PALABRAS DEL PRESIDENTE PASTRANA, EN EL BANQUETE DE ESTADO OFRECIDO POR EL REY DE MALASIA2017-12-18T11:46:27+00:00

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Palabras del Presidente de Colombia, Andrés Pastrana, en el banquete de estado ofrecido por el Rey de Malasia, el Yang Di-Pertuan Agong XI, Sultan Salahuddin Abdul Aziz Shah Alhaj.

Para mí es un inmenso privilegio ser el primer Presidente de Colombia en realizar una visita oficial a Malasia, y ser hoy el afortunado invitado del Yang Di-Pertuan Agong XI de esta querida y gran nación, en cuyo verdor y exuberancia reconozco el ambiente y la riqueza natural del Trópico que nos hermana en la distancia.

Su Majestad, Sultán Salahuddin Abdul:

En el vértice mágico del continente americano, donde confluyen las islas del mar Caribe, con el istmo de Panamá y el inmenso territorio de América del Sur, hay 40 millones de seres humanos, 40 millones de hombres y mujeres trabajadores y vitales, que, por intermedio de su Jefe de Estado, hoy envían un mensaje de amistad a todo el pueblo malasio.

Colombia, Su Majestad, un país que –como Malasia- posee una de las biodiversidades más grandes y ricas del planeta y que camina en pos del desarrollo social, ha observado con interés constante el desarrollo de su nación a través de su historia reciente.

Conocemos y admiramos sus inmensas transformaciones generadas a partir de la aplicación, desde hace ya tres décadas, de la llamada Nueva Política Económica, que combinó en forma sabia las metas de crecimiento económico con la redistribución del ingreso. Sabemos de sus importantes avances en la producción de componentes electrónicos y circuitos integrados, así como de los más sofisticados aparatos de sonido y video, sin perder de vista su importancia en la producción mundial de bienes primarios como el cacao, el aceite de palma y el caucho. Hemos aprendido, también, de la forma inteligente en que han integrado al sector privado a su impulso económico, y de la manera magistral en que superaron la crisis financiera de finales de los noventa, recuperando la senda del crecimiento.

El ejemplo de Malasia, sin duda, es un punto de referencia para países que, como Colombia, están decididos a avanzar por la senda del desarrollo y la justicia social, y a enfrentar inmensos desafíos como el problema mundial de las drogas, la violencia y la pobreza.

Colombia ha sufrido desde hace casi cuatro décadas los embates de un conflicto interno que nos desangra, promovido por una minoría que no cree en los cauces democráticos y cuyos miembros no llegan siquiera al uno por mil de la población colombiana.

Para recuperar la paz he liderado personalmente un proceso con la guerrilla más antigua de nuestro país, el cual avanza hoy en la fase de negociación, que se lleva a cabo en una zona de distensión creada exclusivamente para los diálogos. Asimismo, estamos adelantando acercamientos con el segundo grupo guerrillero, con muy buenas perspectivas, con el respaldo unánime y generoso de la comunidad internacional, que ha prestado su apoyo político para hacer de este proceso una locomotora sin reversa que nos lleve a un único fin: la paz.

El camino de la búsqueda de la paz no es fácil ni produce resultados inmediatos, pero es el único camino, y he decidido asumirlo con paciencia y determinación.

Infortunadamente, la violencia en Colombia se ve acrecentada por la financiación y los intereses nefastos provenientes de los mercaderes de narcóticos, que siembran muerte y corrupción por todo el planeta. Este es un problema mundial en el que la comunidad internacional no puede dejar sola a Colombia. Ustedes y nosotros sabemos que únicamente podremos solucionarlo si lo enfrentamos entre todos, obrando bajo el principio de la responsabilidad compartida.

Mi gobierno ha diseñado una estrategia integral para fortalecer las instituciones e incrementar la inversión social en mi país, que busca, entre otros objetivos, ofrecer alternativas productivas a aquellos campesinos que hoy siembran coca o amapola para subsistir.

A esta estrategia –que incluye también el proceso de paz, el mejoramiento del sistema de justicia, la atención a la población desplazada por la violencia, programas de difusión y protección de los derechos humanos, y la realización de obras de infraestructura social- se han unido con entusiasmo varios países y organismos de la comunidad internacional, a nivel individual o a través del Grupo de Apoyo al Proceso de Paz que se constituyó en Madrid el año pasado.

En cuanto a Malasia, tenemos muchos temas de cooperación posible, pero el más destacable, sin duda, se presenta en el campo de los cultivos de palma de aceite, en los que este país ocupa un lugar preponderante, como el principal productor de aceite de palma en el mundo.

Colombia, por su parte, es el primer productor de esta clase de aceite en América y el cuarto en el planeta, y tiene sobradas razones para pensar en estos cultivos como una forma ideal de subsistencia para nuestros campesinos, reemplazando con los mismos los cultivos ilícitos que tanto daño causan en nuestra nación y en todo el planeta. Por eso estamos aquí, en Malasia, con el propósito de invitar a sus empresarios a que vayan a nuestro país, con su acervo de experiencia, e inviertan en ese campo que tanto conocen. Tenemos en Colombia más de 3 millones de hectáreas que se pueden dedicar a la producción de aceite de palma, así como excelentes recursos humanos y técnicos, que pueden garantizar que los proyectos de inversión conjunta o “joint ventures” sean todo un éxito.

