PALABRAS DEL PRESIDENTE PASTRANA, EN EL EVENTO DE REFLEXIÓN SOBRE LOS DESAFÍOS DEL ÁREA DE LIBRE COMERCIO DE LAS AMÉRICAS -ALCA-2017-12-18T11:45:56+00:00

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Palabras del Presidente Pastrana, en el evento de reflexión sobre los desafíos del Area de Libre Comercio de las Américas -ALCA-

Éste es mi último discurso oficial como Presidente de la República de Colombia. Hemos vivido cuatro años de intenso trabajo en común para consolidar un país viable, con esperanzas, consciente de la potencialidad de su talento humano y sus recursos materiales para enfrentar con éxito el reto de la globalización.

Siendo mi última intervención, considero afortunado que sea ésta una ocasión para hablar del futuro, de pensar en los desafíos que asumirá Colombia en los próximos años con el Área de Libre Comercio de las Américas y de constatar cuáles fueron las bases que dejamos sentadas para que nuestros empresarios y nuestros productos compitan con éxito en dicho mercado ampliado, unas bases que, por supuesto, deben consolidarse en los años venideros.

Pero antes de hablar de ese futuro, hagamos un pequeño recuento del pasado que nos ha traído hasta acá. Todos recordamos el año de 1989, pues significó, sin duda, un quiebre dramático en la historia reciente de Colombia. El 18 de agosto de dicho año fue asesinado por las mafias del narcotráfico Luis Carlos Galán Sarmiento, el candidato presidencial con mejores opciones para suceder al entonces Presidente Virgilio Barco. El año anterior, yo mismo, siendo candidato a la Alcaldía de Bogotá, había sufrido los rigores del secuestro por parte de un grupo de narcotraficantes liderado por Pablo Escobar, que se hacía llamar “Los Extraditables”.

La sociedad colombiana estaba envuelta en una lucha desigual contra los carteles de la droga que comenzaron a usar el terrorismo como arma de presión contra el Estado.

Se hizo evidente entonces que Colombia requería el concurso de la comunidad internacional para luchar contra un flagelo que tenía proporciones mundiales. Yo mismo, ya como Alcalde, propuse en 1989 realizar una reunión de alcaldes de capitales de América Latina, de Estados Unidos y de Europa para intercambiar experiencias sobre los temas del narcotráfico y la drogadicción, la cual se realizó en Nueva York, con la generosa acogida del alcalde de esta ciudad, Edward Koch. Tres meses más tarde, en la Conferencia Anual de Alcaldes de los Estados Unidos, en Charleston, pude plantear con toda claridad un tema que desde entonces ha sido recurrente en mi vida pública: la responsabilidad compartida como principio para combatir el problema mundial de las drogas.

Aparecía claro entonces, por primera vez, que no bastaba con que la comunidad internacional prestara apoyo para la represión de las organizaciones del narcotráfico. Era indispensable complementar las acciones policivas con estrategias que le permitieran al sector formal de la economía un desarrollo suficiente para evitar el éxodo hacia las actividades relacionadas con el narcotráfico.

La estrechez del mercado doméstico hizo evidente que una estrategia de desarrollo del aparato productivo legal requería ofrecer un mayor acceso a los productos colombianos en los mercados externos. En este empeño, el Presidente Virgilio Barco contó con el apoyo del entonces Presidente George Bush.

Fue así como el 4 de diciembre de 1991 el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y de Erradicación de Drogas (ATPA). La Ley se hizo efectiva a partir de julio de 1992 para Colombia y Bolivia, y posteriormente para Ecuador y Perú, dado el carácter regional del fenómeno del narcotráfico. El ATPA eliminó las barreras arancelarias para más de 6 mil productos, que equivalían al 80 por ciento del universo arancelario colombiano.

Por lo anterior, la importancia del ATPA para Colombia no admite dudas, gracias al impulso que le otorga a las exportaciones y al empleo. Para el año 2001, Colombia exportó a los Estados Unidos un total de 5.696 millones de dólares, de los cuales 841 millones se hicieron bajo el amparo del ATPA, es decir, un 15% de las exportaciones totales a ese mercado.

El impacto positivo del ATPA se evidencia también en la producción, la cual se ha duplicado en los sectores beneficiados por este acuerdo. Mientras que en 1992 la producción colombiana cobijada por el ATPA alcanzaba los 629 millones de dólares, en el año 2000 ésta llegaba a los 1.270 millones de dólares: un aumento del 102%. Estos avances también representaron la creación de más de 122 mil empleos entre 1992 y el año 2000.

No obstante, hoy, luego de diez años de vigencia del ATPA, la amenaza a las instituciones democráticas colombianas proveniente de organizaciones terroristas apoyadas en el narcotráfico sigue latente. Pero es un flagelo que ya no es exclusivo de Colombia.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre pasado en los Estados Unidos pusieron al descubierto el carácter global de la amenaza para las sociedades democráticas que significan las organizaciones terroristas, las cuales son financiadas en su mayoría por actividades ilícitas.

Por eso mismo, la comunidad internacional, y en especial el mundo desarrollado que recién se ve afectado por este fenómeno, no debe ser ajena a las condiciones sociales subyacentes que dan alcance al terrorismo.

