEBLO PANAMEÑO PARA EL EJERCICIO PLENO DE SU SOBERANÍA2017-12-18T11:48:11+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, en la conmemoración del LXXXV aniversario de la construcción del Canal de Panamá

Con la solemne ceremonia de hoy celebramos dos acontecimientos de especial trascendencia en Panamá, para la comunidad de naciones y en especial para América Latina; la conmemoración de los 85 años de la construcción del Canal de Panamá y al finalizar el presente año, la integración total de su territorio y la posesión plena del Canal, al cumplirse la reversión territorial prevista en el Tratado Torrijos- Carter.

Es evidente que la posición geográfica constituye el recurso fundamental de Panamá. Esta hermana y querida nación, puente entre Centro América y América del Sur y vía de comunicación interoceánica, está ligada como pocas al corazón de Colombia.

La historia de la construcción del Canal está llena de recuerdos, unos gratos, otros menos, pero plena de anécdotas que reflejaron intereses políticos, comerciales y aun religiosos. Cómo no recordar por ejemplo, la cédula real de 1534, expedida en Toledo en la que Carlos V ordenaba: «que personas expertas vieran la forma que podría dar- se para abrir dicha tierra y juntar dos mares». También recordar que hacia 1843 existieron tres concesiones vigentes la del Barón de Thierry, la del Coronel Biddle y la del Salomon and Company que casi enloquece a los funcionarios de la Cancillería Granadina, y que al declararse su caducidad condujo a la célebre gestión del Comisionado Napoleón Garella que obtuvo una paradójica aprobación del Papa Pío Nono por la supuesta importancia que para los católicos tendría el que bajo los auspicios del Vaticano se realizaran las excavaciones no sólo del Canal de Panamá, sino también el de Suez, ganándose para la santa causa de la catolicidad las regiones vecinas. Sin embargo, como señaló el historiador Mack «la religión y la hidráulica no hacen buenas migas y esta piadosa e ingenua propuesta no pudo hacer nada para adelantar el proyecto del Canal».

En el caso de Colombia, durante la Convención de Rionegro en 1863 un convencionista, Vicente Gutiérrez de Piñeres al debatir una pro- puesta de trasladar la capital de la República a Panamá, se opuso a ello formulando el siguiente interrogante: «la forma de Colombia, fijennse vuestras señorías es como la de un gallo, cuyo pescuezo es el istmo de Panamá. Pues bien: ¿qué hacemos si viene alguien y le corta el pescuezo?»

La historia posterior hasta la culminación de su construcción, es de todos conocida.
Justo es rendir tributo de admiración a todos aquellos que contribuyeron con su esfuerzo a esta memorable obra de la ingeniería de tantas repercusiones para el desarrollo económico del mundo.

La reversión del Canal y de las áreas adyacentes a la jurisdicción de Panamá, es tarea que culmina con éxito gracias a la firmeza del pueblo panameño, al camino elegido que fue el de la negociación, a la solidaridad internacional, a la comprensión de dirigentes como el presidente Jimmy Carter y, sin lugar a dudas, y como algo fundamental y determinante, a la patriótica, decidida e inteligente conducción del general Ornar Torrijos, quien logró el sueño de que su pueblo entrara al Canal como a su casa, al mismo tiempo que se instaló en la historia como uno de los líderes latinoamericanos más prominentes del siglo XX.

Para llegar allí, el camino fue largo y difícil. Se trató de una lucha cuasi centenaria que se confunde con la existencia misma del Estado panameño. Desde un comienzo, el conjunto de su sociedad se perca- tó de que era necesario modificar las condiciones desiguales establecidas sobre la Zona del Canal, sobre su propiedad y manejo.

Con el paso del tiempo y a medida que en el mundo se impuso el proceso de descolonización, se hizo más claro que los enclaves territoriales eran anacrónicos y que Panamá tenía derecho a la plena soberanía sobre su territorio. Los panameños entendieron que poseían la capacidad para administrar sus recursos y que era dejusticia que el Canal, después de haber sido manejado por sus constructores y de haberles rendido réditos, revirtiera al país en el que la naturaleza lo había colocado.

Cuando miramos hacia atrás, nos damos cuenta de la forma tan adecuada como se adelantó el proceso que ahora celebramos.

Bajo el liderazgo de Ornar Torrijos, Panamá entendió que el derecho es más fuerte que la retórica o el uso de la fuerza, y que con la negociación, cuando se tienen razones y se argumenta, es posible alcanzar los objetivos.

Panamá logró concitar la unidad nacional para sostener su posición y obtuvo el apoyo internacional en los organismos multilaterales, como lo atestiguó la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en la ciudad de Panamá, fuera de su sede habitual.

