IMPERATIVO DE LOS NO ALINEADOS: IMPULSAR UN ORDEN INTERNACIONAL INSPIRADO EN EL RESPETO DE LOS DERECHOS HUMANOS2017-12-18T11:47:35+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, en la ceremonia de apertura de la Decimotercera Conferencia Ministerial del Movimiento de Países No Alineados. Cartagena de Indias

Señoras y señores:

Cartagena de Indias, ciudad llena de historia y de leyendas y punto de encuentro de los hombres y mujeres del mundo entero los acoge nuevamente con el cariño del pueblo colombiano -en cuyo afortunado suelo depositó el creador infinidad de cosas de la mayor admiración- y les da la bienvenida a esta conferencia ministerial.

Quiero para comenzar destacar el liderazgo ejercido por Sudáfrica en su condición de presidente del Movimiento de los No Alineados, y extender nuestro reconocimiento al Presidente Thabo Mbeki y su Ministra de Relaciones Exteriores.

Señores Ministros y Jefes de Delegación:

Esta Conferencia Ministerial es la primera conferencia de los Países No Alineados en el nuevo milenio. Es una oportunidad única para repasar las ejecutorias del Movimiento y desplegar nuestra voluntad colectiva frente a los desafíos del futuro.

Al terminar la guerra fría, se inició un período en el que un nuevo espíritu de cooperación prometía una era de paz y prosperidad en el mundo.

Durante el decenio pasado, se abrieron posibilidades sin precedentes, pero surgieron conflictos de intereses nacionales y nuevas tensiones, problemas y amenazas. Todavía no ha sido posible establecer las condiciones necesarias para un mundo seguro, estable, regulado, y por lo tanto, predecible.

Desde cuando se produjera el colapso del mundo bipolar, intelectuales y líderes políticos han venido esforzándose por encontrar un paradigma que refleje las realidades del orden naciente. Ha resultado claro, en esta era de la postguerra fría, que el mundo se encuentra en un período de transición política y, como tal, está caracterizado por riesgos, desequilibrios e incertidumbres. Pero es también un período de oportunidades y desafíos.

Nuestro imperativo histórico es impulsar un orden internacional cuyo fundamento esencial sea una normatividad que emane de la participación democrática de todos los estados en la toma de decisiones sobre los temas fundamentales de la agenda global. Un orden inspirado en el respeto a los Derechos Humanos y en la plena aplicación de los principios del Derecho Internacional Humanitario. Un orden cimentado en la consolidación de un sistema imparcial de seguridad colectiva. Uno en el que la solución pacífica de las diferencias sea la regla de oro y no la excepción. Aquél donde las organizaciones intergubernamentales de carácter universal sean actores centrales de la historia.

Es nuestro derecho y nuestro deber participar activamente y en pie de la igualdad en la definición de un orden global, que recoja las aspiraciones e intereses de nuestros países en desarrollo. Un ordenamiento que logre regular la globalización, tendrá que atender los máximos desafíos que enfrenta la humanidad: la reducción de la pobreza extrema, los preocupantes riesgos ambientales que sufre el planeta, la marginalización de vastos sectores de la población mundial, la existencia mortífera de las armas nucleares, químicas y biológicas, las amenazas globales a la salud humana, los desastres naturales, las violaciones de los Derechos Humanos, las garantías fundamentales de los ciudadanos y el problema mundial de las drogas ilícitas, entre otros.

Cuando aún estamos en el despertar del nuevo siglo, es conveniente preguntarnos qué tipo de Movimiento somos, cuáles son nuestros derroteros.

Cómo lograr que el Movimiento sea una agrupación dinámica e interactiva y con una influencia visible en los asuntos mundiales.

Con el fin de la guerra fría, algunos se apresuraron a predecir la desaparición de nuestra agrupación. No deja de ser significativo que diez años después mantenga su plena vigencia y vitalidad.

