PALABRAS DEL PRESIDENTE PASTRANA, CON MOTIVO DE SU CONSAGRACIÓN COMO PRESIDENTE HONORARIO DE LA ACADEMIA PATRIÓTICA ANTONIO NARIÑO2017-12-18T11:45:56+00:00

Project Description

Palabras del Presidente Pastrana, con motivo de su consagración como Presidente honorario de la Academia Patriótica Antonio Nariño.

“La libertad quita los obstáculos y proporciona los medios de adquirir: ella vuelve al hombre su dignidad y lo pone en estado de desarrollar sus talentos, sus fuerzas, su industria y su actividad, abriéndole los canales que conducen a la felicidad”. Estas palabras de Antonio Nariño, aparecidas en un ejemplar de “La Bagatela”, resumen el más caro deseo del pueblo colombiano, que aún hoy, casi doscientos años después de publicadas, sigue vigente.

La libertad es el cimiento sobre el cual los colombianos hemos construido en los dos últimos siglos nuestra República y hemos sustentado nuestra fe en la prosperidad física y material de nuestra nación.

Pero no sólo la libertad es la esencia de una patria justa. Fue precisamente Antonio Nariño, Precursor de la Independencia, traductor e impresor de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, quien nos impulsó, con su sacrificio patriótico, a luchar por el conocimiento, el respeto y la aplicación de los Derechos Humanos como garantía de justicia social y dignidad para la vida de todos los colombianos, como complemento ideal de esa primera libertad que logramos del dominio extranjero.

Por fortuna, el legado de este joven bogotano que consagró su vida a defender los mayores valores del espíritu y la sociedad no ha quedado en el olvido. Gracias a la labor de la Academia Patriótica Antonio Nariño, consagrada a la difusión y el estudio de su vida y su obra, estos ideales de libertad y dignidad continúan presentes en las mentes de los colombianos.

¿Qué otra cosa, sino el deseo de una vida digna, impulsó a los criollos a participar en la gesta de la Independencia? En ”La Bagatela”, así como en las cartas, memoriales y discursos de Antonio Nariño, la juventud de la época encontró la semilla de las nuevas ideas que impulsaron la lucha por la libertad. Su amor por la patria y por el conocimiento inspiró la entrega caudalosa de toda una generación a la causa de Colombia.

A la famosa frase del General Santander que dice “las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”, cabría agregarle que el respeto por los Derechos Humanos hará digna y efectiva la libertad de que gozamos. Pues bien: es debido a las ideas del Precursor que el ejercicio de la libertad en Colombia ha estado atravesado por el interés en los Derechos Humanos, y hoy más que nunca, cuando las violentas circunstancias impuestas por unos pocos intolerantes lesionan la vida y tranquilidad de los colombianos, estamos comprometidos con su puesta en práctica. ¡No en vano el Gobierno Nacional es huésped de la casa donde naciera, hace 237 años, el mismo Antonio Nariño!

Puede ser fantasía, pero a veces imagino que, en las noches, salta Nariño del cuadro pintado por el maestro Grau en su honor, que cuelga a pocos pasos de este salón, y, agarrando con firmeza los 17 artículos que una vez publicara, vuelve a repartirlos, ahora con entera libertad, por las habitaciones y salones de este Palacio donde hoy nos encontramos, interesado en impregnar de nuevo con su espíritu las decisiones de Estado que aquí se toman. Estoy tan seguro de su presencia, que incluso afirmaría haber visto algo de serena satisfacción en su rostro cuando supo que los Derechos Humanos en Colombia, a partir de 1999, son acatados y promovidos como política de Estado.

Apreciados amigos:

Quero agradecer de manera especial la consagración de mi nombre como Presidente Honorario de la Academia Patriótica Antonio Nariño, cuya labor de muchos años ha sido respaldada por los más importantes académicos colombianos, tales como la historiadora Pilar Moreno de Ángel; como su Presidente, don Antonio Cacua Prada, o como el general Álvaro Valencia Tovar, entre muchos otros, quienes con su erudición y su entrega tesonera dan lustre a la siempre venturosa tarea de difundir las ideas de Nariño.

Es para mí un honor esta designación, puesto que los ideales nariñenses han estado presentes en las gestiones de mi Gobierno, y habrán de continuar multiplicándose gracias a la labor de la Academia y sus miembros.

La recibo con orgullo y compromiso. La recibo como Presidente de la República, comprometido con la búsqueda de la justicia y la libertad en nuestra patria, porque en la figura del prócer encuentro un ejemplo digno de ser imitado, el de Nariño como un hombre de Estado capaz de sacrificar hasta su propio interés por el bien de la patria. También acojo esta consagración como abogado y periodista, porque tanto en su defensa ante la justicia granadina, como en su carrera como fundador del periodismo político en Colombia, Antonio Nariño supo hacer valer sus ideales, siendo fiel a las reales necesidades del país, al tiempo que creaba una opinión de unidad nacional.

Éste, el grito por la unidad nacional, es otro de los estandartes que Antonio Nariño agitó en su amor por la patria, con el fin de llamar a sus contemporáneos a fundir sus esfuerzos en la búsqueda de la independencia. Hoy nuestra meta es liberar a nuestra Colombia de las garras de la guerra y la violencia para poder seguir construyendo el sueño de un país más justo y donde la vida de sus habitantes sea más digna.

