OFICIALES DE LA ARMADA, GUARDIANES DEL HONOR Y DE LA INTEGRIDAD DE LA NACIÓN2017-12-18T11:48:26+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con motivo del grado de la XL Promoción de Subtenientes de Infantería de Marina de la Armada Nacional

La importancia cardinal del mar y su dominio mediante la navegación nos hace evocar su función estratégica para los Estados. Conocer el arte de la navegación significaba poseer una ventaja económica, militar y política frente a otras naciones. Recordemos a los fenicios, a los vikingos o a los ingleses quienes, con su reconocida reputación como marinos, lograron expandir sus imperios y fortalecer su poderío.

Siempre que me dirijo a los hombres del mar me gusta recordar la increíble historia de cómo se dio solución al más difícil problema científico que tuvo la humanidad hasta el siglo XVIII: la medición de la longitud en ultramar.

En aquel entonces cualquier persona sabía que el problema de la longitud era el dilema científico más complicado de la época. Sin la posibilidad de medir la longitud, los marinos durante las grandes Eras de la exploración se encontraban literalmente perdidos en el mar tan pronto perdían de vista tierra firme. Miles de embarcaciones militares y comerciales naufragaban al no poder determinar su posición en el océano, hecho que afectaba el poderío militar, económico y político de los Estados.

Los grandes científicos y astrónomos de la humanidad, desde Galileo hasta Newton, habían estudiado el cielo y las estrellas en busca de una respuesta celestial. Sin embargo, un hombre llamado John Harrison, en marcada contravía con la comunidad científica, se atrevió a imaginar una solución mecánica al problema y fue así como en 1760 inventó un reloj capaz de medir con precisión el tiempo en altamar, algo que ningún reloj había logrado jamás. Su descubrimiento significó una verdadera revolución en la navegación. Hasta entonces, cuando se quería señalar que un problema era imposible de solucionar, se solía decir que era más difícil que solucionar el problema de la longitud.

Esta historia nos recuerda cómo la navegación ha sido desde tiempos inmemoriales una de las actividades más importantes para los Estados. Por una parte, ha representado una fuente inigualable de riqueza económica, y por otra, ha constituido un elemento esencial para la defensa de la soberanía nacional y el mantenimiento de la integridad territorial.

Este papel cardinal de los mares es el que han sabido reconocer los marinos que se gradúan hoy de la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla de nuestra Armada Nacional. A ella entraron para formarse como verdaderos «lobos marinos», conocedores y amantes del mar y de la Patria. Hoy pueden decir con orgullo que le han cumplido a Colombia, después de culminar satisfactoriamente sus estudios después de muchos días de sacrificio y desvelo.

Entre lágrimas y sonrisas dejan esta escuela, con la nostalgia de los días transcurridos, pero con la firmeza del patriota que se apresta a enfrentar los retos de la vida con coraje y disciplina.

Ser un oficial de la Armada Nacional significa ser portador de un gran honor y una alta responsabilidad. Ustedes se deben a Colombia y por ella tienen la obligación de sacrificarlo todo en el cumplimiento del deber.

Ustedes han decidido ofrecer sus vidas al servicio de la Patria y sus instituciones. Han aceptado estar expuestos a toda suerte de peligros con el solo propósito de permitir que otros colombianos puedan vivir tranquilos. Para que Colombia siga siendo libre ustedes estarán lejos de sus madres, de sus familias, de la mujer que aman, para que el amor congregue en la paz de los hogares a las familias colombianas ustedes expondrán sus vidas, para que Colombia tenga vida y vida en paz.

Cada uno de ustedes se ha forjado con el acero resplandeciente de la disciplina y ha logrado la templanza al fuego ardiente de la mística militar.

Al jurar cumplir la Constitución y las leyes de la República, ustedes asumen, ante Dios y ante los hombres, el compromiso sagrado de pensar y de actuar siempre en función de los más altos valores morales, éticos y espirituales, además de ser los guardianes del honor y de la integridad de la Nación. De ahí la importancia de que ustedes sigan el ejemplo de sus predecesores quienes siempre se han mantenido fieles a los mandatos de nuestra Ley de leyes.

Así nos lo recuerda el General Santander tras el triunfo de la Armada Nacional en Maracaibo: «No hay otro medio más eficaz para contrarrestar las maquinaciones de los enemigos que profesar la más sumisa obediencia a la Constitución y a las leyes, y el más noble respeto a las autoridades. Después de muchos años de sacrificios y de tanta sangre derramada por la causa de la Patria, el mal más funesto que vosotros y yo podemos hacer a Colombia es la infracción del Código que hemos jurado sostener y cumplir. Este Código es el que mantiene el orden público, el que os concede el ejercicio de vuestros derechos (…) y el que nos reúne en una sola familia ligada por la libertad y por la gloria. La Constitución, junto con la independencia, debe ser el ara santa en la cual debemos hacer nuestros sacrificios a imitación del padre de la República, el incomparable Bolívar».

Como parte integrante de las Fuerzas Militares, la Armada Nacional ha sabido entender, con gran sentido de responsabilidad, la importancia de su misión, y por ello ha venido adelantando un proceso de reestructuración, cuyo propósito es modernizar su estructura de cara al próximo milenio.
Ya estamos empezando a recoger los frutos de este proceso que se ha centrado en la tecnificación y actualización de la inteligencia militar, el fortalecimiento de su capacidad operativa y el aumento en la efi- ciencia de las labores logísticas y administrativas.

