HOMBRES AL SERVICIO DE UNA COLOMBIA COMPROMETIDA CON EL CAMBIO2017-12-18T11:48:20+00:00

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Palabras del presidente Andrés Pastrana Arango, con motivo de la conmemoración del CLXXVI aniversario de la Armada Nacional

La historia del hombre sobre la tierra ha estado marcada de manera muy importante por su relación con el mar. De él provino la vida en todas sus formas y gracias a su riqueza el hombre ha encontrado una fuente inigualable de recursos naturales que ha explotado para su progreso y bienestar.

Cerca de dos terceras partes de la superficie de la tierra están compuestas por aguas marinas en donde se encuentra la más rica biodiversidad, que a pesar de haber sido explorada está aún por ser descubierta y utilizada de manera más eficiente y sostenible.

Históricamente, los mares han tenido una importancia vital para las naciones. Desde muy antiguo el control del mar significó poseer una posición geoestratégica que aumentaba la capacidad militar y económica, y en consecuencia incrementaba el poderío político de los Estados.

Recordemos por ejemplo al Almirante Nelson y con él a la nación inglesa que extendió su dominio alrededor del mundo en lo que se llamó el imperio donde nunca se oculta el sol. O evoquemos la memoria del Cutty Sark, la más rápida embarcación conocida en el mundo que traía el té del Oriente a Europa.

La conquista del mar fue por otra parte la razón del poderío Español en los siglos XV y XVI. El descubrimiento de América por el almirante Colón y la llegada al Nuevo Mundo permitió a España tener un poder sin precedentes en la época.

Otro tanto podemos decir de Portugal quien legó al mundo entero el estilo «Manuelino» en la arquitectura influenciado por las artes marinas, o de los venecianos, quienes por su conocimiento de la navegación lograron ser un importante punto de encuentro entre culturas.

Para todos los grandes imperios de la humanidad conocer el arte de la navegación les permitió ejercer su poderío y extender sus civilizaciones.

Todos conocemos la riqueza marina con la que la naturaleza dotó a nuestro país. Más de 3.000 kilómetros en los océanos Atlántico y Pacífico y cerca de un millón de kilómetros cuadrados de áreas marítimas son la mejor demostración del tesoro hídrico que poseemos.

Hoy quiero aprovechar que nos encontramos en esta hermosa parte de nuestro litoral Pacífico para señalar algunas de las oportunidades que ofrece El Mar del Sur, como lo bautizó Balboa.

Los países de la Cuenca del Pacífico tienen hoy más del 50 por ciento de la población mundial, constituyéndose en el más grande poten- cial de demanda y consumo del planeta. Ella controla buena parte del producto mundial de bienes y servicios y del comercio mundial.

Colombia cuenta con cerca de 1.300 kilómetros de costa en este litoral, lo que ofrece una excelente oportunidad para acelerar el proceso de acercamiento de nuestro país a la Cuenca del Pacífico. La globalización de las relaciones económicas nos obliga a dirigir nues- tros intereses en un contexto multipolar, sin exclusiones pero teniendo en cuenta nuestros principales activos. Nuestra estratégica posición en el hemisferio, unida a la tenacidad y el trabajo de nuestras gentes, y a nuestra enorme riqueza natural, nos ofrece una excelente oportunidad para la explotación adecuada y sostenible de nuestros recursos marinos.

El Pacífico es llamado el Mar del Siglo XXI y por ello gran parte de nuestro desarrollo económico dependerá del adecuado aprovechamiento de las oportunidades que ofrece. Volver nuestros ojos a este océano es la mejor manera de anticiparse al futuro.

Esa importancia cardinal de nuestros mares es la que nuestra Armada Nacional ha sabido reconocer y aprovechar. Han sido sus miembros quienes con profesionalismo y entrega se han dedicado a servir a la patria, en sus mares y en sus ríos, con el fin de defender la soberanía nacional y mantener la integridad del territorio.

