PALABRAS DEL PRESIDENTE PASTRANA, CON OCASIÓN DE LA IMPOSICIÓN DE LA ORDEN DE BOYACÁ AL DOCTOR ADOLFO CARVAJAL QUELQUEJEU2017-12-18T11:46:32+00:00

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Palabras del Presidente de la República, Andrés Pastrana, con ocasión de la imposición de la Orden de Boyacá al doctor Adolfo Carvajal Quelquejeu.

Hoy el Valle del Cauca está feliz. Hoy la empresa colombiana está de plácemes. Hoy miles de microempresarios, cientos de familias necesitadas, comparten nuestra alegría. Porque hoy estamos rindiendo homenaje a un gran valluno, a un inigualable empresario y a un hombre solidario que reúne en sí mismo las virtudes de los mejores colombianos: tesón, talento, responsabilidad y sentido social. Me refiero, por supuesto, a nuestro admirado amigo y gran colombiano, el doctor Adolfo Carvajal Quelquejeu.

Pero no puedo hablar de él sin remontarme a unos acontecimientos que ocurrieron a fines del siglo XIX. Porque la historia de Adolfo, que hoy nos congrega en este emotivo y justo acto de reconocimiento a su labor, comenzó mucho antes que su propia vida. Es una historia de pioneros, de fe en el trabajo, de visión empresarial y de pertenencia a su región, que se resume en un apellido que conoce toda Colombia y que quiere toda Colombia: Carvajal.

“Carvajal hace las cosas bien” dice el slogan que hoy forma parte del inconsciente colectivo de nuestro país. Y las viene haciendo bien desde hace más de un siglo, cuando don Manuel Carvajal Valencia, asociado con Belisario Palacios y Juan Antonio Sánchez, compró en Cali, en 1894, la prensa tipográfica que había instalado don Teodoro Materón en Palmira 25 años antes, en los tiempos lejanos y hermosos en los que Jorge Isaacs regaló a la literatura universal la historia triste y apasionante de Efraín y María en “El Paraíso”.

En esa vieja imprenta, que había producido periódicos como “El Telégrafo”, se imprimieron los primeros números del “Correo del Cauca” y del Semanario “La Patria” y, diez años después de adquirida, en 1904, se imprimió el periódico “El Día” bajo la dirección de Alberto Carvajal Borrero, uno de los hijos de don Manuel.

Fue entonces cuando este pionero, que ya había vendido su finca “La Paz” para comprar su parte en el negocio a sus dos socios originales, fundó con sus dos hijos mayores, Alberto y Hernando, la Imprenta Comercial, que dos años más tarde, en 1906, pasaría a llamarse “Carvajal & Cía.”, una razón social que estaba llamada a formar parte privilegiada de la historia empresarial de Colombia.

La carrera 5ª., entre calles 14 y 15, de esta bella Sultana del Valle, conserva todavía la historia de aquella casa paterna donde se fundó un sueño que hoy es una feliz realidad. Eran otros tiempos. Santiago de Cali apenas si contaba con 25.000 habitantes y los caminos del Valle se cruzaban a lomo de mula. Por suerte, la tipografía, imprenta y papelería de los Carvajal viajaba por senderos más veloces, porque lo hacía impulsada por el trabajo de una familia unida y emprendedora.

Además de Alberto y Hernando, estaban también otros cuatro hijos: Manuel Antonio, Mario, Ana María y Josefina, y todos a una pusieron de su parte, cada quien a su manera, para que Carvajal & Cía. se convirtiera en el floreciente grupo empresarial que hoy es.

Justamente fue Mario Carvajal Borrero, -su querido padre, Adolfo-, el filósofo de la familia, quien asumió en 1939, junto con Manuel Carvajal Sinisterra, el hijo mayor de Hernando, las riendas de la compañía hasta 1946. Desde este año y hasta su fallecimiento temprano en 1971, la cabeza única del grupo fue Manuel Carvajal Sinisterra, quien hizo verdadera historia con Carvajal.

Bajo la orientación de este último cuando la empresa trasladó la litografía y las oficinas al barrio Santa Mónica, adquirió su primera prensa para la producción masiva de publicaciones y creó la filial “Editorial Norma”, que pronto asumió un liderazgo indiscutible en la producción de material didáctico y libros infantiles en toda América Latina.

Luego vendría el periodo de don Jaime Carvajal Sinisterra, quien dirigió los destinos de la compañía entre 1971 y marzo de 1979, fecha en la que Adolfo Carvajal Quelquejeu, a quien hoy ofrecemos este merecido homenaje, asumió la Presidencia del grupo, un cargo que ocuparía por más de 20 años, hasta junio de 1999.

