LAS FUERZAS ARMADAS, COLUMNA VERTEBRAL DE LA DEMOCRACIA2017-12-18T11:48:25+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, en la ceremonia de ascenso de los señores subtenientes del ejército

Señores:

Hoy asisto nuevamente a la Escuela Militar de Cadetes, Alma Mater de nuestro Ejército Nacional, a cumplir con el compromiso que tengo como Comandante y Jefe de las Fuerzas Armadas de presidir dos eventos trascendentales: el juramento a la bandera y la graduación de subtenientes del curso que tiene el honor de llamarse Bicentenario del Natalicio del General José María Córdova.

En virtud de la autoridad suprema que expresa que la legitimidad con que la democracia ha investido al Presidente de la República otorgó a ustedes el privilegio y el honor de portar y de usar las armas de la República. Este acto es trascendental para la vida de la Nación porque en él ustedes reciben sobre sus hombros las insignias de subtenientes del Ejército colombiano y se convierten en los herederos de aquellos soldados inmortales que con su sangre conquistaron para todos nosotros el derecho a vivir en un país independiente y libre, y pasearon victorioso el tricolor nacional por cinco repúblicas. Defender esa heredad es tarea indeclinable ya que por sus con- ciencias hace camino la supervivencia de la patria.

Han escogido ustedes, por su libre y espontánea voluntad, consagrar sus vidas a una de las actividades más bellas y nobles que le es dado ejercer a un ciudadano, la defensa de la Patria y de sus instituciones. Aljurar hoy cumplir la Constitución y las leyes de la República, ustedes asumen, ante Dios y ante los hombres, el compromiso sagrado de pensar y de actuar siempre en función de los más altos valores morales, éticos y espirituales, además de ser los guardianes del honor y de la integridad de la Nación.

Todo honor expresa una responsabilidad que debe ser tan grande como el honor recibido. Ustedes se deben a Colombia y por ella tienen la obligación de sacrificarlo todo en el cumplimiento del de- ber. La vida del soldado es sacrificio abnegado y permanente. Ustedes deberán velar, siempre alertas en los campos colombianos, pro- tegiendo a sus compatriotas; ustedes pasarán muchas noches sin dormir, para que el pueblo colombiano pueda dormir en paz; ustedes se someterán a las exigencias del deber, para que Colombia siga siendo libre; ustedes estarán lejos de sus madres, de sus familias, de la mujer que aman, para que el amor congregue en la paz de los hogares a las familias colombianas; ustedes expondrán sus vidas, para que Colombia tenga vida. Nunca tendremos cómo agradecerles estos sacrificios.

Ustedes son conscientes del sagrado compromiso que adquieren con su juramento que alimenta la fe y la esperanza de un pueblo que está empeñado en construir la paz.

Quiero que miren la bandera de Colombia y cuando lo hagan piensen en lo que significa defender lo que cada uno de sus colores representa, porque en este símbolo ustedes asumen una obligación hacia esta patria que admira profundamente sus Fuerzas Militares y confía en ellas.

Cada uno de quienes han llegado hoy aquí, se ha forjado con el acero resplandeciente de la disciplina, y ha logrado la templanza al fuego ardiente del ideal militar.

Vemos ante nosotros, al nuevo soldado de la patria, al hombre repetuoso de las instituciones, al ciudadano ético, al líder creativo que ha sabido formarse bajo los más claros preceptos del honor, de la hidalguía y del compañerismo.

Hoy, al jurar lealtad ante la bandera, asumen ustedes el deber de defender a la Nación dentro del marco de la legalidad y adquieren también el compromiso de servirla con su entrega austera y silenciosa a favor de nuestra soberanía y en aras de que prevalezcan la ley y el derecho.

Las Fuerzas Armadas son la columna vertebral de la democracia, como lo dijera Alberto Lleras, «la más pura, la más noble expresión del alma colombiana».

Como Presidente de la República, debo decir que me siento orgulloso de ser el comandante supremo de unas fuerzas armadas que aun en los momentos más tortuosos de nuestra historia le han dado al mundo demostraciones admirables de lealtad a la Constitución que juraron defender, y de compromiso inclaudicable con las instituciones democráticas. Nunca, nadie podrá decir lo contrario.

En la democracia mucho se habla de que el militar no está llamado a «deliberar» y ello se hace para destacar la necesidad de que aquellos que empuñan las armas de una nación preserven su capacidad de «discernimiento» cuyo cumplimiento exige que se alejen de los intereses coyunturales de la política.

Qué equivocados están quienes hablan de «deliberación» cuando el Presidente de la República oye a las tropas de Colombia. Entiendanme bien: ustedes están convocados por la historia a desarrollar la maravillosa tarea del «discernir». «Discernir» es una virtud que con- duce al militar a la obligación de dar consejo y de entregarlo al Presidente de la República rodeado de la confidencialidad que el «discernimiento» exige. «Discernir» es ayudar a preparar el camino para que quien tiene la función constitucional de «decidir» lo haga con clarividencia. Sepan ustedes que siempre estaré dispuesto a escuchar sus consejos y opiniones porque estoy seguro de que invariablemente estarán inspirados en la lealtad y en el amor por la patria y por la democracia.

