LA PAZ, BARCO EN EL QUE NAVEGAMOS TODOS HACIA UN BUEN FUTURO2017-12-18T11:48:15+00:00

Project Description

Discurso del presidente Andrés Pastrana Arango, con ocasión del zarpe del Buque Escuela A.R.C. Gloria en el crucero de la primera fase de 1999

Hoy venimos a cumplir una cita con nuestra memoria viva, que es como decían los antiguos, volver a pasar las cosas por el corazón.

Qué colombiano no ha oído de los viajes de nuestro Buque Escuela, insigne presencia de la Armada Nacional en los mares de Colombia y del mundo.

Muchas veces no sabemos apreciar en toda su dimensión símbolos como nuestro buque Gloria. Quiero contarles algo especial sobre él, que pocos conocen. No sólo los colombianos nos entusiasmamos con las historias y la presencia de este buque. El Príncipe Alberto de Mónaco utilizó en sus tarjetas de Navidad la célebre figura del Gloria, haciendo circular el prestigió de nuestro símbolo en el mar por las manos de muchos personajes en el mundo. Ese es un orgullo para todos los colombianos.

Hoy quiero dejarle a la Armada Nacional una de estas tarjetas como un buen recuerdo más, de todos los que nos ha dejado el Gloria. Como muchas veces antes, venimos a despedir a nuestro Buque Escuela cuyo nombre llevamos guardado en el corazón.

Por eso en este viaje, su tripulación, tradicional embajadora de Colombia, tiene una misión especial: Llevar en alto nuestra bandera, y con orgullo mostrar al mundo el compromiso de los colombianos de vivir en Paz.

A bordo del Gloria, recibirán la preparación que les permitirá afianzar lo aprendido en tierra firme, pero estoy convencido que esta experiencia no sólo es profesional sino personal.

El viaje que en un momento emprenderán hará de ustedes mejores hombres y mujeres al servicio de la patria.

Este zarpe es especial. Un selecto grupo de mujeres hace parte por primera vez de este contingente de cadetes que desde 1968 se embarca en esta nave y recorre al mundo. Ustedes son modelo y ejemplo para todos nosotros, y enaltecen una vez más a la mujer colombiana, fuente de nuestros mejores valores.

La valentía, el empuje, la perseverancia pero sobre todo el amor que ustedes imprimen al trabajo, marcará en adelante la historia de los viajes de la Armada Nacional por los mares del mundo.

Me complace mucho ver a estas colombianas que se hacen a la mar, dispuestas a demostrar, al lado de sus compañeros, que nuestra Armada es también una institución moderna, preparada para el próximo milenio.

Veo con satisfacción que esta Fuerza guía a sus miembros hacia la excelencia y que las maniobras y ejercicios que desde ahora realiza esta tripulación, en manejo de equipos y adiestramiento en el mar, suma mayores y mejores elementos a la labor que cumple nuestra Armada Nacional.

Nuevos vientos, nuevas tierras, nuevos pueblos llenarán sus cabezas de experiencia, pero sus corazones se quedan aquí. De eso estoy seguro. Por eso las familias que se quedan hoy en tierra firme aguardando la llegada de sus hijos pueden estar seguras de que en unos meses tendrán de vuelta a unos hombres y mujeres más maduros, más profesionales y más apegados a sus seres queridos y a su patria.

A las novias y novios que también aguardarán pacientemente la llegada del Buque Gloria les auguro el cruce de cartas y telegramas que mantendrá la expectativa del pronto encuentro. Ya verán en algunos meses que el mito «del marinero que parte y que consigue una novia en cada puerto, y que de vuelta a casa la encuentra ya casada», es sólo un mito.

Ustedes deberán ser fieles a sus principios, a su patria, a sus familias, a sus amigos y por supuesto, señores, a sus novias!

La Armada Nacional los ha preparado para vivir esta experiencia a bordo del Buque Escuela porque ustedes en su trabajo y en sus vidas ejercen plenamente los principios de la convivencia. Y además de la responsabilidad que ya tienen de adquirir los conocimientos sobre el arte y la ciencia de la navegación, los colombianos les encomendamos una gran tarea.

Quiero que en esta oportunidad, en los mares que surquen y en los países que visiten, dejen la estela viva de nuestro propósito nacional: Que en adelante cuando se diga Colombia, el mundo piense en un país honesto y en Paz.

Elpaís entero les pide que en esta travesía tengan presente de día y de noche, con constancia en el pensamiento, en la imaginación y en el recuerdo, la obstinada permanencia de la imagen de un país que sabe convivir. Ese suele ser el final de la violencia. Y también el principio de la paz.

La misión que ustedes tienen es la de difundir a los cuatro vientos que los colombianos apostamos a la paz: que para nosotros esa es la única verdad y que la vamos a recuperar.