Se avizora un mundo unipolar y una peligrosa tendencia hacia actuaciones que se desarrollan fuera del máximo foro mundial, e inclusive al margen del Consejo de Seguridad, como órgano supremo, encargado de velar por el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales.

No se trata de continuar el debate sobre la vigencia o validez de nuestro Movimiento. Esa es una discusión superada. La cuestión verdaderamente relevante debe referirse al papel del Movimiento en la configuración y orientación de la nueva agenda internacional. Representamos la abrumadora mayoría en las Naciones Unidas. De hecho, nuestra agenda ocupa la mayor parte de las tareas de la Organización.

Infortunadamente, no son siempre nuestros puntos de vista los que cuentan. Muchas veces nos encontramos con fórmulas prescritas de antemano.

No pocas veces nos limitamos a reaccionar. Mientras tanto, se siguen estableciendo nuevas normas y orientaciones vitales para nues- tro futuro y sin la visión de nuestras sociedades. Resulta apremiante para el Movimiento examinar cuidadosamente las implicaciones de estos desarrollos.

El Movimiento debe ser una agrupación proactiva en la configuración de la agenda global política y económica. El rápido ritmo de la globalización y los desaños del multilateralismo no nos dejan otra opción. Si queremos ser parte de los vientos de cambio -en lugar de dejarnos arrastrar por ellos-, es necesario fortalecer nuestra presencia, impulsando una agenda que busque resultados prácticos.

Señores jefes de delegación, señores delegados:

Una oportunidad valiosa en tal sentido nos la brinda la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas a celebrarse en el mes de septiembre. Debemos aprovechar la Cumbre para impulsar la definición de un nuevo modelo de cooperación internacional que sirva de base a un orden global más humano, con mayor justicia económica y social, y en el que cada nación pueda desarrollar libremente su potencial.

El Movimiento debe consolidar su posición sobre la naturaleza y alcance de la Cumbre, a fin de que ella resulte efectiva y fructífera. Debe ser una instancia para que los líderes del mundo desarrollen un diálogo relevante y constructivo, y para abordar una discusión seria y a fondo sobre el futuro de las Naciones Unidas y el futuro del mundo. Esta Conferencia nos brinda la oportunidad de avanzar en esa reflexión.

Señores ministros, señores delegados:

Una de las cuestiones centrales en las que, a decir verdad, se carece aún de una respuesta completa por parte del Movimiento es cómo encarar los desafíos de la globalización.

Esa carencia resulta más notoria ante los riesgos de marginalización que se presentan para los países en desarrollo.

En ese contexto, resulta crucial examinar el impacto de la globalización sobre el tejido social en nuestros países. Y la puesta en marcha de modelos de desarrollo centrados en el ser humano, dentro de un ámbito como el actual, de rápida liberalización comercial y financiera. El Movimiento debe impulsar la definición de estrategias de desarrollo de largo plazo en las que todos los países, independientemente de su tamaño, tengan un espacio abierto y libre que les permita convertirse en actores significativos del nuevo orden económico.

Otro de los retos a resolver corresponde a la compatibilidad entre los principios y valores de la soberanía nacional y el manejo de la globalización. ¿Cómo conciliar la defensa de la democracia y de los derechos humanos, las nuevas necesidades de la paz y la seguridad internacional, la liberalización comercial y de las inversiones, la con- servación del medio ambiente y la lucha contra las amenazas emergentes, con el principio de la no intervención, la soberanía de los Estados y otros valores del derecho internacional? El Movimiento debe otorgar una atención prioritaria al examen y respuesta a estos interrogantes.

Distinguidos participantes:

La comunidad internacional ha enfrentado en los tiempos recientes desafíos sin antecedentes en el campo humanitario. Amplios sectores de población han sufrido el devastador efecto de los desastres naturales y las situaciones de conflicto.

