PALABRAS DEL PRESIDENTE PASTRANA, CON MOTIVO DE LA NOCHE DE GALA DEL DEPORTE COLOMBIANO2017-12-18T11:46:39+00:00

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Palabras del señor Presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con motivo de la Noche de Gala del Deporte Colombiano

¿Saben ustedes qué actividad es capaz de paralizar los negocios de una ciudad y de dejar sus avenidas como desiertos? ¿Saben ustedes de alguna que despierte fervores de místico y mueva a sus fieles a cantar y bailar himnos ensordecedores? ¿Saben de algún fenómeno que despierte a la vez los análisis eruditos de profesores minuciosos, los elogios de los perodistas y la admiración incondicional de los niños?

Es fácil: comienza por ‘d’ y termina por ‘e’.

¿Quieren más pistas? Quienes la practican son héroes, pero no de hazañas militares. Saben de tácticas y estrategias, pero no son generales de ningún ejército. Logran niveles impresionantes de concentración, pero no son maestros budistas. Nadan como peces, pero no tienen aletas. Corren como gacelas, pero sólo tienen dos piernas –o unas cuantas ruedas.

Como creo que ustedes ya han resuelto mis preguntas, podemos ir al grano: a felicitar a nuestros héroes, a aquellos que logran el milagro de vaciar las calles, a los que nos hacen cantar y llorar de la emoción, es decir, podemos entrar a homenajear a nuestros queridos deportistas colombianos.

Los motivos nos sobran: durante el año 2000 tuvimos el honor de alcanzar una medalla de oro en los juegos olímpicos y otra en los campeonatos mundiales de ciclismo, conservamos o ganamos 4 coronas en el deporte de las narices chatas, dominamos un campeonato mundial de patinaje y otro de fútbol de salón, triunfamos en la competencia automovilística más espectacular del planeta, repetimos título en un importante torneo de fútbol en Francia, contamos con la segunda mejor tenista de América Latina, nos impusimos en algunas de las más recias etapas de ciclismo en España e Italia, y vimos a tres futbolistas colombianos alzando la copa de clubes más importante del globo. ¡Cómo no celebrar!

Y el motivo de júbilo es aún mayor cuando vemos que esos triunfos son el resultado de la esmerada preparación de nuestros deportistas, pero también del coraje de sus familias para respaldar a sus hijos en este mundo sin compasión del deporte. Esas familias colombianas, por confiar en el futuro y por perseverar en su empeño de darle alegrías al país, también se merecen un homenaje:

Creo que María Isabel, nuestra negra de oro, no hubiera podido ganar su valiosa medalla sin que su madre, doña Nelly Ocoró, aparte de prepararle unos nutritivos y deliciosos tamales, le hubiera enseñado que hay golpes en la vida más fuertes que los de Tyson y que hace falta mucho coraje para superarlos.

Creo que nuestro intrépido Juan Pablo Montoya no habría liderado 173 de las 200 vueltas demenciales de las 500 millas de Indianápolis, sin que su padre, Pablo Montoya, un arquitecto que lo encaramó en un kart a los 5 años, no hubiera estado dispuesto a arriesgar hasta su último peso por conseguirle a su hijo la oportunidad de competir.

Yo nunca he creído en esa frase machista según la cual detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, pero sí creo que detrás de todo campeón hay una familia fuerte y ejemplar.

El deporte, como la política, no es nada sin la unión. Estos casos son un buen ejemplo de cómo es ella, y no la violencia, la que hace la fuerza.

Esa unión, seguramente, es la misma que llevó al seleccionado colombiano de fútbol de salón a alzar el máximo trofeo del campeonato mundial celebrado en Bolivia. Fuera de contar con un excelente entrenador, el santandereano Manuel Sánchez, el equipo logró triunfar gracias a la solidaridad y a la perfecta coordinación de sus jugadores. En un deporte donde hasta el más mínimo espacio es decisivo, sólo tales cualidades, imprescindibles para que puedan brillar los talentos individuales, lograron asegurar el éxito de la selección colombiana.

