MENSAJE DEL PRESIDENTE PASTRANA, EN LA ENTREGA DE OBRAS DEL PROYECTO DE RESTAURACIÓN INTEGRAL DEL EDIFICIO DEL MUSEO NACIONAL DE COLOMBIA2017-12-18T11:46:25+00:00

Project Description

Mensaje del presidente Pastrana, con ocasión de la entrega de obras del proyecto de restauración integral del edificio e inauguración de las 17 salas de exposición del Museo Nacional de Colombia.

La historia del Museo Nacional es de alguna manera la historia de Colombia, llena de vicisitudes y de paradojas, de glorias y dificultades, de avances y viceversas, que nos demuestran el complejo camino de la formación y conservación de los bienes culturales en medio del entorno político y económico de una nación que lleva consolidándose como tal desde hace 191 años.

No es mucho tiempo menos el que lleva de existencia este Museo que hoy nos congrega con sus buenas noticias. Hace casi exactamente 178 años, el 28 de julio de 1823, fue el mismo General Francisco de Paula Santander quien dictó el decreto por el cual se creó el Museo como un instituto que “debía difundir las luces y poner en acción las fuerzas cegadas u ocultas de nuestra riqueza”.

Desde entonces hasta hoy han ocurrido muchas cosas en torno a este noble objetivo, cuya enumeración excede, por supuesto, el propósito de este mensaje. Baste señalar que el Museo fue primero una Escuela-Museo desde donde se preservó el espíritu neo-renacentista de la Expedición Botánica, orientado por una Misión Científica conformada por ilustres académicos extranjeros, y que, desde entonces, vivió momentos de gloria y de decadencia, al vaivén de los acontecimientos de la República.

Alguna vez, en una inspección adelantada en 1867, Rafael Eliseo Santander conceptuó con tristeza: “No existe el Museo Nacional”. Pero sí existía, sigue existiendo y seguirá existiendo, porque el Museo Nacional no es sólo una asombrosa colección de objetos culturales que narran la historia de nuestro país en todas sus dimensiones sino que es, ante todo, el espejo del alma colombiana.

A muchos se debe esta persistencia de la memoria nacional desde el siglo XIX hasta nuestros días, entre quienes es imposible no mencionar a Genaro Valderrama, a José Caicedo Rojas, a Fidel Pombo, a Gerardo Arrubla, a Teresa Cuervo Borda y, cómo no, a su sobrina y actual directora, Elvira Cuervo de Jaramillo, quien ha liderado con verdadera devoción los destinos de este patrimonio nacional desde 1992.

Fue precisamente doña Teresa Cuervo quien dirigió el traslado del Museo a su actual ubicación en lo que antes era la Penitenciaría Central de Bogotá, popularmente conocida como “el Panóptico”, por su diseño arquitectónico que pretendía abarcar la visión de todas las celdas desde unas sola ubicación.

¡Qué paradoja inmensa que donde antes se custodiaba a los hombres privados de la libertad hoy se dé alas a la imaginación, a la memoria y a la curiosidad de todos los colombianos!

Aún se han preservado en algunas paredes, como parte de la historia singular de esta edificación, los dibujos y frases escritas por aquellos reclusos de épocas tan remotas como la Guerra de los Mil Días.

El Panóptico que hoy alberga nuestro Museo había tenido hasta ahora dos intervenciones arquitectónicas: una en 1947 y 1948, culminada el mismo día del fatídico “bogotazo”, y otra entre 1976 y 1977. Pero la verdad era que requería con urgencia una restauración integral, la cual se proyectó en 1988 y hoy, más de doce años después, gracias a un trabajo continuo y dedicado, es una realidad que nos complace y que entregamos con orgullo al país entero.

16 salas de exhibición permanente y una para exposiciones temporales, con la más moderna adecuación museográfica, con un nuevo esquema de presentación, con excelente iluminación, señalización, seguridad y servicios complementarios, son el legado que hoy dejamos a las nuevas generaciones de colombianos, que merecen ver preservada su memoria histórica y cultural.

Éste ha sido un esfuerzo continuo y de largo alcance que conjugó los esfuerzos del Gobierno Nacional y de muchos benefactores de la empresa privada como BP Exploration, la Cámara de Comercio de Bogotá, Carlos Arturo Torres Acevedo, Endesa y sus filiales Codensa y Emgesa, la Empresa de Teléfonos de Bogotá, la Fundación Mario Santo Domingo, Gas Natural, Pfizer, Siemens y la Federación Nacional de Cafeteros, entre tantos otros que han hecho posible esta hermosa realidad, a quienes debemos el mayor agradecimiento y reconocimiento de la patria.

¡Los esfuerzos realizados por la cultura son esfuerzos realizados por la vida y por la exaltación de la vida!

Hemos cumplido un paso muy importante y ahora nos queda seguir adelante hacia una meta aún más ambiciosa, como lo es la ampliación del Museo para que pueda presentar con gran dignidad la mayor parte de sus colecciones, que aún hoy permanecen en bodegas. Ese es el próximo propósito: un propósito del que debemos hacer un verdadero desafío nacional.

Pero hasta hoy hemos avanzado mucho y tenemos buenas razones para celebrar. Con la inmensa tristeza de no poderlos acompañar personalmente en esta inauguración, les envío a todos: a la infatigable Elvira Cuervo, a los funcionarios del Museo, a los que participaron en las obras de restauración y adecuación, a los Amigos del Museo Nacional, a los generosos patrocinadores, mis más entusiastas felicitaciones.

Si, como dije al principio, la historia del Museo Nacional es de alguna manera la historia de Colombia, hoy podemos decir con certeza, en este museo renovado y más vivo que nunca, que también Colombia tiene muchas razones para el optimismo.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
25 de julio de 2001