Colombia comparte la preocupación legítima de la comunidad in- ternacional y las organizaciones internacionales ante la magnitud y frecuencia de esas emergencias. Ellas representan un reto a la solidaridad humana y exigen respuestas adecuadas.

El Movimiento debe promover una discusión franca y abierta en torno de estos temas por parte de las instituciones multilaterales. Cualquier orientación nueva de la asistencia humanitaria debe estar fundamentada en el respeto irrestricto a la Carta de las Naciones Unidas y a los principios del derecho internacional. Debe además, estar inspirada en criterios básicos de neutralidad e imparcialidad.

Igualmente, en la medida en que se amplía la interpretación de la Carta sobre la intervención humanitaria, se amplían también las modalidades de la misma. Insistir en la necesidad de hacer énfasis en las medidas preventivas porque son menos costosas en vidas y en recursos que las acciones armadas debe ser un elemento básico de nuestra reflexión. En tal sentido recojo las palabras del Secretario General de las Naciones Unidas Koffi A. Annan Es necesario reconocer también que toda intervención armada es en sí el resultado de una falla en la prevención. Cuando consideramos el futuro de la intervención, debemos redoblar nuestros esfuerzos para fortalecer nuestras capacidades preventivas, incluyendo las advertencias tempranas, la diplomacia, el desplazamiento y el desarme preventivos.

Las recientes experiencias muestran que el diálogo, la negociación y la creación de condiciones propicias para el desarrollo pueden coadyuvar efectivamente a superar las causas de los conflictos.

Esta visión debe complementarse con el respeto a los principios del Derecho Internacional Humanitario, como componente fundamental de la asistencia humanitaria en casos de conflicto. Particular prioridad debe otorgarse a los grupos más vulnerables frente a las situaciones de confrontación.

El Derecho Internacional Humanitario es un elemento esencial para asegurar la sostenibilidad de los Procesos de Paz. Esa es justamente una de las premisas fundamentales que ha definido el gobierno de Colombia en su política de paz. Es propósito principal del gobierno seguir impulsando la humanización del conflicto interno mientras alcanzamos el objetivo final de eliminarlo completamente de nuestro territorio. Hemos exhortado a los actores de la confrontación, señalando que si el objetivo de su lucha tiene relación con los intereses del pueblo, la primera muestra de esa lucha debe ser el respeto total a la población civil.

Porque la acción de consolidación de la paz supone, también, trabajar desde los inicios en la construcción de la sociedad posterior a los acuerdos de paz, en asuntos como el fortalecimiento de los Derechos Humanos, la reconstrucción y consolidación de las instituciones políticas y la atención humanitaria a las víctimas inocentes de los conflictos.

Precisamente, es en el marco del fortalecimiento de nuestras instituciones democráticas que presenté al pueblo colombiano recientemente una propuesta de Referendo para depurar la forma de ejercer la política, apelando a la decisión soberana de los colombianos, dentro de los mandatos de la Constitución. Nuestras naciones deben transitar siempre la senda de la institucionalidad, yeso es lo que está haciendo Colombia, apegada a sus más caras tradiciones jurídicas y democráticas.

Distinguidos delegados:

En el corazón de cada colombiano se alberga ahora la esperanza de recuperar la paz y consolidar la convivencia ciudadana y la reconciliación. Hemos avanzado en año y medio lo que fue impensable durante muchos años. Ha comenzado un proceso de negociación con las Farc-Ep, el más antiguo y numeroso grupo insurgente. Hemos fijado de común acuerdo una agenda. Los negociadores han iniciado el análisis sobre los temas económicos y sociales. Hemos propiciado y estimulado la más amplia participación ciudadana, a través de un comité temático que procesará las inquietudes presentadas por los ciudadanos y por las distintas agrupaciones sociales.

Con el grupo insurgente Eln hemos sostenido diálogos que esperamos nos permitan iniciar una negociación.