Hace menos de un mes me reuní con representantes del sector privado colombiano, y juntos revisamos las múltiples razones por las cuales creemos en Colombia, hoy más que nunca, y tenemos fe en su futuro. Aquel día afirmé que nuestra unión, que la unión de los millones y millones de colombianos de bien, es la división de los violentos; que nuestra fuerza moral es capaz de derrotar, con la razón, el miedo que ellos han tratado de imponernos.

¡Hoy también recojo las banderas de Nariño, haciendo un llamado a sus seguidores para que juntos continuemos la tarea de hacer de éste un mejor país, más acorde con sus ideales de justicia con libertad! Hoy los invito a que, conforme a las palabras de éste prócer, nos unamos para actuar a conciencia, con honestidad y tesón por nuestra patria, sin olvidar que “hacer lo que no sea justo es licencia, y la licencia es destructora de la libertad”.

En las actuales circunstancias de nuestra patria nos encontramos, como Nariño, en la encrucijada de defender nuestra libertad de acción, de pensamiento y de expresión con dignidad. Por ello los invito a seguir los pasos del Precursor, y a apuntalar con su amor a la patria la unidad nacional que habrá de permitir la construcción de un mejor país, donde los ideales nariñenses sean una realidad.

Nariño nos legó el respeto a los Derechos Humanos y a su necesario complemento, que es el Derecho Internacional Humanitario. ¡Qué pena que dos siglos después de su legado un puñado de intolerantes, de violentos, de terroristas, insistan en atacar a su propio pueblo, y en sembrar muerte, dolor y miseria entre los más humildes!

Atentados terroristas, como el perpetrado en la madrugada del domingo en Villavicencio, que segó la vida de 10 personas -incluidos varios menores de edad- o el que ocurrió esta mañana en Sibaté, donde murieron heroicamente dos miembros de la Policía Nacional, son la antítesis de los ideales que defendió Nariño, que hoy son los ideales de toda la humanidad.

Pero los terroristas insisten en obrar en contravía del sentir del pueblo, en contravía de la comunidad internacional, en contravía de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario.

El vil delito del secuestro, por el que se ha privado de la libertad a una candidata presidencial, a parlamentarios, a trabajadores, a sacerdotes, a campesinos, a soldados, a niños y ancianos, es la peor perversión de una lucha que alguna vez pretendió ser revolucionaria, y que hoy se ha convertido en una arremetida demencial contra el pueblo colombiano.

Nos han asesinado a un arzobispo, a sacerdotes en el púlpito de la iglesia, a hombres públicos, a sindicalistas, a defensores de derechos humanos, a periodistas, a gente inocente, ¡a niños!, en una escalada de muerte que sólo conduce a más muerte y más miseria.

Aquí no se trata -y en esto soy enfático- de la injusta persecución de un partido político, o de éste o aquel candidato, o de un grupo determinado de la población. Lo que estamos viviendo, lo que estamos sufriendo, es la arremetida demencial de unos pocos violentos contra todo el pueblo colombiano, sin excepción; contra los más humildes, ¡contra los más indefensos!

Los grupos ilegales han demostrado, de todas las formas posibles, con crueldad y con cobardía, que tienen un gran poder para destruir. Desde aquí les digo: Ya nos hemos notificado de su maldad. Ahora es su turno para responder ¡cuándo! ¿cuándo van a demostrar alguna voluntad de construir, de hacer algo para detener este desangre absurdo de Colombia?

Frente a su violencia seguiremos oponiendo la fuerza y la dignidad de la vida y de los derechos humanos. Frente a su destrucción seguiremos oponiendo la fuerza de la construcción. Frente a su intolerancia opondremos la decisión de un pueblo decidido a apoyar su democracia y su libertad. No lo olvidemos nunca: Nuestra unión es la fórmula. ¡Nuestra unión es su derrota!

¡Unidos somos más, muchísimo más, que aquellos que nos quieren imponer su verdad por la fuerza y no por la razón! ¡Unidos somos el pueblo que anticipó Nariño, que libertó Bolívar, que organizó Santander, que hicieron grande nuestros padres y abuelos, y que no vamos a dejar caer en las redes de la incertidumbre y el temor! ¡Unidos somos la fuerza invencible de Colombia para la paz!

Recordemos a Nariño, una vez más, y sigamos su ejemplo y su vida como un faro libertario que nos guía hacia la unidad, una unidad que será la tierra fértil donde arraiguen la libertad y la dignidad, así como todos los demás derechos:

“El hombre a quien la unión con otro no le priva de su propiedad, de su libertad y de su seguridad, antes bien, le afianza más estos sagrados y primitivos derechos, debe por necesidad estar contento con ella”.

Nosotros, por supuesto, no sólo estamos contentos con la unión de los colombianos en torno a sus instituciones, a la paz y a la democracia. ¡Estamos en la obligación de hacer de esta unidad un propósito de vida!

Muchas gracias

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
9 de abril de 2002