Ser integrante de la Armada Nacional significa portar uno de los honores más altos de la patria y por ello conlleva una gran responsabilidad. Su deber de lealtad con Colombia y sus instituciones democráticas los obliga a sacrificarlo todo en el cumplimiento de su vocación y de sus obligaciones.

Cada miembro de la Armada ha aceptado exponerse a una gran cantidad de peligros con el sólo fin de que sus compatriotas puedan gozar de tranquilidad y vivir en paz. Velar para que otros puedan dormir, trabajar para que otros puedan descansar, sufrir para que otros puedan reír, es la consigna que cada uno de ustedes lleva en sus corazones y por eso es que Colombia entera siempre los admira y agradece su labor.

Nuestra Armada Nacional ha estado dedicada, desde su fundación, a trabajar por la protección de nuestros mares y a promover su aprovechamiento. Día y noche sus unidades compuestas por buques, submarinos y aviación naval recorren nuestra geografía con el objeto de ejercer la soberanía nacional y garantizar el uso de los recursos naturales. En extensas zonas del territorio cumplen con la labor de mantener el orden público, realizando acciones operativas de la mano del Ejército y de la Fuerza Aérea. Las tareas conjuntas de las tres fuerzas han demostrado una eficacia sin precedentes.

Como parte integrante de las fuerzas militares la Armada ha participado activamente de su programa de reestructuración. El notable mejoramiento de su capacidad táctica y estratégica, así como de sus labores de inteligencia, ha sido demostrado recientemente con los operativo s realizados contra los grupos al margen de la ley.

Centrando su trabajo en la tecnificación y actualización de la inteligencia militar, en el fortalecimiento de su capacidad operativa y en la mejora de la eficiencia de las labores logísticas y administrativas, la Armada Nacional ha aceptado el desafío que significa modernizar su estructura de cara al siglo XXI.

Un trascendental episodio de nuestra guerra de independencia, permanece perdido en la memoria de los colombianos. La batalla naval de Maracaibo, uno de los más impresionantes y heroicos esfuerzos que jamás hayan realizado nuestros marinos. Ellos armados de un valor singular hombro a hombro con las tropas de infantería. lucharon hasta doblegar el control marítimo español y vencieron su flota de guerra el 24 de julio de 1823.

Hoy, cuando celebramos 176 años desde que se produjo ese audaz episodio, los colombianos rendimos un sentido homenaje al Almirante José Prudencio Padilla, vencedor en tan decisiva jornada de nuestra Independencia.

Hacemos votos para que en este aniversario, nuestro anhelo nacional se acerque a la meta de la reconciliación y evocamos aquí, de frente al mar, ese objetivo, con la certeza que no quedará en vano el sacrificio del Almirante-mártir de nuestra democracia.

Cuando los colombianos trabajamos sin descanso por la paz de Colombia, quiero que en nuestras tierras, ríos y mares, a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional, encuentren lugar las palabras optimistas que pronunciara nuestro General Santander con ocasión de la victoria de Maracaibo:

«iColombianos! La gloria del triunfo es de ustedes, porque ustedes han sido los recursos empleados en la campaña y de ustedes son los valientes marinos que han dado días de gozo a la República. El fruto de su constancia es la independencia y libertad de la patria; las leyes recuperan ya el poder que les había debilitado la guerra y ustedes van a ser felices».

Creo que ahora, más que nunca, los colombianos tenemos que apro- piarnos de ese derecho a «ser felices», que no es otra cosa que el regocijo nacional e individual de quienes se encuentran comprometidos en la construcción de la paz, de la paz integral, con justicia social, con equidad y con empleo para todos. Ese es el futuro del pueblo de Colombia, y aunque nuestro camino es largo, todos po- demos confiar en que llegaremos a un puerto seguro.

En esta travesía, con profundo sentimiento patriótico debo decir que me siento orgulloso de ser el comandante supremo de unas fuerzas militares, que han demostrado de manera admirable su fidelidad a las instituciones democráticas y su apoyo en la búsqueda de la paz. Ellas como guardianes del orden constitucional entienden mejor que nadie su misión y por ello, aun en los momentos más difíciles de nuestra historia, han demostrado su indeclinable lealtad a la patria.