El fútbol de salón concluyó así una trayectoria que había pasado por la obtención de títulos suramericanos, de un subcampeonato mundial a nivel de clubes y otro a nivel de selecciones, y que ahora, en plena madurez del proyecto, seguirá alcanzando, no me cabe duda, títulos tan altos como el conseguido durante este año.

Esa unión, ya no entre deportistas sino entre éstos y la empresa privada, es la que nos ha llevado hoy a celebrar la elección de Bavaria-Pony Malta como el mejor patrocinador deportivo de Colombia. Tanto con el patrocinio al Comité Olímpico Colombiano, a través del programa Altius y del respaldo a todo el conjunto de actividades del ciclo olímpico, como con el apoyo, desde hace 6 años, a Juan Pablo Montoya, Bavaria-Pony Malta ha demostrado que la empresa privada también es un actor esencial en la promoción de nuestros valores deportivos.

Creo que la medalla de oro de María Isabel, o el cuarto lugar en los olímpicos de Carmenza Delgado o las victorias estremecedoras de Juan Pablo Montoya, difícilmente se habrían obtenido sin ese espaldarazo, sin ese gesto de solidaridad. Con tan buenos antecedentes, espero que nuevas empresas se suban a este tren victorioso donde todos salimos ganando.

Los talentos, en este país exuberante de naturaleza y de capacidades humanas, están a la mano. Hoy, por ejemplo, vemos con grandes esperanzas cómo Clara Juliana Guerrero, cada vez que lanza la bola sobre la pista, no deja ningún bolo en pie. Esta bolichera quindiana, quien con sólo 17 años ya tiene un historial envidiado por los más veteranos, ha sido por eso elegida como la promesa deportiva del año. También podría mencionar a la “Chechi” Baena, una niña que alterna las clases de piano y de inglés con la obtención de medallas de oro en patinaje. Los talentos, repito, están a la mano.

Lo importante, entonces, es saber descubrirlos y potenciarlos en el momento justo ¿Qué hubiera sido, por ejemplo, de María Isabel Urrutia, nuestra deportista del año, nuestra levantadora de pesas y adversidades, nuestra campeona de jabalina a los 13 años, nuestra risueña amante de las canciones de Daniel Santos, nuestra querida “Chava”, si Daniel Balanta, un entrenador de Atletismo del Valle del Cauca, no la hubiera descubierto, cuando, a los 13 años, era la campeona de ‘yermis’ del barrio Mariano Ramos de Cali?

Otra sería la historia. Quizás hoy tendríamos a la telefonista más simpática del Valle, pero no a la segunda pesista más importante de la historia.

Hablando de María Isabel y de ojos agudos y visionarios, no puedo dejar de mencionar, en el reconocimiento que hoy hacemos a quienes representan lo mejor del deporte colombiano, a Gantcho Karoushkov, el entrenador de María Isabel.

Gantcho es el ángel de la guarda quien, con una experiencia de más de 30 años en el mundo de la halterofilia, convenció a nuestra campeona de reemplazar el atletismo por las pesas. A él le debemos tanto su empeño -pues prometió no descansar hasta que ella se colgara el oro- como su confianza en el talento colombiano: “Aquí hay muchas Urrutias”, ha dicho, con su inocultable acento búlgaro y su amor por la que se ha convertido en su segunda patria.

Personas como él, que creen en Colombia, son las que ayudan a escribir el nombre del país con mayúsculas.

Ahora bien, no sólo desde la labor formativa ese aporte es posible. Héctor Urrego, honrado hoy como el mejor periodista deportivo del año, también lo ha hecho desde la locución y la crónica en nuestros principales medios de comunicación.

Este eterno enamorado del ciclismo, quien, luego de ganarse todas las competencias escolares -en parte porque su papá le había comprado la única bicicleta de carreras de muchas cuadras a la redonda – participó en una olimpíada mundial en México, para después, ya no desde el sillín sino desde los micrófonos, convertirse en el más reputado especialista en esta disciplina, es un ejemplo de cómo no sólo desde las canchas y las pistas se puede impulsar el deporte colombiano.