Colombia posee una clara vocación marina gracias a una privilegiada posición geográfica de indudable valor estratégico en el con- cierto internacional. Contamos con más de 3.000 kilómetros de costas en los océanos Pacífico y Atlántico y con cerca de un millón de kilómetros de áreas marítimas.

No puedo dejar de evocar la memoria de mi padre Misael Pastrana Borrero, quien al referirse a la importancia de los mares en nuestro país decía: «En la historia de Colombia se refleja fielmente la de sus mares. A través de ellos llegó el mensaje que unió a los dos mundos; en ellos se defendieron, contra la codicia y los embates de extraños, nuestras tradiciones, nuestros principios, nuestra lengua y nuestra raza. Gentes navegantes fueron los primeros colonizadores de estos territorios y por aquí entró Bolívar con sus sueños para comenzar la marcha de penas y triunfos que consolidó la libertad de cinco naciones. Por eso, los mares no son sólo las fronteras de Colombia en su aspecto material, sino que son sus fronteras espirituales y sus fronteras heroicas.

La Armada Nacional conoce como nadie la importancia estratégica del mar para nuestro país y ha asumido su protección y promovido su aprovechamiento. Sus unidades, compuestas por buques, submarinos y aviación naval, recorren día a día nuestros mares con el objeto de ejercer la soberanía nacional y garantizar el uso de los recursos naturales. En varios espacios de la geografía nacional cumplen una labor abnegada para garantizar el orden público en los dos litorales, fortaleciendo la acción operativa del ejército colombiano y con sus unidades fluviales, en el control de los ríos.

Actualmente la Armada está empeñada en incrementar cada vez más su capacidad tecnológica y de mantenimiento naval, incentivando la investigación, el desarrollo de la técnica y de la industria naval.
Debemos resaltar con admiración cómo las tareas asignadas a la Armada Nacional resultan tremendamente complejas y difíciles, no solo por las situaciones de orden internacional e interno, sino por la severidad de la naturaleza y de las condiciones de los mares y ríos colombianos, en donde aquellas deben adelantarse.

Particular reconocimiento merece la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla por haberse constituido en el corazón de nuestra con- ciencia marítima.

Además de ofrecer cursos de pregrado en programas de Ingeniería Naval, Administración Marítima y Oceanografía Física, ha venido fortaleciendo sus programas de posgrado, mediante la realización de convenios con otras universidades de prestigio a nivel nacional. Así mismo, algunos oficiales adelantan estudios de doctorado, mientras otros han atendido cursos sobre Derecho Internacional Humanitario gracias a un convenio suscrito con el Comité Internacional de la Cruz Roja.

El fortalecimiento de la formación académica dentro de la Escuela Naval ha mejorado notablemente la capacitación de los cadetes y ha logrado su cometido de lograr la excelencia de sus estudiantes.

Como Presidente de la República, debo decir que me siento orgulloso de ser el comandante supremo de unas fuerzas armadas que, aun en los momentos más tortuosos de nuestra historia, le han dado al mundo demostraciones admirables de lealtad a la Constitución y a las instituciones democráticas.

Conozco bien el compromiso que tienen las Fuerzas Armadas en la búsqueda de la paz y por eso como tuve oportunidad de expresar en días pasados, con ocasión de la ceremonia de ascensos en la Escuela Militar de Cadetes, ustedes pueden saber que siempre estaré dispuesto a escuchar sus consejos y opiniones porque estoy seguro de que invariablemente estarán inspirados en la lealtad y en amor por la Patria y por la democracia.

Como Presidente de la República juré defender la vida, honra y bienes de los habitantes de nuestro país y trabajar por hacer realidad el más grande anhelo de todos los colombianos: la paz.

Mi esforzada labor por alcanzar la reconciliación no significa de ninguna manera que voy a actuar por fuera de la Constitución y la ley.

El Estado de Derecho no correrá ningún peligro bajo mi Gobierno. Por el contrario, respaldaré todos los instrumentos que él otorga a la Fuerza Pública para cumplir su tarea de proteger a los colombianos.

Mi compromiso honesto y transparente con la paz no supone de ninguna manera un acto de debilidad y menos aún debe suponer ingenuidad por parte del Gobierno. Conozco bien los peligros y las dificultades que se pueden presentar, pero precisamente porque el camino de la paz es tortuoso, es que demanda generosos sacrificios de todos los que estamos empeñados en él. Todos los colombianos debemos entender que la reconciliación es asunto de cada uno de nosotros.

Señor Contralmirante, señores Subtenientes de Infantería de Marina:

Las insignias que hoy reciben como nuevos Oficiales reafirman su compromiso de servir a Colombia. Bajo la sombra tutelar del Almirante José Prudencia Padilla ustedes entran a formar parte de los más de 18.000 hombres que integran la Armada Nacional.

Deseo expresar mis más sinceras felicitaciones al alférez Gustavo Adolfo Martínez Hincapié por haber ocupado el primer lugar de la promoción y al Capitán de Navío Jesús María Sierra, quien asciende hayal grado de Contralmirante. Deseo unirme, con profundo orgullo de colombiano, a los padres y familiares, amigos y compañeros de los graduando para hacerles llegar mis felicitaciones más calurosas en esta inolvidable ceremonia. Sin su respaldo, afecto y comprensión, ellos no habrían logrado concluir satisfactoriamente sus estudios.

Ustedes han merecido portar el uniforme de los libertadores, ustedes son el buen viento que requiere Colombia para continuar hinchan- do las velas de la paz y la prosperidad. Sigan mereciendo el honor que la Nación les ha dado, pues ustedes son la patria misma.

Buen viento y buena mar, marinos de Colombia.

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
11 de junio de 1999