Ahora esa misma comunidad internacional mira complacida la culminación del proceso y el cumplimiento de los acuerdos pactados. Al mismo tiempo, se siente tranquila porque tiene la convicción de que los panameños pueden eficientemente administrar, mantener y controlar el Canal, gobernarse y hacer valer su soberanía sobre el conjunto de su territorio.

Para América Latina será un hito fundamental en la autonomía e independencia regional. Ya no son épocas de intervención que constituyen un imposible político en nuestro continente. Son tiempos de cooperación. De cooperación para la lucha con los nuevos retos que debemos afrontar. De cooperación para el logro de la justicia social y el desarrollo de nuestros pueblos. Los tiempos de la intromisión con cualquier modalidad y propósito en los asuntos internos de los estados, están superados. Los tiempos de la injerencia han sido relegados. La entrega del Canal marcará también la nueva era de la auténtica cooperación y del fortalecimiento de la democracia que prevalecerá a pesar de sus enemigos embozados en el terrorismo y la droga.

A Colombia y a Panamá las unen la historia, los intereses comunes y la vecindad. Es por ello que venimos como miembros cercanos de la misma familia y celebramos los triunfos panameños con respeto y regocijo.

Durante las negociaciones que dieron lugar al Tratado Torrijos-Carter, Colombia siempre fue aliado de Panamá, formó parte de los países amigos que apoyaron las negociaciones y muchas fueron las veces en las que el presidente Torrijos viajó a Bogotá ya a la tierra de sus antepasados Roldanillo, y encontró el respaldo y compromiso de eminentes dirigentes colombianos. Como producto de la historia, de la vecindad y de la estructura jurídica que sustenta derechos, también venimos como Parte.

Estamos satisfechos al presenciar que a Panamá se le reconocen justa- mente sus derechos, ya la vez tranquilos porque nuestros derechos están garantizados por un vecino confiable, prudente y responsable. Un vecino que ha entendido que la base esencial de la convivencia pacífica entre las naciones y del derecho internacional, es la observancia estricta a los tratados válidamente celebrados.

También Colombia se hace hoy presente, para evocar el espíritu del Grupo de Contadora, que fue creado, según lo expresara el presidente colombiano Belisario Betancur «para llenar un espacio vacío de aproximación a la paz regional, basados en la unidad de objetivos de México, Venezuela, Panamá y Colombia». Acción diplomática ejercida siempre en concertación con los gobiernos de la región centro- americana y con respeto pleno a la soberanía de los estados.

La vocación que nos animó en ese entonces, irradió hacia el grupo de apoyo, logrando en un exitoso ejercicio de diplomacia regional, dar origen al Grupo de Río, instancia privilegiada de consulta y concertación, que hoy bajo la acertada coordinación del gobierno de México es el más importante interlocutor regional frente a actores mundiales de la mayor trascendencia.

En el año 2000, Colombia ejercerá la Secretaría pro tempore del Grupo de Río con el claro compromiso de preservar los ideales y principios que hizo valer Contadora, asumiendo el desafío de diseñar y proponer una agenda concertada para la América Latina del siglo XXI, cuyo objetivo fundamental sea buscar soluciones propias a problemas comunes, favoreciendo la paz y fortaleciendo la democracia, dentro del más estricto respeto al derecho internacional y al principio de la No Intervención.

A Colombia y Panamá los une la vecindad. Compartimos una frontera en gran parte preservada por la naturaleza. La relación fronteriza de nuestros países ha sido solidaria sin que esporádicos hechos perturba- dores alcancen a modificar el espíritu de esa buena vecindad. Como es lógico, en una frontera fluida pueden presentarse incidentes, que no hay motivo para magnificar, y a los cuales conjuntamente estamos procurando darles solución a través de los mecanismos institucionales que los dos gobiernos hemos creado, como es la práctica en el sistema internacional y en especial entre amigos.

Por ello, hemos concebido una estrategia clave en la agenda bilateral fundamentada en un doble componente: la garantía de la seguridad fronteriza y el compromiso con el desarrollo de nuestras zonas de frontera, por medio de la Comisiones de Vecindad, en procura del mejoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes. Este mismo esquema lo adelanta Colombia con todos los países limítrofes.

La política de buena vecindad es para Colombia y Panamá, una política de Estado, que ha permitido obtener, a través de la acción concertada, resultados cada vez más eficientes. Próximamente, nuestras dos Armadas darán ejemplo al continente al suscribir un Acta que permitirá realizar operaciones coordinadas para hacer frente a flagelos como las drogas ilícitas, el desvío de precursores químicos, el tráfico de armas y otro tipo de actividades delictivas transnacionales, en una loable actitud de responsabilidad compartida.

Con esta estrategia de buena vecindad, Colombia contribuye activamente a la seguridad regional, desde una perspectiva solidaria en la cual las medidas de confianza van ganando terrero y la cooperación respetuosa entre los Estados del hemisferio se impone sobre cualquier injerencia indebida.

