MEJORAR EL NIVEL DE VIDA DE TODOS LOS COLOMBIANOS, NUESTRO PERMANENTE RETO2017-12-18T11:48:36+00:00

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Discurso del presidente Andrés Pastrana Arango, durante la cena de Estado, ofrecida por el Primer Ministro del Canadá y la señora Chretien

Gracias, señor Primer Ministro y señora Chretien por la calurosa bienvenida que nos han dado a Nohra y a mí y a los integrantes de nuestra delegación.

Tomo esta bienvenida esta noche, durante la cena y durante todo el viaje no como un tributo personal sino como un tributo al trabajador pueblo colombiano, que tanto ha sufrido pero que no pierde la esperanza. He venido en su nombre, para impulsar su prioridad fundamental que es la paz, y su deseo de prosperidad.

Para nosotros, en Colombia, llegó un momento decisivo en nuestra historia. Para nosotros el problema no es la economía internacional, sino la integridad y el alma de una Nación. Fui elegido Presidente por un compromiso de cambio.

Después de casi cuarenta años de conflicto interno armado estamos dispuestos a lograr la paz y a proteger los derechos humanos de nuestros ciudadanos; después de demasiados años de devastación por la droga y la violencia que la acompaña estamos decididos a ganarle la guerra a las drogas; después de demasiadas décadas de prosperidad para unos cuantos estamos decididos a mejorar el nivel de vida de todo nuestro pueblo. Esta es nuestra nueva oportunidad y nuestro permanente reto.

Ha llegado el momento de poner fin a todo este sufrimiento. Ha llegado el momento para entregar las armas y resolver nuestras diferencias por medio de la negociación. Esto es lo que la gran mayoría de colombianos demanda, esto es lo que todos los colombianos merecen. Es por esto que en mi calidad de Presidente me he comprometido plenamente para hacer todo lo que esté en mi poder para ponerle fin al conflicto.

Adelanté mi campaña sobre la base de este compromiso, y aun antes de ser elegido, viajé al corazón del campamento de las Farc para dialogar con su líder, Manuel Marulanda. Allá acordamos poner en marcha las conversaciones, que estoy convencido, harán realidad algún día el sueño de una paz duradera. Desde ese primer encuentro, hace aproximadamente diez meses atrás, ha habido tropiezos, inevitables en cualquier proceso de paz, bien se trate de Irlanda del Norte, el Medio Oriente, Centroamérica o Sudamérica. Debemos perseverar en esta tarea, teniendo presente el bienestar de nuestra gente y el futuro de nuestra Nación, basándonos en la confianza y la justicia social.

Señor Primer Ministro, uno de sus predecesores, quien jugó un papel importante en el apoyo de los esfuerzos del Grupo de Contadora para lograr la paz en Centroamérica, dijo en su momento que «Sabemos que la justicia y la generosidad sólo pueden brotar en una atmósfera de confianza … Porque si las personas y las minorías no se sienten protegidas no tiene sentido pedir les que abran sus corazones y expresen sus ideales».

Estamos decididos a enviar la siguiente generación de jóvenes a la escuela y no a la guerra; Gabriel García Márquez, nuestro Premio Nobel, se ha comprometido solemnemente conmigo y con Colom- bia, a dedicarse a la causa de la educación de todos nuestros niños. El famoso artista, Fernando Botero, prometió donar gran parte de su trabajo y de su importante colección a su ciudad natal Medellín y utilizar el dinero recogido para reconstruir el departamento de Antioquia, tan afectado por la violencia. El científico Manuel Patarroyo, quien desarrolló la única vacuna viable conocida contra la malaria, la donó a la Organización Mundial de la Salud para que los beneficios se puedan distribuir de manera gratuita alrededor del mundo.

En este sentido les digo a todos ustedes que están hoy aquí: trabaje- mos conjuntamente por la paz y los derechos humanos y contra la droga, en una búsqueda infatigable por la abundancia en nuestro hemisfério, en nuestra Nación y en todos los pueblos.

Pongámosle fin a los viejos conflictos, detengamos la oferta y la demanda de droga, impulsemos el comercio y la inversión, eduquemos a nuestros hijos y ampliemos los horizontes de nuestro futuro.

Señor Primer Ministro Chretien, durante estos años y de diversas maneras usted se ha colocado a la cabeza de los líderes mundiales comprometidos con un nuevo enfoque en la forma de gobernar. Su convencimiento de que el progreso es posible y no ideológico, de que el crecimiento económico se debe equilibrar con una sociedad justa, de que debemos proteger nuestro ambiente y de que se deben proteger los derechos humanos de cada ciudadano del planeta, es un modelo a emular. Usted se ha convertido en mi amigo; en amigo de Colombia.

Señoras y señores, permítanme elevar mi copa en nombre del pueblo de Colombia y proponer un sincero brindis por el Primer Ministro del Canadá, por la señora Chretien y por el generoso pueblo canadiense.

Lugar y Fecha

Ottawa, Canadá
31 de mayo de 1999