Como su comandante supremo y como un ciudadano más, quiero decirle a todos mis compatriotas y en especial a los escépticos, que nuestras fuerzas militares están plenamente capacitadas y prepara- das para defender siempre nuestra soberanía y nuestra democracia.

Quiero ser claro, Colombia no es y no será nunca una amenaza para ningún país. Están errados quienes quieren vender equivoca- das historias acerca de la seguridad de la región. Colombia nunca ha sido ni será una amenaza para la seguridad de la región y mucho menos una amenaza para nuestros vecinos.

Si bien no podemos desconocer que nuestro principal reto está́ en la superación de nuestro conflicto, nunca aceptaremos que se nos tilde como una amenaza para la seguridad internacional. Por eso también hoy quiero reiterarlo una vez más y debo ser contundente al decir que mientras yo sea Presidente de los colombianos nunca aceptaré ni permitiré la intervención de otros países en los problemas internos de nuestra Nación.

En nombre de todos mis compatriotas agradezco el enorme sacrificio que ofrecen al servicio de la patria, de nuestros ríos y de nuestros mares. Ustedes no están solos. Esa patriótica labor que cumplen tiene todo el apoyo de su Presidente, sus instituciones y de sus conciudadanos que se han comprometido en la reconciliación nacional.

A los cadetes e infantes de nuestra Armada Nacional quiero insistirles sobre la importancia de su trabajo como hombres al servicio de una Colombia comprometida con el cambio.

Quiero hacer un llamado especial a la Dirección General Marítima para que mantenga sus esfuerzos por la construcción de la paz en la vía hacia el desarrollo del poder marítimo y en la organización de la educación al interior de la Armada, mediante la promoción de la ciencia y tecnología orientadas al mejor empleo de medios y recursos.

He sido testigo de la productividad del trabajo al interior de nuestra Armada. Todos sus miembros -evocando la excelencia de las huestes independentistas de antaño-, han demostrado su compromiso en la aplicación estricta de conceptos de calidad, excelencia, efectividad y eficiencia. Muchos de los trabajos, del ingenio y de los esfuerzos que he podido ver en esta Base así lo demuestran.

En este acto de celebración, rendimos tributo a la fuerza que fue capaz de desterrar hace casi dos siglos a las tropas españolas de las aguas del Caribe colombiano y que definió el futuro independentista de los demás países de América del Sur.

Quiero recordar los nombres de dos goletas de nuestra Armada libertadora «Confianza» y «Emprendedora». Porque los colombianos de hoy debemos recobrar el sentido de esas palabras, llenas de contenido histórico. Ahora cuando nos encontramos próximos a entrar al nuevo milenio tenemos que mantener nuestra «confianza» en un país mejor, en una sociedad más justa y equilibrada, en donde las oportunidades de empleo se presenten para todos.

«Emprendedora» también debe mantenerse nuestra Nación, porque ese es el espíritu que nos mantendrá firmes en el recorrido que hacemos hacia la paz.

Quise evocar los nombres de las naves que nos concedieron la libertad para que los colombianos mantengamos el espíritu patriótico ahora que nos hemos comprometido en la empresa de la reconciliación nacional.

Hoy bautizamos un nuevo buque de la Armada Nacional con el nombre de «Buenaventura», con el que vamos a fortalecer la presen- cia naval en el Pacífico y a aumentar la seguridad de los habitantes de la región.

Pero su labor va mucho más allá. Este buque cumplirá también una importante labor social llevando posibilidades de salud y de bienestar para las comunidades del Pacífico.

Quiero invitarlos hoy, cuando la Armada Nacional cumple 176 años de labores, a que hagamos juntos la oración que todos ustedes conocen y pidamos por la paz de Colombia: Señor, bendice nuestros seres queridos y bendice, al caer la noche, el reposo de nuestro pueblo colombiano y bendícenos a nosotros que por asegurarlo velamos en armas sobre el mar. iBendícenos Señor!

Lugar y Fecha

Bahía Málaga, Buenaventura
24 de julio de 1999