Ya hemos avanzado en esta propuesta. En los últimos cuatro años hemos recibido la visita del Ministro de Industrias Primarias de Malasia y de misiones de técnicos y empresarios malasios, quienes han podido intercambiar amplia información y compartir experiencias en este promisorio sector de la agroindustria, y, recíprocamente, ministros y empresarios colombianos han venido también a Malasia.

Sea ésta la oportunidad para agradecer a las autoridades malasias la generosa colaboración que han brindado a mi país con el envío de técnicos. Gracias a sus investigaciones hemos podido identificar las áreas óptimas para el cultivo, así como las enfermedades de mayor incidencia en las plantaciones.

Con la visita que hoy se lleva a cabo al más alto nivel, en la que me acompañan funcionarios de Estado, empresarios y dirigentes gremiales relacionados con el sector de la Palma de Aceite, espero que concretemos instrumentos de cooperación y negocios que nos permitan avanzar en esta positiva relación.

Su Majestad:

Nuestras dos naciones comparten un sitio en importantes escenarios internacionales como la Organización de Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio, el Movimiento de Países No Alineados, el Grupo de los 77 y, más recientemente, el Grupo de los 15, donde Colombia fue admitida el año pasado con el beneplácito de Malasia.

Mi país mira cada vez con mayor interés hacia el extremo oriente y hacia los demás Estados que comparten con nosotros la inmensa Cuenca del Pacífico. Los viajeros, como nosotros, que venimos de América Latina, quedamos maravillados cuando tenemos oportunidad de apreciar el crecimiento vertiginoso de Asia Oriental. Estos pueblos, que tan sólo dos o tres décadas atrás estaban sumidos en los conflictos internos, lidiando con la pobreza y el malestar social, han emergido, gracias a la clarividencia de sus dirigentes, a la disciplina social y al esfuerzo mancomunado del Estado y la empresa privada, como sociedades modernas y competitivas, con altos índices de desarrollo económico y social. Con su sabiduría ancestral se sobrepusieron a la crisis financiera y han vuelto a tomar los puestos de vanguardia en el desarrollo económico del Pacífico y del mundo contemporáneo.

Registramos con satisfacción las actividades llevadas a cabo en los últimos siete años en el Consejo Económico de la Cuenca Pacífica –PBEC- y en el Consejo de Cooperación Económica del Pacífico –PECC-, organismos en los que, por cierto, ingresamos como miembros plenos en esta ciudad, en el año de 1994. Ambos han sido instrumentos para el encuentro y el intercambio académico y empresarial con Malasia y con todo el borde oriental asiático.

De igual modo hemos logrado llevar a cabo actividades en el grupo de Cooperación Económica de Asia Pacífico –APEC-, como invitados en los grupos de trabajo sobre telecomunicaciones y cooperación energética, y pronto ampliaremos esta rica experiencia con la participación en el grupo de promoción comercial.

Colombia ha demostrado, a través de su intensa participación en estos organismos, su compromiso serio y profundo con la cooperación económica en la Cuenca del Pacífico. Es por este motivo que quiero insistir en el interés de mi país de hacer parte del APEC, un propósito que beneficia nuestras posibilidades de comercio e inversión con Malasia, por lo cual contamos con su respaldo solidario para nuestra solicitud y para la suspensión de la moratoria al ingreso de nuevos miembros.

Mi país, por otra parte, al igual que Malasia, es un decidido promotor del Foro América Latina –Asia del Este (Falae), del cual somos coordinadores adjuntos para América Latina, como una nueva instancia de diálogo y cooperación entre las dos regiones.

Por último, ahora que Colombia ocupa un lugar como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, desde el 1º de enero pasado y hasta el 31 de diciembre del año 2002, quiero reiterarle al pueblo de Malasia la gran importancia que atribuimos al proceso de ampliación y reforma de dicho Consejo, para corregir los desequilibrios de su composición actual, mejorar los mecanismos de toma de decisiones y conferir más transparencia a la conducción de sus trabajos, reflejando de una manera más legítima y representativa el conjunto de los países miembros de la Organización.

En este foro, como en muchos otros, podemos aunar nuestros esfuerzos para lograr el objetivo común de tener un mundo en paz y seguro, donde la diversidad sea una forma de enriquecimiento cultural y no un motivo de disputas.

Su Majestad:

Bien dice un proverbio malayo que “podemos pagar un préstamo de oro pero siembre estaremos en deuda con quienes han sido amables con nosotros”.

Mi pueblo, los miembros de la delegación que me acompaña, mi esposa y yo mismo, estaremos siempre en deuda con Su Majestad y con la nación de Malasia por su hospitalidad y amable acogida.

Hoy usted ostenta el símbolo de Colombia, de su libertad y de su coraje, en la forma de la Orden de Boyacá, que fue instituida por el mismo Libertador Simón Bolívar para exaltar a quienes pueden considerarse, con justicia, amigos de Colombia. Yo también llevo conmigo la más alta condecoración de la patria malasia, un honor que me enaltece y que me vincula aún más a esta tierra de progreso y de futuro.

Por eso, con la emoción de la amistad y del afecto que nos reúne en esta bella noche de Kuala Lumpur, les pido que me acompañen, apreciados amigos, y que brindemos juntos por la salud del Yang Di-Pertuan Agong, por la de Su Majestad Raja Permaisuri Agong, por las excelentes relaciones entre nuestros Estados, y por la felicidad y prosperidad del querido pueblo malasio.

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Kuala Lumpur, Malasia
1 de marzo de 2001