Esa actitud sincera será suficiente para hacer ver a nuestros países amigos cuánto hemos avanzado en nuestro empeño por el cambio.

Sí, es que tenemos que ser creativos en la construcción de nuestro propósito, y apostarle a todas las actitudes y comportamientos que conduzcan a la reconciliación entre los colombianos.

Quiero contarles sobre un escritor de nuestra literatura universal que precisamente tomó su nombre del oficio del navegante: Mark Twain. Ese seudónimo, que utilizan los hombres de mar para verificar sondeos, hizo célebre al autor de tantos libros que desde jóvenes hemos leído.

Uno de sus personajes, escribió Twain, «era la persona más extravagante en materia de apuestas que me haya tocado ver».

He recordado estas palabras porque ahora que apostamos a la paz, quiero que los colombianos seamos los más creativos en materia de acciones para construirla. Porque ella es de todos y para todos: en esta tarea no habrá nunca ni ganadores ni perdedores: La paz es un barco en el que navegamos todos hacia buen puerto.

Precisamente ayer convocamos a una reunión para iniciar el proceso de consolidación de un gran Acuerdo Nacional para Construir la Paz. De ese acuerdo hacen parte los representantes de las fuerzas políticas del país, los dirigentes gremiales y sindicales, los voceros de la Iglesia Católica y el Alto Comisionado para la Paz.

Acordamos varios principios que son el punto de partida y la formalización del aporte que todos haremos en la construcción del proceso de reconciliación entre los colombianos.

Reafirmamos allí nuestro compromiso con la vía del diálogo, nuestro apego a las leyes del Estado de Derecho y nuestro empeño por la defensa de los derechos humanos y la justicia social.

Todo sobre las bases de un orden económico justo, más social, y más equitativo. Establecimos una clara dirección para que los países amigos de nuestro proceso de Paz, nos acompañen con apego al respeto que rige las relaciones internacionales y las necesidades del diálogo.

Paz también es recuperar el manejo honesto de los recursos públicos. Atacar la corrupción siempre ha sido y seguirá siendo mi compromiso indeclinable. Como ya lo he dicho, en mi gobierno no ahorraré ningún esfuerzo para perseguir hasta el final a los corruptos, no importa quiénes sean, ni qué cargos ocupen.

¡En mi gobierno no habrá madrigueras para la corrupción!

Lo sucedido esta semana es una consecuencia de la laxitud con que se manejaron algunas entidades oficiales. Hemos visto cómo desde tiempo atrás, se han presentado prácticas que atentan contra la moral pública. Esto no lo vaya tolerar.

Junto con los organismos de control hemos hecho un frente común para atacar la corrupción como propósito nacional.

Hoy quiero repetirlo, todas las instituciones del Estado encargadas de combatir la corrupción deben avanzar con pulso firme hasta lograr esclarecer las irregularidades cometidas en algunos bancos oficiales o en cualquier otra entidad pública, y sancionar de manera ejemplar a los responsables.

Junto con todos los colombianos, debemos recuperar la moral pública.

Con este nuevo ánimo los colombianos despedimos a nuestro Buque Escuela Gloria, que es también un buque de Paz.

Cada vez que toquen puerto en los países que visitará este crucero: Ecuador, Chile, Perú, Canadá, Estados Unidos o México, los colombianos estaremos seguros de que ustedes llevarán izadas las velas, que muestran a todos el país por el que trabajamos: un país en donde podamos vivir bajo los preceptos de la justicia social.

Como presidente de los colombianos les hago nuevamente un llamado: no olviden que hoy, cuando nuestros hermanos de la zona cafetera están levantando su región, es tarea de todos ayudar en esa empresa.

Es en situaciones como ésta que nos damos cuenta de nuestra buena memoria.
Insisto para que todos los colombianos tengamos siempre presente a los damnificados del terremoto, porque no hay peor castigo que el olvido. Nuestra mano está tendida hacia ellos, y con mayor firmeza ahora que se han puesto de pie.

Sabemos que esta tripulación lleva presente el nombre del café.

Señor Comandante del Buque, Oficiales, Suboficiales, Cadetes e Infantes de marina, y todos quienes parten en esta travesía: Los colombianos les encomendamos con confianza esta misión, porque estamos seguros que allende el mar, todos y todas ustedes trabajarán sin descanso por el país que queremos.

Allá en el mar tendrán la oportunidad de caer en cuenta de que de día el mundo es uno pero en la noche cuando las estrellas iluminan el agua, sentirán desde adentro la inmensidad del universo, el aprecio por la vida humana y la grandeza de nuestro país.

Cuando menos pensemos estarán ahí parados con sus baúles repletos de buenas noticias para Colombia, pero dispuestos a zarpar de nuevo, para llevar con orgullo el nombre de ésta, nuestra Nación en paz.

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
19 de febrero de 1999