III BANQUETE DEL MILLÓN2017-12-18T11:56:10+00:00

Project Description

Reverendo Padre DIEGO JARAMILLO, Presidente de la Corporación Minuto de Dios;

(…)

Apreciados amigos y amigas congregados en torno a la mesa de la solidaridad:

Hace casi dos milenios un hombre excepcional, ungido de divinidad, levantó su voz alta y serena, para que lo escuchara hasta la última de las personas que atendían sus enseñanzas, y envió desde un pequeño monte un mensaje que, por fortuna, no se perdió en la frágil memoria de los tiempos, ni se hundió en las aguas profundas del mar de Galilea, sino que ha perdurado hasta nuestros días con claridad y contundencia:

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

Un joven e inquieto sacerdote eudista, nacido en Cúcuta, Norte de Santander, escuchó ese mensaje inspirador y lo alojó en su corazón hace más de 50 años. Hijo del siglo veinte, entendió la importancia de los medios de comunicación y decidió utilizar la radio, originalmente, y luego la televisión, para servir como eco prodigioso a la palabra de esperanza del Nuevo Testamento. Primero fueron programas radiales que se transmitieron en Cartagena, Cali, Medellín y Bogotá, y luego, con el advenimiento de la televisión al país, pequeñas cápsulas de brevísimos minutos en las que invitaba a sus compatriotas a seguir el ejemplo de Cristo, comentaba su Palabra y promovía el valor de la solidaridad, tan importante en una sociedad con tantas necesidades como la colombiana.

¿Quién no recuerda haber crecido con el acompañamiento cotidiano de “El Minuto de Dios” y la presencia austera y serena del padre Rafael García-Herreros, hablando a nuestros corazones al lado de una rústica cruz de palos? Parece increíble –sobre todo para quienes tenemos casi la misma edad de esta feliz iniciativa- que haya pasado ya medio siglo desde cuando este programa, sin ninguna duda el más prolongado en la historia del país, salió al aire por primera vez.

Pero el padre García-Herreros, con su tenacidad y don de la palabra, no se contentó con la obra, de por sí magnífica, de expandir un mensaje de amor a través de los medios de comunicación. Pronto comprendió, como dice el viejo adagio español, que “obras son amores” y decidió aprovechar la plataforma de su programa para convocar a los colombianos con recursos económicos a apoyar proyectos sociales para la población más vulnerable.

Primero fue el auxilio a damnificados de las inundaciones del río Cali, luego la recolección de mercados y ayudas para los más pobres, y finalmente la dotación de vivienda para las familias más necesitadas del país. El padre García-Herreros tuvo la visión de un país igualitario, donde cada grupo familiar contara con una vivienda y un entorno dignos, y nos puso a todos a trabajar en la misma dirección.

El que ha asistido a un banquete del millón, como el que hoy se celebra en Miami por tercera vez, sabe que aquí el “banquete” no es para los invitados sino para todos aquellos compatriotas que se benefician de su generosidad. Un consomé o una copa de vino, y un pan, son el símbolo de la austeridad de Cristo, que en su momento el padre García-Herreros, y hoy el padre Diego Jaramillo y todos los colaboradores de la Corporación Minuto de Dios, convierten, -como si se tratara de una nueva multiplicación de los panes-, en viviendas y ayudas efectivas para los pobres de Colombia.

He tenido la satisfacción de haber participado en varios Banquetes del Millón, las últimas veces en calidad de Presidente de la República, y por eso hoy me siento particularmente emocionado de volver a hacerlo, por primera vez en Miami, en mi condición de Embajador designado ante los Estados Unidos.

¡Cómo no apoyar con todo el entusiasmo a una institución que, como la Corporación Minuto de Dios, ha dado vivienda a más de 45 mil familias, y ayuda día a día a la población desplazada, a los damnificados por tragedias naturales y a todo aquel colombiano que requiera de una mano solidaria y oportuna!