No puedo terminar sin mencionar el merecido homenaje que hoy le tributamos, por su vida y trayectoria deportiva, al gran Rodrigo “Rocky” Valdez. Este cartagenero, que educó sus puños en el gimnasio “Chico de Hierro”, nunca quiso dejar a sus amigos a pesar de haber incursionado con éxito en el escenario mundial. Rocky, quien se aburría como una ostra al estar entre los rascacielos de New York y no en las calles con olor a sábalo y yuca blanca del barrio El Caimán, nunca quiso irse de los suyos y por eso decidió construir una especie de palacio tropical al lado de casitas enclenques hechas de bahareque y buenas intenciones. Él siempre ha sido el mismo: un hombre bueno, trabajador y humilde.

Este cartagenero, ganador del título mundial mediano ante Benny Briscoe, que se ganó la inmortalidad en sus veintiocho asaltos con ese Monzón llamado Carlos y que se cansaba de firmarle autógrafos a las princesas de Europa o de asistir a fiestas con Sofía Loren, porque quizás prefería, como de hecho aún lo hace, sentarse en el mercado de Bazurto a tomarse unos rones con su gente y contarles, entre carcajadas y piropos a las transeúntes, cómo venció a Kid Peche y a la pobreza sólo con la fuerza de sus puños.

Este cartagenero, que tantas alegrías nos dio a los colombianos, se merece hoy el más sentido de los homenajes.

Estimados amigos:

No me cabe duda de que el deporte es un maravilloso invento de la humanidad para hacer fraternas las riñas y para que, luego de los combates, sólo queden los gritos de alegría de los vencedores.

A través de él, como sucede cuando ejercemos correctamente nuestros derechos políticos, sabemos que no toda competencia termina en la violencia y que de las diferencias no debe resultar el exterminio sino el aprendizaje recíproco. El deporte es una escuela de vida.

Por eso, el Gobierno Nacional ha buscado respaldarlo y fortalecerlo. Bien vale mencionar que hace un año, en esta misma ceremonia, me comprometí a sacar adelante la reforma al artículo 52 de la Constitución, para lograr convertir el deporte en un gasto público social. Después de arduas jornadas en el Congreso, esa promesa es hoy una realidad ¡El deporte, así, tiene asegurados sus recursos para el futuro!

Igualmente, acaban de clausurarse los XVI Juegos Deportivos Nacionales realizados en Nariño y Boyacá. Aparte de las 11 marcas batidas, quedan como legado, tras una inversión que supera los 16 mil millones de pesos, unos escenarios dotados de toda la implementación para proseguir en la región una intensa y continua preparación de sus deportistas.

En el mismo sentido, es un hecho que el próximo mes, en la ciudad de “Rocky” Valdez, en la Cartagena de boxeadores silvestres formados más por las ganas de triunfar que por la técnica, entrarán en servicio las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento de Boxeo. Gracias a él, en un futuro próximo, recogeremos una buena cosecha de nuevos campeones.

En el Valle del Cauca, con la misma intención, estamos construyendo otra cuna de triunfadores con la edificación de un Centro de Alto rendimiento para Pesas.

¡Los deportistas colombianos, esos ejemplos de vida, recibirán así las condiciones que se merecen!

Con el deporte podemos ser campeones de tiro sin que haya dados de baja. Podemos llenar páginas de crónicas de un color distinto al rojo. Podemos izar las banderas más allá de la media asta. Podemos gritar el nombre de Colombia sin sentir dolor en las entrañas ¡Con él se cantará el himno nacional sin necesidad de pompas fúnebres!

Queridos amigos del deporte colombiano:

Todos las victorias que hemos mencionado, a pesar de las dificultades, a pesar de ciertos ratos de oscuridad, nos recuerdan los colores de la esperanza. En cada ocasión que repitamos este evento creo que más gruesas, y menos contaminado de grises, serán sus pinceladas. Bien ha dicho el poeta Neruda: “Se podrán cortar muchas flores, pero eso no acabará la primavera”.

Muchas gracias

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
19 de diciembre del 2000