Para Colombia la estabilidad regional se funda además en la preservación de los valores democráticos, y en la construcción de mecanismos que generen una participación ciudadana cada vez más profunda en el continente, como Presidente de Colombia no puedo aceptar que se siga propagando con infundadas razones la injusta apreciación de que somos una amenaza para la seguridad regional. He iniciado un proceso de paz para solucionar complejos problemas que desde cerca de cuarenta años nos afectan, y que ha merecido el apoyo de la comunidad internacional. Cuestionamientos que vayan más allá de la preocupación respetuosa, contradicen el espíritu de la buena vecindad. Somos los colombianos los que debemos encontrar con nuestras propias fórmulas el camino de la reconciliación nacional. Jamás aceptaré como Presidente de Colombia presiones indebidas, ni intervenciones foráneas, ni acciones que menoscaben la dignidad de un pueblo que ha tenido que sufrir y realizar enormes sacrificios por problemas que son en su origen de responsabilidad compartida de la comunidad internacional.

He querido hacer esta referencia porque los trascendentales acontecimientos que hoy celebramos en Panamá, constituyen el mejor ejemplo de la solidaridad y de la cooperación respetuosa entre los estados. El ex presidente de Colombia y ex secretario general de la OEA, Alberto Lleras, señalaba que «La buena vecindad no es un comienzo, sino un resultado».

La Carta de la OEA consagra una política interamericana que ningún gobierno puede alterar, por otra, si ella es incompatible con los principios de esta. Al respecto este ilustre colombiano señalaba ya desde el año de 1953, «que ningún estado americano puede adoptar la política de intervención en los asuntos de otro estado americano, porque la Carta le obliga a la no intervención, puede haber un mayor grado de interés en la colaboración bilateral o multilateral con las demás repúblicas americanas. Esas diferencias de grado o intensidad son de gran importancia, pero no constituyen la esencia de una política internacional ni afectan sustancialmente el plano de las relaciones interamericanas». Esta ha sido la práctica reiterada a lo largo de la historia del sistema regional.

La política de buena vecindad que hoy celebramos en Panamá está recogida con acertada precisión, como ya dije, en los principios básicos de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, y en los protocolos adicionales que por voluntad de los estados hemos acordado. Sustituirla por otra, sería un retroceso histórico de graves consecuencias para el sistema interamericano. Eso no puede ocu- rrir ni jurídica, ni moral, ni políticamente.

Hacia el futuro las naciones del hemisferio deben avanzar en la búsqueda de consensos que nos permitan hacer de la cooperación respetuosa la herramienta propicia para gozar de los beneficios de la globalización y minimizar sus riesgos. Avanzar en los compromisos presidenciales adoptados desde la Cumbre de Miami, y refrendados en la Cumbre de Santiago de Chile debe ser el marco de referencia programático para orientar las relaciones hemisféricas.

Esa cooperación amistosa se sustenta en la coyuntura mundial presente al menos en dos principios fundamentales: la defensa auténtica del derecho internacional, en especial, en cuanto al cumplimiento de buena fe de los compromisos internacionales y la resolución pacífica de las controversias, cuyo ejemplo nos han dado Panamá y los Estados Unidos de América en este acto del cual hoy somos testigos de excepción; el otro, la cooperación en las relaciones internacionales que deje atrás las épocas de confrontación.

Sólo así, el continente americano será un escenario propicio para el desarrollo económico y social que favorezca las necesidades de pobreza y marginalidad social que afectan a nuestros pueblos, sustento insustituible de una verdadera paz hemisférica.

Al agradecerle al presidente Pérez Balladares su deferencia por haberme invitado a llevar la palabra en nombre de los países que acompañamos a Panamá en su histórica marcha por la reivindicación de sus derechos, hacemos un fervoroso voto de confianza en el pueblo panameño; destacamos la culminación del proceso electoral que con auténtico espíritu democrático, el Presidente lideró; y le ofrecemos nuestro concurso solidario y respetuoso al nuevo gobierno que en breve asumirá doña Mireya Moscoso, convencidos y satisfechos por la capacidad del pueblo panameño para ingresar al nuevo milenio en el ejercicio pleno de su soberanía. Ello merece nuestro respeto, nuestra congratulación y nuestro permanente respaldo.

Resuena en este recinto la voz del Libertador Simón Bolívar cuando en 1821, al referirse a la noticia de la Independencia de Panamá de España, dijo: «No me es posible expresar el sentimiento de gozo y admiración que he experimentado al saber que Panamá, el centro del universo, ha sido regenerado por sí mismo. Libre por su propia virtud».

Lugar y Fecha

Ciudad de Panamá, Panamá
15 de agosto de 1999