Como Presidente de todos los colombianos siento un gran orgullo porque se incorpora hoya las filas del Ejército Nacional una nueva promoción de oficiales de las armas. En las caras de los miembros de este magnífico contingente de 189 nuevos oficiales, veo reflejados aún los sueños de la juventud y el orgullo que tienen hayal cristalizar el anhelo de alcanzar la estrella de subtenientes.

Todos ustedes deben saber que a partir de hoy inician la responsabilidad del mando, con la doble misión de preparar y conducir las unidades de nuestro Ejército. Sus decisiones transitarán por el camino que defiende la vida y busca la paz. Por ese motivo, necesitarán de lo mejor de cada uno de ustedes para afrontar la delicada tarea de defender la integridad de todos los colombianos de bien y la soberanía sobre nuestro suelo patrio.

Hoy, Colombia entera quiere rendir un sentido homenaje a quienes abrazaron la carrera de las armas por vocación y se muestran como un modelo permanente para sus subalternos.

Yalo he dicho antes pero quiero repetirlo para que nunca lo olviden: en la vocación militar son pocos los escogidos, porque una vocación se construye con talento, dedicación y convicción. Muchos llegan, pero sólo los mejores permanecen. Y la vocación de los mejores es servir. Y sólo quien sirve puede permanecer.

Estamos empeñados en construir la paz de Colombia. Sé que en este propósito nacional, Colombia cuenta con todo el respaldo de sus Fuerzas Armadas; desde que iniciamos este proceso he contado con su apoyo y Colombia entera puede estar tranquila porque sabe que cuenta con un ejercito que quiere la paz y luchará por ella hombro a hombro con la nación entera.

El año pasado en este mismo campo solemne de paradas les dije algo que hoy quiero reiterar: Mi primera obligación como Presidente de todos los colombianos es defender la vida, honra y bienes de todos los habitantes de mi país y cumplir con el mandato del pueblo colombiano que escogió la paz como su destino.

Es por esto que respaldaré íntegramente, con todos los instrumen- tos que la Constitución ha puesto a mi disposición, a la Fuerza Pública en su misión sagrada de proteger al pueblo. No toleraré el más mínimo acto que atente contra la dignidad, el respeto o el decoro que merece la Fuerza Pública de la Nación. El pueblo colombiano nunca permanecerá indiferente ante denuncias temerarias y tendenciosas que busquen con infame intención, minar la moral de las tropas y afectar injustamente la carrera de eficientes miembros de nuestras Fuerzas Militares.

Por eso reitero con mayor convicción hoy mis palabras: Yono seré el sepulturero del Estado de derecho. No me desviaré del marco que me imponen la Constitución y el mandato de los colombianos y en ese sentido nadie puede suponer, quien quiera que sea, que mi compromiso leal y honesto con la paz, es un signo de debilidad, que me arrincona y obliga a violar la bandera y la Constitución que juré defender, o a pasar por encima de la dignidad de la Nación.

Ya vendrán largos días de sudor, fatiga y privaciones. Entenderán, entonces, que el verdadero heroísmo se consigue cuando no se des- fallece. Pero tengan la certeza que Colombia siempre sabrá agradecerles su valor, su abnegación y su espíritu de sacrificio.

Son ustedes una nueva generación de colombianos, un tesoro al ser- vicio de la patria, un recurso humano de incalculable valor para el fortalecimiento del pie de fuerza. Son ustedes, además, el relevo generacional del nuevo siglo -del inicio de un nuevo milenio que se enfrenta al reto de trabajar por un país en paz, donde el coraje, la lealtad, la honestidad y el amor a la patria son los instrumentos indispensables para consolidar la reconciliación la equidad, la justicia social y forjar la convivencia.

Bien sé que sus hombros pueden cargar el peso de esa misión porque este es un ejército de tradición democrática. Son ustedes hijos de una institución que ha sabido entender que en el actual momento que atraviesa la Nación, la combinación de las herramientas políticas con la presencia del poder militar están estrechamente ligadas a la búsqueda del bienestar de todos los colombianos.

Quiero aprovechar este solemne acto para felicitar al señor Subteniente de Infantería Efrén Eduardo Galindo Fontal, quien ocupó el primer puesto de la promoción. Él, al igual que sus compañeros de curso son garantes indiscutibles de nuestra paz y de nuestra democracia.

Señores subtenientes:

Bolívar también dijo que la moral es uno de los pilares fundamenta- les de la República. Estoy seguro de que ustedes honrarán el uniforme que hoy visten con orgullo. De todo corazón, les deseo que al culminar la carrera que hoy empiezan, todos ustedes puedan decir, con la frente en alto, que le cumplieron a Colombia, que siempre fueron leales con las instituciones democráticas, que lucharon por la paz y fueron dignos de vestir el uniforme de los libertadores.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
4 de junio de 1999