Desde luego que el camino por recorrer es aún enorme. Pero existe ya entre nosotros el convencimiento de que también en Colombia es posible acallar los fusiles y lograr la paz. Ello implica el inmenso reto de consolidar el proceso de diálogo con la insurgencia y emprender las profundas transformaciones políticas, económicas y sociales que requiere Colombia para ser un país próspero, pacífico y con igualdad de oportunidades.

Debo reiterar ante ustedes, como actores prominentes que son de la comunidad internacional, que ningún grupo insurgente, ningún actor del conflicto armado en ninguna latitud, puede considerarse exento de la obligación de cumplir estrictamente las normas y principios del Derecho Internacional Humanitario. Su aplicación no depende de un estatus político: es un imperativo ético universal que vincula por igual a los estados y a los distintos actores no estatales. Nadie puede sustraerse a este código ético, en ninguna actuación ni en ninguna circunstancia.

Un factor clave dentro de esos esfuerzos ha sido el apoyo y la solidaridad de los pueblos amigos, de los gobiernos y los organismos internacionales a la Diplomacia por la Paz. Colombia agradece ese respaldo, las múltiples voces de aliento y la cooperación por parte de la comunidad internacional.

Ahora, cuando nos disponemos a profundizar aún más el proceso, requerimos más que nunca de ese apoyo político y de la tarea facilitadora de los países amigos.

Contamos con el Movimiento No Alineado y con los demás países y organismos aquí representados, en la certeza de que la solución del conflicto colombiano es también un asunto de interés para el mundo. Las expresiones de solidaridad y respaldo de los países miembros del Movimiento No Alineado constituirán un invaluable estímulo adicional para proseguir en la búsqueda de la reconciliación nacional.

Estimados amigos:

Otro de los grandes retos que debe abordar hoy la comunidad internacional es el flagelo de la corrupción. Lamentablemente éste es un cáncer que ha penetrado profundamente todas las instancias del poder, atravesándose en el camino que deben recorrer nuestras naciones hacia el progreso y la justicia social.

El referendo mediante el cual he convocado al pueblo colombiano interpreta justamente la voluntad de crear los mecanismos institucionales y las herramientas que nos permitan combatir eficientemente a los corruptos.

El fenómeno de la corrupción se ha extendido a muy diversos sectores de la actividad pública y privada. Pero el ejemplo entra por casa: la depuración la hemos comenzado desde el mismo poder ejecutivo y no nos detendremos hasta tener una Colombia de manos limpias.

Hoy los invito para que aunemos todos nuestros esfuerzos en esa inaplazable cruzada mundial por la trasparencia.

Señores ministros y jefes de delegación, señoras y señores:

Quiero, por último, expresar mi agradecimiento y satisfacción por la gran acogida que ha tenido la realización de esta Conferencia Ministerial. La presencia de tan ilustres visitantes y la activa participación de los países miembros en las etapas preparatorias, son garantía del resultado exitoso que todos esperamos.

Nuestra agrupación tiene ante sí un inmenso desafío y una lucha formidable por librar: impulsar la construcción de un nuevo orden en las relaciones internacionales, basado en la democracia y la equidad. Los estados miembros, sin excepción, debemos aportar todo nuestro vigor a esa noble empresa.

Si juntamos nuestros esfuerzos alrededor de ese impostergable propósito, podremos marchar de una manera segura por la senda del nuevo siglo. Estoy seguro que la capacidad política del Movimiento de Países No Alineados nos permitirá participar con fortaleza en el diseño de un ordenamiento mundial equitativo, transparente y soli- dario, que regule la globalización y contribuya a distribuir sus beneficios.

Como decía el escritor argentino Ernesto Sábato -la solidaridad adquiere un lugar decisivo en este mundo acéfalo que excluye a los diferentes. Cuando nos hagamos responsables del dolor del otro nuestro compromiso nos dará un sentido que nos colocará por encima de la fatalidad de la historia.

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
8 de abril del 2000