Tengo que aceptar mi cuota de responsabilidad por la separación de Adolfo de su cargo en Carvajal, pues fui yo quien, conociendo su amor al país y a su gente, su capacidad organizativa y su mentalidad positiva, lo designé como Embajador de Colombia ante la República de Francia, un cargo que ejerció con decoro y pulcritud hasta septiembre del año pasado, dejando muy en alto el nombre de nuestra patria ante el pueblo galo.

Por supuesto, mientras Adolfo ejercía su representación diplomática, Carvajal siguió creciendo y consolidándose bajo la presidencia de Alberto José Carvajal, como continúa haciéndolo bajo la reciente dirección de Alfredo Carvajal Sinisterra.

Como pueden ver, no me equivocaba. La historia de Adolfo comenzó mucho antes que su propia vida, porque está indisolublemente ligada a las de una región, una empresa y una familia que hoy son ejemplo para toda Colombia.

Carvajal & Cía. sobresale en el panorama empresarial del último siglo, muy especialmente de los últimos 40 años, y esto no sólo obedece a su excelente desempeño empresarial. No sólo se debe a su presencia en otros 15 países de América Latina y el Caribe, en los Estados Unidos y en Europa. No sólo es por las varias compañías que hoy forman el grupo Carvajal, como Norma, Publicar, Sycom, Mepal, Cargraphics, Fesa, Carpak, Bico y Escarsa E.S.P., entre otras. ¡No sólo por estos excelentes logros! Lo que le otorga a Carvajal un lugar en el corazón de todos los colombianos son los programas de acción social de la Fundación Carvajal que iniciaron en 1961 cuando la familia Carvajal donó más del 35% de las acciones de su operación en Colombia para crearla.

Son muy conocidas las actividades de la Fundación para promover y estimular la creación y el buen funcionamiento de las microempresas y las organizaciones solidarias por todo el país y en América Latina. Igualmente, lo que hace por las comunidades más pobres de Cali, principalmente en el Distrito de Aguablanca, es verdadera acción social positiva que, sin paternalismo, enseña a la gente más pobre a producir y a formarse un mejor futuro.

Con programas de educación, de vivienda, de servicios básicos comunitarios, de mejoramiento ambiental y una emisora con servicios culturales y sociales, la Fundación ha hecho la diferencia y ha buscado devolver la dignidad a los grupos más marginales de la población de Cali.

Adolfo Carvajal Quelquejeu, su querida y dinámica esposa Amparo Sinisterra de Carvajal y (sus hijos?) son el mejor ejemplo de esta clase empresarial valluna que durante todo el siglo XX y ahora en los albores del siglo XXI nos ha enseñado a todos que prosperar y compartir la prosperidad con los más necesitados, con trabajo honesto y solidaridad humana, es el mejor negocio para el espíritu.

Durante dos décadas Adolfo fue el alma de esta gran empresa cuya historia hoy he tenido el gusto de recordar. Él ha creado empleo y riqueza para sus compatriotas. Y no dudó tampoco cuando se le pidió apartarse de su alto cargo en la compañía para servir a su país y representarlo dignamente en el exterior.

Por todo esto: porque Adolfo Carvajal, como la empresa a la que ha entregado su vida, también “hace las cosas bien” y las hace por su país y por su gente valluna, me siento muy honrado en otorgarle, como lo hago en este día, frente a su familia y sus amigos, la Orden de Boyacá en el grado de Gran Cruz, como un reconocimiento de Colombia entera a una vida entregada a la construcción de un país justo y progresista.

Bolívar, nuestro Libertador, quiso, un día después de la Batalla de Boyacá, que esta condecoración se entregara a aquellos que mejor sirvieran a Colombia.

Hoy, Adolfo, al conferírsela, reconozco en usted a un servidor de su patria, de su terruño valluno y de su gente. ¡Cuánto mejor no estaría nuestro país si tuviéramos más Adolfos Carvajales al frente de nuestras empresas y de nuestro futuro! ¡Cuánto tienen que aprender de este hombre de acción, de este empresario con corazón, aquellos que insensatamente creen que se puede construir desde la destrucción!

Adolfo: En su nombre y en su vida rendimos hoy homenaje a una casta excepcional de hombres y mujeres que han hecho historia en el Valle del Cauca y en todo el país con su aporte a nuestra economía y con su obrar solidario. En usted rindo homenaje a una familia que continúa expandiéndose, siguiendo el sueño visionario de don Manuel Carvajal Valencia, ese hombre que compró un día una vieja y rudimentaria imprenta y la convirtió en un emporio de progreso.

El futuro es de los que se atreven. Y usted, Adolfo, se ha atrevido a servir a su país, a su departamento, a su ciudad y a su familia, sin apartarse jamás de los más pulcros principios morales. ¡Por eso hoy Colombia lo reconoce entre sus mejores hijos!

¡Felicitaciones, Adolfo, y muchas gracias!

Lugar y Fecha

Cali, Colombia
31 de mayo de 2001