El terrorismo está asociado a la pobreza, la desigualdad y la exclusión. No quiere decir esto que el terrorismo tenga justificación alguna; pero lo cierto es que las sociedades pobres, desiguales y excluyentes son el campo abonado para su proliferación. Quienes nada tienen lo arriesgan todo, que es nada, en el afán de salir de las trampas de miseria que se observan a lo largo y ancho del tercer mundo.

Los desesperanzados y los desposeídos son una presa fácil de las organizaciones terroristas, cuyos fines últimos están lejanos de las reivindicaciones sociales que usan como fachada. En Colombia es claro que la bandera de los grupos terroristas que nos agobian tiene una faz de supuesta reivindicación social, mientras por la otra se esconde la del terror sustentado por el narcotráfico.

Es por esto que la lucha contra las organizaciones terroristas es una batalla necesaria pero no suficiente. Es indispensable también luchar contra la pobreza, fortalecer la democracia sin exclusiones y propender por sociedades más equitativas.

El mundo desarrollado no debe circunscribir su batalla contra el terrorismo a la lucha contra las organizaciones terroristas. Es necesario que los países desarrollados brinden oportunidades para que los países en desarrollo puedan crecer y mejorar su bienestar en pos del bienestar global.

En este sentido, la política comercial encaminada a brindar acceso a los productos de los países en desarrollo se convierte en un complemento de la lucha global contra el terrorismo.

Un paso en esa dirección es brindarles mayores posibilidades de exportar sus productos. Fue bajo esta visión que el ex-Presidente George Bush apoyó la iniciativa colombiana del ATPA y que, posteriormente, le dio alcance hemisférico en diciembre de 1994, en Miami, al proponer el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Los beneficios que para Colombia ha significado el ATPA han hecho evidente la necesidad de transitar de un esquema de concesiones unilaterales discrecionales hacia un acuerdo de libre comercio que brinde estabilidad en las condiciones de acceso de nuestros productos.

Por lo anterior, el ALCA se convierte en el mayor reto comercial para nuestro país y para el hemisferio. No obstante, mientras se implementa el ALCA, es prioritario para Colombia contar con un instrumento como el ATPA.

Consciente del alto impacto del ATPA, mi Gobierno emprendió una ardua e intensa labor desde hace dos años con el fin de lograr la renovación y ampliación del acuerdo. Hoy debo decir que esta tarea no habría sido posible de no haber contado con la activa participación del Embajador Robert Zoellick, el apoyo decidido del presidente George W. Bush y el constructivo apoyo del Congreso de los Estados Unidos.

Me valgo, por eso, de la feliz oportunidad de su presencia, Embajador Zoellick, para manifestar, a través suyo, el máximo agradecimiento del pueblo colombiano hacia todo el pueblo norteamericano, hacia su Gobierno y su Congreso, por este importante apoyo para nuestro progreso y nuestra paz.

Sin duda, la renovación y ampliación del ATPA, que fue sancionada ayer mismo por el Presidente Bush, es la mejor noticia que podíamos dar a los colombianos, especialmente en las actuales circunstancias; una noticia que significa más empleo y más oportunidades para nuestra población.

Apreciados amigos

América Latina se encuentra en un momento de dificultades. Las actuales circunstancias económicas y políticas en varios países de la región han enturbiado el panorama de un modo tal que han creado un riesgo sistémico, frenando el crecimiento debido a la escasez de financiación.

Colombia no ha sido ajena a este fenómeno regional. Los altos niveles de desempleo se constituyen en un escollo en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Los ejércitos que sustentan estas actividades salen de la masa de desempleados sin opciones.

De allí la importancia que mi Gobierno le dio a la renovación y ampliación del ATPA como una fuente potencial de creación de empleo a través de las exportaciones. Siendo así, es enormemente satisfactorio para esta administración que hoy termina la entrega al sector productivo colombiano un acuerdo renovado y ampliado que ofrece enorme potencial de ampliar nuestras exportaciones a los Estados Unidos.

La ampliación del ATPA a sectores antes excluidos como las confecciones, manufacturas de cuero y calzado, y al atún en conserva, generará en el mediano y largo plazo exportaciones cercanas a los 900 millones de dólares y más de 130 mil empleos.

Que esta potencialidad que brinda el acuerdo se haga realidad dependerá de ustedes, señores empresarios. El Gobierno de los Estados Unidos nos ha dado una nueva muestra palpable de apoyo. Por su parte, ustedes, al permanecer trabajando en nuestro país, han dado una invaluable muestra de fe en Colombia y les corresponde ahora reafirmar este compromiso aprovechando al máximo las oportunidades que brinda este nuevo acuerdo, invirtiendo, generando más exportaciones y más empleo.

Renovemos hoy, en este día de tranquila transición democrática, nuestros votos para seguir trabajando por un país próspero, por un país justo, por un país que aproveche al máximo los beneficios del ATPA y que se prepare con entusiasmo para los desafíos del ALCA.

Éste es mi último discurso y éstas son mis últimas palabras en un acto oficial como Presidente: ¡Colombia tiene mucho futuro! ¡Vamos por él!

Muchas gracias

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
7 de agosto de 2002