PALABRAS A LOS COLOMBIANOS DEL PRESIDENTE PASTRANA2017-12-18T11:45:52+00:00

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Palabras a los colombianos del Presidente Pastrana.

Colombianas y colombianos:

En 1998, seis millones y medio de colombianos, la votación más alta en la historia del país, me dieron un mandato para hacer la paz y a ustedes les consta que no he dejado un solo día de trabajar por alcanzarla.

Lo he hecho pensando en ustedes, en nuestros hijos, que no tienen por qué seguir sufriendo tanta violencia y viendo derramar tanta sangre inocente.

Lo he hecho aún a costa de mi popularidad, jugándome todo mi capital político y mi lugar en la historia de Colombia, porque yo también, como ustedes, creo que sólo en paz podrá nuestro país tener un futuro viable.

Se me ha criticado por exceso, pero nunca por falta de generosidad, en mis empeños por lograr la paz. He sufrido la incomprensión de muchos, pero he seguido adelante porque ese era mi compromiso con ustedes y con nuestros niños.

Yo he hecho hasta lo imposible por salvar este proceso que inicié y dirigí personalmente. Allí estuve sentado al lado de la silla vacía que dejó Manuel Marulanda el 7 de enero de 1999. Me reuní personalmente con él en tres oportunidades, dormí en San Vicente del Caguán sin pensar en garantías o seguridades y he estado al frente de todas y cada una de las decisiones que ha implicado el proceso.

En dicho objetivo, he trabajado de cara al país, con transparencia, con el acompañamiento solidario -como nunca antes- de la comunidad internacional y la presencia de las fuerzas políticas y sociales de la nación. Mi Gobierno ha cumplido y honrado su palabra, sin excepciones, ante el país y ante los interlocutores de la subversión. Ofrecimos unas garantías y nunca las quitamos, para hacer posible el diálogo.

Y a todo esto, ¿cómo han respondido las FARC al país? ¿Cómo han respondido las FARC a la voluntad de paz y la generosidad del pueblo colombiano? Ustedes lo saben: Los colombianos hemos ofrecido la mano abierta y las FARC nos han respondido con una bofetada. Una bofetada a la paz, al futuro de Colombia y a las esperanzas de 40 millones de compatriotas que estamos hastiados de su violencia.

Frente a la generosidad, ellos opusieron arrogancia. Frente al dolor de los indefensos, ellos opusieron indiferencia y cinismo. Frente al cumplimiento de la palabra por el Gobierno Nacional, ellos opusieron desconfianza y pretextos para dilatar. A la buena voluntad de los colombianos ellos respondieron con secuestros, con asesinatos, con destrucción de poblaciones, con boleteo y vacunas, con miedo, sangre y dolor en todo el territorio nacional.

Nuestro país no soporta que se sigan generando más expectativas, ni más incertidumbres, ni más frustraciones.

Como todos ustedes saben, el Alto Comisionado para la Paz, siguiendo mis expresas instrucciones, ha intentado en los últimos días rescatar el proceso de la parálisis al que lo habían llevado las FARC, pero hoy tengo que decirles a los colombianos, con pesar pero, sobre todo, con realismo y responsabilidad, que las FARC siguen colocando pretextos y obstáculos al proceso de paz, haciendo imposible que sigamos avanzando en el proceso.

Para hablar se necesitan dos. Y la triste realidad es que las FARC no quieren seguir hablando, así disfracen esta intención bajo pretextos determinados como la pretendida falta de garantías de la Zona de Distensión, cuando Colombia entera y el mundo son testigos de que, si algo ha tenido la guerrilla, son garantías para actuar, para deliberar y para negociar en dicha Zona, y que jamás ha peligrado su seguridad dentro de ella..

Como ustedes saben, teníamos una agenda temática con las FARC, que ya habíamos comenzado a adelantar. Se habían surtido las audiencias públicas sobre el primer tema escogido, que era el de la economía y el empleo, y ahora sólo quedaba sentarnos a negociar. Pero las FARC no quieren continuar.

Habíamos propuesto la humanización del conflicto y, para ello, intercambiamos con las FARC propuestas de cese al fuego y de hostilidades, para que pudiéramos dialogar en medio de la paz y no en medio de la guerra. Pero las FARC nunca llegaron a negociar sobre este tema, tan crucial para todos los colombianos, menos para ellos.

Vienen tiempos difíciles, sin duda, en los que se requerirá la unión de todo el país en torno a sus instituciones democráticas. Nadie puede celebrar este rompimiento generado por las FARC. Pero el país no se va a acabar ni vamos a entrar a una terrible guerra sin cuartel. De hecho, la confrontación, durante los diálogos y la negociación, siempre existió, luego no hay razón para que se incremente.

Éste es sólo un tropiezo en el camino de la paz, que podemos y debemos superar entre todos, más aún si somos conscientes de que hoy tenemos unas Fuerzas Armadas sólidas, profesionales, modernas y fortalecidas, respetuosas de los derechos humanos, que seguirán cumpliendo con absoluta dedicación su misión de defender a los colombianos de los ataques de los violentos.

La Patria sigue adelante, más unida que antes. Hoy, más que nunca, 40 millones de colombianos de bien que queremos vivir y progresar en paz vamos a demostrar que estamos unidos, por encima de las diferencias políticas, económicas o de cualquier clase, en contra de la violencia, venga de donde venga. Y todos –estoy seguro- continuaremos apoyando la labor abnegada de los valientes miembros de las fuerzas legítimas de la nación.

Pero que quede claro: Éste no es el final. Yo seguiré buscando la paz, de la mano de todos ustedes. Por los medios que sea necesario. Mantendré abiertas las puertas del diálogo y la negociación, porque sigo convencido de que ésta es la mejor salida para el conflicto interno que sufre nuestro país. Pero no someteré al pueblo colombiano a la arrogancia de unos interlocutores que dicen querer la paz, pero la cubren de pretextos.

Que Dios los bendiga. Y que Dios me bendiga.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
9 de enero de 2002