La obra del Minuto de Dios ha estado siempre cercana a mis afectos en las diversas instancias de mi vida pública. Como Alcalde de Bogotá, recuerdo haber sido testigo del emprendimiento del padre García-Herreros para expandir su labor educativa, que ya había comenzado en el Colegio Minuto de Dios, a la educación superior, creando la Corporación Universitaria Minuto de Dios, a la cual le presté todo mi apoyo desde la administración municipal.

Igualmente, durante los duros tiempos que sobrevinieron al terremoto del Eje Cafetero en enero de 1999, el Minuto de Dios y mi gobierno trabajamos de la mano para construir viviendas para aquellos colombianos que lo habían perdido todo en el sismo.

Por eso, cuando recibí la amable invitación del padre Diego Jaramillo, no dudé un momento en aceptarla, pues sabía desde un principio que se trataba de un acto cargado de significado y buenas realizaciones. También entendí que se trataba de una oportunidad sin igual para encontrarme con muchos valiosos compatriotas que residen en este país.

Qué bueno constatar, en este nutrido grupo de coterráneos y de amigos de Colombia, que la convocatoria realizada por el padre Jaramillo ha tenido inmensa acogida en la colonia colombiana en La Florida, así como en otras personas que se han querido unir generosamente a este noble objetivo.

Ha quedado claro que el hecho de que muchos de ustedes, queridos compatriotas, por decisiones personales o circunstancias ajenas a su voluntad, hayan fijado su residencia en este país, no significa que el corazón, el sentimiento y la memoria no sigan estando al lado de Colombia, sus maravillas y también sus problemas y desafíos.

Su presencia en este evento de solidaridad es una declaración de pertenencia a una patria que nos aglutina en la nostalgia y que merece todo nuestro aporte y todo nuestro amor.

Como nuevo Embajador, es mi deseo principalísimo acercarme a las vivencias, necesidades y oportunidades de la inmensa comunidad colombiana que vive en los Estados Unidos. Es mucho el talento y el empuje que podemos y debemos entregar a las mejores causas, cada quien desde su campo de acción. Si nos unimos y nos conocemos más, objetivos a los que contribuyen eventos como éste que nos congrega, tendremos más oportunidad de generar progreso y justicia social en nuestro entorno y en esa Colombia entrañable que llevamos en el corazón.

Bien lo ha dicho el gran escritor Ernesto Sábato: “Cuando nos hagamos responsables del dolor del otro, nuestro compromiso nos dará un sentido que nos colocará por encima de la fatalidad de la historia”.

Lo que hoy hacemos acá, atendiendo la convocatoria del padre Diego Jaramillo y la Corporación Minuto de Dios, es ser responsables los unos de los otros, contribuyendo así a que “la fatalidad de la historia”, que parecía condenar a nuestros pueblos a la miseria y la desigualdad, se convierta en una dinámica de equidad y de progreso para todos.

Gracias, de nuevo, padre Jaramillo; gracias a la gran familia del Minuto de Dios; gracias a la memoria siempre presente del padre Rafael García-Herreros y gracias, sobre todo, a todos los asistentes a este banquete de hermandad y de solidaridad, cuyos aportes harán realidad la felicidad de muchos colombianos humildes.

Como en un acto de magia providencial, la mano que hoy se extiende desde Miami toca la mano del niño, del anciano, de la madre cabeza de familia que allá en la tierra de nuestros afectos, más necesitan nuestra ayuda.

Colombia, queridos amigos, está hoy más viva y más solidaria que nunca en este rincón de La Florida.

No resisto, finalmente, la tentación de poner fin a estas palabras haciendo un simbólico homenaje a ese gran hombre que, a punto de “Minutos”, construyó una obra que ya cumple más de medio siglo:

“Dios mío: En tus manos colocamos este día que ya paso, y la noche que llega”.

Muchas gracias

Lugar y Fecha

Miami, Estados Unidos
17 de noviembre del 2005